Origen de las normas del recto actuar y de las instituciones en Hayek

 

Walter Hernández*

 

 

1. El por qué Hayek no es posmoderno

 

En el Epílogo intitulado Las tres fuentes de la valoración humana, del tercer volumen de su trilogía, Derecho, legislación y libertad, Hayek critica la tendencia de que los valores humanos tengan un origen biológico, orgánico o animal, pues a decir de él mismo <<siempre me ha inquietado la excesiva ligereza con que frecuentemente se intenta trasladar al análisis del humano comportamiento las conclusiones alcanzadas en la observación del comportamiento animal>> (pág. 261). El origen de los valores no es de carácter filogenético, tampoco lo serán las normas. Este ensayo tratará de esclarecer el origen de las normas a través de una teoría psicofísica del orden sensorial.

 

La postura o tesis de Hayek es que el proceso evolutivo dio paso a la formación de estructuras culturales de tipo complejo. La antropología cultural, disciplina que ha sido coherente con el concepto de evolución adaptativa en el estudio del orden social, podrá revelarnos algunas luces a tan espinoso asunto. Es de muchos muy sabido que para Hayek tanto las instituciones como las normas no son frutos de proyectos intencionados, sino más bien consecuencia de la supervivencia de las más eficientes instituciones sociales, surgidas gracias a un prolongado proceso  competitivo y continua actividad de ensayo y error. Sin embargo, el conocimiento práctico incomprensible a la inteligencia humana y accesible en la práctica y que, paradójicamente o maravillosamente, está basado en una ignorancia ontogenética. Hayek está convencido de que vana resultaría una genealogía o arqueología  de tal conocimiento práctico normativo.

 

Lo cultural no es de índole natural (biológico), tampoco ha sido racionalmente diseñada ni establecida por vía genética (filum), la cultura se halla integrada por un conjunto de normas de conductas aprendidas (por y en la experiencia) un tipo de <<mecánica  operativa>> que desconocen o ignoran los miembros  de la sociedad.  Esta docta ignorancia o <<sabiduría>> cultural es la que se  resisten aceptar los <<cartesianos-constructivistas>> para quienes tales normas, necesariamente deben tener un origen innato y no de un espontáneo desarrollo (evolutivo). Para Hayek, más bien, la civilización descansa en el hecho de que la humanidad fuese capaz de someter lo único innato con que venimos al mundo: los instintos animales. Estos se someten a ciertos módulos de comportamiento establecidos de modo no racional.  Ahora bien, si los instintos no se someten a través de la razón ¿cómo es que pueden someterse por otra vía?

 

Habrá que advertir que Hayek habla de racionalismo como constructivismo deliberado a nivel global o a nivel macro. Sin embargo, como aquí se está hablando de la acción humana (individual) el sometimiento de la esfera instintiva necesariamente debe ser racional. Este argumento sería calificado inmediatamente de cartesiano-constructivista o de apriorismo de corte misesiano por nuestro autor; sin embargo, tratemos de ser fiel a su argumento.

 

Hayek se refiere a procesos autoordenadores correspondiente a las estructuras complementarias permanentes que permitieron la formación de grupos humanos organizados, lo cual les permitió la sobrevivencia, expansión y éxito frente a otros grupos  de primates (homínidos).

 

La tesis hayekinana del proceso simultáneo de evolución cultural y mental, se refiere a estructuras autosustentantes de la estructura compleja o de su muy conocida idea del orden espontáneo. La evolución cultural ha permitido la evolución  racional de modo simultáneo: cultura y razón se empatan en el profeso evolutivo. Esta postura quiebra  el dualismo de lo crudo y lo cosido, entre lo natural y lo cultural (artificial) en la antropología estructural de Levi-Strauss.

