La Psicología del Hombre Libre

basada en el pensamiento de Friedrich A. Hayek

 

Sobre la capacidad neuropsicológica del hombre para el  desarrollo de un esquema normativo que oriente su  actuación deliberada en el contexto de la vida civilizada.

 

 

Juan José Ramírez*

 

 

Introducción: la tesis psicológica hayekiana

como punto medular de su teoría social

 

Para llegar a la filosofía de la libertad existen muchas avenidas.  Algunos pensadores, por sus inquietudes epistemológicas, fueron fascinados por la teoría  del conocimiento disperso en sociedad.  Otros,  debido a inquietudes sociológicas fueron indagando cada vez más sobre la tesis de los órdenes sociales espontáneos.  Para la mente del economista,  resulta  interesante el método compositivo del pensamiento austríaco.

 

Sin embargo,  son pocos los que ingresan a la teoría austríaca por la augusta vía de la obra psicológica de Friedrich A. Hayek,  contenida en su manera más completa en su poco conocida obra, pero no por ello menos importante,  El Orden Sensorial.

 

Es interesante que todos los escritos sobre derecho, economía, filosofía social y epistemología que escribiera el pensador austríaco  contienen constantes referencias a su tesis psicológica.

 

Es por ello, que esta arista psicológica es verdaderamente un nuevo bastión  que respalda las contundentes conclusiones de la teoría social del liberalismo.  Recordemos algunas de ellas:

 

En política,  Hayek  nos habla de la imposibilidad de la mente individual para planificar el orden social,  debemos referirnos  al argumento psicológico por medio del cual la mente individual no puede analizarse a sí misma  pues equivaldría a pensar que puede desdoblarse sobre ella misma y explicar el orden normativo que le dio origen.  En palabras del mismo Hayek:

 

“El estudio de los fenómenos relativamente sencillos correspondientes al mundo físico, (...), ha creado la ilusión  de que pronto llegará a suceder lo mismo  en el ámbito de fenómenos más complejos.  Ahora bien,  ninguna ciencia o técnica permitirán modificar jamás el hecho de  que ninguna mente individual ni, por lo tanto,  ninguna actividad deliberadamente dirigida será capaz de tomar en consideración la multitud de hechos particulares que, si bien son conocidos por algunos miembros de la colectividad, en su totalidad nunca se encuentran al alcance de nadie en particular”[1]

 

En derecho,  Hayek habla de la noción de justicia como un ideal al que el orden social aspira. Expresa que, en el fondo, la justicia esta basada en un sentido acerca de lo que es correcto y lo que no lo es;  ese sentido de justicia  tiene una íntima relación con el desarrollo de  un esquema social normativo (o “modelo”, como lo llama nuestro autor) por parte de los individuos que componen la sociedad. Una vez más,  la arista psicológica sale a la luz, en palabras de nuestro autor:

 

“El proceso que nos ocupa, no debe confundirse  con los procesos espontáneos  que las comunidades libres han aprendido a considerar como fuente original con mejor capacidad de arbitrio que la sabiduría individual.   Si por proceso social significamos la gradual evolución capaz de producir mejores soluciones que las deliberadamente  ideadas, (...)”[2]

 

Con relación a este esquema normativo, Hayek añade su arista psicológica en El Orden Sensorial:

 

“La configuración de impulsos que se rastrea en cualquier momento dentro de la red dada de canales (nerviosos) semipermanentes puede verse como una clase de modelo del entorno particular en el que el organismo se encuentra en el momento y que le permitirá hacerse cargo de ese entorno en todos sus movimientos”[3]

           

Vemos como ese esquema normativo tiene influencia en la configuración de un determinado orden a nivel psicológico que le permitirá al individuo orientar su comportamiento al mundo societario.

 

En economía,  se discute acerca de cómo los procesos de mercado  se autorregulan por medio de normas producto de la evolución que permiten el aparecimiento de instituciones como el dinero, la propiedad privada y los contratos.  Sin una mente que desarrollara un modelo del mundo económico y social gracias al cual se clasificaran, acorde a ciertas normas (el derecho de propiedad, el dinero como medio de intercambio generalizado y el cumplimiento de la palabra empeñada), las miríadas de estímulos  del cambiante mercado,  el comportamiento económico de los sujetos no hubiera superado el nivel del trueque directo.

 

Una vez más, se citará las palabras de nuestro autor en respaldo a esta idea:

“La razón de asegurar a cada individuo una esfera conocida dentro de la cual pueda decidir sus acciones es facilitarle la más completa utilización de su conocimiento, especialmente del conocimiento concreto y a menudo único de las circunstancias particulares de tiempo y lugar”[4]

 

En filosofía social se define libertad como la ausencia de coacción por parte de terceros, implica que el sujeto utiliza un esquema normativo (aún y cuando no esté consciente de ello) que le informa que toda conducta es posible, siempre y cuando no violente los derechos de los demás.  Es por ello que sin normas, no existe sociedad,  y por tanto, tampoco libertad.

 

Hayek, al respecto es contundente:

 

“La sociedad sólo puede subsistir si por algún proceso de selección surgen normas capaces  de inducir a los individuos a comportarse según esquemas compatibles con la convivencia social”[5]

 

Y sin dejar de lado el aspecto epistemológico,  el proceso de conocimiento de ese mundo normativo es un proceso de falsación constante de nuestros modelos cognoscitivos acerca del mundo social.  Es interesante cómo el proceso de aprendizaje descripto en la Teoría de la Determinación de las Cualidades Sensoriales (el nombre técnico de la teoría desarrollada en El Orden Sensorial) sirve de fundamento a esta aproximación epistemológica.

 

Una vez más, se hará referencia a los problemas psicológicos que se abordan en El Orden Sensorial:

 

“Pero los supuestos o hipótesis, que hay que introducir para explicar los procesos sociales,  tienen que ver con la relación del pensamiento de un individuo con el mundo exterior,  a la cuestión de hasta qué punto y cómo corresponde su conocimiento con los hechos externos. Y las hipótesis deben plantearse, necesariamente, en términos de afirmaciones acerca de las conexiones causales, acerca de cómo la experiencia crea conocimiento”[6]

 

Este breve itinerario introductorio por las distintas implicaciones sociales y filosóficas de la teoría psicológica hayekiana es de utilidad para enmarcarla como medular en su teoría social.  Es por ello que en este ensayo se presenta la teoría psicológica de Hayek como una columna sólida que consolida  las principales tesis de la filosofía de la libertad.

 

Siendo esta teoría una de las más complejas y densas del autor austríaco, es necesario hacer una presentación pausada y gradual de su origen, desarrollo y derivaciones clave para la teoría del liberalismo. Comenzaremos explicando las bases históricas de teoría psicológica sobre las cuales se origina.

 

I. La historia antigua de la psicología sensorial alemana:

los antecedentes y contexto de  la discusión hayekiana

 

“La psicología tiene un largo pasado pero una corta historia”, esta es la frase con el historiador de la psicología, Edwin Boring, abre su obra magna de Historia de la Psicología Experimental (1999), aunque la frase fue originalmente enunciada por Herman Ebbinghaus (1850-1909),  uno de los primeros psicólogos en estudiar los procesos de la memoria.  

 

La mente, ha sido un tema de discusión desde el tiempo de los griegos,  la famosa caracterización de Platón del alma en dos dimensiones: la racional y la pasional, da cuenta de ello. 

 

Durante siglos,  la disciplina psicológica fue considerada como  una especialidad de la filosofía.  Es por ello que las grandes nociones acerca de la mente se las debemos a filósofos como John Locke  y el asociacionismo británico,  Gottfried Leibniz y la noción de petit perceptions,  René Descartes y su dualismo mente-cuerpo,  Emmanuel Kant y la noción de las estructuras innatas de la mente, por mencionar unas pocas eminencias.

 

Pero no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XIX,  en la cual la psicología surgió como una disciplina diferente de la filosofía de la mente,  con sus propios métodos de estudio y ante todo con un objeto de estudio definido.

El nacimiento de esta disciplina fue doloroso y problemático, inclusive dos disciplinas tan diferentes como la fisiología y la filosofía se disputaron  la paternidad de la nueva ciencia. Pero se debe reconocer que si bien la filosofía nutrió durante siglos a la psicología,  fueron precisamente los trabajos de los fisiólogos sensoriales de aquella época los que separaron definitivamente a aquélla de los dominios especulativos.

