“Análisis comparativo al estudio de la filosofía de la religión

desde Søren Kierkegaard y Gianni Vattimo” 
Parte III

José Carlos Argueta

 

V. Gianni Vattimo

 

Nació en Turín en 1936 dónde inició sus estudios en el campo filosófico para luego continuarlos en la Universidad de Heidelberg teniendo la oportunidad de formarse con las enseñanzas y experiencias recíprocas de H.G. Gadamer, Luigi Pareyson y K. Loewith. En su postura propia y elaboración como autor Vattimo mantiene y sostiene una preferencia por el pensamiento de Martin Heidegger y Friedrich Nietzsche, siendo autores a los cuales recurre constantemente en su reflexión.

 

En el presente trabajo se tomarán en cuenta sus obras publicadas a partir de la segunda década de los años noventa, ya que en ellas se muestra un interés céntrico en los estudios del filósofo italiano, este interés ha sido por las cuestiones de la fe y de la religión, la realidad actual de la laicidad así como el papel de las instituciones religiosas. Dichas obras son una exploración a través de las reformas, cambios y distorsiones de la actual “fe posmoderna”, un fenómeno activo y presente en las sociedades de hoy, que ha sido objeto de análisis principalmente en identificar como y cuando se ha dado este proceso de transformación en un campo sumamente tradicional como lo es la religión católica/cristiana.

 

Sus argumentos están relacionados a la temática ineludible del terrorismo, fanatismo, política y cultura en su naturaleza general; bajo el lente religioso. Blanco en su investigación La ética de la interpretación de Gianni Vattimo en el contexto de la posmodernidad (2005) haría mención de este período en el filósofo.

 

En estas obras Vattimo empuja su propia reflexión filosófica hacia los terrenos de la    religión, e interpreta el significado de la Cristiandad, a partir del término de la Encarnación de Dios, como el evento del debilitar en que Dios baja y pierde las connotaciones terribles atribuidas por las religiones primitivas, la religión natural. El mensaje cristiano de caridad, “ama al prójimo como a ti mismo”, se vuelve la base para una sociedad de la tolerancia en que la verdad se eventualiza en un momento histórico-contextual, a través del debate y las propuestas y posiciones consensuadas. (p. 26)

 

 

Si bien se hará mención de algunas obras relacionadas al tema religioso, el énfasis del presente trabajo es ubicado en el texto Creer que se cree publicado en 1996; su contenido se desenvuelve ante un retorno de Dios dentro de la cultura y la mentalidad del siglo XXI, Vattimo decide responder una pregunta crucial ¿cuál es el sentido actual de la experiencia religiosa?

 

El acercamiento a una respuesta viene condicionada por el horizonte posmetafísico, un horizonte que interpreta la encarnación de Cristo como un mensaje de secularización de lo divino; y por medio de una ontología débil se puede transcribir el mensaje cristiano dando lugar a un replanteamiento de la religión en función de la experiencia personal, porque no es posible experimentar un discurso religioso sin asumir un compromiso directo. Vattimo se considera un católico “no militante” y por lo mismo no defiende conceptos como la sacralidad y la intangibilidad de los valores, su visión que de ninguna manera es sistemática tampoco se acopla a modelos históricos determinados.

 

A Vattimo le parece importante subrayar el papel de la caridad y su alcance en nuestro tiempo. Entre sus obras relacionadas a la filosofía de la religión y su participación con otros autores, se pueden mencionar las siguientes:

 

 

Los textos comparten el hilo conductor que es precisamente el “pensamiento débil”, en oposición de cualquier pensamiento fuerte o autoritario, desde el enfoque del pensador italiano es urgente una nueva forma de entender y de vivir la religión, sólo así es posible crear las condiciones necesarias para la paz y el diálogo. Solo aceptando la disolución del fundamento, del todo y en general de cualquier metafísica tradicional, se puede liberar de la violencia y de la intolerancia en vía de otra dialogicidad, en una historia humana diferente.

 

Respecto a esto Santiago Zabala en la introducción de El futuro de la religión dice:

 

Donde quiera que haya una autoridad que, en nombre de una comunidad científica o eclesiástica, imponga como verdad objetiva, la filosofía tiene la obligación de operar en dirección contraria, para mostrar que la verdad nunca es objetividad, sino un diálogo interpersonal que tiene lugar en un leguaje compartido. Compartir un lenguaje no equivale  a compartir objetividades, sino a estar de acuerdo en algunas preferencias. (p. 25)

 

La tarea de la filosofía es entonces no la imposición de la verdad, sino la de favorecer el terreno de un consenso que pueda ser considerado verdadero con la interacción grupal.

