Corrientes sociológicas

Seminario

 

Raúl Antonio Morales Bathen

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

 

                        Introducción                                                                           1

                        Inicio del pensamiento social científico                                  4

                        Nace la Sociología                                                                  7

                        Primeras corrientes                                                                11

                        Desarrollo de escuelas o corrientes sociológicas                   14

                        Sociología contemporánea                                                    22

                        Sociología de hoy                                                                 27

                        Bibliografía                                                                           30

                       

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

            Aunque el estudio de la sociología como ciencia es reciente, no excede de dos siglos, el estudio del ingrediente genérico relacional del ser humano es muy antiguo, pues el hombre tiene características biológicas que le imponen la necesidad de vivir en grupo y hasta que tuvo consciencia, fue cuando trató de conocer el mundo, el medio en donde vivía y a sí mismo. A pesar que nuestra actual civilización se inició hace cinco mil años y ya desde el principio se configuraron grandes civilizaciones, fue en la Antigua Grecia, en donde, al igual que Platón, muchos se pusieron a reflexionar sobre los aspectos recurrentes de la vida del hombre en sociedad, entre ellos Aristóteles, quien en su Política (1997: 12) expresó: “De lo anterior resulta manifiesto que la ciudad es una de las cosas que existen por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal social; y resulta también que quien por naturaleza y no por casos de fortuna carece de ciudad, está por debajo o por encima de lo que es el hombre”.

            Al respecto, Anthony Guiddens (2004: 33) comenta: “Nosotros los seres humanos siempre hemos sentido curiosidad por las fuentes de nuestro propio comportamiento, pero durante miles de años los intentos por comprendernos a nosotros mismos se apoyaron con formas de pensar transmitidas de generación en generación que, con frecuencia, se expresaban en términos religiosos o se basaban en mitos, supersticiones y creencias tradicionales bien conocidos. El estudio objetivo y sistemático del comportamiento humano y de la sociedad es algo relativamente reciente, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVIII. Una evolución clave fue la utilización de la ciencia para comprender el mundo: la aparición de un enfoque científico produjo un cambio radical de perspectiva y de interpretación. En una esfera tras otra, las explicaciones tradicionales y de base religiosa fueron cayendo, para ser sustituidas por intentos racionales y críticos de adquirir conocimiento”.

            Como se indicó, en la Antigua Gracia se iniciaron los esfuerzos por entender y explicar en forma racional y analítica al ser humano y a la sociedad que estos forman al unirse, pero prescindiendo de la invocación de fuerzas sobrenaturales y apoyándose en la razón, inventaron la filosofía y la ciencia para indagar el mundo. Salvador Giner (2004: 18) indica: “El cultivo del conocimiento secular en la Antigüedad llevó a algunos pensadores helenos a intentar explicar la vida social mediante criterios que hoy pertenecen plenamente a las ciencias sociales. Así, su respeto por los hechos conocidos y el tratamiento crítico de las opiniones y las versiones recibidas de los acontecimientos permitieron la fundación de una historia liberada de la leyenda, la superstición y el mito en las obras de Herodoto y de Tucídides. Del mismo modo permitieron a Platón, en su República, especular con inigualado rigor sobre las posibilidades de la sociedad para constituirse, dada la naturaleza humana, en un mundo apto para una vida buena y recta que incluyera a todos. O a su discípulo Aristóteles a estudiar con no menos ahínco un gran número de sociedades helenas existentes, compararlas entre sí, y sacar conclusiones basadas en la experiencia. Su Política contiene un dechado de constataciones empíricas sobre la vida real de los diversos regímenes de las ciudades griegas, acompañadas de generalizaciones sobre el poder, la autoridad y la dinámica de la sociedad —incluidas las revoluciones— que ha intentado emular la ciencia política moderna. Por su parte, los pensadores romanos no siempre alcanzaron tales cimas, pero sus historiadores (Tito Livio, por ejemplo), nos muestran que la mirada racional, crítica y secular de los helenos no había perecido entre los latinos”.

            Hay que resaltar que en el periodo helenístico predominó la idea de Isócrates  (436-338 a. C.) que presentó en su Panegírico de Atenas, de que “los helenos no eran una raza sino una forma de ser y de pensar comunes”, con lo cual hizo la distinción entre el hombre civilizado y el primitivo, es decir, el heleno y el bárbaro, idea que Alejandro Magno (356-323 a. C.) difundió en todos los territorios que conquistó, creando así la primera cultura cosmopolita en Occidente, de donde surgieron tres escuelas que hicieron grandes aportaciones al pensamiento social: los estoicos, los cínicos y los epicúreos.

            La escuela estoica, fundada por Zenón de Citio (336-323 a. C.) alrededor del año 300 a. C., propugnó sobre el internacionalismo y el valor intrínseco de la persona humana, proponían la concordia entre los seres y la discusión como medio de solventar las querellas. La escuela cínica, fundada por Antístenes (h. 444-365 a. C.) y cuyo miembro más famoso fue Diógenes (413-323 a. C.), estaba en contra de: las diferencias de clase, la existencia de la esclavitud y la demagogia, porque les parecían intolerables, lo que les hizo estar en permanente protesta. La escuela epicúrea, fundada por Epicuro (347-270 a. C.) hacia el año 306 a. C., daba como solución que cada uno buscara en forma individual su propia felicidad, mediante la eliminación de la angustia y la preocupación, evitando el sufrimiento y eliminando en la mente toda idea que pueda perturbar la paz. “Históricamente, la más importante de las aportaciones de los epicúreos es la de la teoría del contrato social, fundada por ellos. Esta doctrina había de jugar un papel importantísimo en el desarrollo del liberalismo en el mundo moderno. […] He aquí una frase de Epicuro que expresa la idea de pacto o contrato a nivel de lo jurídico: «El derecho no es otra cosa que un pacto de utilidad, cuyo objeto consiste en que no nos lesionemos recíprocamente y en que no seamos lesionados en nuestros propios intereses». En esta sentencia se combina admirablemente la doctrina contractual epicúrea con su visión utilitarista del mundo y de la conducta social.” (Salvador Giner, 2002: 64).

            En el mundo romano se difundieron las ideas de las escuelas neoplatónicas y postaristotélicas, y alcanzó su mayor desarrollo la escuela estoica, en donde la filosofía legal estoica llegó a ser la filosofía legal romana. “El estoicismo entró en Roma (hacia 150 A. C.) a través del círculo escipiónico, un grupo de intelectuales reunidos en torno a la figura de Escisión Emiliano. Su propulsor fue el griego Panecio (185-110 a. C.), que supo adaptar sus doctrinas al temperamento e ideas de sus amigos y oyentes. […] Cicerón, sin ninguna originalidad en este caso, nos ha transmitido en su tratado De legibus gran parte del planteamiento estoico del derecho”. (Salvador Giner, 2002: 64). Otros pensadores estoicos fueron el emperador Marco Aurelio (121-180 d. C.) y Ulpiano (170-228 d. C.). Polibio (210-125 a. C.), al inicio fue autónomo y después se convirtió en estoico y Marco tulio Cicerón (106-43 a. C.), al inicio fue estoico en las ideas jurídicas romanas,  pero después fue autónomo. La última fase del estoicismo está representada por Lucio Anneo Séneca (4 a. C.- 65 d. C.). Tito Lucrecio Caro (98-55 a. C.), fue epicúreo.

            Al iniciarse el Cristianismo, el pensamiento social fue abordado por muchas concepciones recibidas del mundo clásico a través de los pueblos romanizados, especialmente en el periodo que corresponde desde el final del Imperio Romano occidental en el año 476 hasta la caída de Constantinopla en poder Turco (1453) o el comienzo de la expansión geográfica de Castilla y Portugal y el descubrimiento de América (1498) que es denominado Edad Media. Las ideas “más características de esa larga época fueron las heredadas del saber de los judíos en conjunción con las ideas y creencias religiosas establecidas por la expansión de la doctrina cristiana sobre tosa la faz del Imperio. La tradición judeocristiana no sólo es la corriente de pensamiento más importante de toda la Edad Media —sin la cual ésta es inexplicable—, sino que viene a convertirse en uno de los rasgos fundamentales de la cultura occidental. Aunque sea un error, muchas veces cometido, identificar cristianismo con cultura occidental, tal identificación es perfectamente válida para uno de los períodos más prolongados de la historia de nuestra civilización, el medieval. Y en cuanto a hoy, esta tradición es aún continuada y mantenida viva por importantes sectores del mundo en que vivimos”. (Salvador Giner, 2002: 107).