 

El proceso de evolución cultural se basa en la transmisión de hábitos que tradicionalmente se incorporan al individuo por un proceso de imitación (ojos y oídos). Sin embargo, como no tenemos datos, notas o registros históricos que nos den información relacionada con la evolución de los esquemas normativos que rigen  la estructura social y modalidades operativas de aquellos grupos humanos, alrededor de los cuales <<nuestra  especie>>  experimentó su inicial proceso de desarrollo; ante tal imposibilidad, Hayek echa mano de la imaginación o variación eidética conjetural o especulativa, a través de la descripción empírica y del estudio etnográfico de las primitivas agrupaciones humanas que aún existen. Este método imaginativo nos permite vislumbrar  cómo probablemente sucedieron aquellas cosas en los que o resulta imposible saber cómo acontecieron en realidad. Con un escenario representativo y a-temporal, podríamos concluir  que la superación del hombre de su primitiva condición salvaje, en el momento en que logró singularizarse con relación al resto de los demás animales, se dio precisamente gracias a la evolución simultánea de los  esquemas culturales y de su capacidad mental. Su singularización se debió a su capacidad de asumir normas por vía de imitación y transmisión generacional. Si se rompe este proceso habrá problemas de sobrevivencia o de convivencia cooperativa en las generaciones venideras. El ser humano pudo  aprender estos normas por su capacidad intelectiva a través del tiempo y contextos diversos, especialmente captó  tal información gracias  al aprendizaje  de las palabras que le economizó tiempo.

 

2. Praxeología evolutiva

 

El ser humano fue descubriendo la forma más oportuna de comportarse en cada ocasión. En este proceso de variabilidad de comportamiento, el individuo ni siquiera fue o es  consciente del porqué le convenía adoptar tal tipo de actitud, no hubo una total apercepción o examen de conciencia que le permitiera comprender cómo llegó a conseguir sus propósitos (servicios, utilidades) a través de la sumisión da los hábitos sociales. Se trata de una capacidad humana de actuar al dictado de un conjunto de normas aprendidas que establecen lo que en cada momento es lícito  o no hacer. Esta adaptación garantiza que los hombres, entre sí,  puedan más fácilmente colaborar. Ello dio origen  a que las agrupaciones humanas se gobernaran  a sí mismas en base al sostenimiento por todos  de un conjunto  de normas tradicionales que gozan de existencia propia e independiente de los individuos (un ente mental, trascendental a todos los sujetos) como el lenguaje y la cultura, por ejemplo. Se trata de una primacía originaria (genética) de las normas de conducta en el conjunto de los procesos mentales. La creación de un esquema normativo… implicó un nivel muy superior de inteligencia que la que por parte del hombre precisara la aprehensión conceptual de su realidad. El mundo de la experiencia pre-lingüística, del mundo viviente anterior a la formalización del lenguaje, es una tesis que también sostiene la fenomenología Husserl (1939) Experiencia y juicio.

 

El origen impersonal, por no decir trascendental y no intencionado de tal esquema normativo se justifica  por el hecho de que no se puede asignar, en la esfera individual a la mente humana, ninguna función clave en la creación del conjunto  de complejas estructuras que, por vía evolutiva, dieron paso a la cultura. La mente se halla inmersa en un estado de cosas (sacverhalt) o a un esquema impersonal de normas aprendidas en la experiencia (hábitos, costumbres). La capacidad de orden de los datos reales por parte de la mente es un simple reflejo  adquirido del citado esquema cultural que toda mente individual debe considerar inamovible. Hayek concibe la mente humana como un instrumento (organum)  que le permite al hombre aprender la cultura, no a edificarla (construirla).

 

2.1. Las partes y el todo: acercamiento metodológico en la comprensión de las normas

 

Los elementos que integran el todo pueden comportarse con tal regularidad (costumbre) que son capaces de ajustar su conducta a las exigencias del correspondiente esquema normativo. ¿Qué sucedería si tal orden es perturbado (desequilibrado) por factores extraños a él (al sistema)? Se daría una evolución favorable a la generación de tendencias restablecedoras del mismo. Se  trata de una situación crítica o de una crisis que muchas veces lleva a cierto tiempo mientras acontece tal ajuste, el cual permite  la sobrevivencia de tales complejas estructuras sin recurrir al laboratorio (constructivista) de tipo causa-efecto de relaciones unidireccionales.

