Hayek a la caza de mitos

 

Walter Hernández *

 

El método austriaco para las ciencias sociales y su propuesta contra el mito  sociales de la corrección política de las mentes populares

 

<<…conviene examinar brevemente el peculiar objeto y los métodos de los estudios sociales. Éstos no tratan de relaciones entre cosas, sino de relaciones entre hombres y cosas o de las relaciones que mantienen los hombres entre sí. Tienen que ver con las acciones de los hombres, y su objetivo es explicar los resultados no intencionados o no planeados  de los actos de muchas personas>>.

(Hayek, La contrarrevolución de la ciencia)

 

1. Epojé para las ciencias sociales

 

Nuestros mitos contemporáneos están difundidos en los relatos de tabloides, alrededor de los cuales se reúnen, virtualmente porque ya no lo pueden hacer alrededor la fogata,  los miembros de las diferentes tribus ideológicas, dándoles identidad colectiva a través de los juicios de valor o sofismas diseminados por los periodistas de la opinión pública, ellos son los nuevos homéridas que recogen la voz popular, la tradición oral, son los   responsables de  multiplicar los mitos de la falta de compresión de los procesos sociales espontáneos. Mientras hayan mitos escritos, habrán filósofos que se esfuercen por sacar a luz que dichos sofismas no son más que malas comprensiones. Ahora, el lector se preguntará por qué la utilización de un concepto fenomenológico como la epojé para el tratamiento que hace Hayek al referirse a los errores cometidos por los científicos sociales. La epojé, dicho sea de paso, ha sido tan criticada por la tercera y cuarta generación de dicho movimiento, es un concepto que utilizó Husserl para poner en suspenso los juicios prefabricados que se tenían de la realidad (fenómenos + conciencia = experiencia) para poder emprender un camino hacia las cosas mismas[1]. ¿Positivista el proyecto de Husserl? En un sentido primordial sí, se trata de un positivismo que pretende superar la ingenuidad empírico-sensualista de los británicos, a su vez se trata de una psicología descriptiva (y por extensión para las ciencias sociales) en sus inicios, empirismo que él bautizará como idealismo trascendental:[2] ni demasiado positivista (realismo extremo) ni un exagerado subjetivismo a ultranza de tipo nominalista (idealista o mental). Edmund Husserl, 16 años antes de que Hayek publicara La contrarrevolución de la ciencia, había mandado para las prensas La crisis de las ciencias europeas, donde aplicará el método fenomenológico para las ciencias sociales, rescatando de las garras del olvido un mundo vital (la Lebenswelt), fruto del ejercicio de la epojé. El concepto de epojé es primordial para desembarazarse de métodos y conceptos que no son propios para las ciencias humanas. Para ello, Hayek, desde su adhesión al método mengueriano, propone nuevas formas para ordenar y clasificar los fenómenos de un mundo extramental[3] que demandaba posturas que reclamaban una explicación; una explicación que en sí misma estaba fundada en una interpretación antropomórfica de los fenómenos. Ello debido a que la ciencia, para obtener credibilidad, debía de ser objetiva, rigurosa y limitarse a realizar una completa descripción de la naturaleza. Luego del auge de las ciencias aplicadas a través del método científico, recordemos que el método científico es un método de estudio sistemático de la naturaleza que incluye las técnicas de observación, reglas para el razonamiento y la predicción, ideas sobre una experimentación planificada y modos de comunicar los resultados experimentales y teóricos. La ciencia suele definirse por la forma de investigar más que por el objeto de investigación, de manera que los procesos científicos son esencialmente iguales en todas las ciencias de la naturaleza. En el método científico la observación consiste en el estudio de un fenómeno que se produce en sus condiciones naturales, ésta debe ser cuidadosa, exhaustiva y exacta. El método requiere de la experimentación, el cual consiste en el estudio de un fenómeno, reproducido generalmente en un laboratorio, en las condiciones particulares de estudio que interesan, eliminando o introduciendo aquellas variables que puedan influir en él. En un experimento siempre existe un control o un testigo, que es una parte del mismo no sometida a modificaciones y que se utiliza para comprobar los cambios que se producen. Todo experimento debe ser reproducible, es decir, debe estar planteado y descrito de forma que pueda repetirlo cualquier experimentador que disponga del material adecuado. Sin embargo, cuando se estudian los fenómenos asociados a la conducta humana, el método no puede ser el que hemos descrito recién, debido a que lo que observa o percibe el estudioso de la sociedad son actos humanos, los cuales constituyen la unidad de estudio para el científico social. El acto es el elemento originario para toda filosofía social y, como éste saca al individuo de su solipsismo, de su mundo interno, solo es posible gracias a que está inserto en una estructura social. En la vida en sociedad no se puede sostener condiciones para la vida aislada de Robinsones, pues <<las acciones de los otros hombres son, probablemente, las primeras experiencias ante la que los seres humanos preguntan por qué>>, interrogante con la que da inicio el quehacer filosófico.

 

El control que se requiere en las ciencias naturales no aplica para las ciencias sociales, pues contrario a lo que se ha dicho sobre la experimentación que intenta reproducir en un laboratorio la realidad, manipulando variables, además de que dicho experimento requiere de un control o un testigo, que es una parte del mismo no sometida a modificaciones y que se utiliza para comprobar los cambios que se producen; el científico social es parte del fenómeno y no puede sustraerse del mismo, pues son sus valoraciones y la de las mentes de las gentes, que él mismo comparte, sus indubitables fuentes de evidencia.

