AMÉRICA LATINA: LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS

Y EL TERRORISMO GLOBAL

PARTE I

Introducción general

 

 

 

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial el terrorismo ha sido la principal manifestación de violencia política en Europa Occidental; y durante la década de 2000 la respuesta estatal al terrorismo se ha materializado en intervenciones militares en Afganistán e Irak, así como en operaciones de carácter más limitado en puntos tan dispares como Somalia, Yemen o Pakistán[1].

 

El terrorismo, particularmente el terrorismo global o yihadista, ha modificado ciertos planteamientos en torno a la seguridad (y a la defensa) y generado importantes debates sobre la eficacia y actualización de los marcos jurídicos nacionales e internacionales, especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra objetivos ubicados en los Estados Unidos. A partir de aquel momento, se produjo un significativo y trascendente cambio en la percepción del terrorismo en casi todo el mundo (de forma especial del terrorismo islámico), además de la adecuación de los procedimientos, las normas, las organizaciones y en los esfuerzos en materia de seguridad, defensa e inteligencia que muchos países venían haciendo.

Desde entonces y con mucha frecuencia -diaria en ocasiones- los medios de comunicación social presentan y analizan diferentes atentados terroristas llevados a cabo sin importar en qué parte del mundo sean. Muchos países.  regiones y organizaciones, tomaron medidas y promovieron acalorados debates y discusiones políticas y sociales que se tradujeron en la adopción de normas internacionales, nacionales o regionales en materia de lucha contra el terrorismo. En otras partes del mundo, la reacción, a pesar de valorarse inicialmente de forma similar, no se reflejó, por el contrario, en los marcos jurídicos correspondientes ni en la adopción de medidas extraordinarias que permitan enfrentar realmente el problema.

En algunas zonas geográficas, donde grupos terroristas nacionales o transnacionales actuaron con anterioridad (España, Francia o Italia, por ejemplo), el cambio se produjo sobre la base de la adecuación o modificación de procedimientos que ya se estaban implementando y, aunque con resultados y velocidades distintas, el acomodamiento fue analizado y recogido por muchos estudiosos del tema[2]. Un cambio importante y posiblemente uno de los casos más significativo por la complejidad, podría ser el experimentado en el seno de la Unión Europea (UE). En otros lugares como en los Estados Unidos, las modificaciones fueron de corte más drástico y profundo. Se crearon nuevas estructuras como el Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security Department[3]) y en torno al nuevo concepto[4] se readecuaron las organizaciones de seguridad, defensa e inteligencia norteamericanas. En otras regiones, independientemente de las iniciativas que se pudieron tomar -producto del momento político y de la necesidad de crear un frente común auspiciado precisamente por los Estados Unidos y ciertos organismos internacionales,  no se avanzó sustancialmente en la temática, más allá de promover algunas declaraciones conjuntas. Se decidió, con el tiempo, que el problema del terrorismo global no debía figurar o ser incluido entre las prioridades nacionales o regionales, cuyos primeros lugares estaban ocupados por la delincuencia común, el desempleo, la discusión sobre la economía, la consolidación de los incipientes regímenes democráticos, la pobreza y un largo etcétera que incluye la salud, la educación y otros muchos. La anterior afirmación y el orden de prioridades indicado, fue recogido por diferentes analistas, incluso de países en donde el terrorismo nacional, internacional y global cometió brutales atentados. En tal sentido, es preciso destacar lo que Echeverría Jesús indica:

La escasa visibilidad que hoy tiene el terrorismo yihadista salafista en España al no atentar desde hace tiempo en nuestro suelo y en el de otros países europeos hace creer a algunos que está poco menos que vencido[5].

O este otro cometario de García Merlos:                                

La escasísima frecuencia de atentados islamistas en América Latina y la ambigüedad que se ha cernido en torno a la identidad y filiación grupal de los implicados en esos golpes ha provocado que la atención a la amenaza terrorista de esta matriz sea ciertamente limitada[6].

En resumen, pasada la coyuntura durante la cual se extendió la preocupación internacional y apaciguados los ánimos en ciertos organismos internacionales que por iniciativa de los países más afectados promovieron acuerdos, convenios y pactos, amén de la adopción de medidas comunes a todos ellos, la discusión continuó en la Unión Europea,  Estados Unidos, Canadá y Australia y en algún otro país aislado, y los resultados se reflejaron en modificaciones internas (algunas regionales), legales y organizativas de mayor o menor intensidad e importancia.

En América Latina[7], la trascendencia no pasó de la adopción de declaraciones conjuntas al respecto y todas ellas sin referencia concreta, precisamente, al terrorismo yihadista. En la región, el terrorismo se había manejado de forma “prudente” por la dificultad (interesada o conveniente) de establecer una clara frontera con los conflictos internos, conflictos armados o brotes de corte guerrillero que fueron el denominador común regional en las décadas de los 70’s y de los 80’s. Más adelante, el terrorismo se ha asociado con frecuencia (o eso se ha intentado hacer) al narcotráfico y a la actividad criminal organizada y de esa forma conjunta se maneja (o se ha pretendido manejar) el concepto, aunque nunca termina de precisarse su contenido. Hay dos países, sin embargo, que en los últimos informes sobre terrorismo y contraterrorismo del Departamento de Estado de los Estados Unidos, son señalados sistemáticamente como “patrocinadores” (sponsors) o “no cooperadores” (notcooperatingfully): Cuba y la República Bolivariana de Venezuela. Al respecto, el Country Report on Terrorism 2009indicó: “In May 2009, Venezuela was re-certified as “not cooperating fully” with U.S. antiterrorism efforts under Section 40A of the Arms Export and Control Act, as amended. Cuba continued to be listed as a state sponsor of terrorism”.[8]Algoreiteradounañodespués en idénticapublicación (2010)[9]:

In May 2010, for the fifth consecutive year, the U.S. Department of State determined that Venezuela was not cooperating fully with U.S. antiterrorism efforts pursuant to section 40A of the Arms Export Control Act.  Throughout the year, President Chavez rejected allegations that he or his government supported terrorism and instead accused the United States of sponsoring terrorism.  (…) In a July 22 special session of OAS Permanent Council, the Colombian Permanent Representative presented alleged evidence of FARC training camps in Venezuela and proposed an international verification commission to investigate the presence of FARC and ELN members in Venezuela. In response to these charges, the Venezuelan government broke diplomatic relations with Colombia, and on July 25, President Chavez denied that “a foreign paramilitary or military guerrilla force has taken over even the smallest millimeter squared of our sovereign territory.”

Y también en el mismodocumento en el año 2011: “In May, for the sixth consecutive year, the U.S. Department of State determined, pursuant to section 40A of the Arms Export Control Act, that Venezuela was not cooperating fully with U.S. antiterrorism efforts” [10].

Cada vez son más numerosas las evidencias que muestran la penetración del terrorismo islámico radical en América Latina y muchos analistas comienzan a plantear posibles escenarios de futuro que serán muy difíciles de enfrentar exitosamente, a no ser que se promueva, desde ahora, la necesidad de conocer y analizar en profundidad lo que está ocurriendo. Países con ciertas debilidades y diferentes formas de conflicto interno, parecen no prestar la suficiente y hasta necesaria atención a esta penetración y consecuentemente no emprenden acciones preventivas a lo interno ni tampoco las alientan lo suficiente en los foros internacionales a los que pertenecen, como en el caso americano lo es la Organización de los Estados Americanos (OEA). En relación con lo anterior, Farah advierte:

In order to understand the threat Hezbollah poses it is important to understand the regional context in which the group’s presence is growing. Its chief state sponsors -Iran and Syria who also are designated state sponsors of terrorism- are more than a decade into developing a range of close ties to criminalizing states in Latin America which also support violent criminal and terrorist groups[11].

La dinámica política de los países latinoamericanos pareciera avanzar en una dirección que no presta la necesaria atención (cuando no la evita) a esa amenaza que, por otra parte, lleva tiempo promoviendo y desarrollando infraestructura y generando partidarios, lo que permitirá que esté en condiciones de operar en el corto plazo. Por su parte, la OEA como organismo que aglutina a todos los países de la zona y cuenta con órganos especializados como el Comité Internacional Contra el Terrorismo -CICTE-,  tampoco termina de abordar contundentemente el tema y promover eficazmente soluciones consensuadas, además de no poder, por su propia constitución, imponer normas o procedimientos generales puesto que sus decisiones no son vinculantes para los países miembros salvo que sean tomadas por mayoría absoluta de los Estados[12] Un gran esfuerzo por promover determinadas resoluciones que no siempre son signadas por todos los países ni mucho menos tienen una proyección normativa a lo interno de los Estados, ha sido la mejor labor posible. En el  marco de estos planteamientos, surgen, naturalmente una serie de preguntas pendientes de contestar respecto al tema que se aborda:

-          ¿Hay una penetración real del terrorismo yihadista en América Latina y, de ser así, dónde está ocurriendo y qué consecuencias puede tener para la región?

-          ¿Cuál es el papel de Venezuela, y más concretamente de la administración Chávez, en la promoción y apoyo al terrorismo?

-          ¿En qué otros países latinoamericanos se ha detectado presencia terrorista y qué balance podría hacerse al respecto?

-          ¿Sobre qué definición de terrorismo se puede hacer una aproximación al estudio del problema dentro del marco general de las nuevas amenazas?

-          ¿Se está en condiciones de abordar el tema específico del terrorismo yihadista o global o por el contrario es una terminología todavía nueva, desconocida o no utilizada?

-          ¿Cuál ha sido el aporte de la OEA para contener y enfrentar exitosamente el terrorismo yihadista en la región?

-          ¿Qué trascendencia han tenido, a lo interno de cada país, las diferentes cumbres, acuerdos o declaraciones que ese organismo internacional ha promovido?

-          ¿Cuál es el papel prioritario y real del Comité Internacional Contra el Terrorismo (CICTE), dependiente de la OEA, en materia de terrorismo yihadista?

-          ¿Qué evolución interna está teniendo la OEA desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y cuál podría ser el futuro de la misma en paralelismo con la evolución geopolítica de América Latina?

Estas y otras preguntas forman parte de la investigación y se pretende buscar respuestas a las mismas, reflexionar sobre ellas y establecer las conclusiones pertinentes en orden a analizar los diferentes escenarios que se pudieran encontrar o proyectar. Para acotar el tema, se focaliza la atención en la OEA y no se consideran otros foros regionales o subregionales que pudieran abordar el tema del terrorismo de forma total o parcial, aunque en algún momento puedan ser objeto puntual de atención. Tampoco se contempla en su totalidad, el estudio del conjunto de iniciativas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) precisamente por ser un foro internacional y no ceñido, como se pretende, al subcontinente americano y sustancialmente a América Latina, aunque naturalmente se harán referencias concretas.

Este trabajo pretende centrarse en el análisis de las iniciativas regionales (circunscritas al ámbito latinoamericano), en materia de terrorismo y fundamentalmente reflexionar sobre el terrorismo yihadista y cómo la OEA ha ido abordando el problema a lo largo del tiempo en sus diferentes reuniones o en las declaraciones de sus órganos subordinados especializados en el tema. La idea general es promover un espacio de reflexión sobre si las propuestas generadas han sido suficientes y, sobre todo, si han sido adoptadas por los Estados y trasladadas a su legislación interna, además de reflexionar sobre el avance real en relación con la configuración de un marco legal suficiente y necesario para enfrentar el terrorismo global en la región.

I. Justificación de la Investigación

Se puede sustentar la justificación de la investigación en todo cuanto se ha expuesto con anterioridad.

La subregión latinoamericana parece estar voluntariamente desconectada de la problemática que rodea al terrorismo global. Esto, en un mundo globalizado y en el que la seguridad cooperativa[13] y compartida es una realidad creciente (además de las múltiples iniciativas sobre la integración comercial, política y económica), podría ser suficiente elemento de preocupación para el análisis que se pretende pero, además, se justifica porque hay bastantes indicios de que el terrorismo islámico radical está penetrando en el subcontinente y la falta de atención advertida por parte de los Estados en particular y de la OEA en general, puede representar una importante vulnerabilidad para el futuro en paz, de la región y del continente. Las lecciones aprendidas de otros países occidentales muestran que a pesar de contar con organismos específicos, marcos legales y fuerzas de seguridad dedicadas a prevenir y combatir el terrorismo, la adaptación a estos nuevos planteamientos, desafíos y forma de amenaza han tenido un alto costo en vidas humanas y recursos, lo que supone una llamada para que, cuanto antes, se preste atención a un futuro escenario complejo:

Por ello, al oportuno recordatorio de que el terrorismo relacionado con al-Qaeda está ahí y persiste debe añadirse otro mensaje. El de que, si bien se trata de una amenaza que no puede ser anulada por completo a corto plazo, es posible contenerla y aminorarla, como se ha hecho con éxito en Europa durante más de cinco años, mediante adecuadas políticas gubernamentales y una óptima cooperación intergubernamental[14].