 

Un ejemplo  de este fenómeno autosustentante es el de la división del trabajo que permite integrar (componer), los aislados esfuerzos de un sinnúmero de sujetos entre sí que ni siquiera se conocen, es lo más impersonal de lo personal o lo más personal de lo impersonal. Se trata de un proceso de feedback de la información o de la comunicación. Una teoría que nos podría ayudar a comprender la dinamicidad de las variables de este orden sería la ya conocida Teoría del carácter sistemático de Ludwig von Bertalanfty o también conocida como la teoría de las comunes características de otros órdenes que son estudiados por las ciencias de la comunicación, de la información o de la semiótica. Estos son muy necesarios para  el análisis de la actividad económica de los grandes agregados de población en su modo ininterrumpido (flujo) que constantemente se tienen que adaptar a la evolución de tiempo y lugar, que solo  en mínima parcialidad  conoce  cada uno de los agentes que intervienen en el proceso económico. Esta teoría  podría venir a auxiliar  al método compositivo que ayuda a la comprensión de la sociedad. Esta es una estructura invisible y no un fenómeno de masa físico (visible), tal estructura está en constante mutación.

 

3. Estratificación de las normas: El sólido

 

Esta es una idea muy extraña pero interesante en la obra de Hayek, para nuestro autor, en el proceso evolutivo hay algo escasamente mutante en el conjunto de impulsos de carácter <<instintivo>>, incluso genéticamente heredado e incorporados a su estructura psicológica, esta tesis es también coherente con su propuesta fundamentante de la psicología teórica en  Orden sensorial (1952), donde encontramos la idea del origen de la mente, donde sostiene que si bien ésta no es algo heredado o genético; sin embargo, tiene un origen físico y pertenece al mundo físico, en tal organismo se empieza a generar el orden sensorial, el cual es totalmente diferente del mundo físico. Ahora bien, lo que sí heredamos a nivel biológico y genético es el cerebro y éste ha sido el resultado de la evolución. Así también, el sistema nervioso con sus órganos receptores (los sentidos) llega una serie de información (experiencias). El sistema nervioso central va conservando el registro de los estímulos y niveles que el organismo ha tenido durante toda su vida, incluso antes de nacer. Entonces, tal registro o memoria es una memoria nerviosa, por lo que Hayek llega a la conclusión de que no recordamos por tener memoria, sino que por tener recuerdo es que tenemos memoria,  es lo que va a permitir al organismo humano manejar su entorno, pues si no fuera así, el mundo sería nuevo cada día. La mente es pues, un aparato clasificatorio, éste consiste en una especie de <<mapas>> que está constituido por las conexiones establecidas entre las neuronas y cada sensación o estímulo, que va a dar posibilidad a la libertad  en los actos a través de las decisiones. Entonces, el aparato clasificatorio está constituido por principios o normas que gobiernan y posibilitan las conexiones hacia adentro de sí y hacia lo que proviene del mundo externo. La función del aparato clasificatorio es la de asegurar la supervivencia del organismo humano, el organismo se humaniza limitando <<lo natural>>, en suma: el instinto.

 

Así es que inciden sobre el hombre las normas residuales derivadas de los sucesivos tipos de modelo social, surgidos a lo largo de la historia. Estas normas no fueron  establecidas por la humanidad de forma directa e intencionada; sino que más bien éstas se fueron materializando (constituyendo, estratificando) a través del correspondiente proceso de generalización (formalización) en virtud  del hecho de que ciertos hábitos lograron potenciar la prosperidad y supervivencia de determinados grupos humanos, lo cual le ayudó a su expansión a través de la atracción al grupo de nuevos individuos.

 

4. Origen de la gran sociedad

 

De la horda a la comunidad y de la comunidad a la sociedad.

 

La pequeña banda de salvajes (nómadas), sufrió una transformación hacia un proceso de asentamiento comunitario (transitorio), esta última etapa dio lugar a la sociedad abierta,  hacia el orden civilizado. Ello fue posible  solo cuando los hombres se mostraron capaces de someter su conducta a determinados conjuntos de normas abstractas. El aplazamiento o retrazo de los instintos innatos, que nos recuerda al animal simbólico de Erns Cassirer o del circuito abierto del biólogo Johann von Uexküll, el retardamiento de los impulsos hacia  la inmediata o directa materialización de fines colectivamente perceptibles, propios de la etapa de la comunidad o etnia que ser reunía alrededor de la fogata para relatar sus orígenes a través del mito.