 

La filosofía también es un fenómeno social, no podemos imaginar que  un eremo o una columna de estilista fueran la cuna del pensamiento occidental. Ésta tenía que nacer de la acción en el vertiginoso comercio del mundo mediterráneo; solo basta con imaginar a los jonios intercambiando artesanía fenicia. Para quienes intercambiaban valores a través del dinero, una convención no creada por alguien es especial, que a su vez almacenaban, representativamente a través de las monedas, los bienes de intercambio, no sería fortuito que los colonos insulares se preguntaran ¿de qué material están hechas las cosas? Gracias al intercambio indirecto de bienes hubo hombres antes que Sócrates para quienes la pregunta no solo trataba del mundanal ruido del intercambio, sino que surgía de las valoraciones inmanentes de los habitantes de las orillas del Mediterráneo. No sería descabellado plantearse la posibilidad de derivar de aquella pregunta otras sobre cómo llegan a adquirir valores las cosas materiales e inmateriales, susceptibles de intercambio.

 

¿De dónde vienen los actos o los valores que generan tales actos?

 

Desde una perspectiva fenomenológica diremos que existen entidades mentales (espirituales) de un mundo interno que el hombre incuba en su mente, aunque el mismo se componga de entidades que nuestras capacidades sensoriales no puedan percibir, por ello la fenomenología como la escuela de sociología austriaca son antinaturalistas. Sin embargo, tanto los actos como las valoraciones tienen una relación clara con el mundo de nuestros sentidos y necesariamente sirven para poder explicarlo. Entonces aparece una dificultad para el científico social, ¿si no puede observar sensorialmente los fenómenos de la vida en sociedad, qué es lo que percibe? De ello nos ocuparemos ahora.

 

2. Problematizando las percepciones

 

¿Acaso existe un punto de conexión para el conjunto de percepciones sensoriales?

 

Según la tradición sociológica austriaca tenemos dos posibilidades:

 

a)     Que el mundo exterior presenta uniformidad en sus conductas recíprocas, esto es, frente a un acontecimiento uno se pregunta por qué se presentan así ante nuestros sentidos o por qué aparecen (fenomenológicamente) de la misma forma a gentes diferentes. Se producirá un problema solo si agrupamos (clasificamos)  tales cosas de forma diferente a aquella (forma) en que se presentan ante nuestros sentidos. Se asume, pues, que los sistemas de percepción sensorial de diferentes individuos tienen una estructura común que Hayek denomina como sistema de relaciones homeomórficas.

b)     Por otra parte, se da el hecho de que personas distintas perciban cosas diferentes de una forma similar, las cuales no tienen correspondencia en el ámbito exterior, debe considerarse como un dato significativo procedente de la experiencia, el debe ser el punto de partida de cualquier análisis sobre la conducta humana.

 

De estas distinciones podemos concluir que el mundo que le interesa a las ciencias naturales no es el de nuestros conceptos previos (abstracciones), ni tampoco el de nuestras sensaciones. Su tarea es dar origen a  una nueva organización de toda nuestra experiencia acerca del mundo exterior. En cambio, las imágenes (percepciones y conceptos) que el hombre se ha formado del mundo, le sirve de guía eficaz para abrirse paso en su vida diaria, el cotidiano mundo-vital del que habla Husserl. La visión habitual (imágenes, valoraciones) de los individuos  les impulsa a actuar. Esta relación del hombre con las cosas no es algo estático sino que un proceso de constante modificación de las relaciones[4].

 

Digamos que las ciencias naturales trabajan con hechos objetivos  haciendo un estudio de las cosas  independientemente de las opiniones de los hombres o su visión acerca del mundo exterior o cosmovisión que genera toda clase de relatos mitológicos, espirituales, etc.

 

El material con el que está constituido el tejido social es una red de actividades, por ello la praxeología es un instrumento valioso para el estudio de las ciencias sociales. El hecho de que las personas perciban el mundo y se perciban unas a otras a través de sensaciones y conceptos organizados, está inmerso en una estructura  elemental que es común a ellos y tiene consecuencias que habrá que analizar, como la red de actividades en las que los hombres se guían por el tipo de conocimiento que poseen. A esa red podríamos denominarle mundo-trascendental-espiritual que los individuos comparten en un horizonte de significaciones o sentidos (wesen), que denominaremos como empatía.

 

3. Geisteswissenschaften: ciencias morales o ciencias humanas

 

Las ciencias espirituales o morales, tratan de la acción consciente o reflexiva del hombre. Los actos de elección entre varias alternativas  implica la existencia de un mundo interno e intencional (en el sentido de Brentano) o teleológico. Nuestro proceder se da por empatía dando por supuesto que nuestros semejantes consideren diversas cosas como semejantes o distintas del mismo modo como nosotros lo hacemos basando nuestro proceder en la experiencia de que el resto de las gentes clasifican sus impresiones sensoriales del mismo modo que nosotros. Ello genera expectativa intencional (bipolar de los sujetos en relación). Mis actos exponen y dan seguridad de una red de expectativas por parte del otro que está con-migo (mit-sein). La opinión o doxa, a la que tradicionalmente la filosofía ha renegado y de dicho distanciamiento ha marcado su nacimiento, tiene en la praxeología un carácter ontológico, pues ésta genera preferencias al momento de actuar. No vamos a analizar en este momento si tales creencias son correctas o apegadas a la realidad o si son falsas o imaginarias,[5] ello lo dejaremos para cuando abordemos los mitos o sofismas difundidos en los medios de comunicación; sin embargo, destacaremos que dichas opiniones importan en la medida en que, a través de ellas, los agentes toman sus decisiones. Esta preferencia (doxológica) se da o tiene origen en el orden sensorial de la mente, pues las personas se comportan de la misma forma respecto a las cosas debido a que han aprendido a clasificarlas dentro del mismo grupo, ya que han aprendido tanto a usarlas de la misma forma como a esperar de ellas. Las ciencias sociales tratan de estudiar las actividades mentales del hombre hacia las cosas  (acto de emprendimiento) tratando de entender cómo funciona la mente del mismo. Por tal razón según Hayek hemos de confiar en nuestro conocimiento de cómo funciona la mente humana. (La contrarrevolución de la ciencia, pág. 53).