Continuar por más tiempo desplazando el tema del terrorismo en el listado de prioridades nacionales y regionales, puede conducir a un horizonte de mediano plazo en el que se produzca una escalada de la crisis que no pueda amortiguarse, conducirse ni enfrentarse eficazmente por los correspondientes servicios de inteligencia y seguridad (o por otros organismos del Estado), al no haberse prestado por años, la necesaria atención -y ni siquiera la mínima requerida- al problema. Esta investigación pretender promover un debate sobre la necesidad de abordar el desafío que representa la lucha contra el terrorismo global y la conveniencia estratégica de hacerlo de forma conjunta y concurrente puesto que multidireccional y multifacética es la amenaza que se presenta.

No se trata únicamente de realizar o apoyar declaraciones conjuntas que más tarde no son implementadas a lo interno de cada Estado, o de solidarizarse con esta o aquella postura externada en el ámbito de reuniones multilaterales, más bien se trata de promover la búsqueda de un vector geoestratégico regional que permita abordar conjuntamente la amenaza terrorista e incluso aliente al análisis de las lecciones aprendidas en otros lugares y genere un marco eficaz de colaboración entre todos los países de la región o, si se desea, entre los de aquellas áreas geográficas que así lo consideren, por medio de alianzas binacionales o multinacionales que permitan enfrentar, cuanto antes, el desafío que se presenta.

Para sustentar lo anterior, a continuación el comentario de Reinares, quien afirma:

…, “una responsabilidad de trabajar con el Gobierno y el personal de seguridad, y una responsabilidad de construir comunidades locales fuertes y que den apoyo”. Según la estrategia canadiense contra el terrorismo, sólo si se comparten esas tareas es posible lograr una verdadera resilencia de la sociedad frente a los desafíos y los efectos de dicho fenómeno[15].

Para definir más concretamente los fines de esta investigación, podríamos resumirlos en los siguientes puntos:

1.      Evidenciar la penetración del terrorismo global (islámico radical o yihadista) en América Latina.

2.      Reflexionar sobre el marco teórico del terrorismo y sus diferentes acepciones.

3.      Analizar y comentar el papel que hasta el momento ha tenido la OEA al respecto.

4.      Observar si son eficaces (y hasta congruentes) las medidas promulgadas por la OEA en materia de terrorismo frente a la amenaza en cuestión.

5.      Describir y analizar la evolución del proceso interno de la OEA desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y particularmente en los últimos años, así como el papel de ciertos países en esta modificación o evolución del organismo internacional, siempre en consonancia con el terrorismo yihadista.

La hipótesis de partida es que “se constata la penetración del terrorismo islámico radical (yihadista o global) en América Latina a través de ciertos países que se han constituido en colaboradores eficaces para que el proceso sea posible; existe una indefinición terminológica importante y de trascendencia sobre con el terrorismo y la OEA no está ofreciendo una respuesta “suficiente” (adecuada), para enfrentar eficazmente el problema que se presenta, más bien asistimos a una cuarta etapa de dicha organización que la desdibuja y no la hace todo lo operativa que se pudiera esperar”.

Para demostrar la hipótesis planteada se analizará y argumentará sobre los indicios y pruebas existentes en torno a la penetración del terrorismo global en América Latina examinando estudios de diversos autores y de distintas fuentes de información e investigación y, sustancialmente, se estudiarán las recomendaciones, declaraciones y otras manifestaciones de la OEA, además de realizar las oportunas entrevistas a personas que ocupan puestos destacados en la organización, de forma que se pueda recopilar información y presentar aquellas ideas que sirvan para sustentar la hipótesis (o rechazarla en su caso).

II. Marco teórico referencial

Es importante (fundamental incluso) aclarar desde el principio el marco teórico sobre el que se pretende reflexionar. En gran parte de la investigación, las imprecisiones, la falta de concreción y la doble o triple interpretación posible de muchos de los conceptos que se analizan, sirven de justificación precisamente para sustentar parte del contenido de este trabajo, especialmente en lo que se refiere a un marco teórico inexistente o difuso respecto del terrorismo.

Es necesario precisar y definir qué es el terrorismo yihadista al igual que otras posibles clasificaciones como el terrorismo nacional, el transnacional, o el internacional. De no ser escrupuloso en el empleo de esos términos -o en otros que se puedan utilizar como sinónimos- estaremos refiriéndonos a conceptos distintos o susceptibles de interpretarse de diferente forma, lo que alimentará, precisamente, la hipótesis del difuso papel de la OEA en la lucha contra esta amenaza, sustancialmente por no haberse logrado, como sí ha ocurrido en otros lugares, una definición consensuada o de manera mayoritaria,  aceptada sobre lo que es terrorismo. Aun sin llegar a contar con una definición precisa del concepto, se podría elaborar (como se ha hecho en la UE y los EUA) una lista de personas y de organizaciones consideradas como terroristas, lo que permitiría inferir las características comunes que pueden tener y contar con un referente uniforme que paliaría el problema actual de la falta de consenso al respecto.

Al margen de esa necesidad de concretar el concepto -para posteriormente y partiendo del mismo, ver cómo es aceptado o atendido tanto por la OEA como por los Estados miembros que la integran- hay también otros aspectos que adolecen de la misma claridad. En muchas ocasiones, las declaraciones de los organismos multilaterales o internacionales suelen ser amplias, difusas y sujetas a diferentes interpretaciones o dejan un amplio margen para que cada Estado miembro las pueda adaptar a sus peculiaridades o momentos de oportunidad política, lo que dificulta el consenso o la uniformidad deseable para lograr una mayor eficiencia.

El análisis de los diferentes comunicados y resoluciones tanto de la OEA como de otros organismos subordinados especializados, es de esencial importancia para determinar, no sólo el contenido y su adecuación a la situación o al momento, sino también para poder analizar la reacción de los distintos Estados al firmarlos, ratificarlos, rechazarlos o incluir alguna reserva.

III. Método y fuentes

Desarrollar la investigación planteada requiere, en líneas generales, determinar de antemano una bibliografía en dos vertientes principales. La primera, relacionada con temas específicos sobre terrorismo y más concretamente sobre terrorismo islámico, además de enlazar el marco conceptual y otros aspectos derivados de los vectores de penetración en América Latina que se quieren abordar. La segunda, detectar y analizar los numerosos acuerdos tomados en el seno de la OEA, ya sea  en el Comité Internacional Contra el Terrorismo (CICTE), o en las distintas asambleas generales de la organización, así como el estudio y análisis de las declaraciones emitidas por las Naciones Unidas, por el Consejo de Seguridad o por otros organismos subregionales en materia de seguridad o incluso de integración.

Por último, el intercambio de impresiones con miembros (actuales o anteriores) de la OEA[16], aporta elementos de interés para la investigación como por ejemplo la visión de los distintos países, la evolución de la organización a lo largo del tiempo, la voluntad política de emprender acciones en una determinada dirección, las discusiones suscitadas en torno a determinados temas de interés y otros vectores de importancia para este estudio.

IV. Estructura general del trabajo

El trabajo, en esta fase de tesis, se organiza en dos capítulos medulares con una introducción general explicativa, unas conclusiones finales y un epílogo, además de los anexos ampliativos de información de interés.

El primer capítulo titulado América Latina y el terrorismo yihadista, inicia reflexionando sobre lo que se ha denominado “nuevas amenazas” (amenazas o riesgos emergentes). Tras un estudio de estas, se aborda el correspondiente marco conceptual y las distintas concepciones en relación con la definición de terrorismo (nacional, internacional, transnacional y global), así como las opiniones de diferentes instituciones, expertos y académicos, sobre la necesidad de contar con una definición, o cómo, por el contrario, los convenios internacionales al respecto pueden bastar para que cada Estado disponga de herramientas suficientes para enfrentar el desafío de la lucha contraterrorista. De igual forma se analiza el espacio geopolítico latinoamericano y se hace una breve indagación en la historia continental reciente en relación con las guerrillas y los movimientos revolucionarios.

Abordadas esas necesarias bases conceptuales, se pasa a reflexionar sobre la penetración de esa particular clase de terrorismo (yihadista) en el subcontinente americano, especialmente en Venezuela, en donde se detallan y analizan los indicios y pruebas al respecto para poder establecer, al final del mismo, que efectivamente, desde hace un corto tiempo y producto de una situación geopolítica particular, el terrorismo global ha comenzado a consolidar una suerte de infraestructura en la región que puede permitirle realizar actividades en el corto plazo, con un impacto significativo sobre la seguridad del continente. Recordemos que “la seguridad es una condición necesaria para el ejercicio de la libertad y, por tanto, indispensable para el desarrollo de las ciudadanas y los ciudadanos en una sociedad democrática. No existe democracia sin libertad, y es imposible la libertad sin seguridad” [17].

En el segundo capítulo llamado La Organización de los Estados Americanos, se hace un análisis de cómo se ha abordado el concepto “terrorismo” en el seno de esa organización, cuál ha sido la evolución discusiva, qué efecto ha tenido el proceso en los distintos países que integran la organización y cómo está finalizando lo que se ha denominado la tercera etapa de la OEA y ha comenzado una cuarta, producto de una serie de circunstancias y acontecimientos de los que el terrorismo forma parte. Se abordará el estudio de la OEA como organización, del CICTE, de otras organizaciones relacionadas, de las diferentes declaraciones, acuerdos y convenios emitido (firmados y/o ratificados) y de cómo han incidido en los marcos legales de los diferentes Estados miembros, de la evolución de la OEA, de las particulares posturas de Venezuela y Bolivia en los últimos comunicados y otros, desarrollando algunos de ellos más en detalle en los anexos correspondientes.

La primera parte aspira a configurar el marco teórico-conceptual necesario que permita no sólo definir y comprender el fenómeno que se aborda, sino servir de base para sustentar (o contraponer) los posteriores comentarios en relación a convenios, tratados y otros acuerdos. De igual forma, pretende sentar las bases -o al menos dejar suficiente constancia- de la presencia del terrorismo yihadista en América Latina. La segunda parte, analizará pormenorizadamente el papel de la OEA enlazándolo, como no podría ser de otra forma, con el más general de las Naciones Unidas y otras organizaciones que se considera que deben abordarse para completar el estudio. Las conclusiones finales resaltarán aquello que se descubra o se evidencie de la investigación que se propone y deberán responder a las preguntas principales que se han ido planteando. Y al cierre de este trabajo, un epílogo que esboza la situación geopolítica en la región, pone punto final al mismo.

V. Una última reflexión previa

De la misma forma que se reflexionó en torno al uso del vocablo América Latina en lugar de otras alternativas, parece oportuno aclarar sucintamente la denominación de “terrorismo yihadista” como sinónimo de global[18].

Muchos podrían ser los argumentos y la extensión aclaratoria, sin embargo no es motivo de este trabajo adentrase, por ahora, en esa dirección. Parece más oportuno ceñirse a la explicación y razonamiento que dan muchos autores modernos en relación a  ello, algunos de los cuales serán frecuentemente citados en el segundo capítulo de este trabajo, en concreto Reinares, De la Corte Ibáñez, entre otros.

Por ahora parecen suficientes las reflexiones que al respecto hace Jordán[19] y que se pueden ver más detalladamente en la publicación del mismo autor (junto con De la Corte Ibáñez) titulada La Yihad terrorista:

El salafismoyihadista (al que también nos referiremos simplemente como yihadismo) constituye la base doctrinal de los distintos grupos que practican este tipo de terrorismo. Entre unos y otros pueden existir notables diferencias en lo concerniente a sus objetivos (de carácter meramente nacional o en otros de alcance global) y a los medios para lograrlos; pero todos tienen en común una misma inspiración ideológica que justifica el empleo de la violencia en nombre del isla. El salafismoyihadista es una derivación perversa y minoritaria de una gran corriente doctrinal conocida como salafismo, que se caracteriza por el deseo de volver a los orígenes doctrinales de la religión y al modo de vida de los primeros musulmanes, purificando el islam de las creencias y prácticas desviadas que lo han ido contaminando tras siglos de historia. El salafismo no es un fenómeno homogéneo y dentro de él existen diversas interpretaciones sobre cómo llevar a cabo dicha “vuelta a los orígenes”.