 

INICIO DEL PENSAMIENTO SOCIAL CIENTÍFICO

 

            Si bien no todo fue oscuro durante la Edad Media y se mantuvo cierta  tradición racional y secular, fue hasta en el Renacimiento y, especialmente, con la Revolución Científica, que volvieron a resurgir los primeros teóricos sociales basados en las dos tendencias que habían iniciado Platón y Aristóteles. “Una, la platónica, más especulativa, más orientada hacia la elaboración de un modelo de sociedad posible y deseable, según unos principios abstractos sobre lo que debe ser la vida buena y virtuosa, halla su expresión en obras como la Utopía, de Santo Tomás Moro, de 1516, y en toda una serie de proyectos semejantes, en ella inspirados. La otra, apoyada sobre un estudio apasionadamente frío de la realidad tal cual, encuentra su mejor ejemplo, unos años antes, en los dos grandes textos de Maquiavelo, El príncipe y los Discursos, ambos iniciados en 1513. Maquiavelo no rehuye el juicio moral, ni mucho menos, pero su mensaje es claro: los hombres son como son —estas y aquellas, y no otras, son sus pasiones e intenciones— y, por lo tanto, estos y aquellos son los resultados objetivos y comprobables de su conducta.,” (Salvador Giner: 18-19).

            En esa época, surge una tercera corriente iniciada por el humanista y filósofo español Juan Luis Vives (1492-1540), quien en su De subventione pauperum o Socorro de los pobres (1525), amplía el idealismo de Tomás Moro y la observación de Maquiavelo, con su “preocupación práctica por resolver las injusticias y daños causados alas gentes por el orden social existente”. Salvador Giner (2004: 19) indica: “La filosofía social más o menos abstracta, el análisis fríamente realista de nuestra conducta y los esfuerzos por mejorar nuestras condiciones y la de nuestros congéneres son, pues, las tres fuentes de las que se nutre la filosofía social occidental y, en igual medida, la teoría sociológica hasta hoy. Sus componentes suelen ser precisamente esos tres: una concepción analítica y crítica general, dotada de hipótesis acerca de la naturaleza de las causas de los fenómenos estudiados; un respeto a los datos conocidos, acompañado de un esfuerzo por acopiarlos, ordenarlos y dominarlos; y una intención ética. En otras palabras, teoría, empírie y norma. Ahora bien, tales componentes se hallan mezclados con distinta intensidad en cada autor, corriente, escuela […] Los tres elementos —el teórico, el empírico y el normativo, o ético— son imprescindibles para la elaboración de un pensamiento sociológico solvente”.

            La Revolución científica transformó el conocimiento del hombre y de la ciencia, la inició Galileo Galilei (1564-1642) al presentar su método experimental, en donde combinó el razonamiento inductivo con la deducción matemática; continuó con Rene Descartes (1596-1650), quien “presentó una interpretación extraordinariamente original de nuestra naturaleza como seres humanos” y sentó las bases del racionalismo. La revolución concluyó con Isaac Newton (1642-1727), con sus descubrimientos en la Física: la formulación de las tres leyes de la mecánica y la publicación de su Principia Mathematica en 1687. En 1688, sucedió la Revolución Inglesa, la Revolución Gloriosa que terminó con el absolutismo monárquico y permitió que el Parlamento tomara hegemonía sobre el Rey, la que resaltó el sentido común del hombre común.

            A partir de este siglo XVII, el desarrollo de la ciencia fue relativamente rápido, pues se asumieron las matemáticas como leguaje científico, entre los científicos surgió la tendencia que si hacen algo ya comprobado nadie lo contradice, lo que hizo resaltar la Razón Experimental.  En el siglo XVIII sucedieron las tres revoluciones que transformaron el pensamiento humano: la industrial (un efecto de la revolución científica), se inició en Inglaterra y después se trasladó a los demás países, produjo transformaciones económicas y sociales; la política, en Estados Unidos de América (1776), y la social en Francia (1789-99). Entre finales del siglo XVII y la revolución francesa (siglo XVIII) sucede en Europa y América el movimiento cultural, político y filosófico que se denominó Ilustración, el cual tuvo la característica de una confianza ilimitada en el poder de la razón para resolver los problemas del hombre: se consideraba que “la tarea fundamental del hombre es el conocimiento y el dominio de la naturaleza”. En el siglo XVIII y principios del XIX, se empezaron a estudiar los fenómenos sociales y económicos influenciados por las denominadas ciencias naturales, aunque en esas fechas aún no se tenía el significado actual del término ciencia ni la connotación que se tiene actual de las ciencias físicas o naturales, ni de los métodos o la relación con las otras disciplinas del conocimiento.

            Anthony Guiddens (2004: 33) explica: “Los avances prosiguieron a lo largo de todo el Siglo de las Luces, o época de la Ilustración —que cubre todo el siglo XVIII— con un crecimiento espectacular de los descubrimientos químicos, mecánicos, geográficos y botánicos —entre otros— conducentes a su vez a una visión cumulativa y expansiva del conocimiento científico.

            »La revolución científica se hallaba poseída de una verdadera lógica expansiva. En efecto, una vez empieza a se aceptada la ciencia como modo privilegiado de conocimiento en los ambientes cultos y más avanzados de la Europa ilustrada —academias, tertulias de sabios, círculos lectores de publicaciones científicas, todo a ello al margen en general de unas universidades a la sazón anquilosadas— su práctica y cultivo se van extendiendo como una muy desigual mancha de aceite por el mundo cultural europeo. El proceso fue arduo, pues la resistencia vigorosa de las poderosas instituciones eclesiásticas, políticas y civiles vinculadas a las creencias tradicionales pronto se mostró severa y eficaz en su represión de las innovaciones juzgadas peligrosas. Entre tales se encontraban los enunciados de leyes que regían la naturaleza. Éstos chocaban frontalmente con las afirmaciones de los textos sagrados y las doctrinas religiosas tenidas por incuestionables, o con explicaciones —como las aristotélicas— tenidas por intocables”.

            En esta época, Tomás Hobbes (1588-1679), fundador con Maquiavelo de la ciencia política moderna, tomó como base la ciencia natural  y aplicó los principios de la física, la geometría y las matemáticas para presentar una concepción del poder y de la legitimidad en su obra Leviatán, un tratado sobre el poder, el orden social y el estado. Benito de Spinoza (1632-1677) trató de presentar una concepción filosófico-social del mundo humano basado en la ética que llamó Ethica ordine geometrico demonstrata, en donde trató “las pasiones como si fueran líneas, planos, volúmenes, superficies” y expuso que “las leyes inexorables que rigen el mundo físico determinan los movimientos del alma, o pasiones, con lo cual dícese que niega el libre albedrío. (En realidad Spinoza identifica libertad con beatitud y ausencia de pasiones. Para él la libertad genuina se logra sólo mediante una suerte de conocimiento superior, que es el de la esencia de las cosas. La libertad es el ejercicio de la beatitud sabia.)” (Salvador Giner, 2004: 25).

NACE LA SOCIOLOGÍA

 

            Como efecto de la Revolución Científica, en el mundo científico todo se pretendía explicar por medio de las ciencias naturales con base en la razón, lo que se incrementó en los periodos de la Ilustración británica (especialmente la escocesa), siglos XVII y XVIII, de la Ilustración francesa de los siglos XVIII y XIX y en Alemania en el siglo XIX, al tratar de explicar los fenómenos de las ciencias sociales —la antropología, la economía, la ciencia política, la sociología, la demografía, la geografía, la historia—, como se hacía con los métodos de las ciencias naturales, especialmente los sociales, pues se aspiraba “al estudio empírico, teórico y racional de la sociedad, es decir, a la indagación de las leyes y regularidades que rigen la existencia de los hombre en sociedad.” (Salvador Giner, 2002: 579). Hay que hacer notar que Karl Popper aseveró que cualquier interpretación científica sólo podía ser aceptada temporalmente, pues se requiere para que sea científica que sea «falseable», es decir que pueda ser sustituida por otra veraz y mejor.

            Salvador Giner comenta (2002: 580): “Aunque la sociología tenga remotos antecedentes, puede aceptarse que nació en el momento en que algunos autores propusieron el estudio sistemático analítico y empírico de la realidad social: entre ellos descuellan Montesquieu, Saint-Simon, Proudhon, John Stuart Mill, Lorenz von Stein, Auguste Comte y Karl Marx. La sociología, pues, no tiene fundador concreto, sino que surgió en algunas mentes como consecuencia de la extensión progresiva de la actitud científica. La instauración del método científico como modo de entender el mundo y de alcanzar la verdad vino así a ocupar un lugar crucial en la cultura de la modernidad. La participación del estudio del hombre y de su especie en ese enfoque fue una de las lógicas repercusiones de tal evento. Llegó un momento en que la indagación científica, que había ya cubierto el mundo físico y el biológico, alcanzó al terreno mismo de la mente, con la psicología, y el de la sociedad, con las diversas ciencias sociales. Ello ya había comenzado a suceder cuando Smith, Ricardo, Cantillon y otros autores iniciaron el estudio científico de la dimensión económica de la vida social.”