 

4. La subjetividad inmanente: percepción externa e interna, fenómenos físicos y psíquicos, ciencias objetivas y ciencias subjetivas o sociales.

 

Brentano-Husserl-Hayek ¿juntos? ¿Será posible que se cumpla aquél popular dicho de que Dios los cría y Viena los junta?

 

Tratemos de explicar este vínculo, para disipar dudas; partiremos del concepto de intencionalidad de Brentano; según este genio austriaco, todo fenómeno psíquico es no solo conciencia, sino a la vez contenido de una conciencia.[6] La fenomenología de Husserl está construida sobre la base de la intencionalidad modificando el dualismo de la filosofía moderna que separaba la mente de la materia: ego cogito cogitatum (yo pienso lo pensado), así se caen las barreras que separaban al sujeto del objeto, en vez de tal dualismo se realiza un análisis trascendental de las vivencias intencionales abiertas a un horizonte de relaciones: el mundo es mundo de un sujeto, el sujeto es un ser en el mundo con otros sujetos,[7] por lo que la conciencia siempre es conciencia de. Ahora, para Hayek, los hechos de las ciencias  sociales son meramente opiniones y creencias de la gente, cuyas acciones trata de estudiar. Son datos que no se pueden percibir u observar sensorialmente dentro de las mentes de los individuos, de hecho ningún principio, significado o esencia se pude ver con los ojos de la cara, sino con los ojos del alma, a la usanza platónica <<froneesis significa la inteligencia de aquello que se mueve y corre [foras kai rou noeesus]>> (Cratilo o del lenguaje). Estos datos solo pueden  identificarse (manifestarse)[8] a partir de lo que las gentes  hacen y dicen, gracias a que tenemos una mente similar a la de ellos.[9] Este enfoque subjetivista aborda los fenómenos de la mente, los cuales pueden entenderse solo por que nuestro objeto de estudio tiene una mente de estructura similar a la nuestra, lo cual es un hecho empírico. El conocimiento que guía la acción de cualquier grupo de personas existe de modo disperso, incompleto e inconsciente, que aparece en muchas mentes individuales; por ello, la imperfección y la dispersión de TODO el  conocimiento vendrán a constituir dos de los elementos básicos desde donde tienen que partir las ciencias sociales. Tal imperfección de la mente humana, que tanto han despreciado los filósofos, se convierte en la piedra angular de las ciencias sociales, giro copernicano en el mejor sentido kantiano. Por ello, lo relevante en el estudio de la sociedad no es si las leyes de la naturaleza son ciertas en el sentido objetivo, sino si las gentes creen y actúan en función de ellas.

 

5. El giro del estudio de la sociedad hacia el mundo interno

 

<<El hecho de que todos los fenómenos sociales tengan propiedades físicas no significa que debamos estudiarlos con los métodos de las ciencias físicas>>

(Hayek, La contrarrevolución… pág. 112)

 

Dentro de las disciplinas sociales encontramos a la economía y es posible que ésta releve las esencias de la acción humana siempre y cuando sea antipositivista, o sea de raigambre austriaca. Si es así, la economía puede convertirse en la vanguardia de las ciencias sociales. El giro de la disciplina económica hacia la subjetividad[10] vino a constituir el giro copernicano más importante de dicha ciencia. Las razones se deben a que  los fines de la actividad económica (praxeológica o cataláctica) del intercambio no pueden definirse en términos objetivos (fisicalista o métrica), aspecto que nunca pudieron superar los economistas clásicos (ni los neoclásicos contemporáneos) debido al prejuicio Galileano, para quien la ciencia debe medirlo TODO; sino más bien con relación a un propósito humano (intencional o teleológico). En una palabra, ¡Oh herejía!, el resultado de una perspectiva como ésta es que los bienes materiales o no materiales no se pueden definir en términos físicos cuantificables, en el mejor sentido de las ciencias físicas re-fundadas por Galileo, sino en función de las ideas que la gente tiene acerca de las cosas.[11] Entonces, si no hay mediciones ¿cuál es el enfoque o acercamiento de las ciencias sociales?

 

6. La comprensión suplanta a la explicación

 

<<A menos que podamos comprender lo que las personas persiguen con sus actos, cualquier intento de explicarlos… está condenado al fracaso>>.

(Hayek, 1952)

 

Existen tres regiones a las que debe atenerse el estudio de las ciencias sociales:

 

a-     las intenciones y las expectativas de diferentes personas,

b-     la división del conocimiento entre ellas y,

c-      el proceso por el que se adquiere el conocimiento relevante que forman las expectativas.

 

Si se da una coordinación entre a, b y c ¿cómo se da la compatibilidad de estos dominios si hemos asumido tanto la dispersión e imperfección en el apartado 4 de este análisis?