 

Donde encontramos pequeñas comunidades o agrupaciones humanas es muy fácil  reconocer expresiones de impulsos naturales innatos que se ajustan a tal agrupación. Sin embargo, hay que recordar que fue aquí, en esta esfera pequeña, donde la humanidad se fue constituyendo a través de las estructuras neurónicas  que aún hoy están presentes en la especie homo sapiens. La introducción de las normas más evolucionada, consiste en establecer oportunos límites a los instintos naturales y que esta continencia (contención) es imprescindible a la existencia de la Gran Sociedad (conditio sine qua non). Solo la tradición es la que puede humanizar al hombre y hacerlo <<bueno>>. El comportamiento <<natural>> en contraposición al cultural (tradicional) del antisocial está orientado en contra de la gran civilización. Así es que la mayor parte de las agrupaciones humanas, en el proceso de integración en grupos más amplios, tuvieron que adoptar las actitudes sociales de las normas. En cambio, las que no lo hicieron, fueron exterminadas a manos de las que sí lo hicieron. Sin recurrir a conceptos de fratricidio o de represión, pues  estos grupos aun no eran humanos ya que nuestra concepción de lo humano se deriva, necesariamente, de la idea de que solo aquellos que someten sus instintos a las normas. En la  actualidad podemos encontrar muchas manifestaciones y expresiones que apuestan por un retorno a <<lo natural>>, sin normas, a una vida tribal y antisocial que carecen de las inhibiciones psicológicas que le posibilitaron a la humanidad el acceso a la civilización.

 

¿En dónde radica  la diferencia entre la sociedad primitiva  y la civilización? Pues nada más y nada menos que en la obediencia, disciplina de la libertad a decir de Hayek, a las normas aprendidas en la experiencia y no en la satisfacción del deseo (necesidades directamente percibidas). Sin embargo, a tal disciplina el hombre de hoy sigue negándose a aceptar. Vamos a entender aquí por disciplina aquel sistema de normas de conducta o de recto comportamiento a las que el hombre posmoderno tanto le ha hecho la guerra, ya que la selección cultural dio a luz nuevas normas a través de un sistema represivo del  instinto o innatos condicionamientos. El tipo de cultura que promueve o da rienda suelta  al deseo, es propio de las pequeñas agrupaciones  humanas constituidas entre una o tres docenas de individuos que, a la voz del jefe, se dedicaban a actividades cinegéticas y transhumantes,  así como a la defensa de un concreto espacio vital.

 

El avance en el estado evolutivo cultural implicó la represión, negación, retardamiento o posposición de las tendencias individuales innatas. Lo extraño está en que, reprimiendo al ego instintivo se reafirma otro tipo de ego, el ego de la norma, substituyendo tales actitudes por aquellas que le permitieran y facilitaran la coordinación social amplia. Estas fueron resultado de nuevos hábitos de conducta que surge de la experiencia espontánea en la medida en que prosperaron los grupos humanos que inteligentemente pudieron  hacerlo y, que al final, llegaron a predominar sobre los otros que se negaron a hacerlo. Esta educación de dichas normas ¿cómo se dio? En los grupos se fue dando una manera aceptada de hacer las cosas, sin que fuera precisa la existencia de órdenes concretas o positivas que obligaran a los individuos a asumir comportamientos orientados al logro de objetivos concretos.

 

5. ¿Qué tiene que ver la costumbre en el orden económico?

 

Existe una estrecha relación entre la evolución de las normas de conducta y los subsecuentes modelos  económicos que fueron apareciendo a lo largo del proceso histórico hasta llegar al del tipo  de la sociedad abierta, poco a poco se fue evolucionando también hacia la libertad en la medida en que se iban relajando ciertas prohibiciones  a favor de la autonomía individual como la de establecer relaciones de intercambio con personas ajenas al grupo propio, el reconocimiento de la inviolabilidad  de la propiedad privada (especialmente la tierra) como la asunción de responsabilidades contractuales, la aceptación de la libertad de precios, la tolerancia de la práctica del préstamo como la de la devolución de capitales y el cobro del correspondiente interés.