            El término Sociología fue acuñado por Auguste Comte en 1824 para referirse a la nueva ciencia positiva, a la que primero le había llamado Física Social, nombre que cambió al enterarse que esa expresión ya la había usado Adolphe Quetelet. La palabra sociología apareció impresa por primera vez en 1838 en el Curso de filosofía positiva. Friedrich A. Hayek hizo un estudio completo en La contrarrevolución de la ciencia del inicio de esta nueva ciencia, la Sociología, pues dedicó la segunda parte del libro a Henri de Saint-Simon, en donde hizo la descripción de su vida y de las ideas que constituyeron, según su opinión, la Contrarrevolución de la ciencia, al dar los lineamientos de cómo podría aplicarse la razón y las ciencias naturales en la planificación de la sociedad, de cómo se convirtió en el sansimonismo y se expandió a través de L’École polytechnique, a Inglaterra y, posteriormente, a Alemania, al extremo de volverla una religión a través de los ingenieros sansimonianos y Prosper Enfantin.

            Además, Hayek hizo un esbozo de cómo en la Ilustración francesa empezaron a predominar las ciencias naturales abanderados por Voltaire, quien en su entusiasmo hizo un culto a Newton, que tomó Saint-Simon y lo elevó a posiciones ridículas, que quiso unificar y popularizarlas en la gran Encyclopaedie y en el «Discours préliminaire» de d’Alembert (1754), lo que sirvió a Lagrange para librar a la mecánica “de todos los conceptos metafísicos y reformularla en su totalidad sin referencia alguna a las causas últimas o fuerzas ocultas, limitándose a describir las leyes por las que se conectan los efectos”. (Hayek, 2003: 167).

            Al respecto de este periodo previo al nacimiento de la sociología, Juan González-Anleo (1996: 52) comenta: “Los pensadores de la Ilustración denunciaron sin descanso el oscurantismo de la época y proclamaron su fe en la razón. Inauguraron así un nuevo talante antioscurantista, enemigo feroz de las viejas instituciones que mantenían aherrojado al espíritu humano e impedían su libre desarrollo. Voltaire se convirtió en el portavoz de este nuevo talante, que acabó relevándose de suma utilidad para la emergencia y la consolidación del pensamiento sociológico.

            »Contra el universo espiritual, mental y social del viejo orden —el anterior a la Revolución francesa—, se produjo una doble rebelión: por una parte, la de los empiristas ingleses y la escuela materialista francesa de la Ilustración; por otra, la de Leibniz y los románticos alemanes.

            »Entre ambas convirtieron a las primeras décadas del siglo XIX en un gigantesco laboratorio de grandes teorías del progreso, en el que los nuevos científicos trabajaban con una sola herramienta: la fe en la razón, reconocían un solo enemigo: el pensamiento oscurantista, y perseguían un solo objetivo: dar respuesta a las inquietudes del hombre de forma muy distinta a cómo lo había hecho el viejo orden con su definición estática del hombre, de la naturaleza humana y del orden social.”

            Hayek, también explica cómo Auguste Comte colaboró durante siete años con Saint-Simon para tratar de desarrollar la «ciencia de la producción» y colaborar en la escritura de L’industrie, para llegar a lo que se denominó la Física Social. “Esta nueva ciencia de la física social, es decir, el estudio del desarrollo colectivo del género humano, es realmente una rama de la fisiología, o estudio del hombre concebido en toda su extensión […] El objeto de la física social es descubrir las leyes naturales e inevitables del progreso de la civilización, que son tan necesarias como las leyes de la gravitación”. (Hayek, 2003: 217-218).

            Comte, transformó y amplió estas ideas y presentó su teoría de los Tres Estadios: “«Toda rama del saber debe pasar necesariamente por tres estados o estadios teóricos distintos; el estado teológico o ficticio; el estado metafísico o abstracto, y finalmente el estado científico o positivo», que es el estado definitivo de todo conocimiento, sea el que fuere”, (Hayek, 2003: 218). Para Hayek, el estado positivo en su primera forma “no es más que una brillante reexposición de la doctrina de Saint-Simon”. Comte publicó sus ideas en el Systeme de politique positive y ocho años después publicó las lecciones que impartió en El Cours de philosophie positive.

            Con respecto a la fundación de la Sociología, Hayek indica (2003: 284-285): “La exposición de la sociología de Comte, que debía constituir el cuarto volumen del Tours, ocupó de hecho tres volúmenes, cada uno de ellos considerablemente mayor que cualquiera de los tres dedicados a las demás ciencias. El cuarto volumen, publicado en 1839, contiene principalmente las consideraciones generales sobre la nueva ciencia y su parte estática. Las otras dos partes contienen una muy completa y detallada exposición de la dinámica sociológica, o sea de aquella teoría general de la historia de la mente humana que era el principal objetivo del esfuerzo comtiano.

            »La división de la materia en estática y dinámica, división que Comte creía apropiada para todas las ciencias, la tomó no directamente de la mecánica, sino de la biología, a la cual la había aplicado el psicólogo De Blainville, cuya obra influyó sobre Comte en una medida sólo igualada por Lagrange, Fourier y Gall La distinción, que según De Blainville, corresponde en biología entre anatomía y fisiología, entre organización y vida, corresponde en sociología a las dos consignas del positivismo, orden y progreso. La sociología estática trata de las leyes de coexistencia de los fenómenos sociales, mientras que la sociología dinámica trata de las leyes de sucesión en la necesaria evolución de la sociedad”. Al final, Comte transformó sus ideas en una nueva religión de la humanidad, en donde el se consideraba el Gran Sacerdote.

            El sansimonismo y las ideas de Comte se extendieron a Alemania en donde influyeron en Ludwig Feuerbach, quien fundó el positivismo alemán al que se adhirieron rápidamente los jóvenes, entre ellos Friedrich Engels quien dijo “todos ellos se convirtieron de pronto en feuerbachianos”, a lo que se sumó el hegelismo, cuyas ideas eran similares a las de Comte, fue lo que llegó influir en la obra de Karl Marx. De cómo se formó el Socialismo, hasta llegar a la influencia en Karl Marx, Friedrich August von Hayek (2003: 261) dice: “Aún no hemos dicho nada acerca de las relaciones entre las teorías sansimonianas y las posteriores corrientes socialistas francesas. Pero este aspecto de su influencia es en general tan conocido que podemos limitarnos a hacer algunas breves consideraciones. Entre los primeros socialistas franceses, el único que se mantuvo independiente de Saint-Simon fue, desde luego, su contemporáneo Charle Fourier —que junto con Robert Owen y Saint- Simon— suele ser considerado como uno de los tres fundadores del socialismo. Pero, aunque los sansimonianos tomaron de él algunos elementos de sus doctrinas —especialmente en lo referente a las relaciones entre los sexos—, ni él ni Robert Owen aportaron gran cosa al aspecto del socialismo que aquí nos interesa: la organización y dirección deliberada de la actividad económica. Su contribución en este punto es más bien negativa”.

            Juan González-Anleo (1996: 47), en su obra Para comprender LA SOCIOLOGÍA, hace un resumen sobre el contexto histórico del nacimiento de la sociología: “La sociología es una ciencia singular, pues, a desemejanza de todas las demás ciencias, naturales o sociales, al tiempo que nace y se desarrolla, contribuye a configurar la sociedad en la que aparece, debido a una de sus funciones más eminentes y delicadas, actuar como sustitutivo secular de la religión y, desde la fidelidad a su vocación, reformar la sociedad conforme a unos ideales muy concretos, que coinciden en su mayor parte con los propuestos por la Ilustración.

            »En esa tarea y esa vocación están de acuerdo los llamados «padres fundadores» de nuestra disciplina.

            »Es de una importancia relativa el cuándo del nacimiento de la sociología.

            »— Etimológicamente, el término «sociología» nació en una carta del francés Comte a su amigo Valat (1824), repetido en la lección 47 del Curso de filosofía positiva (1839).

            »— Metodológicamente, señalan algunos las estadísticas sociales de Quétélet, en 1835, precursor de los esfuerzos de descripción y medición de los fenómenos sociales, con pretensiones de rigor científico y técnicas de inferencia estadísticas.