 

El punto de partida es lo que los hombres piensan y quieren hacer a través de una guía de tales actos, ello debido a la clasificación de casos y eventos  en concordancia con un sistema  de percepciones sensoriales y de conceptos que tiene una estructura común a todos ellos y que nosotros conocemos. La actitud del hombre hacia las cosas, hacia las cosas mismas dice Husserl, es intencional igual que sus relaciones de cooperación intersubjetivas. Las instituciones sociales solo podrán comprenderse en la medida en que partamos de lo que los hombres piensan acerca de ellos. Una investigación arqueológica de las instituciones es imposible, pues no hay registros que puedan ser observados en el substrato o subsuelo de las mismas.[12] La estrategia de estudio con la que procede Hayek es suponer que la sociedad es un reflejo de la mente humana pero no una creación deliberada o consciente de la misma. La estructura de la mente humana nos proporciona el conocimiento de los elementos recurrentes sobre los que las diferentes estructuras sociales (pautas) descansan. El análisis es posible debido gracias a la teoría económica fenomenológica que se apoya en las descripciones de los hechos únicos e irrepetibles en cualquier cultura o espacio de la acción humana. Tanto Hayek como Menger se propusieron restablecer la primacía de lo abstracto o de lo teórico, respectivamente, en la constitución y definición de los hechos económicos, especialmente  en la constitución y definición de los hechos económicos, que a su vez les llevó a las leyes en la explicación y previsión de los mismos, Hayek les denomina Patrones de predicción. En la descripción de la experiencia cataláctica, lo que le interesa al teórico de la economía son los tipos (formas típicas) de los fenómenos económicos, por ejemplo «los fenómenos de la compraventa, del dinero, de la oferta y la demanda, del precio, del capital, del tipo de interés son ejemplos de formas típicas de fenómenos económicos. Por otra parte, la constante caída del precio de una mercancía como consecuencia del aumento de la oferta, la subida del precio de las mercancías en razón del aumento de dinero circulante, el descenso del tipo de interés por la notable acumulación del capital, etc., se nos presentan como relaciones típicas entre fenómenos económicos.»[13] Según Menger el estudio de los tipos y de las relaciones típicas es fundamental. En efecto, «sin el conocimiento de las formas empíricas seríamos incapaces de comprender las miríadas de fenómenos concretos que nos rodean y de ordenarlos en nuestra mente; es un presupuesto para un conocimiento más amplio del mundo real». Debemos, pues, saber en primer lugar cuáles son los hechos económicos, y éstos —al igual que todos los demás hechos científicos— se encuentran y constituyen a través de predicados típicos: así ocurre con el capital, la renta de la tierra, el interés, el precio, etc. Pero la economía teórica no tiene sólo la función de estudiar las formas fenoménicas, o sea, «el carácter en general» de los fenómenos económicos, sino también las relaciones típicas, es decir las leyes que conectan entre sí los fenómenos económicos. La descripción de las relaciones catalácticas tienen su asidero, según Hayek, la estructura de la mente humana nos proporciona el conocimiento de los elementos recurrentes (tipos) sobre los que las diferentes estructuras sociales descansan. Son pautas que rigen las relaciones sociales, pues los individuos son nodos de una red de relaciones, el símil es muy evidente con la teoría del sistema nervioso donde existen nodos (neuronas) en la red de sinapsis,[14] siendo las diversas actitudes que ellos adoptan con relación a sus semejantes las que formas los elementos recurrentes, o habituales identificables de la estructura. Tales elementos podemos identificarlos gracias a que nos son conocidos a partir del funcionamiento de nuestra mente: el mundo interno en el que se incuban las creencias de las que hablamos arriba y de los que ahora nos ocuparemos.

 

7. El método compositivo para las ciencias sociales: análisis de mitos

 

Dado que en los asuntos sobre el estudio de los fenómenos sociales se puede dar el peligro de sustituir hechos por <<conceptos>>, el método sintético o compositivo de la escuela austriaca (de tradición mengeriana) viene a constituir una alternativa en el análisis de los datos (hechos), que para las ciencias sociales son conceptos. Ello no significa que se trate de un crudo nominalismo, sino que su interés en los conceptos se debe a que el objeto  de las ciencias sociales es la revisión de aquellos conceptos que los individuos han desarrollado acerca del mundo. La revisión de estos conceptos habituales tiene por propósito el trocarlos  por otros más adecuados. Digamos que en este examen conceptual, Hayek se propone ir a la caza de mitos, habitualidades que se han arraigado en las mentes de los individuos: sus ídolas diría Bacon,[15] la ideología diría Marx, sus opiniones o doxas dirían los griegos. Recordaremos que Mises, en el capitulo IX de La acción humana analiza el papel  de las ideas (ideologías) en las acciones. Las ideas son las que mueven a la acción y estas acciones, a su vez, son ideadas (ideatum, valoradas, esencializadas) o comprendidas por las personas, quienes sacan sus conclusiones o prejuicios acerca de las consecuencias no intencionadas de los actos intencionados. Las ideas que las gentes se forman de los resultados no intencionados, es un tópico al que el científico social tiene que estar muy atento, pues se trata de estructuras o formaciones sociales (instituciones) que dicho estudio tiene que examinar y mejorar. El renovado método socrático para el estudio de los fenómenos sociales  nos remite al antiquísimo examen del mito por el implacable logos: El hecho  de que una sociedad determinada pueda creer que sus instituciones han sido creadas por una interpretación de la divinidad, y que tengamos que tomar esa creencia como un hecho a la hora de explicar los fenómenos políticos de esa sociedad, no nos impide mostrar que tal creencia es, probablemente falsa.[16]

 

8. Viabilidad del método compositivo o sintético para el análisis inersubjetivo de las mentes que interactúan

 

La tarea del científico social consiste en poder armonizar las creencias y las opiniones sobre los actos particulares de las gentes y las ideas que dichas personas pudieran  haberse formado del conjunto de la <<sociedad>>, la cual se constituyó por la agregación de todas aquellas acciones particulares.