…., los partidarios actuales de la yihad global promueven su empleo contra el “enemigo lejano”, es decir Occidente y más en concreto Estados Unidos sin cuya derrota previa será imposible frenar las agresiones contra el islam y alcanzar la unión política de todos los musulmanes en un nuevo califato.

El salafismoyihadista, y particularmente el yihadismo global, se ha convertido en una ideología que trasciende conflictos y fronteras, y que fortalece la cooperación entre redes radicales con agendas políticas independientes, dispersas a lo largo y ancho del planeta[20].

En otra publicación, el mismo autor indica en relación con el tema, lo siguiente:

El yihadismo global es una corriente encuadrada en el islamismo radical que persigue un doble objetivo: a) Unificar la comunidad de creyentes musulmanes en un nuevo califato que abarque los territorios que en algún momento de la historia han estado bajo el control político del islam; y b) Evitar la injerencia de los países occidentales en los asuntos islámicos. El yihadismo global aspita a alterar las relaciones de poder en regiones enteras del planeta; lo cual le diferencia de las organizaciones y movimientos con una agenda de carácter nacional, como es el caso, por ejemplo, de Hamas, Hizbollah, o (l) a de grupos insurgentes iraquíes de inspiración islamista como el ejército Islámico de Irak, antagonista de Al Qaida en Irak[21].

Se considera adecuado -aunque no se discuta en este momento- presentar el contrapunto a lo anterior que se podría encadenar con las opiniones del profesor Smith, quien presumiblemente discutiría o hasta se opondría a la similitud que hacen aquellos otros autores:

- Si se extiende este principio de justicia a la vida colectiva se tiene de inmediato el jihad, el concepto musulmán de la guerra santa en la cual los mátires que mueren se aseguran el cielo.

- El jihad, dicen, ilustra el caso….., (a) literalmente, jihad significa esfuerzo, pero dado que la guerra requiere un esfuerzo excepcional, por extensión, la palabra se asocia con la guerra;

- …, Mahoma observó: “Hemos regresado del jihad menor para enfrentarnos al jihad mayor”, es decir, para batallar con el mal que llevamos dentro[22].

Cerramos con las apreciaciones de  Izquierdo Juárez como prologista de un trabajo de García Merlos en relación con el terrorismo yihadista y puede servir incluso para justificar esta investigación:

El terrorismo yihadista se ha convertido en una de las grandes amenazas para las sociedades democráticas en el siglo XXI.

Muy poco se ha escrito sobre la Yihad en América Latina. Nos encontramos con una campo que exige su exploración[23].


 

 

 

 

 

CAPÍTULO I:

América Latina y el terrorismo yihadista

 

 

 

1. Introducción

América Latina no ha sentido hasta la fecha el impacto de acciones continuadas del terrorismo global[24]. Sin embargo, se han presentado desde hace tiempo, un conjunto de atentados terroristas que hay que tener presentes en el momento de analizar el panorama general hemisférico. Hay una acertada percepción de que la mayoría de los atentados terroristas se llevan a cabo “lejos” del continente americano, lo que se corresponde con una realidad que recoge Reinares:

A este respecto, llama en primer lugar la atención que entre el 87,6% y el 90,1% de los atentados contabilizados mensualmente a lo largo y ancho del planeta en los cuatro aludidos meses de 2011 [se refiere a los meses de Enero, Abril, Julio y Octubre] se hayan producido en regiones que incluyen al conjunto del mundo islámico….[25]

En el continente americano se contabilizan principalmente en los últimos años, los acontecidos en Colombia, donde las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por se primera vez que se menciona “hace años introdujeron tácticas de terrorismo en su repertorio de violencia y en la actualidad ejecutan entre el 75% y el 96% del total de atentados que, con finalidad política, ocurren mensualmente en la región”[26].

Las noticias que diariamente difunden los medios de comunicación sobre atentados terroristas, se circunscriben a lugares lejanos y conflictivos en el Medio o Lejano Oriente y no todos los medios regionales se hacen eco de las mismas. Es como si esa criminal realidad no existiera para muchos ciudadanos latinoamericanos, sumidos en problemas más domésticos como el desempleo, la inseguridad o la falta de desarrollo, cuando no la implementación de la democracia o la consolidación de la misma. De hecho, la mayoría de los informes regionales se centran en destacar aspectos como los índices de libertad, de inseguridad, de falta de consolidación de las instituciones que sustentan el moderno concepto de democracia y otros, y difícilmente incluyen datos sobre terrorismo. En relación con el preocupante tema de la inseguridad y de la violencia[27], Hakim y Covington[28] señalan:

Cinco naciones de América Latina y el Caribe (El Salvador, Venezuela, Jamaica, Guatemala y Honduras) se encuentran entre los países más violentos del mundo, con tasas de homicidios superiores a 40 por cada 100.000 habitantes, en comparación con una incidencia inferior a 6 por cada 100.000 habitantes en Estados Unidos, 3 en Europa y 2 en China.

A fin de cuentas, la violencia, producto de la delincuencia doméstica[29] y del transnacional crimen organizado, impacta diariamente más en la percepción (y en la realidad) del ciudadano latinoamericano y sitúa la problemática como la principal amenaza a enfrentar por los gobiernos de turno, quienes a consecuencia de ello sufren un desgaste político importante y el país, elevados costos económicos, a la vez que crea (o facilita) espacios y condiciones para que el terrorismo yihadista pueda penetrar y consolidarse:

Además, la delincuencia y la violencia conllevan un alto costo en varios otros aspectos.  La cuantificación de estos costos es difícil e imprecisa; sin embargo, las estimaciones apuntan a una cifra superior al 12% del PIB anual para algunos países y superior al 5% para la mayor parte de la región.  Entre los costos directos se incluye la carga que representan las lesiones y muertes prematuras para los sistemas de salud, el gasto gubernamental en las fuerzas policiales, los tribunales de justicia, las cárceles y otras medidas de seguridad; en el sector privado, los costos incluyen las pérdidas de patrimonio y los gastos adicionales en seguridad.

Los costos indirectos podrían ser incluso mayores.  La inseguridad asociada a los altos niveles de actividad criminal genera recelo en los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, y suele ahuyentar a los turistas.  La delincuencia y la violencia, como asimismo la corrupción que casi siempre las acompañan, generan desconfianza entre las personas y entre los ciudadanos y el Estado, llegando, en algunos casos a desacreditar a las instituciones políticas y sociales esenciales para una gobernabilidad efectiva, con el riesgo de socavar el apoyo a la democracia.  La delincuencia y la violencia tienden a golpear más duramente a los pobres, quienes carecen de los recursos necesarios tanto para protegerse como para recuperarse con rapidez de las pérdidas que sufren[30].

Además de esa violencia, hay suficientes indicios que permiten afirmar que se está generando toda una estrategia de penetración del terrorismo en el continente. A través de Venezuela y Cuba -y ahora con una red mayor conformada por los países que forman la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA[31])- se comenzó hace algún tiempo a conformar un espacio económico, político y de activismo que comienza a revelarse preocupante[32].

 

 

En palabras de Chaya:

No hay que descartar que el radicalismo islamista logre asentarse y ganar la mente y la voluntad de muchos en América Latina. De hecho, es la preocupación de no pocos colegas latinoamericanos, como muy bien lo ha expresado en sus recientes columnas la periodista venezolana Eleonora Bruzual y otros analistas políticos regionales que han hablado sobre el tema.

Tal vez el islamismo radical tenga éxito en afincarse temporalmente a nivel regional si los gobiernos y la clase política latinoamericana no entiende el problema, pues sin comprender el significado de aquello con lo que debe lidiar no podrá resolver tan importantes asuntos hemisféricos, entonces sí, el radicalismo militante será capaz de evolucionar y así sumará problemas más profundos a los ya existentes en diversas áreas del continente Latinoamericano[33].

Las frecuentes visitas de autoridades iraníes (especialmente de su presidente) tanto a Venezuela como a otros países del entorno, las declaraciones de los presidentes Chávez y Ortega en relación con el uso que promueve Irán de la energía nuclear, la condena sistemática a las políticas de Estados Unidos para con la región y en relación con Oriente Medio y las millonarias inversiones en proyectos mixtos relacionados con la extracción y el refinado de petróleo, pero también con la adquisición de armas y el desarrollo de la energía nuclear -entre otros-, conforman un espacio de reflexión donde el terrorismo yihadista, como una amenaza importada -y ya importante-, debe ser un elemento de atención prioritaria para las agencias de inteligencia.

El riesgo de no prestar la necesaria atención[34] supone dejar pasar la oportunidad de generar una estrategia preventiva y conjunta que impida el establecimiento y desarrollo de estos grupos en el continente y continuar obviando la necesidad de realizar los análisis que permitan adoptar las decisiones políticas más adecuadas para confrontar el problema. Recordemos que: “…, tarde o temprano cualquier democracia debería someter al juicio de la opinión pública sus decisiones en materia antiterrorista, lo que a su vez debería obligar a las democráticas a reunir razones suficientes para justificar dichas decisiones”[35].

No abordar el problema no significa que no exista, por lo que conviene tener presente las afirmaciones de algunos analistas como Campins Solana:

Va tomando cuerpo la posibilidad de que se produzca otro atentado a gran escala, y la política laxa para con los terroristas no va a evitar en absoluto, sino todo lo contrario, que esta pesadilla siga creciendo y que, al final, los inocentes sean las víctimas más castigadas por el terrorismo.

Desgraciadamente, un ataque terrorista asimétrico, usando bombas sucias o radiológicas, es una amenaza muy real, y la mejor defensa es la prevención y la intervención adecuada antes de que seamos sometidos a esta acción tan criminal[36].

O como Chaya explica:

La escasa comprensión y la forma en que se aborda el problema sobre el fenómeno del terrorismo yihadista por parte de algunos gobiernos latinoamericanos es básicamente incorrecta y ello se debe, definitivamente, al desconocimiento político-regional sobre elfenómeno de la yihad global y por tanto al desconocimiento del problema que da lugar al fenómeno en cuestión.

Los gobiernos latinoamericanos deben reconocer en primer lugar que no pueden volver atrás, aunque deben reexaminar sus políticas en relación a este fenómeno y estar preparados de cara al futuro fortalecidos en sus instituciones democráticas y las leyes. Esta confrontación es una guerra que va a durar décadas.

El mayor error de los gobiernos latinoamericanos en esta materia es no reconocer que sus países han sido designados como campo de batalla global, aunque es cierto también, que de momento Latinoamérica no es para la yihad una fábrica que produzca activamente.

Los yihadistas no son una reacción determinada ante un punto de controversia, por el contrario, son una fuerza de combate “ideológico-militar” con una visión del mundo a la que aplican sus estrategias fundadas en la teocracia que sostienen a partir de una severa y perjudicial distorsión del islam.

Las elites políticas latinoamericanas, interesadas en preservar sus países de esta problemática deben responder con medidas concretas y políticas adecuadas para proteger sus intereses nacionales y sus ciudadanos dentro del marco institucional legal y con las herramientas que las instituciones democráticas ofrecen, pero para ello debe haber concientización respecto de cual es el problema para luego abordarlo en consecuencia y con éxito[37].

La mayor dificultad que se puede encontrar para abordar un tema de forma concurrente es, casi sin duda, la falta de definición o concreción de aquello que se desea tratar. Entendidas las cosas de forma distinta por dos o más interlocutores es imposible llegar a acuerdos y debatir o buscar soluciones a un problema que se comprende o interpreta de forma diferente.

En esta línea de “indefinición” -o de falta de definición concreta- se sitúan principalmente ciertos temas que a continuación se abordan, como lo son las nuevas amenazas y el terrorismo. En relación con las primeras, se han denominado de distinta forma e incluido dentro de las mismas, aspectos tan diferentes como el tráfico de armas o las producidas por el cambio climático. Respecto del segundo, se ha utilizado el término “terrorismo” para designar actuaciones concretas, referirse a movimientos de liberación nacional, a guerrillas, emplearlo conjuntamente o asociado con otras actividades, como el narcotráfico o el crimen organizado (más adelante se comentarán estos aspectos) o establecer diferencias conceptuales entre terrorismo nacional, internacional y otros. Algunos autores han precisado la diferencia entre conceptos utilizados como sinónimos:

One important conceptual clarification that needs to be made before proceeding with this analysis refers to the differences between guerrilla actions and terrorism. This issue is particularly relevant in the Latin American context, for guerrilla movements in this región have often relied on terrorism as a strategy to advance their goals. There is a common perception that the difference between terrorism and guerrilla warfare is determined by the nature of their victims: whereas terrorism is conducted against innocent civilians, guerrilla attacks are only perpetrated against military targets. This reasoning, however, is mistaken for terrorist organizations commonly attack military objectives while, conversely, guerrillas often engage in terrorist activity aimed at nonmilitary targets[38].