 

¿En qué estaban interesados aquellos fisiólogos que dieron origen a un nuevo paradigma científico?, y lo que es más interesante,  ¿por qué Hayek toma de referencia las principales líneas de discusión de estos fisiólogos sensoriales para comenzar sus investigaciones acerca de la mente?.  En la presente sección se tratará de dar respuesta a estas dos interrogantes.

 

 

Los intereses de investigación

de los psicólogos sensoriales alemanes 

y las ideas germinales que aportaron

para la teoría hayekiana

 

Para responder a la primera pregunta debemos retomar las líneas predominantes de investigación psicológica de aquel entonces.  La selección de estos autores fue hecha con el propósito de poder explicar los intereses de investigación de esta época de oro de la fisiología sensorial.  Se verán los trabajos de los psicólogos experimentales alemanes de la segunda mitad del siglo XIX,  concretamente: Gustav Theodor Fechner, Hermann von Helmholtz, Wilhelm Wundt, Johannes Müller, Ewald Hering y  Ernst Mach.

 

En primer lugar, Gustav Theodor Fechner (1801-1887), el psicofísico, abordó el  problema de las sensaciones y de los cambios en intensidad percibida de las mismas por parte de las personas.  

 

Dentro de sus grandes anhelos estaba anunciar el descubrimiento de una nueva disciplina,  la psicología,  específicamente la  psicofísica,  la cual era una disciplina que debía regirse con el rigor metodológico de las ciencias experimentales y naturales.   Es por ello que fue prioritaria en él la inclusión de leyes matemáticas para explicar los fenómenos de la sensación y de la percepción.  De ello da testimonio  su famosa fórmula de la percepción de cambios de intensidad de los estímulos: g  = K log b/b.

.

 

Esta ley establece que a incrementos relativos iguales de estímulo son proporcionales a incrementos de sensación iguales.

 

Con esta breve explicación de los trabajos de Gustav Fechner,  es notoria la brillante idea según la cual a la mente se ingresa por medio de los sentidos.  Esta será una idea que Hayek hace suya en el desarrollo de su obra psicológica, pero que la amplía y profundiza aún más. 

 

El fisiólogo sensorial empirista, Herman von Helmholtz (1821-1894), realizó uno de los  primeros trabajos con relación a los mecanismos subyacentes de la percepción visual.

 

Su teoría explica como los receptores nerviosos del ojo  son básicamente tres,  los cuales reciben longitudes de onda diferentes.  Es por esta excitabilidad diferencial,  que se hace posible la percepción de los diferentes matices y atributos de los colores.  Es por ello que Helmholtz explica que esta  teoría es solamente la aplicación específica al campo de la percepción visual de la teoría de la energía específica de los nervios, de Johannes  Müller.

 

Cuando Helmholtz aborda la teoría de la resonancia del oído llega a la conclusión, también, de que la sensación diferencial  de los tonos se debe a la recepción diferenciada de las vibraciones auditivas por parte de distintas fibras nerviosas.

Estas aplicaciones de la teoría específica de los nervios, ilustra la idea predominante de la época acerca de que las sensaciones percibidas son el resultado directo de la naturaleza de los nervios especializados de cada sentido.  Pero sobre este punto ahondaremos cuando expliquemos los trabajos de Johannes Müller.

 

Importante es entender que, para Helmholtz, las percepciones se ven matizadas por los efectos de la experiencia.  Es decir, las respuestas evocadas en estimulaciones anteriores modifican la captación e interpretación de los nuevos estímulos procesados por los centros nerviosos en el cerebro,  sin saber cuánto de esta influencia se debe a la experiencia pasada  y cuanto a la percepción presente. Esta noción empirista de la mente  será retomada por Hayek en el sentido de que toda nueva percepción es una actualización de nuestras memorias. Entonces, para Hayek,  el acento no está  en las acciones que provocan la sensación,  sino en los diferentes arreglos nerviosos que las reciben.

No es posible hacer una recensión completa de esta época sin abordar las ideas  de Wilhelm  Wundt (1832-1920), el fundador de la psicología. 

 

Para Wundt, la mente no es más que la suma de todas nuestras experiencias internas, ideaciones y voliciones. La vida mental  es,  en todas sus fases,  un proceso, una existencia activa y no pasiva, desarrollo  y no estancamiento. 

Además, la experiencia siempre es inmediata,  por lo que se descarta cualquier sustrato más allá de esta experiencia,  ya que ello implicaría un materialismo inconsciente

 

Concluyendo, la comprensión de las leyes fundamentales del desarrollo activo de la mente constituye la meta final de la psicología para Wundt.

 

La primera  implicación en la teoría hayekiana del enfoque wundtiano es su visión de la mente como un proceso,  lo cual nuestro autor retoma en su discusión acerca de los alcances de la psicología  cuando aclara que sí podemos llegar a saber cómo opera la mente,  pero nunca podremos responder qué es la mente, en el sentido de conocer  la totalidad de su constitución psíquica,  pues caeríamos en la contradicción de Cantor, la cual detallaremos en breve. 

 

La segunda implicación  es el rechazo wundtiano a todo materialismo inconsciente, es decir,  la substancialización de la mente.  En la teoría psicológica ha sido un error epistemológico ver a la mente como una “substancia”  que pareciera tener vitalidad propia y cuya  influencia en el comportamiento y en las manifestaciones mentales (pensamientos, voliciones, sensaciones) es inevitable y fatal en la existencia humana,  algunos ejemplos de ello son las antiguas psicologías biológicas instintivistas y el psicoanálisis.  Si bien Wundt,  no llegó a utilizar estas palabras,  su teoría casa perfectamente con el principio de irreductibilidad de la mente que Hayek elabora extensamente en su teoría, especialmente cuando realizar su crítica fundamental a toda clase de determinismo psíquico.

 

A propósito de la irreductibilidad de la mente,  no hemos de olvidar que la posibilidad de la descomposición de la mente  en sus supuestos elementos constitutivos ha tenido defensores desde la época  fundacional de la psicología.  Para Ernst Mach (1838-1916), el psicólogo de las sensaciones elementales, todas las manifestaciones de la vida psíquica,  son susceptibles de ser descompuestas y analizadas hasta las últimas unidades que para él se denominan sensaciones,  pero es mejor  el término de elementos.  De época más reciente, las teorías del condicionamiento clásico y operante, que aunque desconocían a la “mente” como objeto digno de estudio,  trasladaron la tradición analítica y elementalista al comportamiento manifiesto, de manera tal que el repertorio conductual del sujeto, pensamientos incluidos,  pueden ser descompuestos y analizados según la historia de reforzamientos y castigos que sostienen dicho repertorio.  Sumamente interesante es señalar que ésta tradición elementalista de la mente y del comportamiento generalmente ha ido acompañada de la ficción de control y predicción en el campo de la acción humana.  Descomposición elemental y determinismo psíquico serán materias de amplia discusión por parte del filósofo de la libertad, Friedrich Hayek.

 

Hubo fisiólogos sensoriales que  colocaron el acento en las estructuras neurológicas y anatómicas para explicar el fenómeno de la percepción.

El primer autor en esta línea de pensamiento fue el fisiólogo sensorial nativista Ewald Hering (1834-1918), quien postuló  la existencia de “substancias” en el ojo como causa del  carácter distintivo y definitivo de  las sensaciones visuales. Entonces,  lo que viene a la conciencia  como sensación visual es la expresión física o el correlativo consciente del cambio químico de la substancia visual.

El segundo autor fue  Johannes Müller (1801-1858),  y su teoría de la energía específica de los nervios, en la cual postuló que las sensaciones se deben principalmente a las características de las fibras nerviosas que le reciben. Por tanto, las sensaciones son  puras, desde su recepción hasta su representación en el campo perceptual, gracias a la fibra nerviosa específica que le imprime su carácter definitivo a dicha sensación.

 

Estas teorías dejaron su sello en la teoría psicológica, al desconocer el hecho de la complejidad del sistema nervioso en la recepción de estímulos,  ya que el estímulo cuenta con una única vía  que le imprime su carácter  definitivo y último.

Sin embargo,  es probable que en aquella época se tuviera poca noción de la complejidad de las interacciones neuronales, especialmente de las interacciones que se producen en la corteza cerebral.  Pues resulta que la recepción de estímulos no cuenta con canales diferenciados funcionalmente (sean substancias visuales o fibras nerviosas específicas), sino que es toda una constelación de enlaces neuronales, por tanto de fibras nerviosas,  la que evoca (no imprime)  el carácter definitivo de los estímulos registrados por los diferentes órganos sensoriales. 