 

Se puede preguntar cómo es posible seguir argumentando racionalmente si renunciamos a la pretensión de captar un fundamento último válido para todos más allá de las diferencias culturales. Y la respuesta puede ser: el valor universal de una afirmación se construye al construir el consenso en el diálogo, no al pretender tener derecho al consenso porque tenemos la verdad absoluta. Y un consenso dialógico se construye cuando se reconoce lo que tenemos en común como patrimonio cultural, histórico y también de adquisiciones técnico-científicas. (Después de la cristiandad, p. 13)

 

Pero esta tarea de la filosofía debe enmarcarse en una edad de la interpretación que se dirige a convertir la realidad en un mensaje a descubrir con las herramientas que se disponen en nuestro tiempo, como lo son la abundancia y saturación de información, los mass media y el fin de los meta-relatos dicho anteriormente por Lyotard. De igual manera la interpretación de los textos sagrados conlleva el despojo de su literalidad para ser abordados desde una mirada espiritual.

 

La revelación de la Escritura no reside en hacernos saber cómo somos, cómo esta hecho Dios, cuál es la naturaleza de las cosas o cuáles son las leyes de la geometría y cosas semejantes, como si pudiéramos salvarnos por el “conocimiento” de la verdad. La única verdad de la Escritura se revela como aquella que en el curso del tiempo no puede ser objeto de la desmitificación – ya que no es un enunciado experimental, lógico, ni metafísico, sino una apelación práctica – es la verdad del amor, de la caritas. (El futuro de la religión, p. 75)

 

5.1 Creer que se cree

Entonces se puede hablar de verdad como una experiencia comunitaria donde esta  acontece como construcción social, una horizontveschmelzung o fusión de horizontes así entendida previamente por Gadamer. La verdad comunitaria del cristianismo debe ser entendida como un mensaje histórico de salvación que supera los hechos a través de los siglos para llegar a convertirse en confianza sobre la palabra; la edad de la interpretación es para Vattimo el momento justo para estar a la “escucha atenta” del mensaje cristiano.

 

¿Por qué hablar de fe? El filósofo italiano empieza la elaboración de su texto a partir del reconocimiento de una necesidad, de volver a escribir y hablar sobre fe y religión;  el interés no es solamente de carácter personal sino que también viene dado por la cultura que lo rodea. Vattimo desarrolla su discurso alrededor del “volver a creer”.

 

 

“Volver a creer” supone una pérdida, una carencia de aquello que se poseía, es necesario pues replantear la cuestión y replantear se entiende como “retorno”, retornar exige y asume una relación al pasado de la cuál no es posible desligarse.

 

Se trata de aquello que Benedetto Croce quería expresar cuando escribía que “no podemos no decirnos cristianos”. Quizá la expresión deba tomarse literalmente, subrayando el “decirnos”, pues apenas tratamos de dar cuenta de nuestra condición existencial, que ya no es ni genérica  ni metafísica, sino siempre histórica y concreta, descubrimos que no podemos situarnos fuera de la tradición abierta por el anuncio de Cristo. (El futuro de la religión, p. 80)

 

Dicha recuperación se enfoca precisamente a la relación con lo sagrado y en volver a los cuestionamientos de los sentidos últimos, que en la actualidad se tachan de haber sido superados, olvidados o negados; Vattimo señala el papel fundamental que ha tenido el fenómeno de la secularización entendida como el alejamiento del núcleo de lo sagrado dando paso a una religión mundanizada, decaída, distorsionada y reducida. Pero aún latente. Un primer paso hacia un replanteamiento de la religión es reconocer que tal relación ha sido una relación deyecta, entonces, el ejercicio de rememorar puede ser considerado como un punto de inicio en la nueva experiencia religiosa que se proyecta.

 

 

Pero ¿cómo es que retorna el fenómeno religioso en la actualidad?

 

El retorno del interés al respecto de la religión puede ser dado por diversas y ya conocidas condiciones como lo son: la muerte o la fisiología de la madurez/envejecimiento dónde la esperanza hegeliana en la coincidencia de lo interno/externo no se lleva a cabo en el devenir existencial, en la vida y dónde los esfuerzos por hacer el bien deben esperar realización en otro mundo, la unión entre virtud y realidad no se completa. Pero la renuncia de la coincidencia existencia/significado no se debe únicamente a lo fisiológico, es más bien algo colectivo y ligado a momentos críticos de la historia, como por ejemplo las revoluciones, ésta ruptura se presenta así como el fracaso de proyectos, sueños, esperanzas, políticas, filosofías, etc.