Esa asociación no siempre ha sido bien vista por muchos países que han preferido desligar terrorismo de, por ejemplo, narcotráfico o crimen organizado, quizá con la intención de evitar que esa percepción de “unión” entre formas criminales pudiera servir como medio de presión (o de actuación) sobre ellos por parte de organismos internacionales o regionales. Y así ha quedado reflejado en algunas declaraciones donde el debate interno por alcanzar un acuerdo fue muy intenso y se solicitó que se incluyera el término “cuándo” como condicionante. Por ello, algunos convenios recogen “cuando el crimen organizado esté relacionado con el terrorismo”, de manera que se disipa la idea de que la relación entre ambos es algo permanente. Sin embargo, esa forma de redacción (precisa para algunos, pero ambigua para otros) ha sido criticada por la dificultad que genera en relación con el estudio respecto de la financiación del terrorismo. Shelly indica:

El terrorismo a menudo se financia por actividades delictivas a pequeña y gran escala. Los americanos lideraron la guerra contra el terrorismo, concentrándose en el terrorismo en sí y excluyendo el crimen transnacional, resultando esto en la imposibilidad de detectar mucho del financiamiento de estas actividades terroristas.

(….)

Existe una gran variedad de actividades que contribuyen con el mantenimiento económico del terrorismo: la más redituable es el tráfico de drogas pero otras igualmente redituables son el tráfico de personas, la falsificación de productos, los secuestros y la extorsión[39].

Estas variadas acepciones del término hacen que la firma de convenios, tratados o acuerdos no pueda aspirar más que a la buena voluntad por parte de los signatarios para interpretar, en idéntica forma, ciertas actuaciones (o declaraciones) que es preciso enmarcar más concretamente. Si a la ecuación se le incluyen aspectos políticos, ideológicos, de oportunidad y un amplio número de factores, es fácilmente comprensible visualizar la dificultad de alcanzar acuerdos precisos y concretos que puedan enfrentar ciertas amenazas que, por otra parte, también son percibidos de diferente forma.

A continuación se reflexiona, en el espacio geopolítico latinoamericano, sobre lo antes indicado, pretendiendo evidenciar la dificultad apuntada y la necesidad de constatar que, sin una concreta definición que sea asumida por todos los actores (Estados), los convenios posteriores pueden ser “letra muerta” o, a lo sumo, una manifestación difusa e inconcreta de buena voluntad por parte de los signatarios.

2. ¿Nuevas amenazas o percepciones diferentes?

Uno de los retos más importantes que afronta el siglo XXI en materia de seguridad, es su orientación hacia un nuevo o más eficiente sistema de seguridad colectiva.

La seguridad se ha convertido en la principal preocupación de la comunidad internacional. Continúan las amenazas tradicionales de los conflictos armados interestatales e intraestatales; las nuevas amenazas del terrorismo internacional, la proliferación de armas de destrucción masiva y el crimen organizado; los Estados fracasados; los nuevos desafíos provocados por el crecimiento de la desigualdad, la pobreza, las pandemias, la degradación medioambiental y el crecimiento demográfico incontrolado; y los enfrentamientos étnicos, culturales y religiosos[40].

América Latina no ha sido una excepción en la discusión y en la adopción de un (nuevo) modelo de seguridad y optó por la seguridad cooperativa[41]:

La seguridad cooperativa guarda estrecha relación con los procesos de integración, la democracia, el rol de las fuerzas armadas, el ambiente de seguridad regional, la naturaleza de la OEA y las organizaciones subregionales. Su adopción sin embargo, demandaría superar diversos obstáculos derivados de los elementos mencionados anteriormente, pero especialmente los que surgen de la sujeción excesivamente rigurosa a los principios de soberanía y no intervención[42].

La creciente interdependencia entre países, consecuencia de la globalización y del nuevo sistema internacional, hace que todos perciban o tengan similares vulnerabilidades aunque con diferente grado de intensidad. Los Estados poco desarrollados pueden ser débiles como consecuencia de carencias de diversa índole; los industrializados es posible que presenten fragilidades debido a sus complejas estructuras políticas, sociales y económicas, y pueden verse afectados por multitud de acontecimientos. Este cúmulo de circunstancias (e incertidumbres) ha propiciado que se vaya consolidando la idea de una seguridad compartida por todos, amparada en los principios que inspiraron el nacimiento de las Naciones Unidas[43].

Así, pues, en el curso de las próximas décadas podría surgir una estructura efectiva de cooperación global basada en las realidades geopolíticas que pasarían gradualmente a ostentar el cetro del actual “príncipe regente”, que por el momento está cargando el peso de la responsabilidad de asegurar la estabilidad y la paz mundiales[44].

Propuestas de cambio que también contemplan otros autores:

El escenario estratégico actual se caracteriza por su complejidad, incertidumbre y potencial peligrosidad. Los conflictos actuales y previsiblemente los futuros responden a un configuración multidimensional que hace inviable su resolución por medio de herramientas exclusivamente políticas, diplomáticas, económicas o militares. El terrorismo, el crimen organizado, la proliferación de armas de destrucción masiva; las crisis generadas por los Estados fallidos, débiles o en proceso de descomposición; la lucha por el acceso a los recursos básicos; y la acción negativa del hombre sobre su entorno, entre otros, constituyen un conjunto de amenazas a la seguridad y estabilidad mundial. Es decir, a los tradicionales riesgos y amenazas a la seguridad, que implicaban una respuesta militar, se han unido a otros que, si bien no tienen la capacidad destructiva de la guerra convencional, dificultan y degradan el desarrollo social y económico de los países y regiones con consecuencias negativas tanto en el plano nacional como internacional[45].

Las amenazas tradicionales, entendidas como aquellas que ponían en peligro las fronteras físicas de la nación y movilizaban gran cantidad de efectivos militares para enfrentarlas, parecen concepciones superadas y con baja probabilidad de que ocurran[46]. En todo caso, existen conflictos que algunos autores han remarcado para evidenciar cierta dificultad estatal en el ámbito de las de relaciones bilaterales latinoamericanas:

Hay serios conflictos que mediatizan las relaciones bilaterales de muchos países latinoamericanos. Incluso algunos de ellos han suspendido las relaciones diplomáticas desde hace tiempo. Desde 2006, las relaciones entre Argentina y Uruguay están prácticamente rotas, por la instalación de una papelera en el río Uruguay. En el caso de Chile y Bolivia estas relaciones están formalmente rotas desde 1978. Mientras que Bolivia está enfrentada con Chile por su reivindicación de tener una salida al mar, al mismo tiempo acusa a Perú de obstaculizar un posible acuerdo. De hecho Perú también reclama a Chile la modificación de los límites marítimos que separan ambos países. Modificación a la que se opone Ecuador, pues le afectaría directamente. Un problema que suscita no pocos desencuentros en las relaciones peruano-ecuatorianas. Por su parte Colombia, a los problemas que tiene en la frontera con Ecuador debido a las operaciones realizadas por las FARC; se suman los litigios fronterizos que mantiene con Nicaragua y Venezuela en el Caribe. Tampoco la región centroamericana está exenta de este tipo de diferencias. Las tensiones de Nicaragua con Costa Rica sobre el río San Juan; el conflicto marítimo entre Honduras y Nicaragua o la disputa entre Guatemala y Belice son ya diferencias que perduran en el tiempo[47].

Los nuevos elementos que generan constante preocupación, sin embargo, se refieren a lo que se ha venido en denominar nuevas amenazas o riesgos emergentes y abarcan un amplio abanico de opciones[48], siendo las más significativas las relacionadas con el terrorismo y el crimen organizado (drogas, blanqueo de dinero, mafias, trata de personas, etc.) con gran impacto en la vida económica, política y social de los países y con especial incidencia cuando convergen, todas o parte de ellas, en determinados espacios geopolíticos: 

En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán los que se produzcan entre clases sociales, ricos y pobres u otros grupos definidos por criterios económicos, sino aquellos que afecten a pueblos pertenecientes a diferentes entidades culturales[49].

No obstante, algunos informes (y autores) no comparten que el terrorismo sea realmente una amenaza que deba ocupar los primeros lugares, considerando que esa prelación “refleja una valoración exagerada de un problema que ni proviene, ni se refugia en América Latina”[50]. Más adelante el mismo informe agrega:

Es posible entonces que el terrorismo aparezca en segundo lugar en los temores de América Latina más como una concesión, como un guiño o una señal de coincidencia con la Política de Estados Unidos, que como una amenaza real que gravite seriamente en la región latinoamericana, pues hasta la fecha no se han encontrado expresiones de terrorismo de alcance global en América Latina que puedan ser asociadas al terrorismo global. Tampoco existen evidencias que terrorismo de alcance global amenace a esta región del mundo[51].

Característica común a casi todas esas “nuevas amenazas” es que no son nuevas: “El terrorismo está lejos de ser un fenómeno nuevo; en efecto, podría incluso decirse que es anterior a la historia registrada (Corte Interamericana de Derechos Humanos -CIDH-). “El terrorismo azota desgraciadamente muchos países desde hace tiempo y aunque sus fines y procedimientos parecen similares, hay ciertos aspectos que lo posicionan de otra forma”[52]. Otros autores corroboran también la anterior afirmación cuando manifiestan que:

El fenómeno del terrorismo es tan antiguo como la historia de la sociedad humana, y se ha manifestado bajo formas diversas como el asesinato político o la toma de rehenes. Sin  embargo, el origen del  término “terrorismo” como concepto moderno se remonta a la  situación política de Francia a finales del siglo XVIII, donde se dio una forma de terrorismo de Estado, en la que la autoridad ejercía la violencia de forma arbitraria contra  la población, violencia que era permitida durante la Revolución Francesa como revela la  expresión “reinado del terror”[53].

Un factor agregado a lo expuesto, es que no hay consenso internacional sobre la propia definición de lo que puede o debe ser considerado acto terrorista y ello impide conformar un marco político-legal para enfrentar este desafío.

…, sería útil tratar el problema subyacente de cómo definimos el terrorismo. Como he mencionado anteriormente, la unidad sin precedentes  que impera  hoy en día en la condena del terrorismo internacional no va acompañada por  un consenso sobre el significado de este término. …… Sin saber qué es exactamente lo que debe ser penado, no podemos decidir qué Estado de Derecho hay que establecer. Es en realidad por esta razón por la que, como se verá, la comunidad internacional ha visto una proliferación de medidas legales que, sin embargo, no han logrado consolidarse en un convenio universal sobre terrorismo –un hecho que refleja la controversia política que subyace la cuestión–[54].

Además, tampoco impacta de igual forma en todas las regiones del planeta lo que hace que aquello que es percibido como lejano, no necesariamente se le presta la atención debida. 

A pesar de que muchos autores han puesto de manifiesto de forma un tanto alarmante (y hasta exagerada) la incidencia de estos nuevos peligros, no es menos cierto que el extremismo islámico, asociado a cierta forma de terrorismo, impacta negativamente y cada vez con más fuerza,  en la estabilidad de determinadas regiones del mundo. 

Quienes exigen a los Estados que terminen con el terrorismo mediante una variedad de soluciones benevolentes, parecen negarse a admitir lo que ningún dirigente político ni ningún ciudadano maduro tiene derecho a ignorar: a saber, que los grandes males que puedan amenazar a una comunidad política no siempre podrán ser neutralizados sin recurrir a acciones moralmente problemáticas, que sólo evitarán los males mayores que se combaten, a cambio de provocar otros males menores[55].

La sobrerreacción ante una amenaza terrorista es una pauta de respuesta recurrente a lo largo de la historia contemporánea. Debido a sus propias responsabilidades y experiencia profesionales, las fuerzas de seguridad están particularmente expuestas a la posibilidad de exagerar los riesgos asociados a la actividad terrorista y de aplicar medidas coactivas desmesuradas[56].