            »— Sustantivamente, la sociología nace con el primer pensador, —desde Platón a Rousseau hay muchos para elegir— que se detuvo en reflexionar sobre los aspectos recurrentes de la vida del hombre en sociedad.

            »Y, de manera autónoma y distintiva, su aparición coincide con la consolidación de la sociedad de clases y de conflictos sociales, es decir, con la sociedad industrial europea, incipientemente democrática y secularizada, momento privilegiado para nuestra ciencia en cuanto en él se institucionalizan las condiciones propicias para la reflexión crítica y libre sobre una sociedad ya emancipada de tutelas religiosas y transida de problemas y desórdenes sociales”.

 

PRIMERAS CORRIENTES

 

            Al estudiar el aspecto histórico del desarrollo de la sociología, se pueden distinguir cuatro etapas: La etapa inicial, en donde los miembros de la nueva ciencia trataron de dar respuesta a las interrogantes planteadas por Claude-Henri de Rouvroy conde de Saint-Simon. La segunda etapa, comprende el principio del desarrollo de escuelas o corrientes sociológicas, unas que fueron ineficaces y otras que se establecieron, “pero todas concurrentes en la emergencia del legado clásico constituido por la obra de dos sociólogos, excepcionales que, desde entonces, dominan el pensamiento sociológico: Emile Durkheim y Max Weber” (Juan González-Anleo, 1996: 59). La tercera etapa engloba la sociología contemporánea, en donde predominan la profesionalización y la especialidad con dos orientaciones: macrosociológíca, que se ocupa de grandes teorías e instituciones, y microsociológica, interesada en organizaciones, roles y pequeños grupos. Por último, la etapa que corresponde a la sociología que se está haciendo hoy.

            Las primeras escuelas o corrientes sociológicas se presentaron en la etapa fundacional, formadas por los científicos que trataron de dar respuesta a las interrogantes planteadas por quien se considera el verdadero fundador de la Sociología, el francés Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon (1760-1825) —también se le atribuye ser el padre del socialismo, precursor de un capitalismo filantrópico y de la planificación tecnocrática—, cuya obra tenía como objetivo la reconstrucción del orden social, de ideas como y de la sociedad en sí, pues en ella existía un caos socio-político, miseria y anarquía resultantes de la Revolución francesa, que haría resurgir un orden nuevo en una sociedad industrial formada por comerciantes, ingenieros, industriales, banqueros, trabajadores y profesionales altamente productivos, que desplazarían del poder a las clases parásitas.

            Juan González-Anleo (1996: 60) dice: “Saint-Simon fue un optimista, pero no un ingenuo. Aceptó el hecho de la desigualdad nativa de facultades, pero rechazó su traducción en distancias sociales. La nueva organización social aceptará como única élite con poder la formada por los mejor dotados, la élite científico-industrial, con dos niveles distintos: el de los científicos y el de los industriales, la élite espiritual y la material. Los primeros serán el nuevo clero, los segundos la nueva nobleza.

            »En la nueva organización social, la única igualdad posible será la igualdad de oportunidades. Pero el gobierno de los mejores, gobierno de ideas y no de hombres, atemperará conflictos y tensiones. Late en el pensamiento de Saint-Simon un auténtico optimismo cósmico, herencia de Leibniz y de la Ilustración.

            »La nueva estructura social resultante tendrá como principio axial las exigencias de la producción, y en su cúspide gobernarán tres cámaras: la de invención, integrada por artistas y hombres de imaginación creadora; la de examen, en la que concurrirán los sabios que establecerán las leyes de higiene del cuerpo social; y la de ejecución, los industriales.

            »Saint-Simon no creyó en la lucha de clases y apenas habla de los proletarios, pues consideró la clase industrial como un todo, patronos y obreros en común. Esta clase industrial es la primera, tiene todo el poder y acabará siendo la única”.

            Pero, Saint-Simon consideraba que surgirían conflictos entre los tres niveles, los que podrían estallar en cualquier momento: entre la clase feudal y la industrial; entre los productores y los holgazanes, y entre los jefes y los obreros. Esta situación hizo que lanzara “cuatro desafíos que los sociólogos y los pensadores sociales de su época y de la inmediatamente posterior recogieron y a los que trataron de responder”: el primer desafío fue sobre “la urgencia de una teoría sociológica que estructurara en una síntesis los datos y orientara la investigación, la comparación y la interpretación”, al que respondieron Auguste Comte (1798-1857), quien propuso una sociología científica que le sirvió para proponer el método científico de la sociología y fundar el positivismo sociológico; Alexis de Tocqueville (1805-1859), pionero de la investigación empírica de la sociedad civil, proponiendo ante el desorden post-revolucionario, como solución la democracia social basada en el consenso y en la igualdad, y Herbert Spencer (1820-1903), quien planteó una sociología del tipo evolucionista, cuya aportación principal fue su analogía organicista, indicando que lo que es válido para los fenómenos biológicos lo es para los sociológicos.

            El segundo desafío consistía en “reunir el material histórico disperso, indispensable para la interpretación sociológica del devenir”, al que respondieron el historiador Agustin Thierry (1795-1856), primer secretario de Saint-Simon durante dos años, quien lideraría las nuevas corrientes historiográficas, al concebir la historia como historia de masas y lucha de los intereses de clase que ejercieron gran influencia en Karl Marx; N. D. Foustel de Coulanges (1830-1889), quien hizo un estudio sociológico sobre la ciudad antigua (1864) y la relación entre las creencias de los pueblos y la estructura de las relaciones sociales; Lorenz von Stein (1815-1890), publicó su estudió sobre La historia del movimiento social en Francia (1850), popularizó en Alemania los conceptos de socialismo y lucha de clases;  y Gustav von Schmoller, “director del movimiento de estudiosos germanos, socialistas de cátedra, preocupados por los aspectos sociales de la economía”.

            El tercer desafío era de aspecto metodológico y se debería contestar la pregunta: “¿Cómo medir los hechos sociales, los problemas que amenazan el orden social, sobre todo los relativos a la criminalidad y la clase obrera?”. Respondieron Adolphe Quétélet (1796-1874), considerado padre de la estadística social y Frédéric Le Play (1806-1882), fundador de la encuesta social por medio de entrevistas, encuestas y tipologías, creador de “el método monográfico, basado en el contacto inmediato con los datos, con miras a la medición de los mismos, y sentó como principio selectivo para la comparación y presentación de datos la primacía de la unidad familiar”

            El cuarto desafío “se situó en la línea de la praxis y de la acción política. Para cambiar no sirvan los filósofos, que se limitan a pensar la realidad. Es necesario revivir las condiciones sociales participando en ellas, clarificando sus líneas constitutivas a través de la praxis, y sumergiéndose personalmente en los problemas y expectativas y luchas de la masa” (Juan González-Anleo, 1996: 61), al que respondieron Karl Marx (1818-1883), cuyos análisis sociológicos más destacados fueron sobre la naturaleza y dinámica del capitalismo sobre las clases sociales y el conflicto de clases, y Federico Engels (1820-1895), colaborador de Marx, cuyos aportes principales fueron: la relación entre la situación de la clase obrera con una interpretación crítica de la economía política inglesa y la sistematización y divulgación del pensamiento de Marx con su fórmula que llamó socialismo científico..

 

DESARROLLO DE ESCUELAS O CORRIENTES SOCIOLÓGICAS

 

            En la segunda etapa florecieron diversas escuelas que buscaban cuál era el elemento esencial de la sociedad, por lo que estudiaron, entre otros, la raza, la psique, la interacción social, etc. Destacaron entre ellas, la obra de dos grandes sociólogos, Emile Durkheim y Max Weber, cuyos legados fueron considerados clásicos en la sociología posterior. Las principales escuelas que se desarrollaron fueron: la mecanicista, la geográfica, la demográfica; la biológica, que se puede dividir en la organicista, los atropo-raciales y los conflictivistas; la psicologista; la escuela sociológica que se basa en la interacción social, la corriente formalista, y la Escuela de Chicago.

            1) La escuela mecanicista, trató de estudiar los fenómenos sociales con base a los conceptos y leyes de la ciencia física, haciendo énfasis que los hechos sociales debían ser estudiados en forma cuantitativa y causal. Debido a que fueron escasos los que se adhirieron, esta escuela pronto desapareció. Destacó en esta escuela el estadounidense Henry Charles Carey (1793-1879), uno de los más famosos, quien “definió la ciencia social como la ciencia de las leyes que gobiernan el comportamiento humano y los esfuerzos del hombre por alcanzar la individualidad y capacidad de asociación con sus semejantes”. Entre sus estudios más conocidos están el del crecimiento y distribución de la población y las leyes de la producción y consumo, resaltando las ventajas de la concentración y centralización en los procesos económicos.