 

El regreso a la fe se da en relación con la historia mundana, pero no es meramente un tránsito de las fases de la vida; aunque comparte con la fisiología del envejecimiento un elemento clave, se da en el encuentro de un límite, una derrota. Los planes terrenales al no llevarse a cabo dan como alternativa la esperanza en Dios; Dios se perfila como réplica.  Surge una nueva pregunta ¿Dios se descubre únicamente en el choque, es decir en las limitaciones de la voluntad y sus fines? Se le debe a la noción de la religión natural relacionar lo divino con lo natural, que expresaba su transcendencia como lo no racional, colocando una idea de Dios como la diferenciación total de lo humano.

 

La diferenciación radical de lo divino y lo humano puede verse menguado por el siguiente pasaje que utiliza Vattimo «Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os llamaré amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.» (Juan 15,15)

 

Pensar que el retorno de la temática religiosa es resultado de la crísis de la razón no significa que es insuperable la imagen de la transcendencia divina como potencia natural y negativa, en cuanto dichos rasgos garantizan mejor su alteridad respecto a lo simplemente “humano”.

 

Hay que remarcar dos razones más que contribuyen a la regresividad religiosa: Condiciones políticas y filosóficas.

 

 

 

La crisis y el desmentir de la verdad objetiva, así como la convicción perdida en el progreso de la razón han germinado un nuevo horizonte para la religión. Pero antes de alcanzarlo  se muestra claramente una etapa cargada de desencanto por el mundo, que, lleva eventualmente al desencanto mismo del desencanto y al proceso de desmitificación volcarse sobre si mismo.

 

Ante tales síntomas, se identifican las ideas tanto de Nietzsche como de Heidegger sobre la llegada inevitable del nihilismo que conducirían al llamado fin de la metafísica. Según Vattimo citando a Nietzsche, las verdades que se han heredado a través de los progresos de la humanidad, que son la idea de objetividad, precisión y estabilidad; son tan solo un producto de lo humano y de ninguna manera desvelan un “mundo verdadero”, la verdad es entonces solamente la consecuencia de una imposición de la voluntad de poder. En el caso de Heidegger Vattimo coloca el fin de la metafísica entendida como el final en la relación de identidad en que el sujeto relaciona ser y realidad, donde el ser se limita a lo presente, al ente.

 

El mundo como objeto medible puede terminar en una organización total, situación en la que el hombre se pierde, deviene material y solo forma parte del engranaje, un estado tecnocrático que aleja cada vez más al sujeto de un suelo firme, la ciencia describe objetos cada vez menos equiparables para la experiencia común ¿Entonces a qué se le puede llamar “realidad”?

 

Vattimo continua planteando la participación de la herencia cristiana en la vida de las personas como un hecho dinámico entre el pasado y su actualización en la vivencia existencial de los sujetos, entre sus reflexiones alcanzó una propuesta filosófica innovadora «Una idea del pensamiento más consciente de sus límites y que abandona las pretensiones de las grandes visiones metafísicas totalizantes, etc. Una teoría del debilitamiento como carácter constitutivo del ser en la época del final de la metafísica.» (p. 32) Pensamiento débil expresado en la narración de la historia del ser bajo el lente de la reducción de fuerza.

 

Entonces, ¿qué significa para el filósofo el mensaje cristiano, qué es lo que transmite?  Su mensaje es el de la secularización, debilitamiento; y dicho mensaje esta representado en la encarnación de Cristo.

 

Para Vattimo es posible plantear tentativamente una ontología del debilitamiento como  transcripción de la encarnación de Cristo que lleva eventualmente al sacrificio, acción sumamente malinterpretada desde la afirmación de que Cristo es un “cordero” que debe suplir la ofensa y los pecados de los hombres, para el filósofo la llegada de Cristo es precisamente lo contrario, es la superación del nexo entre la violencia y lo sagrado ejemplificado en la religión natural.