Algunos autores han asociado el terrorismo con la educación, como vía de penetración del fanatismo religioso emergente, y la han unido con la explosión demográfica y ciertos desequilibrios sociales. El conjunto se ha presentado como condicionantes de perturbaciones amenazantes.  De la Corte Ibáñez & Jordán indican que “…, el estatus socioeconómico de los jóvenes que ingresan en las organizaciones yihadistas es muy diverso y sus fundadores, líderes e ideólogos suelen ser individuos de clase media o alta y de máxima formación académica”[57]. O como afirma y corrobora Carrasco: “…el de ‘perfil’ del terrorista operativo no se corresponde con el de la base social de la que surge y en la que se autojustifican”[58].

Otros autores manifiestan que si bien el terrorismo no ha cambiado su esencia, desarrolla en esta época actual ciertas cualidades diferenciadoras, entre las que se pueden mencionar las siguientes: “un creciente carácter transnacional, un poderoso basamento religioso y nacionalista, elevada frecuencia en el uso de suicidas, alta letalidad de los ataques y marcada orientación antioccidental…”[59]. Es decir, en palabras del mismo autor, “la violencia política de tipo fundamentalista”. Incluso resalta destacadas diferencias (entre el terrorismo de antes y el actual) para establecer una separación mucho más marcada entre ambos:

Hasta entonces, todas las actividades terroristas tenían un tipo de “código de honor” que evitaba masacres gigantescas e indiscriminadas de inocentes, baños de sangre masivos, y el cual, de alguna manera, explica la tendencia a asociarlo con causas justas, con acciones que conllevan cierto romanticismo, con la búsqueda de un futuro mejor o con manifestaciones épicas, aun cuando el camino sea doloroso[60].

Algunos estudiosos enlanza el resurguir del terrorismo como el empleo de una técnica menos costosa en relación a la tradicionales formas de agresión:

En efecto, los esfuerzos y medidas contraterroristas para impedir una clase de tácticas terroristas, como el secuestro de aviones, la toma de rehenes o los ataques a embajadas, se ha demostrado que producen un efecto sustitución hacia otras tácticas menos costosas para las organizaciones terroristas, como por ejemplo los asesinatos[61].

La narcoactividad (narcotráfico), aunque es relativamente nueva en la forma, se encuentra asociada con ciertos sucesos de la década de los años veinte[62] producto de la supresión en Estados Unidos de la venta de alcohol, que generó un espacio de “inseguridad” discutible[63] pero sujeto al combate contra el crimen común y a la necesaria cooperación internacional[64].

El tráfico ilegal de personas (e incluso las migraciones como fenómeno social) se puede atrasar más en el tiempo y fijar sus orígenes remotos en la esclavitud, sin haber estado vinculado siempre con igual intensidad ni en todos los países del mundo con un problema de seguridad nacional[65]. Finalmente, el crimen organizado también tiene sus raíces más recientes en actuaciones de la mafia de principios del siglo pasado y otros hechos similares.

Un sucinto resumen de lo anterior lo presenta  Jiménez Olmos a continuación:

Esas nuevas amenazas, o riesgos: narcotráfico, ecología, migraciones, terrorismo y fundamentalismos no eran nuevas. El narcotráfico y las mafias asociadas no es algo nuevo ni en el mundo ni en Estados Unidos, ni en Occidente, ¿cuántas grandes fortunas se han “blanqueado” con dinero proveniente de actividades ilegales a lo largo de la historia? Las migraciones se producen en Europa durante los cincuenta y sesenta. Los mulsumanes llegaron masivamente durantes esos periodos a Francia, Reino Unido y Alemania (en este último, turcos en su mayoría);  y los europeos también se desplazaron masivamente a América durante los pasados siglos. Desde los años sesenta algunos científicos y grupos, entonces marginales, ya alertaban sobre el daño que el desarrollo incontrolado estaba produciendo a la atmósfera. Tampoco el terrorismo es algo nuevo, ni el fundamentalismo, ninguno de estos fenómenos han surgido después de la caída del muro de Berlín, la única novedad es que los atentados han comenzado a afectar a la superpotencia americana y a otras potencias europeas[66].

La interacción entre muchas de estas nuevas amenazas también es un factor a considerar. Se podrían tomar múltiples ejemplos en todo el mundo del entramado formado por el terrorismo, su relación con la venta de armamento, con las mafias y el tráfico de drogas y las connotaciones que ello tiene en la seguridad global[67], debido a la influencia en las relaciones entre países y la expansión de estos conflictos bien por vía física o por la vía de la influencia económica. En lo que respecta al crimen organizado, es necesario indicar que tradicionalmente ha sido para los Estados un problema de ley y orden. Pero el incremento de la interdependencia entre Estados, el rápido desarrollo de los transportes y los sistemas de comunicaciones, el crecimiento del comercio internacional y el surgimiento de un mercado financiero global, todo sustentado sobre un soporte tecnológico que progresa a un ritmo impresionante, han cambiado radicalmente el contexto en el que opera el terrorismo y el crimen organizado, al igual que en la naturaleza del mismo crimen, lo que requiere “familiarizarse con la perspectiva subjetiva de los criminales a los que vigila y persigue”[68].

Es necesario reconocer, no obstante, otras amenazas como emergentes o relativamente nuevas. Particular atención requieren la proliferación de armas nucleares, radiológicas, biológicas y químicas (NRBQ) especialmente conectadas con las nuevas tecnologías, los conflictos regionales y las maras[69]. La desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) dejó al descubierto un arsenal nuclear con deficiencias en el mantenimiento y que incluso escapó, en cierto momento, al control estatal. De otro lado, y continuando con la misma amenaza, es preciso contemplar el posterior desarrollo y pruebas de armas nucleares en Corea del Norte y la sospecha del uso de la energía nuclear para la construcción de ingenios militares por parte de Irán[70]. La partición de Checoslovaquia, la desintegración de la antigua Yugoslavia y el surgimiento de nuevos países como Kosovo, Montenegro o Timor Oriental y otros conflictos regionales, también pusieron de manifiesto la importante repercusión en la paz mundial de la reactivación de rivalidades regionales, por no abordar los innumerables conflictos en el continente africano, que lejos de ser permanentemente contemplados por la comunidad internacional, han supuesto puntos de desencuentro y crítica de muchos sectores sociales y gubernamentales.

Es cierto que esas dos amenazas (NRBQ y desintegración de Estados) no han tenido una incidencia significativa en el continente americano[71], tal y como recogen ciertos informes especializados: “.., el terrorismo con medios NRBQ hasta ahora ha tenido un impacto limitado en comparación con aquellos ataques en los que se han empleado medios convencionales”[72], sin embargo, es necesario tenerlas presentes por el impacto que pudieran tener a futuro (especialmente la proliferación de ingenios nucleares) y porque en otras esferas se contemplan en los respectivos cuadros de amenazas, lo que implicaría la necesidad (y conveniencia) de disponer de capacidades militares/policiales que permitan la cooperación internacional en el marco de operaciones combinadas de ayuda humanitaria y de mantenimiento o imposición de la paz. Además de las mencionadas, es preciso agregar una tercera: las maras[73]. Esta amenaza no sólo está surgiendo e “instalándose” en ciertas partes del mundo: Europa y Estados Unidos, sino que está consolidada en muchos países de América Latina (Centroamérica en particular)[74]. En el específico caso europeo, pareciera que el origen apunta a ciertos grupos de emigrantes latinos, algo similar a lo que ocurrió en los Estados Unidos.Como se ve, la problemática en el fondo no es nada nueva. La forma se ha ido adaptando a la evolución político-social al surgir nuevas tecnologías y procedimientos. Entonces, ¿por qué ahora nos plantean estos temas y especialmente la necesidad de que sean incluidos “de una forma especial” en las agendas de seguridad?

Desde principios de la década de los noventa, los ejércitos occidentales comenzaron un proceso de modernización/reestructuración, producto, en parte, del triunfo de la democracia liberal y de la desaparición del enemigo tradicional. La economía de libre mercado exigía, entre otras cosas, transparencia en los gastos militares y rendición de cuentas (accountability) que pusiera de manifiesto la eficiencia de la gestión militar.La propia Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) modificó su concepto estratégico en diversas ocasiones y pasó de ser una alianza defensiva de corte tradicional, a otra disuasiva y con capacidad de proyectarse hacia nuevos espacios[75]. Esta influencia llegó, evidentemente, a América Latina y se inició un proceso similar, aunque tardío, en lo que respecta al cambio del aparato militar y de sus estructuras, con mayor incidencia en el Cono Sur que, por ejemplo, en Centroamérica, todavía, en aquel momento, inmersa o recién saliendo de conflictos armados internos[76].

Por último, hay que indicar que concurren muchas más circunstancias, algunas de las cuales merecen ser tenidas en cuenta, como lo son: la desaparición de un bloque de referencia enemistosa como era la antigua Unión de Repúblicas Socialista Soviética, el surgimiento de nuevas tecnologías, la interacción individual y cultural de la era de la información, la cibersociedad en la que nos desenvolvemos, la porosidad de las estructuras del Estado y la transformación-evolución del hombre racional en hombre emotivo a causa de una mayor percepción de las cosas y de la realidad por la profusión de medios visuales[77],. Todas ellas hacen que riesgos que siempre estuvieron ahí (latentes) sean hoy percibidos (que no realmente sentidos) como amenazas cada vez más próximas.

Este conjunto complejo conforma un espacio nuevo (diferente) donde las percepciones tienen un importante protagonismo y justifica que esos riesgos o amenazas ocupen espacios de discusión y análisis inimaginables hace algunos años, justificando que hoy día se aviste (perciba) el narcotráfico, el terrorismo[78] o el crimen organizado, como vectores que inciden directamente en el bienestar social y no tanto porque tengan un impacto significativo y real en el quehacer diario, sino por la acción directa sobre las instituciones estatales y la presentación a través de nuevas formas de información. Esta percepción se puede fácilmente tabular y comprobar cómo muchas encuestas indican que una mayoría de ciudadanos perciben el terrorismo como una amenaza[79].

La percepción de toda amenaza se basa en la articulación de estructuras sensoriales, supervisión y análisis permanente de la realidad. Todos los modelos de control, combinando la tridimensionalidad temporal -datos históricos, situación en tiempo real y prospectiva- y espacial -cotejando la situación interior con la exterior- dependen de las premisas y criterios introducidos como elementos estructurales. El ajuste técnico de los modelos analíticos al fin y al cabo va a depender de los objetivos políticos y estratégicos que se asientan en la dirección social por parte de la élite. La estructura del pensamiento de dicha élite -compuesto por creencias, valores (entendidos en sentido referencial), acopio de conocimientos y adiestramiento intelectual- necesita conceptuar a la amenaza, antes de poder identificar lo que coincide con dicha sustantivación[80].

Sin embargo no hay unanimidad, y algunos informes como el titulado [In] Seguridad y violencia en América Latina, platean la situación en los siguientes términos:

El terrorismo no es relevante, ya que no se han comprobado actividades en la subregión. Si bien el tema forma parte de la agenda de la Comisión de Seguridad de Centroamérica y de las agencias nacionales y se ha emitido legislación específica, las actividades están orientadas a la prevención y obedecen a compromisos internacionales, especialmente las resoluciones 1368 (2001) y 1373 (2001) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la Convención Interamericana contra el Terrorismo y la “Declaración Centroamérica Unidad contra el Terrorismo” de los presidentes del Istmo.

Dentro de las amenazas a la seguridad ciudadana, dos temas son los más importantes: el crimen organizado, en particular el narcotráfico y sus derivados; y la actividad de las pandillas juveniles, conocidas como “maras”[81].

Otros analistas, sobre la base de la percepción indicada, elaboran argumentos y reconfiguran nuevos escenarios de amenazas con distinta prioridad y naturaleza:

Sin embargo: ”Los discursos y objetivos de la seguridad interior provocan una expansión extraordinaria de los recursos puestos a disposición del Estado federal […] mientras que la probabilidad de que el terrorismo mate a un estadounidense es del orden de uno en 88.000. Tres millones de personas en el mundo murieron de SIDA en 2003, 625 por el terrorismo internacional. Sin embargo, los gastos en seguridad interior, que aumentaron hasta los 50.000 millardos de dólares, equivalían en 2005 al presupuesto total de defensa de China”(Citando a David, C.)