 

Hayek, citando el libro El origen biológico de los valores humanos de G.E. Pugh, comenta que en las sociedades primitivas el fenómeno  de compartir era  considerado algo natural. Sin embargo,  tales hábitos distributivos fueron necesarios abandonados para poder acceder a la Gran Sociedad y a una economía de mercado. El proceso evolutivo de cada etapa implicó episodios críticos, dolorosos y la ruptura de tal solidaridad, típico del pequeño grupo. Esta ruptura es la que rastrean  genealógicamente los arqueólogos y sociólogos del saber, para recusar  de que estamos hechos pedazos o fragmentados; narrando la historia de un yo unitario y tribal que cedió a su disolución. Este ego monolítico cedió ante los embates de la cultura para convertirse en un ego fragmentado, como dirán los psicoanalistas y posdemodernos. No obstante, para Hayek es primordial este proceso de mutación de una sociedad cara a cara por aquella sociedad abierta y anónima, no personal. El proceso de mutación al que hemos estado refiriéndonos nunca fue un tránsito  pacífico, pues la población abierta o urbana, dedicada al comercio y dotada de un nivel económico superior, muchas veces impuso a la población rural, que le superaba en número, esquemas legales que discreparan de sus costumbres. Ese proceso disciplinario no fue nada fácil, sin embargo, la experiencia ha confirmado su éxito.

 

6. La disciplina de la libertad

 

Una vez asegurada la especie se puede luego ser libre; sin embargo, la obediencia a la civilización implica una disciplina de la libertad. El individuo de la pequeña tribu primitiva tenía que mantenerse vinculado a su seno para simplemente subsistir: era cualquier cosa menos libre (Hayek, 1982).

 

La libertad ha llegado con la civilización en virtud de la cual el ser humano ha podido librarse de las que el grupo de reducida dimensión le impone. La libertad deriva del respeto  de los seres humanos a la disciplina de la civilización. Esta protege al individuo contra la violencia arbitraria de terceros, exigiendo a todos debido respeto a determinadas normas de tipo impersonal que garantizan al individuo que una zona de su campo de acción quede en todo momento libre de injerencia ajena para que en ella pueda, a su antojo y voluntad, utilizar la información de la que disponga más conveniente apropiación de sus personales apetencias. Es esa zona la que tanto defienden los libertarios.

 

7. ¿Una mutación trascendental?, ¿cuándo, cómo y dónde?

 

Hayek no ubica ni en el tiempo ni en lugar alguno, solo la supone en la antigüedad alrededor del Mediterráneo Establecido que, en definitiva, fueron la moral y la tradición —más que la inteligencia y la razón calculadora— las que permitieron al hombre superar su inicial estado de salvajismo, parece razonable también situar el punto de partida del proceso civilizador en las regiones costeras de Mediterráneo << Las posibilidades facilitadas por el comercio a larga distancia otorgaron ventaja relativa a aquellas comunidades que se avinieron a conceder a sus miembros la libertad de hacer uso de la información personal sobre aquellas otras en las que era el conocimiento disponible a nivel colectivo o, a lo sumo, el que se encontraba en poder de su gobernante de turno el que determinaba las actuaciones de todos>>[1]. Supone  que el mundo tuvo que dar un paso a un nuevo orden social. Este lento proceso fue haciéndose menos comprensible para el hombre; sin embargo, fundado sobre esta ignorancia, supo mantenerla y salvaguardarla, ¿cómo apostar por algo que ignora, que no puede ser capaz de rastrear en su origen? El hombre, inteligentemente se percató de que su sobrevivencia dependería  de su sometimiento a ciertas normas que muy a menudo chocaban con sus instintos naturales. El origen o génesis de la sociedad  abierta o abstracta, (inmensa, sólo podría  caber como abstracción en la mente de cada individuo). Esta transición, no efectuada por movimiento revolucionario a partir de una mente maestra, de los planteamientos o valoraciones propias de una sociedad cara a cara (face to face) personal, donde cada individuo se conoce y se reconoce entre los suyos, que identifica y lo identifican a él, por los de una  sociedad anónima <<cuyos miembros no se encuentran ya enlazados por el logro de concretas metas comunitarias>> o específicas, sino por la colectiva aceptación de un específico conjunto de abstractas normas de comportamiento, un tipo de ego trascendental hayekiano,  depositado en las instituciones o institucionalizado a través de muchos efectos que aquí denominaremos efectos de ajuste, que dio origen de las instituciones de las que sí nos ocuparemos en seguida. Sin embargo, tenemos pendiente una pregunta ¿qué sucedió  con esa comunidad cara-cara, acaso sobrevivió o fue totalmente absorbida por la sociedad abstracta? La respuesta a esta interrogante es que aún subsisten formas de vida que nos recuerdan a esa primera comunidad que antecedió a la sociedad abierta. De hecho, en el proceso evolutivo, podemos suponer que esa primera comunidad, para poder sobrevivir y conservar la especie, tuvo  que fundamentarse en el instinto y el sentimiento frente a los embates de los enemigos o extraños, lo asombroso fue que ir olvidándose de tal actitud e internarse en la sociedad de hombre libres, que aquí  se ha descrito como Gran Sociedad, este hombre transitorio tuvo que aceptar a regañadientes un orden basado en un generalizado respeto a un conjunto de normas que aseguran la existencia y la consecución de metas personales que, dramáticamente para su razón, le es imposible ahora identificar el interés colectivo con el logro de ningún específico conjunto de objetivos. Una de las características propias de la Gran Sociedad es que ésta se basa en el intercambio, en vez  de un sistema de relaciones de cazadores y nómadas incompatibles con la existencia de la sociedad. ¿Quién la ha dirigido? Hayek dice que cualquiera que observe el funcionamiento del mercado, se percataría que es incapaz de diseñar, por muy inteligente que sea, un orden económico tal que sea capaz de alimentar a toda la población global.