            2) La escuela geográfica siguió con presentado por el tunecino Ibn Jaldún (1332-1406) en el siglo XIV y por Charles-Louis de Secondant barón de Montesquieu (1689-1755), que la vida social está influenciada por el entorno geográfico y el medio ambiente. Entre los representantes de esta escuela, se pueden mencionar a Frédéric Le Play (1806-1882) al utilizarlas en su teoría de la Sociología de la familia, al hacer las descripciones de las familias obreras europeas con el método monográfico o de casos, y Friedrich Ratzel (1844-1904), geógrafo alemán que trató de demostrar las relaciones existentes entre el hombre y el medio físico con su publicación Antropogeografía (1882-91), por lo que se puede considerar como el representante más destacado de esta escuela.

            3) La escuela demográfica consideraba el factor demográfico como la variable explicativa de la vida social. Su representante principal fue el italiano Corrado Gini (1884-1965), por sus “teorías sobre el desarrollo de la población en tres fases —crecimiento rápido, decrecimiento estacionario y declive—, y sobre los factores de la emigración. Gini propuso una teoría del metabolismo social para explicar las causas de la fertilidad diferencial: las clases más altas tienen tasas bajas de reproducción y están abocadas a la extinción si no se incorporan a ellas miembros de las clases inferiores, caracterizadas por una fertilidad más elevada.” (Juan González-Anleo, 1996: 63).

            4) La escuela biológica inspiró desde su inicio tesis racistas que le hicieron fracasar políticamente, especialmente cuando fue incorporada en la ideología del Partido Nacional Socialista Alemán de Trabajadores. De esta escuela se dividen en tres ramas: organicista, Antropo-racial y conflictivista.

            4.1) La escuela biológica organicista se basaba en la metáfora organicista de Herbert Spencer  (1820-1903), el más ilustre de los sociólogos ingleses, quien “pensaba que existían tres vínculos básicos entre la biología y la sociología. Primero creía que todas las acciones sociales estaban determinadas por las acciones de los individuos, y que aquellas acciones conformaban las leyes de la vida en general. Así, para entender las acciones sociales, el sociólogo debía conocer las leyes básicas de la vida, y la biología era la que le ayudaba a comprender esas leyes. Segundo, se dan importantes analogías entre la sociología la biología. Es decir, la sociedad en su conjunto, como un organismo vivo, se caracteriza, entre otras cosas, por el desarrollo, la estructura y la función. Así, una comprensión de la biología de los organismos vivos, que después de todo es más fácil de estudiar que el organismo social, ofrece muchas claves para comprensión de la sociedad. Spencer concluye: «No puede lograrse una comprensión de las verdades de la Sociología sin haber alcanzado antes una comprensión racional de las verdades de la Biología» (1873/1961: 305). Tercero, existe entre los dos campos una suerte de progresión y relación natural, puesto que los humanos constituyen el problema «último» de la biología y el punto de partida de la sociología.

            »El funcionamiento del proceso de «supervivencia del más apto», tanto en los organismos vivos como en los sociales, constituye una semejanza aún más específica entre la biología y la sociología. Spencer pensaba que el proceso de «supervivencia del más apto» tenía lugar en ambos reinos: el social y el biológico, y que la biología nos brinda una importante lección: en el mundo social hay que evitar interferir en este proceso.” (George Ritzer, 2001: 150-151). Lilienfeld y Espinas indicaban que la sociedad es un cuerpo vivo regido por leyes naturales, cuya culminación de la evolución es su nación que es cohesionado por la conciencia y el sentimiento nacionales. Schäfle trabajó por “la unión de las ciencias naturales y sociales en un sistema filosófico”.

            4.2) La escuela biológica de los antropo-raciales, denominados también evolucionistas, insistían en que las sociedades, al igual que las razas, tenían un proceso de selección natural. Galton y Pearson hicieron estudios sobre datos fisiológicos y psicológicos de los pueblos y de las clases. Ammon, también se interesó por las leyes de relación entre os caracteres raciales y el comportamiento social. Los más extremistas fueron los franceses Joseph Arthur Comte de Gobineau (1816-1882), considerado el padre del racismo y defensor de la “pureza de la raza como clave de la superioridad de los pueblos”, y Georges Vacher de Lapouge (1854-1936), quien “proclamó la superioridad de la raza aria y nórdica y el principio de la selección natural de las razas; las inadaptadas acaban fracasando en campos diversos: la competencia política, la lucha económica y el orden normativo.” (Juan González-Anleo, 1996: 62-63).

            4.3) La escuela biológica conflictivista formada por pensadores extremistas en evolucionismo e ideas políticas, quienes proponían el conflicto social como motor de la evolución. El único sociólogo profesional que pertenecía a esta escuela fue Ludwig Gumplowicz (1838-1909), uno de los fundadores de la sociología europea, quien “definió como terreno del conflicto el económico, en el que luchan tanto las sociedades primitivas como las avanzadas, aunque en éstas el conflicto se transforma en lucha de clases.” (Juan González-Anleo, 1996: 63).

            5) La Escuela Psicologista consideraba que el conjunto de características psicológicas del individuo era el principal factor que explicaba los fenómenos sociales, por lo que los principales estudiosos de esta escuela, estudiaron la personalidad social, las instituciones, el cambio social, el control social, la criminalidad, etc. Entre los principales sociólogos que perteneces a esta escuela están: los franceses Gabriel Tarde (1843-1904) y Gustav Le Bon (1841-1931), estudiaron la psicología de las multitudes y la formación de los públicos basándose en el principio de imitación, es decir, la repetición, transmisión, constancia y expansión de las formas sociales, porque los hombres se transforman en masa a través del contagio mental y de los líderes o agitadores. La psicología de los hombres dentro de la masa difiere esencialmente de la psicología individual. Albion Woodbury Small (1854-1926), estadounidense, dio las bases de la psicología social, al definir el hecho social “como una reacción incesante entre la naturaleza, el individuo y las instituciones, y consideró al individuo como la única unidad social posible, y el conflicto como el proceso básico universal.” (Juan González-Anleo, 1996: 63).

            También pertenecen a esta escuela psicologista los estadounidenses Lester F. Ward (1841-1913), Charles Horton Cooley (1864-1929)  y William Isaac Thomas (1863-1947). Al respecto, Juan González-Anleo (1996: 63) comenta: “Ward, evolucionista en la línea de Comte y Spencer, que sembró su obra de conceptos organicistas como sinergia, zoísmo o carioquinesis social, poniendo de relieve que la evolución social, a diferencia de la animal, revela la intencionalidad humana; Cooley, que ha pasado a la historia de la sociología por su concepto del «yo espejo» o tendencia del individuo a imaginarse cómo lo ven los demás, básica en el desarrollo de la personalidad, y por su distinción entre los grupos primarios y secundarios. Se puede incluir aquí también a Thomas, de notable influencia en muchos investigadores sociales por su insistencia en el estudio de los casos individuales, en las narraciones personales y en la historia vital y biografías de los actores sociales, pero su estrecha vinculación con la Escuela de Chicago aconseja su inclusión en ella”

.           Otras aportaciones importantes en esta escuela fueron las de Sigmund Freud (1856-1939), con las contribuciones a la psicología social de sus teorías sobre la personalidad, el instinto de vida, Eros, y el de muerte y destrucción, Thanatos, y la formación de las estructuras de carácter. William Graham Summer (1840-1910), uno de los más destacados entre los fundadores de la sociología americana, cuya obra fue basada en la ética protestante, el darwinismo social y las enseñanzas de los economistas clásicos, tratando de  explicar el origen, naturaleza, importancia y persistencia de las dimensiones normativas de la cultura, en donde propuso la distinción entre las costumbres que tienen en común los miembros del mismo grupo social, normas sociales que les denominó folkways; los mores o folkways que tienen mayor importancia y relevancia para la sociedad, los que pueden llegar a convertirse en leyes. Los folkways y mores definen el Ethos o carácter de la comunidad,. Benjamín Kidd (1858-1916), cuya teoría sobre la evolución social basada en las religiones, publicada en el libro Evolución social, fue de gran éxito internacional, al extremo que ha sido comparada con la teoría de la evolución de Darwin y la teoría atómica.  

            6) La escuela sicológica tiene la característica principal que considera la interacción y la acción social, y las estructuras que de ella proceden como factores fundamentales de la vida en sociedad en todas sus expresiones, y no el entorno geográfico o demográfico, la vida psíquica individual, o la herencia biológica, y las estructuras que de ella proceden. Se puede dividir en tres grupos para su estudio: la Escuela Formalista, la Escuela de Chicago y la Escuela Clásica, que está encabezada por Emile Durkheim.