El terrorismo se aprovecha de la inmediatez y de la cobertura universal de los modernos medios de comunicación para extender su estrategia de terror. Pero habría que preguntarse si realmente es tan inquietante y destructor, sobre todo si lo comparamos con otras tragedias humanas cotidianas a las que por habituales se les presta poca atención[82].

Por ello, la primera reflexión que hay que hacer es si realmente se puede hablar de una internacionalización real de riesgo (de la amenaza), o por el contrario se trata de una percepción internacional de situaciones que son sentidas como vulnerabilidades, a pesar de no soportar un análisis serio como amenazas a un determinado Estado, grupo de ellos o área geopolítica. Es posible que se haya terminado por asociar la realidad y la percepción[83].

Una conclusión balanceada es que estamos en presencia de riesgos “de siempre”, pero con una diferente escala de incidencia -aunque también de percepción-, motivo suficiente para enfrentar la necesidad de que sean abordadas de forma no tradicional o cuestionar otras propuestas más clásicas frente a estos nuevos desafíos. 

El riesgo es un concepto muy interesante que saca a relucir Atwood en su reflexión, y quién mejor que Ulrich Beck para hablarnos de una sociedad del riesgo global, en la que “nuestras decisiones como civilización desatan unos problemas y peligros globales que contradicen radicalmente el lenguaje institucionalizado de control”. Es precisamente alrededor del riesgo que se empieza a configurar una nueva noción de seguridad nacional, la cual debe tomar en consideración eventualidades como: crisis ecológicas, crisis financieras, recursos naturales escasos, redes criminales internacionales, narcotráfico, grandes flujos migratorios de personas y, desde el 11-S, el terrorismo[84].

En cualquier caso, lo que se deduce en una primera impresión es que las nuevas amenazas son multidireccionales y multifacéticas[85] y para la resolución de cualquier problema derivado de cuanto se acaba de describir, hay un denominador común que es la necesidad de colaboración (cooperación) internacional[86]:

A diferencia de las “viejas” amenazas o amenazas tradicionales, la nuevas amenazas -tales como el terrorismo internacional, el crimen organizado, los conflictos intraestatales con dimensiones internacionales, la propagación de enfermedades infecciosas, o los llamados Estados fallidos- se caracterizan por: 1) tener un marcado carácter transnacional, que desafía la autoridad de muchos Estados de manera simultánea, trascendiendo las divisiones nacionales; 2) tener una probabilidad mayor de manifestarse a diferencia, por ejemplo, de la utilización del arma nuclear; 3) no situar como objetivo directo de sus acciones al Estado, sino a las sociedades en su conjunto y a los individuos; 4) producir un impacto no siempre fácil de identificar, cuyo grado vendrá determinado por las instituciones políticas y económicas de cada Estado, o por las características de cada actor considerado[87].

Además de lo anterior, se puede agregar que si la amenaza es regional (o global), la respuesta debe generarse, como mínimo, en ese mismo escenario geopolítico. Es por ello que Ibáñez F. nos propone (en el caso del terrorismo) dos condiciones fundamentales:

Me gustaría proponer dos condiciones preliminares que eventualmente nos conducirían a una respuesta afirmativa: el establecimiento o refuerzo de un marco jurídico integral contra el terrorismo y una cooperación internacional entre Estados plena en la materia. De hecho, ambas condiciones nacen de los propios principios liberales y democráticos que nos definen, ambas son hijas de nuestra tradición occidental, del Estado de Derecho y de la idea de “orden espontáneo”, respectivamente[88].

A lo que Pulido Grajeda añade, de forma menos precisa pero no por ello menos adecuada: “Por ello, las amenazas y los riesgos, los cuales adquieren una nueva conceptualización, necesitan ser contrarrestados con unas respuestas que van más allá de lo puramente tradicional”[89].

Está muy difundida y aceptada por la mayoría de analistas, la idea de que es necesaria la concurrencia internacional en lo referente a información (inteligencia), seguimiento, interoperabilidad, trabajo en conjunto, capacitación, intercambio de procedimientos, empleo de nuevas técnicas y sobre todo, consenso en la forma de actuar. Es decir, es preciso el diseño de una política de Estado conjunto-combinada y -al menos- regional, y no una política sectorial y local que posiblemente abordaría el tema de forma parcial y sesgada, cuando no ineficazmente.

Pero los trabajos necesarios derivados de esas propuestas comunes, no han sido realizados por todos los países, y quienes los han hecho, no necesariamente los implementaron con idéntica energía y decisión, tal y como el profesor Merlos explica:

Partiendo de la consideración genérica de que hoy la amenaza yihadista es baja para la mayor parte de Estados de América Latina, cada uno de los gobiernos ha planificado, ejecutado y controlado medidas muy tenues para reforzar sus capacidades antiterroristas y mejorar la seguridad en el control de fronteras.

Argentina, Panamá, México y El Salvador han hecho significativos avances desde el punto de vista de la preparación, la prevención y la anticipación. Otros Estados han actuado con mucha menor urgencia y diligencia. Es el caso de las naciones centroamericanas, que aun reconociendo su vulnerabilidad a los ataques o el tránsito de terroristas y aun asumiendo la seria posibilidad de conexiones entre la criminalidad organizada y el terrorismo, han mejorado mínimamente los sistemas de vigilancia en sus fronteras y puertos marítimos[90].

Afrontar dichas amenazas con garantías de éxito, requiere de la formulación de objetivos estratégicos al más alto nivel político (Estrategia general)[91], donde la concurrencia de todas las áreas del poder sirva para alcanzar, progresivamente, metas parciales que nos conduzcan al objetivo final. Es posible que en este amplio campo de las amenazas emergentes haya que incluir como más peligrosas, desde una perspectiva global, la proliferación de armas portátiles y de destrucción masiva (asociadas al fin de la Guerra Fría), el desequilibrio económico Norte-Sur (producto de políticas económicas erradas), el tráfico de tecnología de “doble uso” y las catástrofes producidas por luchas étnicas o choques de culturas[92], además del terrorismo global (yihadista), todas ellas alejadas de habituales planteamientos  donde se incluían las amenazas “clásicas” o tradicionales. 

También es necesario abordar en este análisis la posibilidad de que el desvío de la misión principal de los ejércitos para que se impliquen en la lucha contra las citadas (nuevas) amenazas, puede entenderse como una geoestrategia de ciertas potencias o grupos de interés destinada a eliminar la capacidad militar nacional o la que pudiera conformarse, por medio de alianzas en determinados espacios subcontinentales, de forma que no sólo se debilite el Estado-nación, sino que se impida la formación de bloques regionales militares sólidos y se dispersen los esfuerzos conjuntos, que generen  generando un cierto grado de dependencia en el sector de la defensa (y de la seguridad)[93]. Estas reflexiones, por supuesto, no pretenden insinuar que determinados temas deben quedar fuera de la agenda de Seguridad (o de la Defensa), tales como: la defensa de las democracias, la pobreza extrema, el narcotráfico, el narcoterrorismo, el crimen internacional organizado y la defensa de los recursos naturales[94]. Es preciso tener en cuenta que “el rechazo absoluto al uso de recursos y métodos militares para enfrentarse a los yihadistas no es prudente ni realista”[95]. El uso de las fuerzas armadas para combatir el terrorismo es bastante debatido, con tendencias diametralmente opuestas, según quien las emita:

-          La creciente asignación a los Ejércitos de funciones ajenas a sus misiones fundamentales de defensa militar de la independencia, soberanía e integridad territorial. La realización por las Fuerzas Armadas de labores de seguridad ciudadana, lucha contra la delincuencia organizada, intervenciones con ocasión de catástrofes naturales y otras diversas tareas humanitarias en apoyo de la sociedad es indicativo de la falta de mecanismos de seguridad, protección civil y servicios sociales, más que una muestra de la necesidad de los ejércitos. Además, hay que considerar que la utilización de la costosa organización militar para la realización de estas labores es ineficiente en términos de coste-beneficio[96].

-          ¿La lucha contra el terrorismo es el nuevo catalizador para dar sentido a las fuerzas armadas? Mi respuesta es que no, teniendo en cuenta la complejidad del fenómeno terrorista y la continuidad de los tradicionales problemas de seguridad y defensa[97].

-          …., había que insistir en que la lucha antiterrorista no debía ser exclusivamente una labor de las fuerzas militares y políticas, o de los servicios de información, y que había que adoptar un enfoque más amplio, basado en los elementos siguientes: la disuasión, procurando remediar las causas del terrorismo o los factores que lo favorecen; la educación; la cooperación mundial; el fortalecimiento de la capacidad estatal para impedir el reclutamiento y las operaciones de los grupos terroristas; y el control de los materiales peligrosos[98].

De forma general, cualquier actuación capaz de socavar pilares estatales tradicionales, de crear inseguridad, de generar problemas sociales, económicos, de relación, medioambientales o de cualquier otro tipo, puede ser motivo suficiente para ser incluido en aquella agenda y, por tanto, enfrentada con todos los medios disponibles, si bien atendiendo a las diferentes visiones y posibilidades de cada Estado. En el caso particular del terrorismo que ocupará el resto del trabajo, tomamos las conclusiones de Ibáñez F.:

…., no es difícil concluir que el terrorismo representa hoy la más seria amenaza para nuestro mundo, para nuestra civilización, pues lo que buscan los terroristas es explotar las debilidades de nuestras sociedades posmodernas con el fin de alcanzar violentamente objetivos políticos. Los terroristas buscan dividir, juegan con nuestros valores y principios -libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho-, y los usan contra nosotros. Los terroristas le hacen preguntas difíciles a nuestras sociedades -“¿Deberían ser respetados todos los credos? ¿Deberíamos anteponer la seguridad nacional a consideraciones relativas a los derechos humanos? ¿Deberíamos enfrentar la amenaza en casa o en el extranjero?”-, y preguntan porque saben que muchos han olvidado o ignoran de manera intencionada, los valores y principios que ayudarían a dar respuestas directas. De ahí la desunión social. De ahí la quiebra de las democracias liberales[99].

2.1 Enfrentado la amenaza

Aunque ya se ha meditado sobre el término “nuevas amenazas” y concluido que no son realmente nuevas sino que cuentan con desafíos diferentes o formas distintas de manifestación -según la que se trate-, el terrorismo global o yihadista presenta retos importantes para la mayoría de los países ante la necesidad de enfrentarlo de la manera que en cada región del mundo se estime más conveniente (o en función de cómo se ha llegado a percibir o a comprender).

Una de esas formas ha sido acudir a la legítima defensa que la Carta de las Naciones Unidas recoge[100], como opción ante un ataque. Desafortunadamente, no todos los países (ni tampoco todos los autores) se ponen de acuerdo sobre el marco de aplicación necesario (previo) para la legítima defensa como respuesta a un “ataque” (acción) terrorista. Se agrega a esta incertidumbre otra ya indicada con anterioridad: la inexistencia de una definición internacionalmente aceptada de terrorismo, lo que torna más complejo las posibilidades de actuación frente a acciones terroristas. Se tiene en cuenta, además, que los grupos terroristas pueden estar apoyados por (desde) un Estado, pueden desenvolverse y planificar actuaciones dentro del mismo, o proyectarse sin el consentimiento de aquel en el que operan sus bases. Bermejo García considera que:

Así las cosas, no es de extrañar que muchos Estados hayan reaccionado frente al terrorismo internacional recurriendo al uso de la fuerza, sin excluir la guerra preventiva, guerra que ya venían practicando ciertos Estados como Israel, pero también los Estados Unidos y Rusia[101].

El concepto de legítima defensa no es, en el fondo, el tema profundo de discusión. Más bien es aquel otro de la “legítima defensa preventiva”. Es decir, la actuación del Estado que se defiende de un “supuesto o hipotético” ataque (de un grupo terrorista) que, evidentemente, opera (radica) en el interior del espacio geográfico de otro Estado y, por tanto, el ataque debe conducirse dentro de los límites del Estado que los “acoge” o “protege”. De otro lado, la Carta de Naciones Unidas no especifica que el ataque, necesariamente, tenga que provenir de un Estado[102],lo que amplía el margen de interpretación en relación con el origen del problema. A esta reflexión compleja, se le debe agregar la que el profesor Bermejo García plantea en uno de sus trabajos[103]: “¿se puede calificar los actos terroristas como ataques armados que den lugar al derecho de legítima defensa o no?”. Pareciera que guardando consecuencia con lo expuesto hasta el momento y al no contar con una definición de acto terrorista, quedaría a criterio del Estado calificador (o de los Estados u organización internacional) la determinación de este sustancial aspecto. El profesor Carrasco Jiménez lo recoge de una forma clara (y contundente) citando al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: “consideraremos un acto terrorista como tal cuando nosotros quince hayamos convenido en considerarlo como un acto terrorista”[104], lo que cierra el círculo de la interpretación subjetiva pero sin que existan más garantías que las asumidas en un Consejo de Seguridad cuestionado y criticado en diversos medios y ocasiones en relación con la forma de tomar decisiones (derecho de veto de algunos de sus miembros) o la falta de representatividad de ciertos continentes o regiones. La pregunta del profesor Bermejo deja al descubierto precisamente el subjetivismo (incluso la parcialidad) con que pueden juzgarse ciertos actos para llegar a concluir si son o no terroristas, con la consecuente trascendencia y repercusión en el escenario político internacional.

