CAMINO DE CERTIDUMBRE

 

Jorge R. Benavides M.*

 

Preparación de la Travesía

Lloro y más cual lamento el sendero que, por desavenencia, conduce mi ignorancia por el tórrido desierto empalizado con calles de amargura, guijarros de sufrimiento y tropiezos de andares encadenados.  Es este sendero que me ubica ante la encrucijada que divide mi entendimiento entre enseñanzas que encaminan hacia un desfiladero de esclava sumisión fatalista, y destellos que tan sólo vislumbran la procedencia de mi actuar en su grandeza de libre y humano.

  

Rebato con recelo el dejarme subrogar por un pensamiento que cruelmente mutila cualquier subjetividad e individualismo innato en mi persona; es atañerle a mi realidad un aspecto exterior y desligado de mi más profunda libertad.  No puedo ser obligado a actuar de una forma diferente a la que dicta mi acción y naturaleza, de así hacerlo, estaré envilecidamente condenado a una esclavitud formal e intelectual.  Punto a mi favor es considerar que, en mi despreocupada concatenación de eventos aislados, irrelevante y majestuosa se vuelve la maravilla orquestadora de cada pequeño detalle que sin presencia consciente de mi ser confabula el progreso y desarrollo de mi círculo de completa y parcial influencia.

 

No ha de parecerme extraño, como destinatario de estas ideas, el que se procure una explicación de esta índole a un pensamiento reciente que gobierna mentes de cátedras y pupitres de academias y seminarios de filosófico pensar.  Y recalco, no ha de parecerme extraña esta crítica si una vez entendidas ambas posturas, diametralmente opuestas con respecto al papel de la razón en la cuna social de la libertad, mi interior al que me enlazo a través de estas simples palabras, logra percibir que la más perniciosa enseñanza que se me puede hacer es quererme convencer de un fatalismo innatural e inevitablemente ajeno a mi calidad de ser humano: la dependencia irracional del falsamente ensalzado postmodernismo.

 

Es de esta forma, que en mi mente se asemejan ideas dispares como posibles alocuciones en contra de tan nefastas verdades que postula la escuela postmoderna.  Estas imágenes se confabulan en mi mente y su transcripción se me dificulta de sobremanera.  Mas no me resta más que explicar que su aparición en mi conciencia me resulta semejante a la travesía encaminada por Dante a través de la perdición, resarcimiento y salvación de un conjunto de vicios, incontinencias y virtudes que encauzan al hombre por un mundo nunca mejor entendido como una divina comedia. [1]

 

            Es ahora que me encuentro ante el recurrente deseo de conocer y vencer tales sufrimientos como son las consecuencias del tormentoso camino ardorosamente adosado por los falaces argumentos retóricos del ogro que los genera.  Me hallo sólo, en compañía tan distante como son los pensamientos incrustados de mi adorada Libertas en las lejanías de mi conciencia. [2]  Este transcurrir será un arduo camino intelectual por las ardorosas llamas cegadoras del infierno postmodernista, por las empedradas veredas de las secuelas rescatables del purgatorio pseudo liberal, y por la gloriosa senda al reencuentro con la esencia liberal de mi querida amada. 

 

De aquí en adelante, hasta el final de mi viaje, pasaré por tan semejantes círculos, cada uno conectado de sorprendente forma con su antecesor, que espero que el discernimiento y el sentido común del actuar me acompañen y me permitan iluminar el camino de aquéllos que continúan mi travesía.

 

 

 

Proemio

Vestíbulo a la travesía

Deambulando se encuentra mi mente por los pasillos de la vida, cuando en su más fortuita desavenencia se encandila con llamas de falsa certeza que pretenden iluminar el camino de mi conocimientito por veredas aparentes de dulzura y hedonismo, en donde impera la total carencia de adeudo de mis actos y la absoluta certidumbre del más que nunca alabado relativismo.  Sin embargo, lo fácil se vuelve tortuoso y escabroso, y lo afable de esfuerzo y compromiso trasciende a recompensa y desasosiego.  Más no es posible que distinga una de cual situación si no soy capaz de recorrer tan incauto sufrimiento que me reoriente hacia el goce de la compañía que anhelo. 