 

Inclusive, algunas sensaciones no tienen ningún tipo de conexión con excitaciones directas de las fibras nerviosas por parte de estímulos externos, y estas son las percepciones de mayor importancia para la teoría social  pues incluye el mundo simbólico y normativo. Sucede entonces que, conforme más nos alejamos del mundo de las sensaciones visuales o táctiles, ingresamos al mundo de las abstracciones normativas. Es evidente, por tanto, que se requirió una teoría neurológica distinta para dar cuenta de este mundo abstracto y simbólico.

Concluyendo, no es el nervio o la substancia visual,  es la configuración neuronal que representa a toda percepción lo determinante, y es esta crítica al sensacionismo psicológico lo que nuestro autor toma como punto de partida para introducir la noción sistémica de la mente.  En las siguientes páginas hablaremos un poco más del enfoque sistémico,  piedra fundamental  para el desarrollo de la Teoría de la Determinación de las Cualidades Sensoriales.

Después de responder a la primera pregunta que dio inicio a esta sección,  pues ya detallamos en líneas generales cuáles eran los intereses de estos prominentes psicólogos sensoriales  de la segunda mitad del siglo XIX,  nos corresponde responder a la segunda pregunta que se planteó en el origen de esta sección. 

 

¿Por qué Hayek se basó

en los trabajos de estos fisiólogos

para comenzar sus investigaciones

acerca de la mente?

 

La respuesta es que fue en este contexto de investigación, que Friedrich Hayek tomó su punto de partida para indagar sobre el objeto de estudio de la psicología.  La relevancia de esta época dorada de eminencias y expertos,  para la teoría hayekiana, es que plantea las ideas que sirven de pórtico para la Teoría de la Determinación de las Cualidades Sensoriales.

 

Las ideas clave fueron:

 

A la mente se ingresa por medio de los sentidos: con esta idea se comenzó a diferenciar la sensación por un lado, y la organización perceptual por el otro. Es decir, la mente es un constructo hipotético que pretende explicar cómo y por qué los estímulos sufren determinado ordenamiento.  En palabras del mismo Hayek:

“Esta reformulación del problema central de la psicología se ha hecho necesaria por el hecho de que las ciencias físicas, incluso en su ideal desarrollo perfecto,  nos ofrecen una explicación sólo parcial del mundo tal y como lo conocemos a través de nuestros sentidos y deben dejar siempre un residuo sin explicación.  Incluso después de haber aprendido a distinguir los acontecimientos del mundo externo sobre la base de los distintos efectos que producen unos sobre otros,  y sin considerar que se nos presentan como semejantes o diferentes,  queda aún por explicar qué es lo que hace que se nos presenten como semejantes o diferentes. (...) Queremos conocer el tipo de proceso por el cual una situación física se transforma en un cierto cuadro fenoménico.”[7]

 

Las sensaciones percibidas son el resultado directo de la naturaleza de los nervios especializados de cada sentido: esta idea es duramente criticada por la teoría hayekiana,  quien postulará una organización sistémica de la mente, y por tanto, de nuestras percepciones.

 

“En realidad, las pruebas que poseemos sugieren que los impulsos conducidos por fibras diferentes, al menos en el ámbito de cada modalidad sensorial, son cualitativamente idénticos, (...). Parece, por tanto, que la causa de los efectos específicos de los impulsos en fibras diferentes debe buscarse, no en los atributos de los impulsos individuales, sino en la posición de la fibra en la organización central del sistema nervioso”[8]

 

Toda nueva percepción es una actualización de nuestras memorias: esta noción empirista de la mente servirá para que Hayek desarrolle el concepto de mente como un aparato clasificatorio que  a la luz de nuestra memoria nerviosa permite agrupar  la miríada de estímulos que percibimos en una organización que les atribuye un significado preciso. A su vez, dicha nueva percepción reorganiza la memoria nerviosa.  A propósito, Joaquín Fuster comenta en el prólogo de El Orden Sensorial:

 

“Hayek abandona pronto esta visión restrictiva y estática de la percepción para adoptar una visión más dinámica de aquella función y más en conformidad con los principios de interacción entre percepción y memoria, fundamentalmente con el principio –previamente enunciado por Helmholtz- que estipula que la percepción surge de la memoria, y viceversa, la memoria de la percepción”[9]

 

La visión de la mente como un proceso: este aserto sirve de idea base para el enfoque epistemológico de la mente,  Hayek desarrollará la tesis según la cual no es válido pretender conocer la totalidad de la constitución mental, pero si podemos conocer el cómo, por tanto el proceso  operativo de la mente.

“...el objeto de nuestra explicación debe ser todo el conjunto de relaciones que determinan el orden del sistema de cualidades sensoriales (o mejor, mentales).  Para proporcionar una explicación de este tipo será necesario demostrar cómo en un sistema físico conocido ciertas fuerzas pueden producir relaciones entre sus elementos de tal modo diferenciadas que desarrollan un orden que corresponde estrictamente al orden de las cualidades sensoriales”[10]

 

El principio de irreductibilidad de la mente: nuestro autor trata extensamente los paradigmas fisicalistas y analíticos de la mente, y demostrará con una sólida argumentación  por qué las escuelas que pretenden “diseccionar” la mente sencillamente evaden el problema psicológico.   En otras palabras,  al pretender descomponer la mente, la destruyen.

 

“Por tanto, podría decirse que el behaviorismo no ha sido lo suficientemente radical y coherente respecto a sus propias concepciones, desde el momento en que tomó como propio punto de partida una representación del mundo externo derivada de nuestra ingenua experiencia sensorial, en lugar de –como debería haber hecho- asumir  una representación obtenida de las ciencias físicas que describen las propiedades objetivas de ese mundo”[11]

 

Descomposición elemental y determinismo psíquico: además de la imposibilidad científica de la descomposición en elementos de la organización de la mente,  Hayek abordará los problemas del determinismo psicológico sobre el comportamiento,  para ello explicará la relación existente entre tres realidades: la física, la psicológica y la neuronal. Postulará una relación isomórfica entre el orden psicológico  y el orden neuronal, y la ausencia de toda causalidad entre el mundo físico y el mundo psicológico.

 

“Además del carácter relativo de todas las cualidades mentales se sigue que cualquier discusión acerca de estas cualidades en términos de sus relaciones recíprocas debe quedar necesariamente circunscrita  al ámbito de los acontecimientos mentales; nunca podrá proporcionarnos un puente que lleve de los acontecimientos mentales a los físicos”[12]

 

No es el nervio o la substancia visual,  es la configuración neuronal que representa a toda percepción lo determinante: este cambio de paradigma hacia una visión sistémica de los enlaces neuronales y de la percepción es la brillante intuición hayekiana de la mente que después de medio siglo de la publicación de El Orden Sensorial viene a ser confirmada y respaldada por la neurociencia cognitiva contemporánea.

 

“Lo que llamamos mente es por tanto un orden particular de un conjunto de acontecimientos que tienen lugar en cierto organismo y que en cierto modo están relacionados con el orden físico de los acontecimientos del entorno (aunque no son idénticos al mismo).”[13]

 

Además,  para complementar la respuesta a la segunda pregunta que dio origen a esta sección, también hubo otra razón, de orden histórico y científico, que contribuyó a la focalización de los trabajos de Hayek en los trabajos de la psicología sensorial antigua.

 

Posterior a dicha época de oro de la psicología sensorial, se dio una atomización de la disciplina psicológica en múltiples especialidades.  La primera mitad del siglo XX, vería el nacimiento de diversas escuelas, tales como el conductismo radical, el conductismo operante,  el psicoanálisis, la Gestalt, el  cognoscitivismo, los modelos informáticos de la mente, la escuela humanista, la psicología existencial, por mencionar los movimientos más relevantes solamente. 

 

Esta atomización de la disciplina tuvo por consecuencia la superespecialización del estudio de la mente.  Sucedió un fenómeno que un filósofo de la talla de José Ortega y Gasset  ya había señalado en sus análisis sociológicos, pero que se puede aplicar con mucha similitud a este momento histórico de la psicología: “la gente sabe más y más,  de menos y menos”.