El mismo autor establece que las agresiones pueden considerarse como directas o indirectas. Las primeras obedecen al envío  por parte del Estado, donde radica la base de personas para que cometan actos terroristas. Las segundas (indirectas), se refieren a la incitación (acogida o tolerancia de actividades), por parte del Estado en la que los terroristas se mantienen para que puedan actuar. En el ámbito hemisférico, algún ejemplo de los casos indirectos, podría asociarse con ciertas acusaciones hechas contra Venezuela por ceder parte de su territorio fronterizo para descanso, refugio y base logística de las FARC. Respecto a las agresiones directas, es más difícil de poder encontrar claros ejemplos, aunque la pasividad, cuando no precisamente la colaboración del régimen talibán afgano se toma como una de ellas. En el particular caso de Al-Qaida, se afirma:

El Gobierno talibán, se sabe, y está probado, que dio apoyo a la organización terrorista Al-Qaida, prestó su territorio para dar refugio a esa organización, permitiendo además que estableciera bases propias para su entrenamiento y se negó  a extraditar al líder Osama Bin Laden[105].

Ahora bien, si se acepta, tal como muchos autores apuntan (y como vimos que la Carta de ONU no revoca), que la agresión puede venir de un grupo (no necesariamente de un Estado), el profesor Karl Zemanec, tras dejar claro que el 11 de septiembre de 2011 fue un “ataque armado”, responde a la pregunta que él mismo plantea  (¿quién es el atacante?), de la siguiente forma: “…, si una organización terrorista es una amenaza para un Estado contra el que se había lanzado un ataque, el Estado atacado puede pedir al Estado en el que se encuentra dicha organización, su eliminación”[106].

La justificación de la legítima defensa preventiva contra el terrorismo, tiene un sustento técnico complejo, pero también uno más superficial y  más claro. El profesor Bermejo lo explica de la siguiente forma: “… no se puede tolerar que un Estado amenazado de destrucción tenga que padecer ésta para poder defenderse legítimamente”[107]. Para sostener el anterior argumento conviene comentar que en 1946, el primer informe de la Comisión de energía atómica de la ONU reconoció que el primer ataque atómico podría ser decisivo desde el punto de vista militar, y proponía que se considerase ataque armado no solamente el empleo de la fuerza atómica, sino otras actuaciones preliminares que fuesen necesarias para ello, como por ejemplo la violación de las disposiciones de un tratado. Para agregar otros aspectos que terminan por hacer mucho más complejo el análisis del anterior escenario planteado, algunos autores como Javier Jordán, añaden que la lucha contra el terrorismo “deja de ser una guerra entre Estados, y pasa a desarrollarse entre estos y actores no estatales… Pero la guerra contra el terrorismo es además una guerra asimétrica y multidimensional…” [108].

Aunque ya se comentó el contenido del artículo 52 de la Carta de las Naciones Unidas, es preciso, ahora, considerar las recomendaciones que al respecto hace el Instituto de Derecho Internacional (IDI), particularmente en su resolución de 27 octubre de 2007[109], al abordar el tema. Fundamentalmente acota la legítima defensa, cuando el ataque armado se puede considerar “en curso o con inminente claridad”, sin aprobar la defensa “preventiva” si no se dan cualquiera de las anteriores condiciones y reconociendo que el ataque contra un Estado puede provenir de un actor no estatal (algo ya indicado). Dicha resolución señala: “El derecho de legítima defensa del Estado víctima nace ante una ataque armado (“agresión armada”) en curso de realización o manifiestamente inminente (….)”. Pero, ¿cuándo lo latente puede interpretarse como inminente? En todo caso algunos autores señalan contundentemente: “Según esto [el contenido de la citada resolución], la legítima defensa preventiva, así entendida, estaría prohibida…” [110].

Ello no aclara sustancialmente los argumentos hasta ahora presentados, antes bien, genera un punto de vista polémico y de difícil discusión técnica. Simplemente constata la dificultad de definir, aprobar o “comprender” la legítima defensa preventiva como una acción claramente sujeta al derecho internacional y, por otra, sitúa cualquier actuación terrorista proveniente de un actor no estatal como sujeto de acciones por parte del Estado afectado, lo que viene a sustentar la tesis de otros autores entre los que cabe citar a Gutiérrez Espada[111]. En todo caso, esta situación (o laguna) interpretada de distinta forma según los autores, las organizaciones o los Estados, viene a evidenciar algo que también se aborda en otros estudios: la crisis del sistema internacional de seguridad: “El Sistema de Seguridad Colectiva de la Carta de Naciones Unidas, fracasa estrepitosamente de nuevo a inicios del presente siglo…” [112], afirmación que sustenta el autor en la permisividad con los Estados Unidos por el uso de la defensa preventiva, aún sin que se percibiera claramente un inminente ataque armado. En esos casos (la invasión de Irak es un ejemplo al que frecuentemente se recurre), se pueden dar actuaciones que sobrepasen en mucho esa ya difusa línea donde se plantean discusiones como las que se vienen comentando. Este extremo fue contemplado en un informe del ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, y aunque “descarta claramente la posibilidad de un uso unilateral de la fuerza armada en supuestos de  ‘amenazas que no son inminentes sino latentes’”[113], no es menos cierto que reconoce el derecho al Consejo de Seguridad para que haga uso de la fuerza militar (cuando la amenaza es latente), “inclusive de manera preventiva” y, más adelante, (siguiente punto) anima al Consejo a que funcione mejor en lugar de buscar “alternativas como fuente de autoridad”, y reconoce implícitamente el cuestionamiento, en relación con el fracaso del sistema de seguridad antes mencionado[114].

En resumen, la diversidad de opiniones, el entorno y el actuar de las distintas organizaciones que lideran, promueven estudios o generan “jurisprudencia” en relación con estos temas y otras cuestiones indicadas. Además, llevan a la conclusión de la dificultad y sobre todo de la prudencia a la hora de abordar estos temas, lo que se puede traducir en una falta de claridad y contundencia en ciertas definiciones o acepciones y hace más compleja la interpretación, el análisis y la toma de decisiones en situaciones en las que el terrorismo y/o las acciones contraterroristas estén presentes. La subjetividad nuevamente es la constante en el abordaje de estos delicados temas.

3. Reflexiones en torno al marco conceptual del terrorismo

Parece oportuno comenzar con lo que serán las conclusiones de estas reflexiones. La razón es poner al lector en contexto, desde el inicio, de algo que es conveniente considerar seriamente, a medida que se profundiza en el tema: el marco conceptual del terrorismo. El profesor Carrasco Jiménez[115] inicia un capítulo de uno de sus trabajos indicando lo siguiente:

…, el sistema jurídico no dispone de una definición general, precisa y global de terrorismo, ya que los intereses políticos (subsistema político), la heterogeneidad de las propuestas de definición de los especialistas (subsistema científico) y la manipulación mediática (subsistema mediático) abonan la confusión semántica del término terrorismo.

Es decir, no hay una definición de terrorismo universalmente aceptada y lo que puede parecer aún más grave (o llamativo), es que existen pocas esperanzas de que en un futuro próximo se pueda llegar a ella.  De este vacío el profesor Bermejo García se lamenta:

Y es que no deja de ser chocante que, a pesar de que los criterios que califican un acto como terrorista son bastantes claros, todavía no tengamos a día de hoy una definición consagrada de terrorismo internacional adoptada por la sociedad internacional en su conjunto, incluso después de los atentados del 11 de septiembre de 2001[116].

Y otros autores enfatizan en torno a la ausencia advertida:

Tal como lo señaló el Procurador General ante la Corte Suprema argentina, en el caso «LarízIriondo» no existe en el área del derecho internacional convencional una definición de terrorismo, aunque resulta notoria la preocupación en ese ámbito por prevenir y disponer la cooperación entre estados a fin de combatirlo eficazmente[117].

Lo que para determinados colectivos son actos terroristas, para otros pueden ser actos de valor que permiten liberar a sus pueblos. Siguiendo esa lógica será muy complicado para la comunidad internacional llegar a un consenso en torno a una definición “suficiente” (“mínima”) de terrorismo que, por otra parte, responda a un consenso o a una aceptación mayoritaria: 

Hoy en día, no cabe duda de que esta [se refiere a lo que podría considerarse terrorismo] confusión es en gran parte responsable de que no tengamos a nivel internacional una definición generalmente aceptada de terrorismo, generando así graves lagunas en el ámbito del Derecho Internacional a la hora de adoptar determinadas medidas para poder defenderse de esta lacra[118].

Para muchos analistas la indefinición es vista como un obstáculo:

La revisión del estado actual de la (in) definición jurídica del terrorismo, a nivel nacional e internacional, nos conduce a plantearnos por qué no se alcanza una definición general y universal del terrorismo, después de más de un siglo de terrorismo, desde los anarquistas decimonónicos hasta Al Qaeda, y de tantas declaraciones despreciando, condenando y vituperando el terrorismo. La respuesta, creemos que se puede encontrar en tres ámbitos: políticotico y cientñifico.n tres  tantas declaraciones despreciando, condenando y vituperando el terrorismo. La respuesta creemos que sítico, mediático y científico[119].

El mismo autor señala a varios protagonistas que, en algún momento, fueron tachados de terroristas y, en otro, recibieron galardones internacionales. Entre ellos destaca a Nelson Mandela, quien pasó de dirigir el Apartheid, a ser presidente de su país y Premio Nobel de la Paz, además de que se le concedió la medalla de Oro del Congreso de los EE.UU.; el israelita Menahem Begin, líder de otra organización terrorista quien se convirtió en el primer presidente de Israel y fue Premio Nobel de la Paz, y Yasser Arafat quien obtuvo similar galardón aunque con anterioridad fue vinculado por Israel con acciones terroristas.

Los propios orígenes del terrorismo (conectándolos con el “terrorismo de estado”),  son descritos por algunos autores de forma particular y no necesariamente siguiendo concepciones “tradicionales”. Como ejemplo se podría citar a Gómez Barata, cuando indica:

De ese modo, podrá entenderse cómo y por qué el terrorismo que en su versión moderna, se originó en los Estados Unidos para confrontar la revolución cubana, se generalizó e internacionalizó, transformándose en método que después fue utilizado contra Chile y Nicaragua, convirtiéndose luego en un bumerang que golpea el rostro del creador y lo que es más lamentable, a su población inocente[120].

Ciertos autores clasifican el fenómeno terrorista en función del momento histórico en que se produce. Wilker contempla “cuatro fases de su desarrollo evolutivo: anarquista, insurgente, revolucionario y fundamentalista y nacionalista. La segunda se detiene en el terrorismo fundamentalista o neoterrorismo…”[121].

Por tanto, la pregunta que surge es sobre la necesidad (o no) de llegar a un acuerdo sobre la adopción de una única definición del terrorismo en el ámbito internacional. Esta misma incertidumbre puede extrapolarse a distintos ámbitos nacionales en que las discusiones no han finalizada (apenas han comenzado) y tampoco se cuenta con el consenso suficiente en torno a la respuesta que se busca. Relacionado con ello, Carrasco Jiménez señala: “En materia contraterrorista hemos visto que las legislaciones nacionales y los tratados internacionales adolecen de importantes problemas de precisión y completitud”[122].