 

a)     Las opiniones y creencias de los individuos es una condición para la existencia de <<conjuntos>> o fenómenos sociales como el sistema económico que se constituyen  al margen…

b)     De las opiniones que las personas se hayan formado de ellos: visiones especulativas o explicativas ingenuas o populares corren en peligro de convertirse en entidades colectivas…

c)      El científico social debe de abstenerse (suspender, epojé) de tales juicios o abstracciones populares (b), para no darles una tratamiento de hechos sino solo aquellos conceptos (a) que orientan a los individuos en sus acciones.

 

Advertencia: al momento de analizar el pensamiento individual no se pretende con esto explicar ese pensamiento sino distinguir los posibles tipos de elementos con los que se va a contar en la constitución de las diferentes pautas de relaciones sociales. Con ello Hayek da un paso adelante al análisis praxeológico de Mises, debido a que éste sí tiene por objeto una explicación de la acción consciente o deliberada. Hayek la da por hecho y avanza hacia las estructuras o construcción de las pautas (instituciones); o sea, que le interesa la acción consciente de muchos individuos cuando éstas producen resultados no buscados, en la medida  en que las regularidades observadas no son productos de ningún plan previo. Hayek va tras ese orden no deliberado que, curiosamente, es producto de la acción humana individual. Tales órdenes están dados a priori antes de que actuemos ya que tenemos que trabajar con resultado que nadie ha buscado conscientemente.

 

9. Contra el objetivismo de la actitud naturalista.

<<La filosofía no tiene ningún interés en los hechos, sino sólo en los asuntos conceptuales>> (Wittgenstein, Tractatus, 4.111)

 

Siguiendo con el proyecto de suspender los prejuicios que tanto daño han hecho a la comprensión de las instituciones sociales espontáneas, Hayek advierte que un prejuicio muy difundido es el del objetivismo, que al estudiar al hombre y la sociedad, intenta prescindir del conocimiento subjetivo sobre el funcionamiento de la mente humana, como es la introspección. A las mentes de los otros solo tenemos acceso a través de las percepciones, sensoriales u observaciones de las realidades físicas. Lo que importa en el estudio de los objetos de la acción humana es que al interpretar los actos de las personas, clasificamos o agrupamos espontánea e inconscientemente las cosas de la misma forma que lo hacen el resto de la gente, como si se tratara de una mente trascendental a todos y que nos permite la comunicación de conceptos o ideas (abstracciones), entidades mentales como valoraciones que nos permiten la cooperación y convivencia pacífica en el mejor de los casos, cuando dicha comunicación es exitosa. Así, todos los fenómenos de la mente, como las percepciones materiales, impresiones y las imágenes, han de considerarse como actos de clasificación realizados por la mente. Las clasificaciones responden a categorías o formas en las que nosotros hemos aprendido a agrupar los estímulos externos. Entonces, percibir es asignar una categoría conocida, semejante.

 

Las fuerzas que operan en la sociedad solo pueden hacerlo (ahí radica su poder) a través de entidades mentales, esencias, significados y prejuicios (mitos) que son conocidos por nosotros y de donde dependerá nuestra conducta, ¿cómo es que nuestra mente llega a transformar las realidades físicas en entidades mentales? Si bien la clasificación es un proceso mecánico de catalogación, una máquina que agrupa objetos en función de ciertas propiedades, es algo irrelevante para el interés de las ciencias sociales; incluso, es imposible que nuestro cerebro pueda producir alguna vez una explicación completa de las formas en que él mismo clasifica los estímulos externos. Sin embargo, aun suponiendo la ordenación de las realidades naturales que permita la explicación de dichos fenómenos materiales, a la hora de interpretar las acciones humanas tendríamos que apegarnos a la clasificación en que los hechos se presentan realmente a la mente de quienes actúan: éstas son las entidades mentales a priori sobre las que las ciencias sociales tienen que trabajar en contra de las pretensiones positivistas integradoras, para quienes la sociedad es susceptible de ser comprendida en su complejidad.

 

10. Realismo conceptual del positivismo decimonónico

 

La tendencia a tratar conjuntos como: la sociedad, la economía, etc., como realidades bien definidas sobre las que podemos describir leyes observando su conducta agregada, se denomina colectivismo metodológico. Éste siempre  está propenso a atribuir una especie de supermente omnisciente y que no necesita partir de lo que conoce la gente cuyas acciones son objeto de su estudio. Muy contrario a este enfoque encontramos el subjetivista que parte de nuestro conocimiento inmanente de los agregados sociales, del conocimiento de las actitudes individuales (elementos de dicha estructura); el realismo conceptual del objetivismo, propio de las ciencias de la naturaleza lo hace desde el exterior, tratando los fenómenos sociales, no como algo de lo que la mente humana es parte, sino como si tales fenómenos fueran objetos que percibimos directamente como conjuntos. Realmente lo que nos es conocido de dichos conjuntos o agregados sociales son solo las partes y, como nunca percibimos directamente el todo, hemos de reconstruirlo para comprenderlos mediante un esfuerzo de nuestra imaginación interpretativa, ese es el sentido de la primacía de lo teórico que hacíamos mención arriba.  La batalla más difícil de las ideas, es contra el sentido común[17] que no capta la invisibilidad de los conceptos (abstracción en Hayek, teoría en Menger y a priori en Mises).