 

De pronto,  la psicología significaba muy distintos conceptos  para cada uno de los psicólogos especialistas.  El objeto de estudio bien podía ser el inconsciente,  pero también,  podía significar el estudio de la consciencia,  sin embargo algunas escuelas no se sentían cómodas con el estudio de contenidos mentalistas, entonces definieron su objeto de estudio como el comportamiento observable exclusivamente,  no faltaron los psicólogos de casta fisicalista  que postularon la muerte del fenómeno psicológico, pues lo único que existía eran los nervios y el cerebro, y así entre muchas otras definiciones de la ciencia psicológica.

Y entre tanta efervescencia por el descubrimiento de nuevas psicologías se perdió de vista cuál era el objeto de estudio de esta disciplina.  Solamente hubo destellos aislados como los trabajos del neuropsicólogo Kart Lashley, de los psicólogos Donald Hebb y Heinrich Klüver que se enfocaron en una pregunta capital: ¿qué es la mente?.  Pues aún y con toda la especialización psicológica,  la pregunta fundamental de la psicología había quedado en pie, pero olvidada desde la época de los fundadores de esta ciencia.

 

No es entonces casualidad que Hayek retome las líneas maestras de investigadores como Helmholtz, Hering, Hebb, y las demás eminencias de la psicología sensorial clásica, pues ellos también iban en búsqueda de respuestas hacia la misma cuestionante que el pensador austríaco se hizo: ¿qué es la mente?

Después de esta revisión de los antecedentes, contexto histórico e ideas germinales de la teoría hayekiana de la mente, será necesario desarrollar las ideas en sí contenidas en El Orden Sensorial.  Para ello, será de capital importancia comprender el basamento epistemológico de esta teoría,  que radica a su vez en la Teoría General de los Sistemas, tal como la expuso su principal ponente, Ludwig von Bertalanffy (entre otras cosas, amigo personal de Hayek).

 

Un cambio de paradigma para enfocar

el problema de la mente: la teoría de sistemas

 

Como se acaba de mencionar, actualmente existe una dispersión de paradigmas y modelos en la disciplina psicológica,  que pretenden explicar el comportamiento y los procesos mentales humanos, sin embargo dan respuestas contradictorias entre ellas mismas. 

 

La ciencia moderna en general, no sólo la psicología,  se ha caracterizado por la especialización de los diferentes campos.  Esto ha llevado a la creación de dominios intelectuales  dentro de los cuales los canales de comunicación son pocos o, sencillamente, inexistentes.  A propósito, Bertalanffy escribió:

“La ciencia moderna se caracteriza por la especialización siempre creciente, impuesta por la inmensa cantidad de datos, la complejidad de las técnicas y de las estructuras teóricas dentro de cada campo”[14]

 

Sin embargo,  en los diferentes campos comenzaron a surgir enfoques integradores  y sistémicos,  en el cual los "todos"  ayudaban a explicar mejor las partes interactuantes.  Se fue notando la emergencia de un nuevo paradigma, la teoría de sistemas, cuyos principios y conclusiones son aplicables a varios campos del conocimiento. La meta de la teoría de sistemas es estudiar la integración de dichas totalidades que pueden provenir desde disciplinas sumamente dispersas;  las ciencias físicas, psicológicas y sociales  están mostrando una tendencia hacia dicha integración.

 

Una evidencia de la emergencia de este paradigma es el surgimiento de relaciones isomórficas  entre diversos campos del saber.  Un ejemplo claro de esto es el de la aplicación del isomorfismo entre orden neuronal y el orden cognitivo.  Otros  ejemplos en la teoría psicológica, algunos afortunados otros no tanto: el caso de la física hidráulica  y del modelo mental de psicoanálisis,  la teoría de los campos eléctricos  y la psicología Gestalt,  los conceptos de stress y resiliencia en psicología siendo términos originales de la tecnología de materiales. 

 

Una vez más Bertalanffy respalda estas ideas:

 

“Este paralelismo de principios cognoscitivos generales en diferentes campos es aún más impresionante cuando se tienen en cuenta que se dieron independientemente, sin que casi nunca interviniera nada de la labor e indagación en campos aparte”[15]

 

Debido a esta integración de principios generales  entre distintas disciplinas, se ha hecho la crítica a la teoría de sistemas de que  no brinda ninguna explicación,  sin embargo cuando estamos hablando de fenómenos complejos la única explicación posible es la explicación de principio,  tal como lo dedujo Hayek también:

“(...), conviene observar ya desde ahora que cuando decimos que ofrecemos una explicación, ésta no es otra cosa que una explicación de principio mediante el cual se producen los fenómenos del tipo en cuestión (...),  también pretende demostrar que, aunque seamos capaces de explicar el carácter general de los procesos en acto,  las operaciones de estos procesos pueden ser tan complicadas en los detalles que su plena explicación permanecerá siempre más allá del poder de la mente humana”[16]

 

Entonces,  los sistemas son una nueva forma de analizar los fenómenos psicológicos, y se visualiza a la mente como una realidad que tiende hacia un orden u organización espontáneos.

 

Es interesante esta breve introducción a la visión sistémica de la mente pues se evita el craso error en el cual las ciencias psicológicas incurrieron: el modelo mecánico-operativo-determinista.  El resto de esta sección  consistirá en la discusión de este paradigma.

 

El paradigma dominante en las diferentes áreas del conocimiento, no solamente en Psicología, fue el mecánico-operativo-determinista.  En biología,  la descomposición del organismo en células;  en psicología,  la descomposición del organismo en reflejos,  la descomposición de las percepciones en sensaciones puras;  en sociología,  la consideración de la sociedad como suma de individuos,  en casos extremos se dio la física social.  El mecanicismo  se convirtió en toda una cosmovisión.

 

En psicología, específicamente, la mayor parte de paradigmas, por muy distintos que sean, comparten una característica: estamos ante el modelo robótico de los seres humanos.  Se puede citar al conductismo  y su modelo ambientalista y causal de la conducta,  y en el cual se da, sin ninguna reserva, el impensable salto cualitativo desde el mundo animal  al mundo humano.   También el modelo computarizado de la mente,  en el cual los pensamientos son programaciones susceptibles de ser cambiadas a voluntad,  la mente funciona bajo los conceptos de archivos de memoria,  memoria  de trabajo,  programaciones, etc.  Por último, el psicoanálisis y el modelo homeostático de la mente. 

Lo erróneo no está en la existencia de teorías especializadas acerca del comportamiento y de la mente,  sino de su aplicación generalizada e indiscriminada a todos los tipos de comportamiento, inclusive la faceta social y cultural de la vida humana.

 

Sin darnos cuenta la imagen que se forma de los seres humanos es sesgada,  pues la psicología normal se considera fundada en  una imagen del hombre sediento de reforzamientos o de pulsiones primarias.  El  hombre  es, fatalísticamente, una computadora, un animal o un niño.  El destino de los individuos está determinado por genes, instintos, accidentes,   o acontecimientos. Toda conducta tiene un mecanismo subyacente que prescinde de la voluntad del sujeto, por tanto, la conducta espontánea  y creativa no existe. 

 

Estos puntos nos llevan a discutir temas tan controversiales como la ingeniería psicológica,  o el diseño social basado en principios psicológicos.  Ejemplos claros de que no han hecho falta estos esfuerzos de diseño son las obras Walden II (1948) del psicólogo conductista B.F. Skinner  o La Revolución de la Esperanza (1970) del psicoanalista social Erich Fromm.

 

Concluyendo, es notable que el enfoque epistemológico de la teoría de sistemas haya sido un enfoque afín a la existencia y potencialidades del individuo en todas sus facetas: psicológica, sociológica, cultural y económica,  no es casualidad entonces  que este paradigma haya sido utilizado para explicar el fenómeno de la mente en el contexto de la Filosofía de la Libertad.  Bertalanffy es claro en este punto:

 

“El postulado principal será: el hombre no es sólo un animal político; es, antes y sobre todo, un individuo.  Los valores reales de la humanidad no son los que comparte con las entidades biológicas, con el funcionamiento de un organismo o de una comunidad de animales, sino los que proceden de la mente individual.  La sociedad humana  no es una comunidad de hormigas o de termes, regidas por instinto heredado y controlado por las leyes de la totalidad superordinada;  se funda  en los logros del individuo, y está perdida si hace de éste una rueda de la máquina social”[17]

 

Es por ello que la teoría hayekiana de la mente, basada en un enfoque sistémico y relacional de ésta, es la que resolvió el problema fundamental de la psicología,  respetando a su vez la conducta libre y responsable.  En este sentido superó a los sistemas deterministas de la psicología (conductismo, psicoanálisis, entre otros) que por investigar los últimos componentes de la mente,  dieron por descartada la Libertad.