Es así como me encuentro ante las puertas de este ostentoso camino, cuyo recorrido es necesario si pretendo fundar en mi compañía la deseada y loable presencia de mi adorada y acechada Libertas.  Heme aquí ante viles palabras:

 

“Por mí se va a la ciudad del llanto, por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada.  Yo soy la razón de lo creado; antes que mí no hubo nada a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros que entráis, abandonad toda esperanza!”

 

Infierno

Vehemente certeza

He aquí el inicio de la travesía de mi espanto, mas el verdadero dolor lo encuentro cuando me topo con la terrible afirmación de que en el mundo existe cosa tal como la inexistente certeza. 

 

El mundo ha llegado a tal situación en donde la única certidumbre se encuentra en el que no es posible certeza alguna.  Se dan vítores al postmodernismo al ser capaz de establecer un mundo en el cual la relatividad del individuo y su intachable falibilidad le da la capacidad de caer en un discurso retórico en el cual se funda una de las peores aseveraciones que mi persona descubre: Nada tiene certeza absoluta; esto es lo único que goza de certeza universal.

 

Oh, mi querida Libertas, tu has sido dichosa de haber escapado a tal consideración en la esfera del ser en donde tú eres descubierta, has sido capaz de mostrar a los hombres que la naturaleza humana es capaz de conocer de una manera reflexiva lo que en su alrededor acontece, y aunque existen posibles soluciones inciertas en el mañana, el hoy me deja entrever realidades a priori que la más ilógica de las lógicas no puede tachar de poco certeras.

En mi relato se me dificulta la exploración de este dilema, más sin embargo, la lucidez me la da la luz irradiada de los ojos de mi adorada Libertas.

 

¿Qué me puede decir el primer paso macabro dentro de los círculos del Postmodernismo?  Pues bien, el alegar un mundo de total relativismo, en donde cada postura es ciento por ciento verdadera y ciento por ciento discutible, solamente puede ser capaz de desvirtuar cualquier avance del hombre hacia la comprensión del mundo que lo rodea.  Me encuentro ante la imposibilidad de trasladar mis descubrimientos de simples discernimientos hacia hechos fehacientes.  Me encuentro en un limbo en donde todo me es presente y a la vez todo me es ajeno.  Es decir, me encuentro ante un círculo en donde cada condenado solamente puede estar seguro de que su mente es un abismo de sombras (semejante al mundo de las ideas de Platón) en donde cualquier certidumbre sólo puede ser vislumbrada fuera de mí, en un estado que desconozco y en una situación que va en contra de mi naturaleza.

 

Mi acompañante no me dejará demorar mi trayecto, alegando que lo que me atormenta tan simplemente se auto corrige demostrando su contradicción, pero mi conciencia se encuentra contrariada.  De mi mente surgen incógnitas y hechos, realidades y posibilidades; sin embargo, cada condenado en este primer encuentro me reclama mi incapacidad de razonar y mi total falta de certidumbre, ¿qué puedo esperar?

 

De nuevo mi adorada Libertas surge a mi encuentro.  Ella es el arma que blande en mi mente y que me aconseja lo siguiente: La razón es el arma que me permite distinguir la realidad de lo que se me presenta, y que me hace capaz de enfrentar el reto de encaminar posibilidades hacia hechos comprobables.  Mas estas evidencias comprobables no caben en el mundo de mi razonamiento humano, sino que son evidentes ante mi capacidad de no negar por el momento categorías a priori que cualquier ajeno a mi persona puede validar y corroborar debido a su existencia similar a la mía.

 

Es aquí donde puedo superar este primer escenario tormentoso gracias ha que he sido capaz de ver la luz que mi amada irradia a través de las llamas engañosas.  La certidumbre no es certera en carácter de verdad universal, más es válida mientras que el consenso permita no negarla ni contrariarla ante la evidencia que las categorías esenciales de la acción puede presentar.  Este argumento no es ni contradictorio ni retórico, debido a que permite establecer que la ciencia social no presenta certezas, sino posibilidades y hechos.  Es carácter innegable de esta ciencia su origen conjetural, en donde cualquier evidencia es falseable de acuerdo al querer del que la presente. 