 

La encarnación por tanto busca superar la noción de lo sagrado en cuanto violento; la diferencia entre fe cristiana y religión se da cuando la primera sustituye la inclinación natural del hombre a pensarse a sí mismo como una criatura dependiente de Dios y por lo tanto los caracteres divinos como lo son la omnipotencia, absolutidad, transcendencia y eternidad (cuyos ejemplos abundan en los relatos vetero-testamentarios) se convierten en expresiones de lo completamente otro  respecto a lo humano, propio de las teologías naturales y de la metafísica que Vattimo se empeña en reconsiderar.

 

 

El fin de las teologías naturales y de la metafísica son exponentes tanto del término de la fuerza institucional detrás de la religión, como de la manera de vivir y pensar el regreso de una nueva forma de creer.

 

 

 

Ahora una idea central del texto se muestra, Vattimo cita «Haya pues en nosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojo a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.» (Filipenses 2,5-7)

 

La acción del “despojarse” es precisamente un abajamiento de lo divino a lo humano, es lo que en Nuevo Testamento reconoce como la kenosis de Dios. La secularización puede ser comprendida no como un alejamiento o fin del mensaje cristiano, puede ser comprendida como la realización desacralizante de lo violento, autoritario y absoluto. El pacto de Cristo con los hombres por medio de su abajamiento puede fomentar e inspirar un nuevo enfoque hacia una laicidad tanto ética como política que promueva una convivencia social de aceptación y apertura; estos cambios en el terreno social harían factible una ética “sencilla”, una ética de la no violencia «En términos más claros: la herencia cristiana que retorna en el pensamiento débil es también y sobre todo herencia del precepto cristiano de la caridad y de su rechazo a la violencia.» (p. 45)

 

La reformulación del mensaje puede ser asumida como un llamado que interpela al que escucha, que escucha dentro del círculo de la tradición teológica-natural, y que invita a un re-encuentro con el cristianismo, prognosis necesaria ante la ultimidad de los discursos “universales”.

 

Vattimo hace la salvedad y advierte que el retorno del fenómeno religioso no puede ser objetivo y plenamente dado, habla de una salvación en curso, debido a que la revelación bíblica se encuentra en desarrollo de su verdad, en promesa de la presencia y dirección del Espíritu Santo (San Juan 20,22), siendo un proceso kenotico, no es como se ha planteado anteriormente bajo en entendimiento que la secularización hace cada vez más evidente la transcendencia de Dios, dónde las expectativas humanas son “iluminadas” por un escalonamiento de lo racional.

 

El proceso kenotico debe ser entendido como un pacto de humanidad-humanizante, una coincidentia oppositorum de estados.

 

Al considerar la secularización como la esencia del cristianismo se transforma enseguida el concepto de modernidad bajo la mentalidad científico-técnica, de la cual el sujeto quiere liberarse y preservar su valor, a pesar de esto, sus medios levan al sujeto tardo-moderno a la instauración objetiva de su verdad y nuevamente a la fundamentación universal de la misma.

 

El sujeto entonces toma un papel crucial en la tardo-modernidad porque la caída del “pensamiento humanista”, que define al hombre en sus capacidades valorativas, propietarias y verificacionistas de la realidad, se desploma en la problemática de su propia disolución en la edad posmoderna; se puede llamar a esto la crisis del individuo moderno (creyente o no) en la sociedad y las masas comunicativas sin rostro. Vattimo encuentra una ventaja ante esto, ya que es un claro proceso de erosión en la estructura humana que  da fin por pasos inevitables a los conceptos de totalidad y verdad; y da cabida o justificación al vaciamiento del hombre de sus construcciones fuertes, en otras palabras una crisis que es a la vez una salvación histórico-temporal. La secularización de Vattimo no rompe con la influencia histórica del hombre, debe existir un reconocimiento franco de la propia historicidad como un compromiso reductivo del pasado, dispuesto a elaborar una vinculación comprensiva entre el pasado y el presente.

 

Lo que sabemos, pues, y lo que vemos claro con la idea de secularización como rasgo esencial de la historia de la salvación es que no podemos, y sobre todo, no debemos, dejarnos alejar de la enseñanza de Cristo por prejuicios metafísicos, sean cultivados por la mentalidad cientifista o historicista que la consideran “lógicamente” inaceptable, sean los del  autoritarismo eclesiástico que fijan de una vez por todas el sentido de la revelación en forma de mitos irracionales a los que deberíamos adherirnos en nombre de la absoluta – metafísica y violenta – transcendencia de Dios. (p. 69)

 

Se afirma por lo tanto, según Vattimo, la necesidad un proceso de desmitificación que de como resultado la elección de la fe, ya no más bajo la influencia dominante de la teología natural; podemos ver en su filosofía un trabajo mediatizado por la secularización en vias de una nueva moral religiosa y una visión menguada sobre Dios donde el fluir temporal de la historia contribuya en conducir a la humanidad por una etapa de “maduración” y des-estructuración del mensaje previo (Antiguo testamento), que no se limite a la mera lectura del mensaje y que más bien sea una actividad interpretativa.