 

Pasaremos ahora a analizar la propuesta del pensador austríaco.

 

II. La respuesta hayekiana al problema fundamental de la Psicología

 

Un reconocimiento actual a una tesis de medio siglo de edad

Joaquín Fuster,  uno de los neurocientíficos de mayor renombre en el escenario académico mundial,  en su introducción a su no menos conocida obra Cortex and Mind (2003) hace referencia a una de las curiosidades más impresionantes  en la historia de la teoría neuropsicológica: 

 

“Friedrich Hayek was the first to propose the representation of percepts and memories in large-scale cortical networks of the kind proponed in this book.  That was a curious intellectual development in several respects, for one thing because Hayek was neither a brain scientist nor a psychologist.  He was an eminent economist (Nobel Prize, 1978) with a broad and profound interest in complex systems (…)”[18]

 

Con esta breve cita de Fuster, podemos a su vez confirmar la importancia del enfoque sistémico aplicado a los problemas de la mente y a los problemas de la sociedad, pero Fuster no deja allí el encomio a Hayek, sino que continúas más adelante, con relación a la obra de El Orden Sensorial:

 

“(...) Much less well known is The Sensory Order (1952), his psychological essay. Yet it is one of the most scholarly contributions ever made to the understanding of the cerebral foundation of perception and memory. Its intellectual roots can be traced to the works of Müller (Johannes), Mach, Boring, Lashley, Hebb, Klüver, and the Gestalt psychologists, with all of which Hayek was thoroughly familiar. By in large, therefore, psychology was the ground on which his thinking developed, though with a view of the cerebral cortex that was highly advanced for his time”[19]

Con esta otra cita, se confirma a su vez la importancia de haber hecho ese breve repaso histórico de la psicología experimental alemana de la segunda mitad del siglo XIX, pero más relevante aún es la preclaridad de la teoría  hayekiana de la mente que tuvo que esperar la maduración de medio siglo de investigación neuropsicológica contemporánea para volver a ser descubierta y aquilatada en su justo peso.

 

Hecho ya este preámbulo expondremos las ideas centrales de la teoría de la determinación de las cualidades sensoriales. 

 

Evolución filogenética de la corteza cerebral

El desarrollo de la corteza cerebral  fue una de las herramientas que posibilitó la mejor adaptación de la especie humana a su creciente  ambiente societario,  mejor comunicación entre sus congéneres y una vida más larga.  La sociedad exige, cada vez más y más,  cerebros desarrollados con arquitecturas neurológicas más finas y con mayor conectividad.

Los cerebros de las especies primitivas serían similares al cerebro de los anfibios, de las ranas de hoy.  En estos cerebros sólo existirían las estructuras más primitivas,  que procesaban las emociones, las respuestas automáticas y viscerales,  las funciones vegetativas,  las percepciones simples, etc.

Pero fue durante los estadios tardíos de la evolución que las bóvedas craneanas de los monos antropoides y de los primeros primates se expandieron ampliamente,  razón por la cual muchos hablan de una verdadera explosión cortical para describir la velocidad de expansión del cerebro en estas ultimas etapas.

 

La evolución del cerebro se puede evaluar sobre la base de grosor y extensión de las nuevas capas cerebrales,  pero lo determinante es la expansión  de la capa de la corteza en cuanto a superficie (lo que da origen a las circunvoluciones para acomodar toda esa nueva superficie cortical en la bóveda craneana).  También la cantidad, y la especialización en diseño y fisiología es otra característica clave para comprender la evolución de la corteza.  Existen más neuronas con mayor diferenciación en los cerebros evolutivamente mejor desarrollados.

 

Lo determinante en la evolución,  fue que se expandió la corteza cerebral,  la cantidad y diferenciación de neuronas y, ante todo,  la conectividad y por tanto el surgimiento de redes o asambleas neuronales en el cerebro que le permitieron al hombre el desarrollo de símbolos, normas y códigos de mayor complejidad.

Y, determinante en la teoría hayekiana,  ésta explosión cortical que se dio en el transcurso de la evolución permitió el sucesivo aprendizaje de las generaciones descendientes de todo el espectro normativo y simbólico, de manera tal que todo ser humano, el día de hoy,  nace con un rudimentario aparato clasificatorio fruto de la sedimentación evolutiva, tanto biológica como cultural, de un sistema primitivo de asambleas neuronales.  En otras palabras,  desde el mismo momento de nuestro nacimiento,  nos encontramos categorizando nuestras primeras impresiones del mundo que nos rodea.

 

Evolución ontogenética de la corteza cerebral

Al  final del segundo trimestre de gestación,  la generación de neuronas  está ya casi completa.  Sin embargo, aún después del nacimiento las neuronas continúan migrando y creciendo.

 

La formación sináptica comienza en el tercer trimestre y sigue hasta los dos años de vida,  se considera que las estructuras del cerebro continúan formándose hasta la tercera década de la vida. 

 

Ahora bien,  la corteza cerebral nunca se termina de desarrollar, la experiencia de vida   siempre contribuye a cambiarla.  Es por ello que las redes y el conocimiento siempre tienen un final abierto.

 

Este aspecto dinámico del sistema de asambleas neuronales es un respaldo a la interpretación hayekiana que,  en sociedad, siempre nos encontramos falseando nuestras hipótesis acerca del mundo que nos rodea  y que poco a poco  nuestros modelos mentales se van afinando acorde a las normas sociales.

 

El mundo fenoménico o mental, el cerebro  y el mundo físico

Para comprender la teoría psicológica de Hayek, es necesario hacer las distinciones entre tres tipos de órdenes que se encuentran íntimamente relacionados para explicar el problema de las cualidades sensoriales o de la existencia de un orden mental.  Fuster nos aclara aún mas al explicar que existen tres categorías de estudio para la ciencia: la realidad física,  el cerebro y  la mente,  estos órdenes se encuentran organizados en un orden específico  de estructuras,  eventos y procesos que son conocidos o al menos cognoscibles  para cada una de las disciplinas especializadas: la física, la neurociencia y las ciencias cognitivas.  Pero en palabras del mismo Hayek, la definición de estos órdenes es:

“1. El orden físico del mundo externo, o de los estímulos físicos, (...).

 

 2. El orden neuronal de las fibras y de los impulsos que transmiten esas fibras,  el cual,  aunque forma parte del orden físico total, es sin embargo una parte del mismo que no puede ser directamente conocida, sino sólo reconstruida.

 

3. El orden mental o fenoménico de las sensaciones (y demás cualidades mentales)  conocido directamente,  aunque nuestro conocimiento del mismo es en gran parte un conocer cómo y no un conocer qué,  y aunque nunca podamos patentizar, mediante el análisis científico, todas las relaciones que determinan dicho orden”[20]

 

Con relación al orden físico, las ciencias físicas  ofrecieron un paradigma de las relaciones de los objetos con otros objetos,  por lo que se dejó de lado el problema  del modo en que estos objetos se nos presentan a nivel de nuestras percepciones particulares, es decir, el problema psicológico o de la existencia de un orden sensorial.  Entonces,  si bien la tarea de la física es desengañar a nuestros sentidos de las relaciones reciprocas que se dan entre los distintos fenómenos,  la tarea de la psicología teórica es explicar por qué dichas relaciones del mundo físico,  se nos presentan sumamente distintas a nuestros sentidos,  en un orden totalmente diferente.

 

También,  las ciencias físicas no pueden dar cuenta de los principios que conforman el orden sensorial,  ni tampoco de los principios que conforman el orden  neuronal (ya que presenta los mismos principios de organización que el orden sensorial).  Es sumamente importante esta distinción,  pues es claro que los principios que aplican al mundo físico son completamente inadecuados para explicar los procesos que enlazan constelaciones de neuronas y brindan un significado funcional preciso a cada uno de los estímulos,  o, mejor dicho,  grupos de estímulos que son procesados por la mente.

 

Por tanto,  entre estos dos órdenes, el físico y el mental (incluido su correspondiente orden neuronal)  no existe una correspondencia isomórfica  o biunívoca.  De allí  que los objetos o acontecimientos que pertenezcan a determinada categoría en un orden físico,  difícilmente se encontrarán en la misma categoría en el psicológico.