 

Es razón de mi actuar el que me encuentre en esta travesía porque algún pesar me acontece y porque lo subconsciente, conciente e inconsciente de mi ser se contraría ante la posibilidad del dominio del ogro postmodernista.

 

Es este carácter asintótico que dirige su discurso hacia la perversión del hombre lo que me permite ver que aún en este actuar malévolo quedan rastros de mi querida Libertas.  Es un hecho certero el que todo hombre actúa para mejorar, situación que es de consenso universal y que es causante de risa en el único sentido cuando se presenta su incomprensión en algunos argumentos testarudos y discordantes.       

 

            ¿Por qué surge de mis labios semejante conclusión?  Pues he aquí que si el ogro del mal procura mantener viva la llama de sus enseñanzas es por la simple razón de que espera que esta situación abulte los círculos de sus dominios y le permita cultivar número mayor de seres que atormentar.  Aún en esto es evidente que tanto él como mi persona, busca una situación de mejoría como justificación (la cual es innecesaria) de la actividad que emprende. 

 

En ningún momento semejante originario de ruindad se cuestiona la bondad o daño que su enseñanza realiza; simplemente determina que su actuar le beneficia.  Es así como mi paso por sus dominios y mi dirección hacia un nuevo escenario tortuoso es auto-defendible: Mi presencia aquí es un hecho porque con ello busco hacer de nuevo resplandecer aquella luz, en ocasiones disipada, cuyo origen se encuentra en la excelsa virtud de mi adorada Libertas.  

 

Infalible razón

Sigo mi recorrido, y no por menos relevante me parece menos tormentoso el hecho de que exista proclama tal como la afirmación de la innegable e infalible razón.  Ahora me encuentro en el segundo de los tormentosos pasos que me orientan hacia el destino propuesto por el postmodernismo, el círculo que se vale de la inminente razón para demostrar cualquiera de sus falaces posturas.

 

Aún más mezquino que el afirmar que nada le es lícito ni certero al hombre, es la ruindad presente en seres condenados a peores penas en el mundo postmoderno que los rodea.  Estos seres son los que me acosan y me pretenden convencer de que la absoluta imposibilidad de certeza les ha sido develada por la absoluta capacidad del método que emplean para descubrir semejante realidad: su propia razón.  Estos seres son aquéllos que se revuelcan en la inmundicia de sus argumentos, bañándose en su jerga contradictoria y alimentándose de mentes enceguecidas por las llamas del postmodernismo.  Es tal el mal de su acción, que me sorprende el ver cómo, entre gritos y sollozos, osan hacer mención que su razón nada certera les ha dado la certeza de la imposibilidad de la certidumbre.  Si este lamento es ridículo, aún más ridícula es su justificación.

 

De nuevo surge a mi compañía semejante lucidez como lo es Libertas, recuerdo y presencia que me hacen capaz de ver paralogismos donde otros encuentran gozo y de ver falacias donde otros perciben verdades. 

La esencia de este segundo círculo es la apetencia de establecer que la razón es una herramienta ineficaz porque es falible, sin embargo, aún imaginando posible la demostración, no hay acción más descabellada que atacar un hecho con el hecho mismo; es decir, me resulta ilógico el que la voz del condenado aluda que la razón es incertera cuando para ello se ha valido de su propia razón.  En todo caso, y a manera de auto corrección, si la razón es falible, y de ella proviene la afirmación de que no hay cosa tal como la certeza, mi camino puede seguir tranquilo deduciendo que esta doble negación afirma la realidad de conocer hechos y posibilidades no refutables.

           

Conclusiones tales que de mi razón devienen al presenciar tan asolado tormento.  Cualquier postura puede ser sometida a duda por medio de un método que así lo demuestre, más no es prudente ni sostenible un argumento que me pretenda convencer de seguirlo basado en la causa de su misa crítica.  No se me hace vano el sentir de los condenados de este círculo, más su pena la tienen merecida ya que el fundamento de su postura no es perdonable como si se valiera de una ignorancia racional, por el contrario, se origina en la más absurda falta de coherencia crítica analítica.