 

 

El filósofo habla sobre el acercamiento frustrado que en un momento puede darse por parte de los sujetos al querer retomar un curso a la fe por medio de las instituciones, que insisten en una determinación rígida de su planteamiento da como resultado el alejamiento de los sujetos ya que en dichas enseñanzas no encuentran “palabras de vida eterna”, encuentran una visión cerrada de la naturaleza y de la moral humana.

 

He aquí el valor de la filosofía para un re-encuentro del cristianismo, porque en su estudio se hacen visibles las pretensiones, y los intentos fallidos a través del tiempo de incontables objetivismos, dogmas y unificaciones de cultura (principalmente la europea); dicha conciencia se muestra bajo el asombro de la realidad pluralista y tardo-industrial.

 

El cristianismo re-encontrado de Vattimo no pretende ser una respuesta definitiva o sólida, es tan solo una alternativa crítica que puede orientar en relación al mundo, un tipo de compás; la ontología del debilitamiento no conduce a una fijación porque es básicamente un compendio de despedidas sobre las estructuras fuertes, es proceso indefinido de consumación y disolución que no recae en la contradicción de la “nada plenamente realizada”, la nada concretada es un concepto erróneo que se difunde nuevamente como presencia, porque se debe recordar: ex nihilo nihil fit, nada sale de nada.

 

El nihilismo que sostiene Vattimo es un nihilismo a la manera de Nietzsche, no se debe vivir como un lamento ante la pérdida de la metafísica, debe ser vislumbrada como una oportunidad para la creatividad, interpretación y renovación del ser, nihilismo aceptado como la no complacencia y aceptación por los parámetros restrictivos de la tradición que se extiende infinitamente en la historia, porque ella misma es historia. Y si la historia es infinita, entendida como nihilización continua de lo fuerte-absoluto; entonces se puede sostener que su motor y sentido es el amor, ejemplificado por el dilige, et quod vis fac agustiniano, pilar de la secularización.

 

El criterio supremo es por lo tanto el amor, que siendo el sentido último, no es verdaderamente último en cuanto sigue siendo apertura e inclusión en constante descubrimiento; el sujeto que reflexiona la historia de la modernidad, los cambios sociales, la incidencia tecnológica, etc.; se percata de que su regreso es también un diálogo con la tradición cristiana de la cual nunca dejo de pertenecer, diálogo reconstructivo que encuentra sentido afuera de la rigidez metafísica, teológica y filosófica.

 

“Leer los signos de los tiempos” quiere decir para Vattimo el esfuerzo por entender el sentido de los textos evangélicos en un contexto presente.

 

Si Cristo desenmascara la religión natural, la secularización es una acción similar ¿pero qué pasa con el desenmascaramiento que la misma modernidad aplica a la idea de Dios, a la creación y a la dependencia divinas? Para Vattimo este desenmascaramiento únicamente autentifica o justifica la misma acción secularizante que en definitiva muestra un dios hecho carne contrario a una concepción racionalista o natural del deus ex machina absoluto y omnisciente, es concebir la posibilidad de Dios en su inserción a la realidad humana, que lucha y se esfuerza con los hombres.

 

Pero y el papel del sujeto ¿cómo se realiza? El sujeto puede partir de un punto distinto al de la verdad de la fe en su literalidad institucional, aquí el encuentro se presenta como un volver a pensar los contenidos de la revelación en términos secularizados “conformes al siglo”; el pensamiento de Vattimo no apunta una reformulación de los términos religiosos, es más bien por camino de la interpretación kenotica de la fe caritativa y en línea con la propia vida.

 

Bajo una “fe reducida”, no metafísica o natural, Dios puede ser entendido como evento y en concordancia con la historicidad vital de los hombres que es movilidad, emancipación y cambio; y no sólo expectación estática.