 

Esta sociedad de intercambio solo fue posible a partir de aquel momento cuando, previa su generalizada aceptación, las personas se avinieron a respetar ciertos módulos de comportamiento, que consistían en unos planteamientos morales respaldadores de la actitud del hombre prudente que, motivado intersubjetivamente más por el deseo de mejorar en la estima (valores) de sus coetáneos, adoptaba la actitud de un buen padre de familia que en todo momento se preocupa por mejorar su futuro.

 

El orden mercantil fue identificado con el módulo de valoración social, en vez de los conocidos objetivos comunes. Estos hábitos exigen nuevas modalidades de comportamiento que los individuos fueran capaces de negarse a destinar ciertos recursos materiales a la subención de necesidades inmediatas, evidentes, propias de un ambiente de subsistencia para así, una vez liberados de ellas, poder atender desconocidas apetencia de miles de desconocidos <<hermanos>> (hombres o individuos) dando paso al beneficio   mercantil, en vez de conocidos objetivos comunes y consolidando las bases de la prosperidad material. Sin embargo, queda cierta nostalgia (substrato) de la tribu provocando el surgimiento de los <<antiguos instintos primordiales>> ¿cómo es que hemos olvidado el funcionamiento del conjunto de normas en que se basa la sociedad abierta? Hayek lo atribuye a que  a que nacemos y nos formamos en el seno de alguna organización de gran tamaño y, que al no haber  practicado nunca su normativa llega a resultar a veces incomprensible un orden tal como es el mercado, calificando su éxito como anormal e irracional, rearbitrarias estructuras que solo mueve al siniestro interés. Mucho antes que Calvino, las ciudades comerciantes italianas y holandesas practicaron las normas propias de la moderna economía de mercado, normas que posteriormente fueron codificadas por los últimos escolásticos españoles (Hayek, 1982, Nota # 44, de Derecho, legislación y libertad,  Vol.  III, pág. 287).

 

* Profesor Asociado de Filosofía Social, en la Universidad Francisco Marroquín.

 

Bibliografía:

 

Hayek, F. Derecho, legislación y libertad. Vol. 3. El orden  político de una   sociedad libre. Trad. Luis Reig Albiol. Unión Editorial, Madrid, 1982.

Epílogo. Las tres fuentes de la valoración humana.

Hayek, F.  La Fatal Arrogancia. Los errores del socialismo. Unión Editorial. Madrid,                      1990.

Cassirer, Ernst, Antropología filosófica, México, FCE, 1945

 



[1] La Fatal Arrogancia. Los errores del socialismo. Unión Editorial. Madrid, 1990. pp. 65-77