 

Es la hora en que mi camino se ensombrece y el calor es abrasador.  No me es fácil el continuar y menos factible el entender cómo estos seres condenados han sido capaces de enceguecerse de propia voluntad.  No se cómo los aquí desterrados se ensalzan en la defensa de su método, cuando el mismo se contradice y se complementa, de forma negativa, con el yerro cometido por sus antecesores en el trayecto.

 

Llegado el momento, es aquí donde el llamado de mi adorada Libertas se trasluce con los supuestos aforismos de los condenados del siguiente círculo.  Mi amada, no me abandones y dame fuerzas para terminar este tormento para algunos interminable. 

 

Absurdo ad verecundiam

De ahora en adelante la condena se hace insoportable, y las consecuencias pagadas por tan infames seres se harían nada apetecibles si la tentación no fuera fuerte y el camino engañoso.  Me encuentro en el último de los círculos de este tormento llamado Postmodernismo, el lugar donde están presentes aquéllos que achacan la verdad incertera de su método certero a la presencia del antropomórfico mundo que los rodea.

 

De entrada me dirijo ante el amo de la condena, el Señor del Postmodernismo, el cual habita en este terreno y de quien se me advierte su presteza y desapercibida fluidez en el engaño y la retórica.  Los lamentos anteriores me parecen insignificantes ante la consumación de la completa credibilidad en este mundo, y aunque la sonrisa en su rostro pareciera verdadera, en su pecho refulge su creencia en la total incertidumbre, incertidumbre hasta de sus mismos gestos.

El recuerdo de mi querida Libertas parece desvanecerse ante la impactante presencia de semejante ser en un sitio por tantos pregonado.  Es asombrosa su influencia y la ceguera que ha fundado en seres de tan notable capacidad, que separados del camino al paraíso, han seguido sus “intachables” pasos. 

 

No puedo más que asombrarme, pero mi inquietud está presente y los pocos retazos de aquél incrustado recuerdo me hacen indagar y compadecerme de semejantes condenados.  Dirijo mis palabras cuestionando sobre la razón de su estadía en parecido infierno, y en respuesta recibo semejante sentencia: ¿Quién decide quién vive en nuestro mundo? El mundo que antes parecía equitativo ahora parece tacaño.  Sin embargo, el consenso y la colectividad han determinado que el Postmodernismo tiene voz y tiene forma igual a la nuestra.  Es así como la postmodernidad, en su magnificencia, se ha conferido ante las ciencias y ha afirmado en su faz que las certezas no le provocan menos que risa.

 

En mi asombro la duda no cabe, y la exaltación se me hace notoria.  Sin embargo, la certeza de los argumentos y la seriedad de tal publicación en las páginas del coloquio, además de paradójica, se me hace absurda.  ¿Cómo puede argüirse semejante barbaridad cuando?  Sólo faltare que se me hiciera mención de que la alfabetización científica (en donde cabría de sobra la categoría económica) facilitaría que la “gente” buscara su mejor interés.

 

Heme aquí mi adorada Libertas, ante la presencia de semejante ogro y de tan basto séquito, cuyas ínfulas no hacen más que desviar la virtuosidad de mis semejantes.  ¡Ilumíname y dame la sapiencia necesaria para defender tus enseñanzas y mis conocimientos!  

 

No hay ciencia que contradiga lo que a mi acción no es ajeno, ni habrá postura que basándose en falacias lo pueda contradecir.  Pues bien, me armo de valor y enfrento tal situación recurriendo a la esencia de cualquier embrollo social: no será nunca el colectivo el que determine el sentir individual y su dirección a la ruina; vana será la justificación en las disposiciones de un alto superior.  El verdadero origen de nuestra ruina o de nuestro gozo será aquella doctrina que esté interiorizada por nuestro pensar, que más que con demostración se auto defienda con su existencia, y que cuya pervivencia se dé separadamente de toda postura que pretenda entorpecerla.

 

Es así como logro enfrentar a la bestia y a su séquito.  Mi querida Libertas me ilumina y me da la fuerza necesaria para atravesar tan tormentoso escenario.  El postmodernismo, en la esencia de su mal, es una postura que, aunque ayuda a reforzar el canto de mi querida Libertas (liberalismo), está defendido por seres que desconocen la banalidad de su argumento, y que han fundado su perspectiva en enseñanzas del verdugo del progreso que ha alcanzado gloria a costa de engaños retóricos y falaces.