 

Por sentido común vamos a entender a aquel acto de la imaginación que toma como hechos lo que no son más que imprecisas teorías del vulgo, hay que estar atentos  para no ser víctimas de un ingenuo realismo objetivista que asume acríticamente que la existencia de conceptos de uso general implica necesariamente la existencia de cosas dadas y, como los conjuntos nunca son observables al ojo humano, hay necesidad de construcciones que la mente se encarga de hacer; tales datos (dados) no son realidades de hecho y solo pueden ser percibidos a partir de esquemas mentales que den cuenta de la conexión entre algunos de la multiplicidad de hechos individuales que podemos observar. En suma, hay ciertas estructuras de relaciones entre alguna de las muchas cosas que podemos observar espaciotemporalmente y que llegamos a seleccionar porque creemos de que somos capaces de discernir conexiones  entre ellos, conexiones que pueden o no existir en la realidad.

 

Lo que componemos o seleccionamos son ciertos elementos de una imagen previa realizadas en función de una teoría acerca de su coherencia. Así es que los conjuntos existen sólo si hay  modelos o teorías construidas acerca de las conexiones de las partes que los conjuntos contienen. El papel de las ciernas sociales es la de construir los conjuntos por medio de modelos que parten de elementos familiares, modelos mentales que permitan la selecciones de ciertos aspectos relevantes en la actividades de los hombres hacia las cosas, aquellas relaciones que mantienen con el mundo exterior a partir del conocimiento interior, de lo que la cosa significa para los agentes: ello nos permite  dar una explicación de las acciones de los hombres en una unidad percibida en su mundo circundante. La mente viene a constituir, pues, el punto de partida de cualquier interpretación de la acción humana. El científico social no puede mirar desde fuera los fenómenos sociales, sino desde adentro, por empatía, llegando a comprender  tales fenómenos; por ello es que los fenómenos sociales no son susceptibles de observación material como si fueran algo dado.

 

 

 

 

11. Hacia una teoría social compositiva

 

La interpretación pragmática de los austriacos considera las instituciones sociales como producto de un diseño no intencional o consciente por los individuos  en sus acciones aisladas.[18] Del estudio empírico de la sociedad surgirán generalizaciones universales para una teoría capaz de explicar los fenómenos concretos o particulares (circunstanciales) de los que más se ocupan las disciplinas técnicas. Por ello, la teoría social compositiva busca principios genéricos en el sentido de que un fenómeno concreto presupone la existencia de reglas generales. Como todo pensamiento es abstracto, toda percepción de al realidad implica una clasificación del objeto de acuerdo con alguna o algunas propiedades, así que, solo mediante leyes científicas de tipo teóricas podemos llegar a seleccionar aquellos fenómenos que son relevantes para su explicación. Los conjuntos que estudia el científico social no se le presentan por sí mismos como conjuntos, sino  que es él quien ha de reconstruirlos a partir de sus elementos que es lo único que puede percibir directamente. Jamás se refiere a tales conjuntos como a una colección constante de atributos físicos observables, sino que siempre hace referencia  a estructuras de relaciones que solo puede describirse mediante una representación esquemática o teórica de dicho sistema de relaciones permanente entre unos elementos que varían constantemente: ante el vertiginoso cambio de los elementos, el científico social solo puede guiarse a través de un método o pautas permanentes de relaciones o procesos repetibles en que los elementos tienen un carácter genérico (estructuras coherentes de fenómenos individuales).

 

Ver de esencias con categorías mentales

 

Cómo cualquier investigador el científico social es un observador paradigmático. La labor teórica de reconstrucción (modelos) le indica u orienta hacia aquellos elementos que son parte del conjunto. Es así como ciertos fenómenos pueden interpretarse con éxito a través de la analogía con nuestra propia mente, ya que el uso de las categorías de nuestro propio pensamiento aporta   una explicación satisfactoria de lo que observamos. Reconocer la existencia de una mente siempre implica que podemos añadir algo a lo que percibimos con nuestros sentidos, que interpretamos los fenómenos  a la luz de nuestra propia mente, o descubrimos que esos fenómenos encajen  en las pautas de nuestros propios pensamientos. Estas pautas son patrones de predicción o expectativas de la conducta de los hombres, que funciona en la mayoría de los casos. La mente es la única base de la que disponemos para comprender lo que entendemos por medio de las intenciones de las gentes o por el significado de sus actos,  solo podemos hablar  con sentido de una mente si es como la nuestra (p 124). Interpretamos  lo que observamos en función de las categorías (modelos) que conocemos gracias a que son las categorías con las que nuestra mente trabaja, interpretando con éxito lo que observamos al encajarlos en tales categorías universales: saber ver de esencias, en el mejor sentido fenomenológico. Sin embargo, hay mentes que se ven atrapadas o fascinadas en las variabilidades de los fenómenos, aduciendo que es inadecuada el uso de la teoría para el análisis de dichas variables. En tal hechizo ha cayó el historicismo, que propone una teoría de la variabilidad de la mente humana, donde no hay lugar para las categorías, minando el terreo bajo sus pies. La estructura de la mente humana  no pude ser variable, sino no se pudiera establecer comunicación o entendimiento de aquello que las gentes de otras épocas quería decir  con una determinada frase y la historia sería algo inaccesible  para nosotros, ni tampoco podríamos identificar, categorías de pensamientos similares a los nuestros.