 

Entonces,  existen diferencias entre el mundo físico y el mundo psicológico o sensorial. El  orden físico,  que clasifica los objetos en base a la manera en que se relacionan con otros objetos  y el orden sensorial que clasifica los objetos acorde a sus propiedades sensoriales (colores, olores, sonidos, sensaciones táctiles, etc.).

Siendo más que evidente las diferencias irreconciliables entre los procesos del mundo físico y los procesos del mundo psicológico o sensorial,  la pregunta viable que queda  no es cómo se relaciona el sistema físico con el sistema psíquico,  sino  que es necesario detallar más los alcances de esta pregunta y orientarla a cómo una parte del mundo físico que radica en el organismo, el orden neuronal,  es capaz de generar un orden completamente independiente y distinto: el sensorial o psicológico.

 

Las relaciones entre el orden sensorial y el orden neuronal

La pregunta principal que nuestro autor tratará de responder es si el orden mental se encuentra correlacionado con el orden de estructuras, eventos y procesos, especialmente de la corteza cerebral.

 

De entrada se ha caracterizado  este tipo de relación como isomórfica,  esta relación se va a entender como  la búsqueda de un orden espacial y temporal  en la corteza cerebral que casa con el orden sensorial en cada aspecto.  De lo anterior se deduce que un cambio en el orden cerebral,  corresponde un cambio en el orden sensorial y viceversa.

 

Planteado el problema fundamental de la psicología. Hayek abre su investigación con el siguiente objetivo en mente:

 

“Investigaremos como los impulsos fisiológicos que tienen lugar en las diferentes partes del sistema nervioso central pueden diferenciarse, unos respecto de otros, en su significado funcional,  de modo que se diferencien sus efectos,  de la misma manera en que sabemos que difieren los efectos de las diferentes cualidades sensoriales entre sí.”[21]

 

Al plantear el objetivo de su investigación de la manera anterior se comprenderá la hipótesis que Hayek plantea acerca de las relaciones que se pueden encontrar entre los acontecimientos neurofisiológicos y las cualidades sensoriales (o mentales):

 

“Habrá que establecer una correspondencia entre acontecimientos fisiológicos y acontecimientos mentales particulares para poder demostrar que entre estos acontecimientos fisiológicos y otros acontecimientos fisiológicos puede existir un sistemas de relaciones idéntico al sistema de relaciones que existe entre los acontecimientos mentales correspondientes y otros acontecimientos mentales”[22]

 

Ahora bien,  si lo que se pretende es investigar la configuración de las cualidades sensoriales en estrecha relación isomórfica con las configuraciones de impulsos fisiológicos, es importante comprender qué es una “cualidad sensorial”  en el contexto de la teoría hayekiana:

 

“Para los fines de este análisis, nos serviremos del término cualidades sensoriales para referirnos a todos los diferentes atributos o dimensiones respecto a los cuales diferenciamos nuestras respuestas a estímulos diferentes.”[23]

 

Ahora bien,  el análisis se circunscribe a la faceta sensorial,  pero el mismo principio explicativo se puede aplicar a todas las cualidades de orden mental (afectos, valores, entre otros), ya que el orden  sensorial es unitario e intersensorial.

 

Ya entrados en materia, vale la pena recordar una vez más la definición de mente de Hayek:

 

“Lo que llamamos mente es por tanto un orden particular de un conjunto de acontecimientos que tienen lugar en cierto organismo y que en cierto modo están relacionados con el orden físico de los acontecimientos del entorno (aunque no son idénticos al mismo).”[24]

 

Es precisamente este orden relacional, el que muestra una serie de propiedades,  cuyas derivaciones son claves para la teoría social del Liberalismo.  A continuación vamos analizar más en detalle dichas propiedades,  cuyas referencias textuales se encontrarán en la sección de antecedentes históricos de la teoría hayekiana, pues es momento de desarrollar  las ideas germinales que se presentaron en dicha sección.

 

 

 

Las implicaciones de la tesis psicológica hayekiana

para la teoría social del liberalismo

 

Como se mencionó,  a la mente se ingresa por los sentidos,  esta idea ayudó a caracterizar la división entre sensación  y percepción.  Ya que una cosa es la recepción física del estímulo, y otra muy distinta es su posterior clasificación y otorgamiento de significado en el orden sensorial.  Por tanto la inversión de la famosa frase de John Locke: “nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos”,  a “nada hay en los sentidos que no haya estado antes en la mente” deja claro  que toda percepción ya está normada,  es por ello que toda percepción es, en realidad, una interpretación de la realidad sobre la base de esquemas normativos. 

 

¿Qué implicación tiene esto para la teoría social?,  pues que la observación de las demás personas y de sus comportamientos recíprocos en las distintas interacciones sociales tiene un significado preciso que habilita al individuo  en la consecución de sus planes individuales.  Por tanto, decir que percibimos el mundo a través de categorías normadas por el orden social es, sencillamente, otra manera de observar la esfera privada de acción de la que Hayek nos habla tanto en sus obras. 

 

Es impresionante como la normatividad tiene diferentes aristas desde las cuales ser apreciada,  pero es verdaderamente revelador  que esa misma normatividad, además de ser una esfera resguardada por un verdadero Estado de Derecho,  conlleva la captación y configuración de todo el orden societario por la mente individual.   La esfera privada de acción permite           que las personas se perciban a sí mismas como individuos,  sujetos de derechos y obligaciones.  Y es esta percepción  la que faculta a las personas para actuar acorde a planes individuales, porque captan  que tienen derecho a ello  y que tienen la obligación de reconocer ese mismo derecho en los demás.

 

¿Cómo se constata que tenemos mente?,  esta es otra pregunta, que parece irrisoria para muchos estudiantes de psicología y de ciencias sociales,  pero basta recordar  que esta pregunta se llegó a plantear de manera seria en la psicología académica y que incluso  la respuesta fue que si no podíamos constatar, medir y pesar a la mente, debíamos darla por descartada para explicar el comportamiento humano. 

 

Pero  Hayek nos recuerda  en sus escritos un hecho  tan elemental y tan asombroso que es difícil que pase desapercibido hasta para la mente más ingenua: el mundo físico como tal,  los vemos diferente  a como se comporta en el contexto físico.  El hecho de que yo observe agua  y hielo, a pesar de que ambos son H2O  físicamente, es algo tan elemental y tan sugerente de que algún proceso debe suceder en los seres humanos que le haga tener visiones tan distintas de hechos tan iguales, y viceversa, ver idénticos,  hechos que físicamente pueden ser diferentes.   Si extendemos esto al mundo social,  la situación es todavía más clara: el hecho de que no observemos “hembras”  sino que le llamemos “esposas”,  que superemos el estricto nivel biológico del ayuntamiento carnal y nos comportemos bajo el signo del “matrimonio”, hace ver lo corto de alcances de aquellas escuelas psicológicas que vieron al hombre sin mente y sujeto a necesidades y pulsiones primarias.

 

Es por ello  que el mundo normativo, contenido en el sistema relacional de la mente, es una abstracción que le otorga al hombre  una esfera de actuación propositiva,   ya no sólo reaccionaria.  El robot muere,  para que nazca un ser normado.  Este punto, es de capital importancia para toda la teoría social hayekiana y, especialmente,  para su antropología subyacente.  Por que el único ser humano que puede existir en la sociedad, es aquel que obedece normas elementales de convivencia social y, por tanto,  debe  organizar su propio comportamiento acorde a estándares exógenos.   

 

Al haber una ruptura entre el mundo físico y el mundo mental,  las relaciones causa-efecto entre cualquier factor perteneciente al mundo natural y efectos mentales,  se destruyen los mitos que ven al hombre completamente dominado por fuerzas sexuales primitivas,  por sensaciones biológicas incontenibles o por tendencias incontrolables de ira o destructividad,  pues toda presión que pide su satisfacción o liberación tiene sentido sólo porque es interpretada en el contexto de un orden normativo social  y psicológico.  Las mismas necesidades que nosotros les llamamos “primitivas”  pueden existir y se interpretadas sólo en el contexto de una percepción normada,  de lo contrario serían impulsos caóticos  que nada significarían para el organismo humano, ni siquiera nos percataríamos de su existencia.  Entonces,  las categorías de “ira”,  “placer” o “urgencia”  no surgen de la nada,  sino que son realidades psíquicas que deben su existencia a un mundo normativo que les antecede.   Entonces,  gracias a que somos seres normados cobramos consciencia de nuestras necesidades de una manera sumamente distinta a cómo lo hace el animal sujeto a programaciones genéticas.  Es por ello, que el hombre es libre de su propia naturaleza física y puede ponderar diversos caminos de acción  que persiguen fines de naturaleza distinta a lo dictado por los genes o por la naturaleza, dando origen al carácter espontáneo y propositivo a su comportamiento.