 

¡Oh macabro tormento!, dado tu fin siento las llagas de tu amenaza.  Mas estas llagas son recuerdos de lo oscuro de tu dominio y de lo indeseable de tus consecuencias.  Querida Libertas, sácame de aquí y llévame un paso más cerca de mi tan anhelado reencuentro contigo.

 

 

Purgatorio

Fatal libertiaje

Con pasmo he llegado de nuevo a un punto distinto de partida; me encuentro ante el pie de la cuesta que vislumbra la realidad no menos tormentosa de aquéllos que en sus cuerpos llevan insanas cicatrices de rastros que ha dejado el amo del postmodernismo.  Todavía no olvido el macabro sendero descendente hasta la cuna del mal mismo, más sin embargo me hallo en un sitio menos escabroso, con dificultades en el andar, pero con ánimos de salvación y misericordia.

 

Ha sido mi destino que mi adorada Libertas me haya encaminado por este nuevo y pedregoso camino que, en forma ascendente, pretende llevarme por salvos pecadores que fundan su esperanza en el poder olvidar la acechanzas que el culto al postmodernismo les ha cernido en la mente.

 

Pues bien, me encuentro en aquel lugar al que van a parar los que creen que el concepto bien entendido de libertad les da la facultad de disociar ideas equívocas y de entrever entre sus semejantes ideas contrarias al pensamiento liberal.  Aquí se encuentran, apoyados en las grietas de las faldas del monte, mendigando por atención a cambio de “iluminación”.  Ofrecen vender su conocimiento en contraparte a un poco de atención.

 

¿La causa de la pena que les merece?  Pues no es otra que el valerse de su libertad de pensamiento para desarrollar ideas relativistas, positivistas y negadoras de certidumbre, con tal de ocupar su razón en empréstitos innecesarios que, aún siendo fuente de refuerzo del canto liberal, tienden a corromper mentes inmaduras y fáciles de ensombrecer.

 

Su paso en este primer escenario del Purgatorio se debe a que su conciencia les permite ver su error, pero aún no han pagado el mal hecho con anterioridad.  De mi mano se sostiene aquél joven cuyas confusas ideas fueron transmitidas en seminarios filosóficos, y al preguntar sobre la razón de su desdicha responde: La razón de mis penas es haber extrapolado mi crítica a la filosofía cartesiana, llegando a refutar todo uso de razón certera en el hombre.  ¿La consecuencia?  Haber olvidado el razonar del hombre que actúa, aquél que le permite delimitar diferencias entre medios y fines; que aunque no supone entero conocimiento del aquí y el ahora universal, es capaz de generar información útil transmitida al prójimo por medio de señales reflejadas en el mercado.

 

Mejor respuesta no pudo haberme asombrado más.  He de darme cuenta que el sufrimiento de este pecador puede ser redimido ante el deseo de sosiego en la espera de purificación.  Más mi paso por este primer sendero montañoso no puede suceder sin recapacitar en el mal aquí percibido y en la carroña que carcome los pies del que por aquí transita.

 

¡Libertas ilumina mi discernimiento y hazme evidente la verdad que mis llagados sentidos atrofian!  Es así como recibo en lo profundo de mi sentir el llamado esencial de la voz sublime de que querida amada.  El cantar recita, tal discreta melodía, las siguientes frases certeras:

 

La libertad es un arma de doble filo cuyo valor aumenta en la medida del riesgo que otorga.  El ser libre hace al hombre capaz de discernir entre los mejores medios para alcanzar sus fines personales; más cuado ese fin es perverso y severo con los ignorantes, el efecto no es exiguo y sus consecuencias son nefastas.  El que se vale de su libertad para no mejorar su situación (efecto de la ceguera del postmodernismo) está contrariando su naturaleza y por ello es presa de su condena.  El consuelo, la redención ante su arrepentimiento.