 

12. Interpretación pragmática de las formaciones sociales o instituciones

 

Estructuras, instituciones o formaciones sociales son sinónimos según Carl Menger.[19]  Las acciones independientes de muchos hombres llegan a formar o producir conjuntos coherentes, estructuras duraderas de relaciones que cumplen importantes fines humanos sin que éstos hayan sido diseñados conscientemente  para tal fin. En dichas formaciones sociales espontáneas, las partes se comportan o se mueven como si su objetivo fuera la preservación de los conjuntos. Ahora bien, si supusiéramos que alguien deliberadamente  tuviera  como objetivo conservar (como buen benefactor) la estructura de esos conjuntos, tendría que provocar (manipular) precisamente tales movimientos que, en la realidad, ya tienen lugar sin que nadie los dirija, debido a que tales movimientos están relacionados de una forma especial con nuestros fines individuales.

 

La estructura (instituciones) sociales que se desarrollan espontáneamente (no deliberada) son útiles porque fueron las condiciones sobre las que se basó el desarrollo humano posterior. Este es el sentido de las externalidades que el hombre en sociedad constantemente promueve fines que no entran dentro de sus internalidades o intenciones, un típico velo de la ignorancia en el sentido Rawlsiano. Algo curioso a destacar es que las instituciones a las que hacemos referencia no solo no han sido diseñadas por mente alguna, sino que su sobrevivencia y funcionamiento han sobrevivido a pesar de las acciones de gentes que no están impulsadas por el deseo de preservarlas.

 

13. La ilusión de un saber total sistemático del superracionalismo  

 

Digamos que en la pretensión del racionalista radica el abuso de su razón. El mito del control o dirección consciente de los proceso sociales descansa en la idea común de que la mente humana es capaz de trascenderse a sí misma (autoconocimiento), que se pude llegar al estudio de la razón humana desde fuera, como un TODO, suponiendo la conquista de una especie de supermente. Sin embargo, afirmar que conocemos más de lo que realmente conocemos  es una pretensión que nos lleva a la exigencia  de un tipo  de dirección total de la realidad en todos sus aspectos, olvidando que los proceso sociales alcanzan resultados que superan las capacidades de realización y planificación de lamente humana individual. Es más, de estos procesos sociales es que recibe la mente individual el poder de que está dotada, todo intento de imponer un control consciente a estos procesos genera totalmente consecuencias trágicas[20].

 

El racionalismo extremo es incapaz de reconocer en qué medida la razón individual es producto de las relaciones interindividuales (intersubjetivas). El método colectivista proclama la pretensión de poder abarcar este proceso como un todo y de utilizar todos los conocimientos en forma sistemática integrada (planificada) que conduciría a un sistema en que todos los miembros de la sociedad se verían convertidos en meros instrumentos de una única mente rectora, haciendo desaparecer las fuerzas sociales  espontáneas, despreciando las costumbres e instituciones que no hayan tenido un origen intencionado, contractual, sin demostración racional.

 

14. Racionalizando las fuerzas irracionales: correcciones políticas.

 

Vamos a entender aquí por irracional en aquel sentido no consciente, no medible o dado. El acto fallido de un control consciente  de los fenómenos sociales en función de una remodelación de la sociedad[21]. Corregir lo que está funcionando exitosamente está animado por una falta de  comprensión consciente de las organizaciones sociales a gran escala. Estas faltas de comprensión chocan con aquellas mentes racionalistas que postulan utopías  confiando sus proyectos operativos a un tipo de ciencia aplicada o ingeniería política que pretende corregir los errores causados por dicha organización social, creyendo que es algo racional o consciente. Los individuos que componen esta sociedad  son aquellos que, para poder abrirse  paso en la vida, aspiran , no a conseguir  un resultado final particular del proceso completo en el que participa, sino a usar del mejor modo posible, los medios particulares que él conoce. Su conocimiento particular es casi un conocimiento de circunstancias particulares de tiempo  y lugar, conocimiento de orden inferior o de utilidad práctica. Tal técnica de averiguación de tales circunstancias solo es posible gracias a un sistema que ofrezca información sobre la situación general de la que dicho individuo es incapaz de conocer. Este sistema de información les orienta hacia la mejor utilización de las circunstancias que solo él conoce. Este sistema se da gracias a los mercados y los precios que son un instrumento de comunicación abierto que abrevia  y condensa las informaciones relevantes. Pero eso no es lo más curioso, sino el modo en que dicho sistema llega a funcionar pues precios y mercados  ayudan a utilizar el conocimiento de mucha gente sin necesidad de reunirse previamente (p. 158), haciendo posible una combinación descentralizada de decisiones y ajuste mutuo de estas decisiones típicas de un sistema competitivo; consiguiendo un resultado que, para un planificador racionalista, sería misión imposible: una coordinación basada no en un único conjunto integrado de conocimientos, sino en el conocimiento disperso entre muchas mentes o individuos.

 

La maravilla, taumasein griego, de algo que no sólo no depende de un control racional o deliberado para su funcionamiento y que tampoco haya sido desdeñado conscientemente, llegue a producir resultados positivos, es algo que rebasa a los científicos sociales animados con un arsenal positivista natural. Para poder seguir el rastro de dicho orden, es necesario que el científico social suspenda (epojé) el método positivo y se entrene en el método de las ciencias humanas, espirituales o morales. Entre las ciencias sociales que han tenido éxito en la comprensión de este fenómeno encontramos  a la economía. Aunque parezca extraño a los moralistas, la economía, por ser una ciencia social, también es espiritual al estudiar fenómenos intangibles como el sistema de precios ya que estos no son sino propiedades subjetivas del mundo interno de los agentes sociales. Por ello, la economía le concede un lugar muy importante al humanismo como a la filosofía.