 

También, esta separación del  mundo físico hace resaltar a la mente como la herramienta de sobrevivencia par excellence de los hombres.  Es decir,  si bien es cierto que el hombre es el único organismo que nace desnudo, sin mayor protección  y prácticamente indefenso, contiene en sus sistema neurológico las semillas de un orden psíquico relacional que le permitirá superar, y someter inclusive, las acechanzas más crueles de la misma naturaleza que lo dejó tan desprovisto en comparación al resto de animales.  El ser humano es el único que no necesita mayor defensa contra la naturaleza, sencillamente porque los retos que debe superar no son ya de protegerse de la lluvia o de cazar su comida,  sino que debe desarrollar un arma más eficaz para el tipo de mundo en el que le tocará desenvolverse: la sociedad.    Un primate, aún y así sea de los más equipados para llevar un tipo de vida gregario, nunca desarrollará  un proceso societario, por la sencilla razón de que su cerebro no cuenta con el grado de especialización neurológica que le permita desarrollar un sistema de asambleas neuronales de alta complejidad que le constituyan en un animal simbólico o normado.  

Pero los seres humanos deben aprender a discriminar no solamente excitaciones físicas de los estímulos de su ambiente, sino que deben “reconocer”  todo el significado inherente a las miríadas de estímulos culturales que el mundo societario le pone enfrente para que pueda actuar coherentemente en el mundo civilizado.  Se puede decir con propiedad entonces que la sociedad depende de la capacidad de los hombres de desarrollar esquemas normativos,  así como el individuo existirá únicamente si ve la luz  del día por primera vez en el contexto de la vida civilizada.  Sociedad y mente, son dos puntos de vista para apreciar  la dependencia absoluta de los seres humanos de la existencia de normas sociales para su misma sobrevivencia.

 

Quizá  una de las derivaciones más importantes sea la visión de la mente como un proceso, ya no como una substancia o “cosa”  susceptible de ser diseccionada y analizada.  Solamente podemos llegar a una explicación de principio, a una descripción de las propiedades de ese orden sensorial,  aunque no podamos explicar en detalle sus combinaciones.  Solamente podemos decir que el proceso que constituye la mente es una clasificación y reclasificación de todos los objetos de nuestra percepción, posible  solamente gracias al grado de desarrollo de nuestra corteza cerebral que, con la arquitectura y especialización neuronal que exhibe,  ha hecho posible la captación del mundo simbólico y normativo en los seres humanos por medio de un sistema de asambleas neuronales.  La visión de proceso, recalca la inviolabilidad del sustrato mental  para todos aquellos que consideran que la mente se puede “explicar”, “predecir”  y “controlar”  al mejor estilo de las ciencias naturales.  Lo único que podemos hacer es reconocer que la mente opera  realizando miríadas de clasificaciones y reclasificaciones que son irreductibles al análisis, pero no por ello deja de ser satisfactorio al menos saber “que clasificamos”.

 

Para la teoría social, las ideas contenidas en el párrafo anterior, son de capital importancia porque se echa por tierra un bastión de la ingeniería social poco conocido: el control de la conducta de los individuos basados en principios psicológicos.  Con anterioridad se citaron las obras Walden Two (1948) de B. F. Skinner y la Revolución de la Esperanza (1970) de Erich Fromm  como ejemplos de propuestas para una reorganización de la sociedad basada en principios psicológicos de orden conductista, en el caso de Walden II, o de orden psicoanalítico, en el caso de La Revolución de la Esperanza.   Sin embargo,  lo que a veces se pasa por alto en los círculos académicos  es el principio de irreductibilidad de la mente.  Podemos conocer por experiencia directa la mente, pero no podemos desmembrar a la misma en sus últimos componentes y mucho menos deducir o predecir leyes certeras de evolución de las manifestaciones mentales y de sus comportamientos asociados.  Para la teoría social, es de primer orden esta consideración de la imposibilidad de “diseccionar” la mente y, por tanto, de comprenderla hasta en sus últimos detalles, debido a que se reconoce la inviolabilidad de la misma por parte de las manipulaciones de los seres humanos. 

Es una arrogancia de un simple mortal,  explicar su mente  o, pero aún, la de los demás, como si sus pensamientos privados y subjetivos acerca de la misma pudieran modelar con mayor sabiduría que la experiencia sedimentada de generaciones pasadas de seres humanos cuyas normas espontáneamente creadas hacen posible,  después de penoso aprendizaje, una adaptación a un orden societario tan complejo como el de las civilizaciones humanas.

 

Entonces, la pregunta quizá  ya no es ¿qué podemos hacer con la mente de los individuos para constituir una mejor sociedad?, sino mas bien  ¿de qué son capaces los individuos que poseen una mente gracias a sus inserción en el proceso societario?.  Este cambio de enfoque, nos lleva a plantear el hecho de que los seres humanos son libres y responsables precisamente porque tienen una mente que los separa del nivel de los animales y de los brutos.  Esto, a nivel de teoría social,  tendrá implicaciones políticas y jurídicas,  ya que los individuos son genética y evolutivamente propensos al desarrollo de esquemas normativos que los faculta para la vida civilizada desde el mismo nacimiento.  Esto hace que el individuo no se excuse de romper el orden societario por razones mentalistas (episodios de locura “momentánea”, arranques “incontrolables” de ira,  robo “compulsivo”,  etc., etc., etc.), sino que más bien es porque tiene mente, que se le pueden exigir responsabilidades y obligaciones.

 

Sumamente complementaria a la capacidad neuropsicológica del hombre es la visión sistémica de la mente,  y ante todo la propuesta de la capacidad del organismo vivo de desarrollar un modelo del mundo externo.  Es necesario aclarar, que esta afirmación no está relacionada con la pregunta filosófica de la relación sujeto-objeto o con el problema apariencia versus la realidad, entre tantas formas que ha tomado esa discusión de cómo es la realidad y cómo llegamos a conocerla.  El problema abordado en la obra de El Orden Sensorial es el problema psicológico de la existencia de un orden sensorial distinto e independiente del orden físico.  Es precisamente en ese orden sensorial en el cual el organismo desarrolla un modelo dinámico del orden físico, pero para llevarlo más a lo que nos interesa en teoría social, también del orden social espontáneo.  Entonces, existe un macrocosmos societario,  pero también un microcosmos cerebral  que le informa y habilita al sujeto para orientarse en todas esas enramadas de las instituciones sociales de la vida civilizada.

 

Es interesante, sociológicamente,  que ese microcosmos cerebral mantiene mas o menos su plasticidad a lo largo de toda la vida natural del individuo,  es por ello  una manera muy elegante de decir que los seres humanos nunca dejamos de aprender de nuestras experiencias societarias.  Constantemente estamos cambiando y reclasificando todas nuestras categorías del mundo societario, especialmente a través de la dura experiencia del ensayo y del error y de la observación de los congéneres más eficaces de los cuáles estamos percibiendo, aún y fuera del campo de la consciencia explícita, los límites normativos y los valores subyacentes de una sociedad que nos invita constantemente a degustar los frutos de la civilización,  pero que pide un precio mínimo:  no violentar las bases normativas que le constituyen.  Los que pagan este precio, son los que mantendrán un orden sensorial constantemente actualizado,  los que se rehúsen a pagarlo, se convertirán en seres antisociales con un orden sensorial distinto del que tolera la vida civilizada.

 

Ya que discutimos la plasticidad del orden sensorial, es una conclusión lógica el hecho de que la percepción no sólo es una clasificación, sino que también es una reclasificación, por tanto una falsación constante de hipótesis.  Epistemológicamente, esto nos recuerda, una vez más, a la clásica advertencia hayekiana acerca del peligro de la fatal arrogancia de algunos individuos que creen conocer  con precisión milimétrica el estado actual de la sociedad y, ante todo,  las intervenciones y diagnósticos infalibles para corregir sus múltiples imperfecciones.   Nada más lejano de la verdad, y específicamente de la verdad psicológica: el hecho de que nuestra mente depende del orden societario que le antecede para verse nutrida y desarrollada en toda su potencialidad, es un evidencia contundente de ello.    La experiencia de millones de seres humanos que nos han precedido en el duro camino del desarrollo societario es, con mucho,  superior al conocimiento concreto y atingente a un estrecho período de tiempo que pueda tener un solo individuo. 