 

Es hora de continuar mi travesía.  La voz de mi amada hace menos tortuoso el camino, sin embargo el trecho el largo y la tentación es fuerte.  Sólo me resta ser solícito de fuerza y recto en mi trayecto. 

 

Espontáneo ordenar

¿Dónde me encuentro?, cuestiono hacia mis adentros.  De repente el camino se hace apacible y la vereda es adornada por flores diversas.  Más algo raro me acontece.  Este falso camino se halla estrujado por el sudor del escueto pecador que se esfuerza por mantenerlo a su gusto y su gana.

 

La rareza del hecho me permite percibir el continuo recelo con el que el pecador afronta su faena.  Se esmera por deshacer guijarros donde el viento los coloca, se esfuerza por configurar rocas donde existen llanos, es afana por cortar flores donde éstas florecen, y procura el sembrar narcisos donde las rosas languidecen.  Su tal inconformismo con la belleza natural no lo deja ver el verdadero camino que lo puede llevar a su salvación; ésta es la razón de su retraso en el sendero.

 

Pues bien, me doy cuenta que me encuentro en el segundo hemiciclo de este empedrado camino que está a punto de llevarme a la compañía de mi querida Libertas.  En este sitio se encuentran aquéllos que desprecian la espontaneidad de los hechos y enfatizan el forzar los recursos para que encajen en su supuesta visión de la perfección para los demás.  Puede que a algunos guste, pero la mayoría prefiere seguir la vereda.

 

¿De dónde tiene raíz este mal?  La verdad es que aquí es donde paran aquéllos que entienden la forma como funciona su razón y la manera como se describe un ambiente de cooperación en sociedad.  Sin embargo, al sentirse privilegiados con este descubrimiento, se esfuerzan por mostrarlo a los demás desde su propia perspectiva, dando a entender que ellos tiene la respuesta a los males terrenales.

 

Nuevamente el susurro de mi adorada despeja la niebla de mi mente y me permite discernir sobre el hecho.  En este sitio habitan aquéllos que consideran que la vida en otro tiempo fue mejor, y que los “desdichados” de la modernidad están equivocados al ver belleza en un descansador de pantalla y en la estructura arquitectónica de un par de torres, en lugar de ver dicha belleza en la fragilidad de una planta y en el desdeño de un pobre anciano ajeno al mundo exterior.

 

Pues bien, el hecho reconfirma m visión liberal.  Nadie impida que estos individuos arreglen su mundo a su antojo.  El daño se encuentra inmerso en su aversión por querer planificar este mundo para todos los demás.  Vive y deja vivir diría el filósofo; yo diría que lo correcto sería aprender todos a vivir en el mundo que de forma tan bella se nos presenta de la forma ordenada y espontánea que mejor refleja el aporte de cada uno a esta vida en sociedad.  Nada es más bello que lo que nace de la contribución de todos, ya que en calidad de falibles, cualquier supuesta utopía propia se queda corta ante el deseo general.

 

Paso al lado del bello escenario de este pobre individuo, y aunque la continuidad del camino presenta un escenario con igual o mayor belleza, sin mano alguna que lo genere (excepto aquella mano invisible), es vano el tratar de convencer al desdichado de la posibilidad de seguir adelante hacia su salvación y abandonar su innecesaria faena. 

 

Por favor mi querida Libertas, ilumina a este pobre hombre que no puede salir de su empeñoso orden deliberado del mundo, y hazle ver que su posición sería tanto más fructífera y tranquila si tomara en cuenta la opinión de sus semejantes en cuanto al diseño del paisaje que lo envuelve.

 

Bueno, mi viaje continúa, y la hora del reencuentro se acerca.  Más el camino pedregoso es el cincel que refuerza en mi mente las letras borrosas que la erosión del continuo presenciar filosófico de la postmodernidad ha provocado.

 

Teleológica realidad

He llegado a la cima del sendero que me dirige al encuentro como mi adorada.  Sin embargo, la intensidad de la niebla, los rastros aún presentes de piedras y guijarros y el frío gélido que me acompaña            no hacen menos inquietante el cantar que de un niño se escucha: I´m flying in a jetplane, and I don´t know that it will crash down.