 

Para Hayek  resulta extremadamente trágico que la actual generación se hay entregado casi supersticiosamente hacia un culto de las ciencias naturales que de muy poco sirven  para comprender el más amplio proceso del que somos parte como individuos. La comprensión de cómo, con nuestras acciones personales, contribuimos constantemente a un esfuerzo común sin que lo dirijamos nosotros mismos, requiere de un esfuerzo intelectual cualitativamente diferente de aquel que se necesita para controlar las cosas materiales.

 

Solo una educación de carácter humanista puede proporcionar ciertos instrumentos que entrenaban para tal comprensión. La del mundo del hombre y sus ideas (teoría subjetiva del valor  de los bienes, el estudio orientado hacia un mayor interés en el desarrollo de la mente humana en sus múltiples regiones o aspectos: - en la historia, - en la literatura, - en el arte, - en el derecho que dé cuenta de ese individuo como parte de un proceso en que su contribución no está dirigida sino que es espontánea, y en el que  participa en la creación de algo más grande que lo que él mismo o cualquier otra mente singular es capaz de planear. (p. 151)

 

* Walter Hernández es profesor de Filosofía y de Filosofía Social, en la Universidad Francisco Marroquín.

 

 

 

 

 

 

 



[1] Ver Investigaciones lógicas vol. 1, Introducción § 2 “Queremos retroceder a las <<cosas mismas>>”. Husserl, 1900.

[2] No hay percepciones sin mente ni mente sin percepciones dirá Hayek en El orden sensorial, 1952. Cf. Husserl en  Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica § 47, 1913.

[3] Hayek, La contrarrevolución, cap. 2

[4] Husserl le denomina el método de variación imaginativa en Ideas I, § 49, 1913

[5] Recordemos que Menger (1871) en Los principios de economía política hace una diferencia puntual entre aquellas culturas que desarrollan su cosmovisión a través de un mundo imaginario de bienes y otras que no se atienen a dicho imaginario y que marcan su desarrollo a través de esta diferencia.

[6] Brentano, Psicología desde un punto de vista empírico, Libro II, cap. III, 1874.

[7] Husserl, Meditaciones cartesianas, Quinta meditación, 1931.

[8] Husserl, Investigaciones lógicas, Inv. I. Expresión (Ausdruck) y Significado (Bedeutung).

[9] Hayek, La contrarrevolución de la ciencia. Cap. 2, 1952.

[10] Carl Menger, Principios de economía política,  1871.

[11] F. v Hayek, La contrarrevolución de la ciencia. Cap. 3.

[12] En el sentido Freudiano, estructuralista o Foucaultiano.

[13] C. Menger (1883) El método de las ciencias sociales. Capítulo I  Los distintos puntos de vista de la investigación en el capo de la ciencia económica

[14] Hayek, El orden sensorial, 1952.

[15] En su Novum Organum, Francis Bacon influyó en la aceptación en la ciencia de una observación y experimentación precisas. En esta obra mantenía que había que abandonar todos los prejuicios y actitudes preconcebidas, llamándolas ídolos, que tenían varios orígenes: ya fueran la propiedad común de la especie debido a modos comunes de pensamiento ("ídolos de la tribu") o propios del individuo ("ídolos de la caverna"); ya se debieran a una dependencia excesiva del lenguaje ("ídolos de la plaza del mercado") o de la tradición ("ídolos del teatro").

[16] Hayek, La contrarrevolución, 1952.

[17] El observador paradigmático, según Norwood Russell  Hanson, no es el hombre que ve y comunica lo que todos los observadores normales ven y comunican, sino el hombre que ve en objetos familiares lo que nadie ha visto anteriormente. Patterns of discovery. An Inquiry the Conceptual foundations of Science. Cambridge University Press, 1958.  “ ‘La filosofía natural’… no consiste en el descubrimiento de hechos, sino en descubrir nuevas formas de pensar acerca de ellos. La prueba a que sometemos estas ideas es ésta: ¿nos permiten ensamblar los hechos unos con otros?”; Bragg, “The atom” en The History of Science, Londres, 1984, p. 167. “El ordenamiento armónico es la tarea del científico. Una ciencia se construye a partir de hechos, lo mismo que una casa se construye a partir de ladrillos. Pero no se puede llamar ciencia a una mera colección de hechos, como no puede llamarse casa a un montón de ladrillos”; Poincaré, Foundations of Science, Science Press, Lancaster, Pa., 1946, p. 127.  “Frecuentemente, no se ve un objeto porque no se sabe como verle, más que por algún defecto en el órgano de la visión…  [Herschel decía]  ‘Prepararé el aparato y le colocaré a usted en una posición tal que  [las líneas oscuras de Fraunhofer] sean visibles, y, a pesar de ello, usted las buscará y  no las encontrará: después de lo cual le instruiré en como verlas mientras usted permanece en la misma posición, y entonces las verá,  y no sólo se preguntará cómo es que no las veía antes, sino que encontrará imposible mirar al espectro sin verlas”. Babbage, The Decline of Science in England,  R.  Clay, Londres, 1830.”

 

[18] Hayek, La contrarrevolución de la ciencia. Cap. 7

[19] Hayek, La contrarrevolución...  Cap. 8

[20] Hayek, La contrarrevolución de la ciencia, Cap. 9. y Camino de servidumbre,  Cap. 6 y 14.

[21] Hayek, L contrarrevolución… Cap. 10.