 

La afirmación de la constante falsación de nuestros modelos acerca del mundo societario es un hecho incontrovertible del cual se desprende lógicamente que nunca será el individuo el que le enseñe al conglomerado social lo que conviene hacer, sino que, todo lo contrario, es la sociedad, o, mejor dicho, la experiencia societaria, la que le brinda las claves al individuo acerca de lo que,  al menos,  no le convendría hacer, si quiere disfrutar de los beneficios y refinamientos de la vida civilizada.   Si el mal de una sociedad de hombres libres es la fatal  arrogancia de aprendices de dictadores,  una de las virtudes más apreciadas es la humildad de la lección aprendida, día tras día, de nuestra experiencia societaria y que, indudablemente, nos hace reconocer nuestras propias limitaciones y percibir a los otros como iguales, nunca como personas dignas de ser dirigidas.

 

Este hecho de que la mente no puede abarcar el mundo normativo se debe a que el número y la complejidad de las relaciones que constituyen nuestro orden sensorial es mayor a cuanto jamás podríamos expresar de un modo explícito en el lenguaje.  En otras palabras, podemos articular un lenguaje porque se ha formado un orden sensorial,  podemos pensar de  manera consciente porque nos antecede una entramaje de normas que lo posibilitan,  entonces,  todas las manifestaciones de orden simbólico y cultural que exhibimos es una clara demostración de la asimilación de un determinado orden sensorial.  Sin embargo, ese orden no se observa claramente por ningún medio, sencillamente porque es una abstracción de todas las instituciones sociales en el microcosmos cerebral.  Con esto,  nos acercamos al hecho de que ese orden sensorial se aleja más y más del mundo de los hechos concretos y particulares para evaluar  constelaciones completas de acontecimientos sociales.  

 

Y a esta generalidad de la abstracción del orden sensorial hay que aunársele el carácter de intersensorialidad de toda percepción, al decir esto, nos referimos que la evaluación de cualquier comportamiento en el contexto societario evoca no solamente las categorías de adecuado o inadecuado, sino que también reacciones emotivas, valorativas y  viscerales, entre otras, experiencias que todas juntas multiplican  y diversifican  las respuestas que se pueden dar a cada una de las situaciones en las que se encuentre el sujeto.   Por tanto,  la abstracción tiene implicación doble, tanto para la información entrante como las respuestas escogidas.

 

La implicación con la información de entrada es que las categorías de evaluación son tan generales que se rompe la dependencia del organismo con relación a unos únicos estímulos, sean éstos privados  o exógenos.  Las interpretaciones  tienen capacidad de discriminar miríadas de estímulos o de encontrar en la miríada de estímulos una categoría común que les unifique,   entonces si bien el microcosmos cerebral es estrictamente hablando parte del universo físico, es un sistema que ya no debe su dinámica y desarrollo a las vicisitudes del ambiente.  El ser humano empieza a cobrar consciencia de sus separación y, por tanto, de su existencia autónoma dentro del contexto societario.

 

La implicación con relación a las respuestas es que, el ser humano, muestra la característica de acciones complejas y  ya no sólo de reacciones fruto de estimulaciones anteriores.  Entonces, la conducta del hombre tiene un significado,  un propósito y un objetivo que es interpretable tanto por el sujeto que actúa como de sus congéneres que interactúan con éste, gracias a que el mundo normativo es propiedad común de todos los seres humanos que viven en sociedad.

Nos estamos acercando entonces a la etapa final de este artículo breve sobre la psicología del hombre libre, ¿cómo cerrar la gestalt que iniciamos treinta páginas atrás?, pues con la idea clarísima de que Hayek tuvo una de las más brillantes intuiciones acerca de los principios constitutivos de la mente humana, y que la neurociencia contemporánea ha tenido a bien reconocer que fue el economista vienés el que  corrigió las tesis a muchos psicólogos profesionales. 

Y esta intuición hayekiana de la mente es una respuesta sumamente elegante al problema fundamental de la psicología y que, tiene el enorme mérito de haber sido formulada como parte integral de una teoría social que postula la existencia de la libertad y de las responsabilidades individuales como requisitos indispensables de toda civilización próspera, moderna y también libre.

 

Es por ello magistral  la lección que Hayek lega a la comunidad de psicólogos y de teóricos sociales ya que fue de los pocos intelectuales que al resolver sus inquietudes acerca de la psicología,  no destruyó la libertad en el ser humano, ni le redujo a una caricatura de un ser víctima de su pasado, de su ambiente, de sus condicionamientos o de sus pulsiones.

 

Si,  el ser humano  tiene manifestaciones psicológicas por las cuáles sufre,  en cada momento en el que toma decisiones se ve inundado de procesos psicológicos y afectivos, de esto no cabe duda.  Sin embargo,  aún dentro de sus ansiedades más agudas,  dentro de sus depresiones más áridas,  a pesar de sus evasiones y de sus comportamientos casi infantiles,  es siempre LIBRE,  y  por tanto responsable de sus acciones ante sí mismo y, determinante para la teoría social, ante los demás.

 

Decir que el ser humano es libre de elegir,  no es ignorar el hecho de que posee una mente, sino más bien es una característica que nos hace reparar en la existencia de la misma para que el amasijo de estímulos caóticos que, en el principio de  de la vida individual y en el principio de la vida en sociedad, describía al ser humano, se constituya en un orden, una organización capaz de atribuir un significado preciso al mundo que le rodea. Pero antes, hace al hombre capaz de adecuar sus conductas a ciertas regularidades que reciben el nombre de instituciones sociales.  Es por ello que la mente no es el requisito último de la existencia del orden social (ya que éste le antecede), pero si el enlace sin el cual el individuo no conocería lo que es una esfera de acción privada regida por normas impersonales, generales y abstractas que posibiliten el logro más preciado del Occidente moderno: la libertad.

 

Se espera que en este atípico recorrido académico por la psicología hacia la filosofía libertaria se haya comunicado el importante mensaje que Hayek, al estudiar la mente, no sólo advirtió y desmintió muchas tesis deterministas de corte psicológico sino que aportó, como ningún psicólogo profesional lo pudo hacer,  una verdadera psicología para el hombre libre.

 

Bibliografía

Boring, Edwin. Historia de la Psicología Experimental. Editorial Trillas.  México, D.F. 1999.

 

Bertalanffy, Ludwig von.  Teoría General de los Sistemas.  Fondo de Cultura Económica.  México, D.F.  1998.

 

Fuster, Joaquín.  Cortex and Mind, unifying cognition. Oxford University Press. New York, EEUU. 2003.

 

Hayek, Friedrich von. Individualism and Economic Order. Chicago, Chicago University Press. 1948.

 

Hayek, Friedrich von.  Derecho, Legislación y Libertad, Volumen I: Normas y Orden. Unión Editorial. Madrid, España. 1994.

 

Hayek, Friedrich von.  Los Fundamentos de la Libertad. Unión Editorial. Madrid, España. 1998.

 

Hayek,  Friedrich von. El Orden Sensorial. Unión Editorial. Madrid, España. 2004.

 

Sahakian, Wlliam.  Historia de la Psicología. Editorial Trillas. México, D. F. 1999.



[1] F. A. Hayek, 1994, pp. 39 y 40.

[2] F. A. Hayek, 1998, p. 151.

[3] F. A. Hayek, 2004, p. 204.

[4] F. A. Hayek, 1998, pp. 205 y 206.

[5] F. A. Hayek, 1994, p. 83.

[6] F. A. Hayek, 1948, p.47.

[7]  F. A. Hayek, 2004, p. 52.

[8]  Ibid, p. 60.

[9]  Ibid, p. 12.

[10] Ibid, p. 95.

[11] Ibid, p. 81.

[12] Ibid, p. 94.

[13]  Ibid, p.65.

[14] L. Bertalanffy, 1998, p. 30.

[15] Ibid, p. 31.

[16] F. A. Hayek, 2004,  pp. 103 y 104.

[17]  L. Bertalanffy, 1998, p. 53.

[18]  J. Fuster, 2003, p. 7.

[19]  Ibid, p. 8.

[20]  F. A. Hayek, 2004, p. 98.

[21] Ibid,  p. 44.

[22] Ibid,  p.  44.

[23] Ibid, pp.  44 y 45.

[24] Ibid, p 65.