 

La perspectiva de la cumbre me hace evidente mi presencia en el último hemiciclo de este sucinto Purgatorio.  La voz de mi propia compañía me hace percibir que en este sitio se encuentran presentes aquéllos que están a un paso de la salvación, aquéllos que comprenden la cultura liberal pero que tachan de ilógico el actuar de sus semejantes.

 

Es por ello la razón del canto, que no es de niño, sino es de aquél desdichado que repite sin cesar, a forma de condena: pos propios medios de los individuos para prologar y hacer más placentera la vida, pueden volverse en su contra, y acabar son sus más preciados sueños.  Este sujeto se halla sólo en la punta de la montaña, tratando de discernir sobre el por qué del actuar de los hombres, de sus motivaciones, de sus dominancias y de sus apetencias intrínsecas.

 

Trato de entablar plática con él, y su repentina calma me da la pauta de iniciar el diálogo.  Dirijo mi vista al horizonte y le muestro la maravillosa forma como se desenvuelve el mundo a sus pies presente.  Añadiendo acoto las siguientes palabras: No te das cuenta que lo maravilloso de este fenómeno es el que cada individuo en su propio afán de superación coopera con la consecución de los deseos de los demás.  No percibes que lo prodigioso no está en el por qué de la acción ni el cómo de la misma, sino en el hecho de que se da, y que se da de forma natural y final (en sentido de finalidad).  Este actuar tiene un propósito para cada uno de los minúsculos agentes, pero lo relevante no es entender si estas motivaciones son dignas de honra o de rechazo, sino que es el poder darnos cuenta de que nuestra función es poder descubrir cuáles son los medios mejores para conseguir estos empréstitos.

 

Su cara confunde y entreteje sentimientos de comprensión y de escepticismo.  Lo lamentable, que la duración de su sufrimiento ha congelado en su mente toda posibilidad de reconsiderar su traspié.  Es triste el darme cuenta que el calor de los cantos de mi adorada Libertas necesita de intensidad para poder derretir los paradigmas que se encuentran incrustados en la mente de este non salvo. 

 

¡Oh adorada mía, nuevamente acudo a tu presencia para que facilites mi trecho y me orientes a tu presencia!  No me dejes partir de este lugar sin haber cumplido con tus demandas.

 

No puedo echar la mirada atrás sin recordar el tormentoso trayecto que me ha llevado a este punto.  Aún me conmueve la visión de este pobre iluso que a mi lado sigue repitiendo la sonata de su dolor, y en cuyo regazo se encuentra la posibilidad de avanzar un paso más hacia su salvación.

 

Pero el fin de mi travesía no es la búsqueda de almas renovadas sino la renovación de la mía propia.  He atravesado largo trayecto, orientado por el único pesar de mi adorada Libertas.  Estando tan cerca la hora de su compañía, sólo me resta avanzar entre la niebla y llegar a la presencia de su gloriosa y anhelada efigie.

 

Paraiso

El paraíso liberal

El llamado de los salvos es la prometida presencia de tan adorada y laureada imagen como lo es para mí mi amada, querida y adorada Libertas.  Gloria en el paraíso liberal para aquéllos que se han esforzado en alcanzar tu compañía; amada mía, responde a mis lamentos y dame el consuelo de tu figura.

 

Me encuentro por fin ante la presencia de mi añorada Libertas, más existe una fuerza que no me deja avanzar más allá de lo necesario para captar su resplandor.  ¿Será que fue vano mi esfuerzo o que todavía existen llagas en mi mente que oscurecen la lucidez del resplandor de tus dicciones?

 

La voz de mi adorada me extasía, tanto así que mis oídos se disponen sin ninguna renuencia a captar cada una de las palabras que emanan de su boca…

 

Querido mío, la promesa antes hecha por mí se ha cumplido y hoy te encuentras en mi compañía.  Más no te es permitido el avanzar a este paraíso porque tu hora no ha llegado, y tu obra es aún inconclusa.  Te has podido dar cuenta del tormentoso y escabroso camino que el Señor del Mal ha sido capaz de crear para todo condenado y para todo salvo que en su confusión no encuentra la ruta que lo lleve a la presencias de lo que tú ahora percibes.  Son llamas las que ciegan el intelecto, y son pedruscos los que entorpecen el caminar, más la fe y la perseverancias son la recompensa de aquéllos que a pesar de su nublada visión logran seguir el camino que ni nobleza pretende mostrar.