            6.1) La escuela de sociología formalista se desarrolló en Alemania tomando como base la definición de Kant que la sociedad era la comunidad ordenada de voluntades independientes, la que siguió Georg Simmel (1858-1918) y le agregó la pregunta “¿Cómo es posible la sociedad?, es decir, ¿Cuál es la condición a priori que hace posible la sociedad en cuanto conjunto de individuos que a la vez se autorrealizan y se trascienden en una unidad superior?”, para luego responder que eran la vocación, posición social o rol, pues para pasar a formar parte de la sociedad, un individuo debe ceder algo de su individualidad cambiándola por la generalidad que exige su rol. “Con este supuesto, la sociología tiene como objetivo el análisis de las formas de sociabilidad, con abstracción de sus contenidos económicos, religiosos, políticos, etc.”

            Simmel analizó de las estructuras sociales la elasticidad, jerarquía y estabilidad; de las relaciones sociales, el conflicto, superioridad y subordinación; de los tipos sociales, el extranjero, el pobre y el maestro; de los grupos, el partido político, la familia y la sociedad secreta, y de las situaciones sociales, el intercambio y la esclavitud. En esta escuela también son representantes Ferdinand Tönnies(1855-1936), cuya aportación más importante fue la concepción dualista de la sociedad, que aparece bajo las formas de comunidad y sociedad; Leopold Von Wiese (1876-1969), quien indicaba que la principal tarea de la sociología es la observación sistemática del proceso social, que está en función de la actitud social y la situación o resultante del medio ambiente extra-humano, la base física y las actitudes de los demás participantes en el proceso (asociativo o disociativo). “Von Wiese, a pesar de su insistencia en el método empírico de observación directa a partir del ser humano singular, se enfrascó en divisiones y subdivisiones del campo u objeto de la sociología, con multitud de clasificaciones de relaciones, estructuras sociales y procesos sociales, más lejos cada vez de la realidad empírica.” (Juan González-Anleo, 1996: 64), y Alfred Vierkandt (1867-1953), hizo una interpretación fenomenológica de la tipología de Tönnies.

            6.2) La Escuela de Chicago, fue denominada así porque en la década de 1920, varios autores de la Universidad de Chicago desarrollaron ideas que fueron la base teórica en la sociología urbana, sociología descriptiva influida por la antropología social y cultural, con dos conceptos importantes: el enfoque ecológico para el análisis urbano y la caracterización del urbanismo como forma de vida. La escuela, que se declaraba empirista, fue formada por Robert Ezra Park (1864-1944), quien decía que la sociología es la ciencia de la conducta colectiva, cuyo origen es el estudio de la historia; Ernest W. Burgess (1886-1966), quien hizo estudios sobre la familia (una unidad de individualidades interactuantes), indicando que la unidad familiar surge de la interacción y comunicación de los miembros de la familia, y Louis Wirth (1897-1952), sociólogo norteamericano, cuyo principal ensayo teórico fue Urbanismo como forma de vida (1938), e donde indicaba que las principal característica del mundo moderno era la evolución de las relaciones sociales comunitarias.

            Los principales representantes de la Escuela de Chicago son A. R. Radcliffe-Brown (1881-1955),quien propuso que los fenómenos sociales como sistemas persistentes de adaptación, captación e integración y cuya principal hipótesis fue que “la vida de una sociedad puede ser concebida como un sistema dinámico de elementos interdependientes, funcionalmente consecuentes entre sí”; Bronislaw Kaspar Malinowski (1884-1942), quien “consideró que la única manera de conocer es a través de la experiencia vivida de las situaciones preconizando el análisis sincrónico como el método más adecuado para captar la complejidad de las tradiciones vivas y cambiantes de los pueblos”, y Ruth Benedict (1887-1948), cuya obra Modelos de Cultura (1934), es un puente entre la antropología y las ciencias humanas, pues para ella la cultura era un “modelo de pensamiento y acción con fines característicos”, pues “existe una relación entre las facultades psicológicas del individuo y las formas culturales”, ya que “los individuos desarrollan selectivamente unas potencialidades a costa de otras que serían incompatibles con los valores de la sociedad”.

            Juan González-Anleo (1996: 65) indica: “La sociología descriptiva de Park, Thomas, Znaniecki y Warner recibió una fuerte inspiración de los estudios de desarrollo comunitario realizados con un enfoque claramente ecológico. El foco de la sociología descriptiva fue la comunidad, como medio para abordar temas básicos de la vida nacional norteamericana: las bandas de adolescentes (Trasher), los emigrantes polacos de Chicago (Thomas y Znaniecki), la vida de una ciudad típica americana (Robert y Helen Lynd), el sistema de clases sociales de una comunidad americana (Warner, al que se refiere un apartado del capítulo dedicado a las clases sociales), etc.”

            6.3) La escuela clásica de sociología está identificada con Emile Durkheim y Max Weber, de quienes, se considera, han partido todos los sociólogos contemporáneos y posteriores a ellos. Emile Durkheim (1858-1917), fundador de la escuela francesa de sociología, es “el sociólogo por antonomasia y el primero que se enfrentó de forma sistemática y rigurosa con la delimitación del objeto y del método específicamente sociológico. Combatió el reduccionismo psicológico y el historicismo en nuestra disciplina con una tesis que defendió vigorosamente toda su vida: la causa de lo social hay que buscarla en las estructuras sociales, no en la conciencia del individuo ni en su pasado. De ahí su insistencia en que el método sociológico se atuviera férreamente a los hechos, lo dado, las estructuras sociales, externas al hombre, aunque producto de su interacción, coercitivas e internalizadas.” (Juan Gonzálea-Anleo, 1996: 65).

            Preocupado por el orden y la cohesión sociales, Emile Durkheim orientó sus trabajos tanto en el plano teórico como en el empírico, tratando de encontrar una solución a los problemas de la Francia de su tiempo, cimentando sobre bases científicas una moral integradora, es decir, que todos los principios, normas y valores, sean una fuente de solidaridad que contribuyan a la armonía e integración sociales. Le dio preferencia al hecho social como “una manera de pensar, de obrar y sentir, externa al individuo y dotada de un poder coercitivo que influye sobre la conciencia particular”, y trató de buscar el método de la sociología, así como el objetivo propio de esta ciencia. “Para él, uno de los principales propósitos de la sociología es estudiar la estructura de los sistemas sociales y ver cómo influyen en las conductas y sentimientos del individuo.” (Juan Gonzálea-Anleo, 1996: 90).

            Karl Emil Maximilian Weber, conocido comúnmente como Max Weber (1864-1920), fue el fundador de la sociología comprensiva, para percibir la acción social, “aquella a la que el individuo o actor social asigna sentidos subjetivos en contextos sociales específicos”, para lo cual elaboró el método comprensivo. “Weber creía que lso sociólogos tenían una ventaja sobre los científicos naturales. Esta ventaja residía en la capacidad de los sociólogos para comprender fenómenos sociales, mientras el científico natural no podía conseguir una comprensión similar del comportamiento de un átomo o de un componente químico. La palabra alemana para comprensión es verstehen. Weber le daba a este término un uso especial en sus investigaciones, lo que hacía de él una de sus más famosas, y sin duda la más controvertida, de sus aportaciones a la metodología de la sociología contemporánea.” (George Ritzer, 2001: 267).

            A esta escuela también pertenece Vilfredo Pareto (1848-1923), antecesor del funcionalismo que presentó su teoría en donde concibe la sociedad como un sistema de fuerzas en equilibrio, a las que llamó residuos “que son las manifestaciones de los sentimientos o instintos, muy similares a las «manifestaciones de voluntad» de Nietzsche. Allport las asimila a los motivos reales de los hombres, que originan la acción social o conducta no lógica. A las justificaciones de estas acciones Pareto las llama derivaciones, que se corresponden en líneas generales a las ideologías, o, según Allport, a los motivos ficticios. Los residuos (6 tipos) y las derivaciones (4 tipos) sirven para explicar situaciones concretas y fenómenos o acontecimientos históricos muy diversos”. Pareto desarrolló el método cuantitativo y es “uno de los fundadores de la moderna teoría económica matemática y uno de los primeros teóricos de la economía del bienestar”.

            Otros sociólogos de esta escuela son: Marcel Mauss (1872-1950), sobrino y discípulo de Durkheim, se especializó en el estudio de los fenómenos religiosos con su eje central de la oposición sagrado/profano, además de su trabajo sobre el «don» como fenómeno social; Lucien Lévy-Bruhl (1857-1939), quien insistió en la no universalidad del pensamiento y la diferencia entre las distintas mentalidades, lo que “influyó en los posteriores autores de la fenomenología y el estructuralismo, y en los psicoanalistas jungianos”; Maurice Halbwachs (1877-1945), quien completó la teoría de Durkheim sobre el suicidio, al añadir las causas individuales, y Marcel Granet (1884-1940), discípulo de Durkheim que fue uno de los primeros en llevar los métodos de estudio sociológicos a China.