 

La historicidad de mi existencia es procedencia y la emancipación, o la salvación, o la redención, consiste precisamente también en el tomar en consideración este carácter eventual del ser que me pone en la situación de entrar activamente en la historia, y no de contemplar simplemente y pasivamente sus leyes necesarias. (p. 97)

 

La particularidad de la vida religiosa y su historial, que no esta ausente de errores, se mantienen a modo de “huella de procedencia” en el sujeto, no se ignoran o niegan, se apropian. Los errores cometidos en el acontecer humano dieron origen al pensamiento trágico-existencialista del siglo XX, siendo criticado por Vattimo ya que limita y determina la revelación a una idea separativa entre historia de la salvación e historia secular con un desenlace apocalíptico que se responde por la introducción totalmente otra de lo divino.

 

La idea de Dios como creador, el pecado, la necesidad del perdón, la redención, la resurrección de Cristo y la resurrección final de los hombres son elementos del cristianismo que ciertamente se muestran  paradójicos para el creyente metafísico tomista, que ha tenido que aceptar su inviabilidad racional, haciendo considerable la idea del salto como único medio hacia la total alteridad, a su vez, el salto es más indispensable mientras más se mantiene la literalidad de los textos sagrados.

 

El lector debe entonces poder diferenciar entre textos alegóricos y otros literales, deben ser interpretados. Es por esto que Vattimo no comparte la idea de un Dios totalmente otro ya que no es más que un síntoma ligado a la modernidad, a la época de la razón triunfante y al desencanto ante sus limitaciones.

 

El auge de lo secular y del “mirar debilitador” conduce al desarme de la religión y sus preceptos, pero surge un problema, la secularización sin límites podía llevar a la desaparición del carácter normativo, severo de la justicia y al final en la destrucción del sentido mismo del pecado y la realidad del mal. Vattimo responde que no, pues la norma de toda secularización es la caridad o en lenguaje ético la reducción de la violencia en todas sus formas; el mandato “no matarás” siguiendo este curso, es irreductible.

 

Ahora ¿cómo es que el creyente logra conciliar dos facetas dispares como lo son los dos rostros de lo divino? El rostro justo de Dios no puede ser separado sencillamente para mantener al amoroso y misericordioso, ambos aspectos están presentes en la escritura y el sujeto, no sin problemas, debe aceptar ambas. ¿Cómo conciliar ambos aspectos?, en Vattimo la resolución viene ofrecida en el sujeto que identifica el hecho progresivo del texto, es decir, en identificar la pervivencia los prejuicios violentos de la religión natural de fondo y en su lugar colocar la liberación caritativa que Cristo ofrece.

 

Ciertamente en el Nuevo Testamento el contenido gira menos sobre la justicia y trata más sobre la misericordia, a lo cual el enlace entre los dos rostros de Dios pueden ser un puente entre momentos diversos dentro de la historia de la salvación, dónde el concepto de “justicia divina”, familiar aún por cercanía a la religión natural, puede ser secularizado bajo el mandamiento único del amor; no son dos rostros contrapuestos de Dios, son momentos distintos en dinámica, en desarrollo. ¿Pero no es precisamente la religión también un afán de justicia, un balance a las faltas y al pecado?

 

Dios puede muy bien ser juez y, sin embargo, perdonar; éste es, en todo caso, el misterio con el que debemos contar; un misterio que, por otra parte, quizá nos resulte menos incomprensible si reconocemos que todos tenemos necesidad de perdón; no tanto o principalmente porque hayamos violado principios sagrados, metafísicamente sancionados, sino porque hemos “faltado” en relación a aquel a quien debíamos amar, tal vez al mismo Dios y el mismo prójimo, bajo cuya apariencia se nos presenta. (p. 115)

 

El sujeto para Vattimo al evitar la defensa sobre la sacralidad e intangibilidad de los valores establecidos, puede actuar como un deconstructor irónico de los órdenes históricos, guiado por la búsqueda de una sociedad caritativa donde el cristianismo re-encontrado no es una instauración rígida y punitiva, puede ser recibido en cambio como un evento, fruto de una iniciativa de la que el hombre es resultado, heredero y destinatario.

 

Entonces, en la elaboración de Vattimo  ¿Qué significa “volver a creer”? Para el filósofo es sin duda una apuesta dónde se espera vencer, pero sin certeza, libre de inmovilidad; volver a creer es en concreto esperar creer.

 

Esquema 3 y 4: Proceso y círculo argumentativo-filosófico de Vattimo,  ilustra el desarrollo teórico de las ideas a lo largo de la obra, conforme a la necesidad que halla el filósofo de hacer notar una historia en construcción permanente. 

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