 

Te has dado cuenta que suficiente es la confusión y sutil el engaño, más la clara percepción de mis ligeros y suaves cantos son la única solución a tan agudo sufrimiento.  Glorioso el día en que te espere y te acompañe, más ahora no es otra ocasión que el dejarte en tu inquietud las siguientes advertencias:

 

Primero, recuerda que la certidumbre es un camino incierto, únicamente descubierto desde la naturaleza irrebatible de tu ser.  No hay certezas en la evidencia sino en los principios.  Cualquier postura que pretenda contradecirte y hacerlo a su vez con ella misma, no merece tu atención.  Más semejante situación obliga tu esfuerzo por no dejar que corrompa la mente de aquéllos que aún están a tiempo de salvarse.

 

Segundo, mantén presente que la risa es producto de lo que no entendemos o de lo que es totalmente absurdo.  Ante tal situación no malgastes esfuerzos más que en corregir lo errado y aclarar lo incomprendido.  No está en tus manos el cambio del individuo, pero sí la exposición de las ideas que durante tu trayecto te he revelado.

 

Tercero, nunca juzgues al otro desde el error en el que te encuentras.  Si te parece que las personas no siempre actúan “racionalmente” en busca de su mejor interés, procura recordar que la teleología de su acción lo único que busca es la aceptación de su actor; el punto de vista irracional aparece desde el espectador exterior y ajeno.

 

Y por último, antes de mi despedida no puedo menos que desearte lucidez y sabiduría para tratar las vicisitudes del tormentoso infierno presente en la tierra y del dificultoso trayecto que emprenden aquéllos que de forma alguna están encaminados a la salvación que la cultura liberal les puede proporcionar.  Mi adorado, mi protegido, no olvides mis palabras, más menos olvides lo que dicta tu corazón.  Recuerda que los mejores resultados son aquéllos que se describen como lo mencionaba el famoso autor: [3]

 

“Es una profunda verdad elemental errada, repetida en todos los cuadernos y por personas eminentes cuando dicen discursos, que debemos cultivar el hábito de pensar sobre lo que estamos haciendo.  Exactamente lo opuesto es la verdad.  La civilización avanza cuando aumenta el número de operaciones importantes que podemos realizar sin pensar acerca de ellas.”

 

Sinopsis

Terminación de la Travesía

Cual viaje producto de mis sueños, llega a su puerto de partido como aquél que del muelle nunca ha zarpado pero que la travesía ya es un hecho en su mente.  Tormentas y amenazas de naufragio azotaron este viaje intelectual por los senderos de las más nefastas consideraciones postmodernistas, llevando mi andar hasta la cúspide de lo que puede ser la refutación de este pensamiento y el alcance de un verdadero mundo liberal.

 

Sin embargo, mi despertar no es del todo y mi preparación no se encuentra en su plenitud.  Amenázame el discurso de aquél malvado ogro gobernante empedernido sobre un mundo cegado por su fatal arrogancia.  Bueno, esto no ha de ser obstáculo si en presencia de mi Libertas, el camino lo emprendo con afable precaución y discernimiento como fuente como única arma que emplee mi razón.

 

Esta es la travesía que por senderos de amargura ha encaminado mi apreciación de lo que en este mundo es certero y lo que nefastamente una conjetura falseable de acuerdo a la intención de su expositor.  No queda más que encaminar a mis seguidores y prevenirlos de tan ruin realidad que le puede en un futuro deparar.

 

* Estudiante de la Universidad Francisco Marroquín.



[1] Referencia al paso por el Infierno, Purgatorio y Paraíso por parte de Dante (acompañado de Virgilio) en su majestuosa obra denominada La Divina Comedia.

[2] La referencia a Libertas se hace en analogía a Beatriz (amada de Dante).  Sin embargo, la mención a su canto y recuerdo se relaciona con las bases y enseñanzas del Liberalismo y de toda la corriente de pensamiento austriaco.

[3] Alfred N. Whitehead