  

SOCIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA

 

            A finales del siglo XIX, el auge de la sociología fue tan grande que fue incorporada a los estudios y programas universitarios, a la vez que se institucionalizó en asociaciones y organismos promotores de estudios e investigaciones. Las universidades de Chicago, con Albion Woodbury Small (1854-1926) como catedrático, y la de Columbia, con Franklin Giddings (1855-1931), en Nueva York, Estados Unidos de América, fueron las primeras en establecer su enseñanza oficial, pero en pocos años se generalizó en colegios y escuelas agrícolas, pasando luego a universidades de Europa, especialmente en Francia, Inglaterra e Italia. A pesar que a principios del siglo XX, la Primera Guerra Mundial interrumpió esta difusión, esta provocó que eminentes sociólogos emigraran a otros países, tal fue el caso de Pitirim Alexandrovich Sorokin (1889-1968) y Nicholas Timasheff (1886-1970), quienes viajaron a Estados Unidos de América y Georges Gurvitch (1894-1965) a Francia, emigración que vino a completarse tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la mayoría de los integrantes de la Escuela de Frankfurt, encabezados por Max Hortkheimer (1895-1973) y Theodor-Wiesengrund Adorno (1903-1969), viajaron a radicarse a los Estados Unidos de América.

            La Segunda Guerra Mundial vino a transformar la sociología, pues impulsó diversos tipos de estudios e investigaciones de carácter sociológico, cuyos resultados hicieron aun más popular esta ciencia y “aportaron nuevos desarrollo en técnicas de investigación, teoría de los grupos pequeños y de los grupos de referencia, socialización de los adultos, influencia de los medios y de la propaganda, etc.” Juan Gonzálea-Anleo (1996: 68), sobre este periodo, indica: “Mientras duraron las hostilidades y en el periodo siguiente se realizaron estudios sobre las actitudes y la moral de los soldados americano (Stouffer, 1949), sobre el carácter nacional japonés, sus contradicciones y el sistema de valores subyacente (Ruth Benedict, 1947), sobre el mismo tema, pero en relación con los norteamericanos (Gorer, 1948 y Margaret Mead, 1942), sobre el pueblo ruso (Gorer y Rickman, 1949), sobre los prisioneros de guerra alemanes y la relación entre la estructura de personalidad del pueblo alemán, la ideología nazi y el factor o síndrome F de fanatismo (Dicks, 1942-1946 y Adorno).”

            El resultado fue, que de forma genérica, la ciencia que se desarrolló después de la Segunda guerra Mundial o sociología contemporánea, se dirigió a dos grandes campos: Microsociología y Microsociología. La primera, “preocupada por construir una teoría sociológica o «cuerpo único de razonamiento teórico-sistemático» (Parsons), por los problemas del cambio y del conflicto, por los diferentes tipos de sociedad, y por desarrollo de las grandes instituciones (familia, política, religión, educación…), y la segunda, orientó su interés hacia las organizaciones, los roles, los grupos y las pequeñas comunidades. (Juan Gonzálea-Anleo, 1996: 69).

            “A pesar de que las grandes síntesis teóricas de la sociología clásica (Marx, Durkheim, Weber) se habían originado como esfuerzos por superar esa dicotomía, en las décadas que siguieron a la II Guerra Mundial el panorama teórico está dominado por el antagonismo entre una corriente macrosociológica (estructural-funcionalismo, marxismo, teorías del conflicto y teoría crítica) y una corriente microsociológica (interaccionismo simbólico, etnometodología, teoría del intercambio). Más recientemente, las propuestas que hacen énfasis en la superación de esa dicotomía parecen haber vuelto a tener una presencia destacada en el escenario teórico. Esa es una de las orientaciones centrales de teoría de la estructuración de A. Guiddens, o de las propuestas de J. Coleman dentro de la teoría de la acción racional o de P Blau dentro de la teoría del intercambio”. (Salvador Giner, Emilio Lamo de Esinosa, Cristóbal torres, 1998: 444).

            1) Macrosociología: es el “enfoque o análisis sociológico que se ocupa de los procesos sociales que operan a largo plazo y de las unidades (grupos, organizaciones, instituciones), estructuras y sistemas sociales de gran escala”, es decir, se considera que tiene como “objeto genérico las sociedades totales y sus cambios, así como los complejos institucionales, todo ello a gran escala, en la línea de la sociología de Comte, Marx y Tocqueville”. En general el análisis macrosociológico estudia los procesos como la evolución sociocultural de las sociedades humanas, las revoluciones sociales, la industrialización, la urbanización, unidades sociales como los sindicatos, una nación, la estratificación social, las relaciones entre la familia, el sistema político, y el sistema educativo, análisis comparativos de estructuras o procesos sociales en diferentes ámbitos territoriales.

            Los primeros sociólogos en iniciar estudios macrosoiológicos fueron Oswald Spengler (1880-1936), su libro La decadencia de Occidente tuvo una enorme repercusión en toda Europa, Arnold Toynbee (1869-1975), con su obra Estudio de la historia intentó encontrar en la historia grandes regularidades que se repiten, y Pitirim A. Sorokin (1889-1969),  sus estudios fueron sobre el cambio social y el papel que cumplen la revolución y las guerras. Los tres presentaron sus teorías sobre el cambio, marcadas por el evolucionismo y la idea del progreso lineal y desarrollan en sus obras teorías cíclicas basadas en el pensamiento griego antiguo y en la obra de Giambattista Vico (1668-1744). “No existe una civilización o una cultura de carácter unitario, sino grandes culturas o culturas mundiales, que siguen un proceso de nacimiento, decadencia y muerte.

            Otros sociólogos que hicieron trabajos en este campo son: Alfred Lewis Kroeber (1876-1960), hizo sus estudios sobre el cambio en las grandes culturas, ya que el contacto entre ellas desencadena un proceso complejo que produce una metamorfosis en ellas; Alfred Weber (1868-1958), un poco menos conocido que su hermano Max, pero en sociología ocupó un lugar destacado, ya que aportó su teoría sobre los asentamientos industriales y su visión histórica de la sociología en la cultura; Alfred Vierkandt (1867-1953),, quien hizo una interpretación fenomenológica de la tipología de Tönnies; Leopold Von Wiese (1876-1969), quien introdujo la enseñanza sistemática de la sociología en las universidades de Alemania, esforzándose por la investigación y la organización académica; William F. Ogburn (1886-1959), sus estudios los hizo sobre el retraso cultural y se le considera precursor del interaccionismo simbólico, y D. Martindale, sus estudios fueron sobre cinco casos históricos de periodo 900-200 a. C.

            Juan Gonzálea-Anleo (1996: 70), indica: “El núcleo duro de la macrosociología lo constituye el intento del socióloo americano Talcote Parsons de construir una teoría totalizadora de la sociedad, inspirada en un análisis de convergencia de las obras de Marshall, Pareto, Durkheim, Weber, el antropólogo Radcliffe-Brown y Freud. Al no citar a Marx, Parsons creó involuntariamente una polémica bastante estéril entre los sociólogos parsonianos, agrupados bajo la bandera del orden y la cohesión (los funcionalistas, término a veces empleado con connotaciones peyorativas) y los sociólogos marxistas, congregados bajo la bandera del conflicto. La polarización entre estas dos corrientes justifica el tratamiento extenso del funcionalismo en este apartado

            »La aportación de Parsons a la macrosociología arranca del problema hobbesiano del orden social: ¿Cómo es posible el orden? La respuesta, compleja, algo abstrusa y polemizada, tiene un mérito especial: Parsons, por primera vez en la historia de la sociología, pretende renunciar a la utilización de conceptos e ideas de origen filosófico, biológico o físico, y rechaza toda tentación de organicismo. Su análisis es plenamente sociológico.” Dentro de la sociología Contemporánea, se han investigado otros temas macrosociológicos: se han hecho estudios sobre sociedades globales, la estratificación social, sociología política, sociología de la religión, la familia, la educación, la sociedad juvenil,, las instituciones jurídicas, sociología urbana, y la sociedad de las masas.

            Entre los principales estudios realizados sobre sociedades globales, están: Werner Sombart (1863-1941) hizo su monumental estudio sobre la sociedad capitalista, la que él concebía como un sistema económico dividido en tres etapas coincidentes con la juventud, madurez y vejez; R. H. Tawney sobre la religión y la emergencia del capitalismo; Joseph A. Schumpeter (1883-1950), sobre transformaciones previsibles de la sociedad capitalista; Karl  Wittfogel (1896- ), hizo un estudio sobre el despotismo industrial que lo presentó en su obra Despotismo oriental (1957) y el de M. Block sobre la sociedad feudal.

            Los estudios sobre la estratificación social como fenómeno de las sociedades modernas: Kingsley Davis, desde una perspectiva funcionalista; Warner, sobre clases sociales siguiendo a Max Weber; y otros sobre el análisis de la movilidad social, por Boudon, Sorokin, Lipset, Lockwood y Goldthorpe.

             Estudios sobre sociología política, dedicados: a países subdesarrollados —D. Alter, sobre la República de Ghana, y Coleman sobre diversos cambios sociales en Asia, África e Iberoamérica—; a los sistemas políticos desde la perspectiva funcionalista (Coleman y Easton); la política y la sociedad de masas (Kornhauser) y la transición de socrática de los países autoritarios o dictatoriales de Juan J Linz.

            “La sociología de la religión, inspirada en los grandes trabajos de Durkheim, Weber, Mauss y Troeltsch, ha sido continuada, a un nivel más bajo, por Niebuhr, consu estudio sobre las fuentes democráticas del denominacionalismo americano; B. Wilson con un estudio comparativo sobre las sectas; Le Bras y Boulard, en Francia, en una línea descriptiva que ha tenido múltiples imitadores en muchos países, España entre ellos; W. Herberg, N. J. Demerath y G. Lenski, norteamericanos, con diversos estudios sobre la religión de su país; E. Pin, francés, sobre la religiosidad diferencial de las clases sociales en una parroquia francesa de Lyon; y finalmente, W. Stara, con una obra monumental de sociología histórica sobre las formas sociales de la religión cristiana.” (Juan Gonzálea-Anleo, 1996: 72)

            Los estudios sobre la familia se han dirigido hacia las clases media y alta en su entorno normal. Entre los principales trabajos realizados en este campo, están los de R. Firth sobre las familias de Londres; el de W. Goode sobre el divorcio; el de R. F. Bales y Talcot Parsons sobre la estructura de la familia y los roles desencadenados por sus miembros; el de H. Schelsky sobre la familia alemana.

            “Otros estudios de interés, referentes a las grandes instituciones de la vida social, han sido los dedicados a la educación, muy orientados a problemas de organización de la escuela e influencia de la clase social en el rendimiento escolar; a la sociedad juvenil (Coleman); a las instituciones jurídicas (E. Ehrlich, con su trabajo sobre los fundamentos de la sociología del derecho); a la sociología urbana (H. Pirenne y Dickinson); a la sociedad de masas (Riesman, con su muy conocido libro La muchedumbre solitaria, y A. Kornhauser, ya citado anteriormente, por su aportación a la sociología política).” (Juan Gonzálea-Anleo, 1996: 72).

            2) Microsociología: los estudios realizados dentro de esta rama sociológica, están dirigidos a aspectos limitados de la interacción social, estudios de pequeña escala, son las normas particulares que rigen la interacción en sectores de la sociedad, el análisis de las relaciones de tipo primario, las organizaciones concretas, los grupos pequeños en su funcionamiento interno y las pequeñas comunidades, y las interacciones entre individuos.

            La organización formal, entendida como la ordenación de individuos con objetivos específicos y con una estructura estable, ha sido objeto de numerosos estudios, inspirados más o menos directamente en los análisis weberianos sobre la burocracia. En este campo destacan los trabajos de Barnard (1950) sobre las funciones del ejecutivo; el estudio de Herbert H. Simon (1960) sobre los procesos implicados en la toma de decisiones; la aplicación de las teorías George Caspar Homans sobre el intercambio en la vida social al análisis de las organizaciones (Peter M. Blau, 1964); el esquema A-G-I-L de Parsons como modelo conceptual para el estudio de la organización

            Sobre el estudio de los roles o papeles sociales, George Herbert Mead ha hecho análisis de psicología social sobre la formación de la persona social. Los grupos pequeños han sido objeto de una doble atención: unos han estudiado su funcionamiento y otros  que han profundizado en su estructura y funcionamiento. Muchos sociólogos han hecho estudios sobre pequeñas comunidades locales.

 

SOCIOLOGÍA DE HOY

 

            En las últimas décadas, la sociología aplicada es la que ha tenido un auge en numerosos campos, por lo que se han realizado estudios sociológicos de audiencia o de opinión pública, investigaciones de mercado, de sociología electoral, de sociología de los medios de comunicación, etc., investigaciones que son de alto interés económico que se aproximan más a la ingeniería social o al suministro de información para tomar decisiones y acciones posteriores de política social o estrategias partidistas electoreras, que a una investigación sociológica.

            Se han realizado numerosos intentos para clasificar las actuales orientaciones de la sociología que hoy se hace en el mundo, sin que se logren aclarar las tendencias, pues, a pesar de que se sigue con las tendencias del legado clásico, hay una gran demanda de trabajos en todos los niveles de la iniciativa privada. En la actualidad, la sociología toma muchas direcciones, enfoques y escuelas. Se ha propuesto varias clasificaciones, como la clasificación hecha por Wallace, la que abarca:

            Ecología, en donde se estudian el conjunto de características del entorno del hombre como factores explicativos de lo social;

            Demografía, se considera como factor explicativo de lo social al conjunto de características humanas de lo social;

            Materialismo, se consideran al conjunto de características de los participantes que no guardan relación con el sistema nervioso;

            Psicologismo, las características si guardan relación con el sistema nervioso de los participantes;

            Tecnologísmo, el factor que explica lo social es el conjunto de características del entorno generadas por lo social, no humanas.

            Estructuralismo social, teoría del intercambio y teoría del conflicto, el factor que explica lo social es el conjunto de las características son del entorno de índole humana, generadas por lo social.

            Interaccionismo simbólico: lo social está explicado por el conjunto de características generadas por lo social que afectan a los participantes y que están relacionadas con su sistema nervioso.

            Otra clasificación es la propuesta en 1979 por Burruel y Morgan con base a dos parámetros o dimensiones básicas: “una primera dimensión que distingue entre teorías preocupadas con la necesidad de orden, regulación y control en la sociedad, y teorías que encarecen la realización del potencial humano mediante cambios radicales en la sociedad, y

Una segunda dimensión en la que se contraponen las teorías que pretenden definir la sociología y el mundo social con términos empleados y elaborados por las ciencias naturales frente a las teorías que se fijan predominantemente en la naturaleza subjetiva e la vida social.”

            De estos dos parámetros, construyen cuatro paradigmas de «presupuestos básicos metateóricos», que subyacen a la base de las teorías actuales. “La matriz conseguida clasifica las escuelas en cuatro grandes orientaciones… las dos sociologías que estudian el control y la regulación: el funcionalismo (desde una perspectiva más naturalista), la sociología interpretativa (desde una perspectiva más subjetiva), y las dos sociologías orientadas al proceso de cambio exigido para la realización del hombre: el marxismo y el humanismo radical o teoría crítica.

            »Al margen de estas orientaciones, siguen proliferando los estudios sobre problemas urbanísticos, cambios en los sistemas educativos, nuevas formas de organización empresarial, actitudes y comportamientos políticos y religiosos, etc.

            La sociología de nuestro tiempo, abierta a la pluralidad de intereses y orientaciones me han sido descritas, no debe ni puede renunciar a su rigor científico, a su independencia intelectual y a su carácter profesional, pero tampoco puede renunciar a una tarea fundamental de todo saber social, tarea que Faris formuló concientemente con estas palabras: «reducir algunas de las fuentes de infelicidad del hombre sobre las que no existe controversia alguna».”

            En las últimas tres décadas la discusión teórica de la sociología ha sido encabezada por Pierre Bourdieu, sociólogo y antropólogo francés nacido en 1930 cuyas obras se han centrado en la sociedad francesa; Jünger Habermans, sociólogo alemán representante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt que presentó su obra Teoría de la acción comunicativa (1981), que es “la piedra angular de una teoría de la sociedad que se esfuerza en demostrar la racionalidad de sus propios criterios”; Niklas Luhmann, sociólogo alemán que fue alumno de Talcott Parsons, quien ha presentado un nuevo paradigma teórico revisando la teoría sociológica tradicional, y Anthony Giddens, sociólogo británico nacido en 1938 y “uno de los más prominentes contribuidores del campo de la sociología”, quien actualmente es reconocido por su teoría de la estructuración y por su intento de renovar la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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