La historia del siglo XX está repleta de acontecimientos que según quien los narre pueden denominarse de formas muy diferentes. Algunos (citamos como ejemplo a Judith Larsonpara el particular caso latinoamericano[123]) elaboraron trabajos defendiendo, incluso, la lucha armada como única forma de enfrentar lo que denominaron “situaciones coloniales o neocoloniales”, y así pretendían demostrar que “los intentos guerrilleros en su conjunto pueden calificarse de ‘extremistas’ o de ‘terroristas’, o bien enmarcarse dentro de lo que se conoce como iniciadores de ‘movimientos de liberación nacional’”. Algo que no todos los autores comparten e incluso confrontan. Como contrapunto, lo que Rojas manifiesta es:

“Durante la Guerra Fría, en los denominados  ‘conflictos regionales’ se usó el terrorismo apoyado por las superpotencias en Centroamérica, en África y en Afganistán. Aún los movimientos más locales poseen visiones globales o tiene vínculos internacionales”[124]

El particular marco de análisis que utiliza Larson para posterior justificación, distingue dos formas de expresión de la violencia: discriminada e indiscriminada:

Entendemos por expresión discriminada aquella que se realiza dentro de un contexto de objetivos político-militares y que afecta a los grupos políticos agresores o usurpadores del poder. La violencia indiscriminada afecta a personas o grupos que no están directamente relacionados con ninguna de las dos situaciones anteriores. En términos de estas tres variables podemos distinguir el extremismo y el terrorismo de los movimientos de liberación nacional.

El extremismo y el terrorismo son fenómenos de violencia política que afectan en forma marginal a una sociedad. Practicados por grupos minoritarios de la población, no encuentran, normalmente, apoyo y tienden a desaparecer con el tiempo, en la medida en que el sistema político permite la libre participación de todos los grupos, en igualdad de condiciones[125].

Es evidente que en aquel entonces la autora no podía evaluar la persistencia de las organizaciones ETA o IRA, a pesar de que los regímenes de sus países de origen  permitieron la participación política dentro del correspondiente marco legal vigente, siempre que renunciaran a la violencia, lo que invalidaría las conclusiones antes citadas, ni tampoco el futuro de las FARC que se transformaron en una “narco-guerrilla” o en un grupo terrorista -tal y como reconocen muchos países del mundo- mucho menos el terrorismo global que aquí se comenta y analiza. Además, en un intento de redimir aún más de la culpa a esos “libertadores”, agregaba:

La distinción entre terrorismo y extremismo y la guerra popular (aunque esta sea en su fase inicial) es uno de los elementos que los grupos que tienen el poder en una situación colonial tratan de obviar, calificando de terrorista a cualquier grupo que emprende la lucha armada[126].

Esta confrontación entre definiciones, conceptos y realidad vivida es algo que perdura todavía en el imaginario social de muchos países latinoamericanos. La violencia, incluso la más extrema y organizada, ha terminado por derribar una serie de creencias y aspiraciones que sustentaron por mucho tiempo esta otra afirmación de Larson sobre la superficialidad de pensar que la guerrilla latinoamericana fue terrorista, distinción que a la fecha, y según qué países, es compartida por diversos sectores sociales en mayor o menor medida. La misma autora señalaba al respecto que ”en la guerrilla latinoamericana el terrorismo ha sido excepcional y, casi siempre, un subproducto de la lucha”[127].

Esta discusión no está terminada y otros autores presentan alternativas diferentes a la hora de comentar o analizar definiciones diversas. Un ejemplo de ello es el recogido por Gelli (con citas de otros ensayistas) en uno de sus trabajos:

Así, un revolucionario es «…un individuo política, ideológica y culturalmente independiente. Tiene propios fines, su propia tabla de valores, su propio camino. Y cuando da un paso, lo da arrastrado teleológicamente hacia delante por aquella objetiva constelación de fines que lo trasciende. Un rebelde, en cambio, vive de rebote. La dirección de sus movimientos no está marcada por metas que lo atraen sino por realidades dadas que lo repelen. (…) Mientras (el revolucionario) rechaza una realidad dada con el ánimo de superarla, el rebelde la rechaza con el ánimo de que su rechazo conste». Aunque ambos, los revolucionarios y los rebeldes, emplean la violencia contra el orden establecido, los últimos la consideran constitutiva de su accionar y de la imagen que de sí mismos tienen y que quieren que los demás tengan acerca de ellos. Esa singularidad de los rebeldes favorece el empleo de acciones terroristas, ya sea que la necesidad de dejar constancia del obrar sea impulsada por motivos personales y psicológicos de quienes se asocian a esos fines, o por requerimientos estratégicos de la lucha que entablan. En cumplimiento del objetivo de dejar constancia de la identidad del grupo que opera y  del alcance de su accionar, la escalada de la violencia -cada vez más brutal- no se detiene en el ataque a objetivos específicos o determinados vulnerando, sobre todo, a las poblaciones civiles e indefensas[128].

Una visión de esa discusión, todavía viva y alimentada por diversos sectores regionales e internacionales y que dificulta el consenso que se ha indicado desde hace mucho tiempo, la promueve también Larson, quien concluye:

Se ha intentado demostrar en este trabajo que las manifestaciones de violencia política en América Latina no son expresiones de terrorismo o de extremismo político, sino que son una forma embrionaria de lucha armada en una situación que bloquea las posibilidades de cambio social a través de los mecanismos meramente políticos[129].

Aun considerando la fecha en que fue escrito el trabajo, en 1977, se puede percibir esa sensación todavía presente en el discurso político y social de muchas naciones de América Latina, incluso el rescate del mismo que se hace por ciertos dirigentes.

Wiltker califica de forma diferente lo que sucedió durante aquel tiempo y contrapone el argumento de Larson:

Y precisamente, cuando el terrorismo anarquistacomienza a adquirir incipientes rasgos de organicidad producto de los influjos de la revolución bolchevique, en América Latina nacen movimientos insurgentes de heterogénea raigambre y difuso planteamiento de redención social, pero que se caracterizan por la utilización de técnicas terroristas (asesinatos selectivos, matanzas de civiles, secuestros, destrucción de propiedad privada y pública) para amedrentar al Estado y a la población[130].

Más delante, analiza e interpreta el concepto “guerrilla”, también abordado por Larson, aunque de la siguiente manera:

Posteriormente, en su tercera fase de desarrollo [del terrorismo], la violencia política de tipo revolucionario adquirió una dimensión más claramente antisistémica, que procuraba un cambio radical del orden político, social y económico, asociado a la idea del socialismo/comunismo, y a través de la constitución de un grupo cohesionado y altamente homogéneo, la guerrilla, que se entendía a sí misma como vanguardia popular[131].

Y, como punto final de esta reflexión, el mismo autor indica en otro apartado posterior, lo siguiente:

Sin embargo, la fuente primaria que con mayor nitidez fundamenta las similitudes entre ambos es la célebre obra de Caros MarighellaManual del guerrillero urbano, verdadero ícono del movimiento insurreccional de los 60 y 70, que pone énfasis en la necesidad de ejecutar acciones que generen miedo en el establishment capitalista.

(…), son numerosos los casos en que la frontera entre un terrorista y un guerrillero, o un terrorista y un insurgente, es extremadamente tenue. La mayoría de los casos corresponde a un mismo modus operandi, signado por el terror en contra de la población civil y como parte de un enfrentamiento político con el adversario[132].

En definitiva y ante la ausencia de un acuerdo sobre qué es terrorismo, es posible sustentar muchas afirmaciones incluso contrapuestas. Entre ellas la de Gayraud y Sénat:

…, se ha decretado la caza universal contra el terrorismo sin definirlo, pero esta situación jurídica atenaza la libertad, la igualdad y la justicia de los ciudadanos, en pro de la “seguridad nacional” y la razón de Estado: el ciudadano al servicio del Estado, en vez del Estado al servicio del ciudadano[133].

Sin embargo, hay que reconocer que se ha hecho un cierto avance, gracias a la aprobación de varias convenciones que tratan el asunto, aunque no siempre de forma clara, directa y contundente. No obstante, el “problema” de comprensión del fenómeno que pareciera crear la falta de definición, y la consecuente discusión y debate sobre el tema, todavía debe ser abordado con mayor profundidad y lejos de pensar en encontrar una salida, se podría ralentizar o estancar todavía más la búsqueda de la solución. ¿Quiénes podrán ser calificados de terroristas y quiénes de luchadores por la liberación de sus pueblos? ¿Qué métodos serán aceptables y qué otros reprobados? Es de suponer que en este debate, determinados países intentarán imponer su visión de las cosas[134].

El ex secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, insistió, en su momento, en la necesidad de lograr una definición de terrorismo que gozara de la aceptación general de la comunidad internacional[135]. El problema es evidenciado por Bermejo García y López-Jacoiste Díez, quienes señalan lo siguiente:

Esta ambigüedad de Naciones Unidas en materia de terrorismo internacional no sólo ha planteado serios problemas a la sociedad internacional, sino que ha impedido en muchos casos afrontar el problema con ciertas dosis de realismo, al partir de la premisa de que le terrorismo era sobre todo un fenómeno social[136].

Por otro lado, Yasser Arafat en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en noviembre de 1974, dijo: "No se puede llamar terrorista a quien defiende una causa justa, a quien lucha por la liberación de su tierra invadida"[137].Con ese concepto. Arafat quiso justificar los actos terroristas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) contra Israel, al igual que el ataque de Siria y Egipto a Israel, en octubre de 1973 (guerra de YomKippur), e intentaron recuperar las tierras ocupadas. En relación a esas dos visiones de sucesos y su tipificación, Pulido Grajeda comenta:

Siguiendo la opinión de Tamara Makarenco, la afirmación de que en la actualidad se presenta una gran dificultad a la hora de establecer una separación entre las motivaciones políticas y criminales de ciertos grupos, es un hecho. Si se establece una línea en la que en el extremo izquierdo se sitúen las organizaciones del crimen organizado y en el derecho los grupos terroristas, se puede observar una relación entre los grupos motivados criminal o políticamente, estableciendo cuatro categorías: alianzas, motivaciones operacionales, convergencia y síndrome del “agujero negro”[138].

En cualquier caso, los jefes de Estado islámicos, reunidos en la conferencia de Kuwait de 1987, hicieron suyo aquel punto de vista de Arafat, al proclamar su convicción de que era necesario "distinguir entre las brutales e ilegales acciones terroristas perpetradas por individuos, grupos o Estados, y aquellas otras legítimas de las naciones oprimidas y subyugadas contra todo tipo de ocupación extranjera"[139].  Si lo dicho por Arafat pudiera tener sustento (¿sentido?) en ciertos casos, avalar los ataques contra la población civil por defender una causa, no deja de ser una actitud que necesariamente tiene que calificarse como terrorista. El profesor Villamía Ugarte es claro al recoger en su trabajo las razones de fondo: “Posiblemente el mayor problema radique en la pretensión de los países islámicos de que se distinga la definición del terrorismo de la lucha de los pueblos contra la ocupación extranjera y por su libre determinación”[140].  Pareciera darle la razón al autor el hecho de que, a pesar de que el artículo primero de los estatutos de la Organización para la Cooperación Islámica (OIC) recoja una definición de terrorismo[141]. El segundo de ellosindicaclaramenteque: “Peoples struggle including armed struggle against foreign occupation, aggression, colonialism, and hegemony, aimed at liberation and self-determination in accordance with the principles of international law shall not be considered a terrorist crime”[142]. Lo que retorna el debate al cuestionamiento de la inseguridad jurídica por ausencia de definición y las repercusiones  político-jurídicas que ello puede acarrear al momento de plantear el tema.

Reforzando lo anterior y teniendo en cuenta esa doble percepción del concepto (delito o lucha justificada), Regueiro Dubra dice:

Ahora bien, en el marco de la lucha contra la ocupación, esos “liberadores” (hoy en día pensamos Hamas en Gaza o Hizbollah en el sur del Líbano) son considerados grupos terroristas, esa categorización política tan sumamente cómoda puesto que permite incluir en ella cualquier movimiento o grupo que no sea conveniente para los intereses dominantes[143].

Y agrega Salas en la misma línea, al comentar su entrevista con el director de la Liga Mundial Musulmana en Venezuela, sobre la cuestión del terrorismo:

Hay una diferencia entre la ignorancia y ente saber y hacerse el ignorante. Te voy a decir una cosa: antes de la guerra de Iraq no había una definición de lo que es terrorismo. Terrorismo es una expresión flotante que no tiene nada que lo limite y por esa razón consideran que quien defienda su tierra, su patria, es un terrorista[144].

Ese interés “disperso” en relación con la búsqueda de un concepto internacionalmente aceptado, pareciera que se hace mucho más concreto, al parecer de ciertos analistas, cuando destacan el 11 de septiembre de 2001 como la fecha de toma de conciencia de la región (y del resto del mundo) en relación con la necesidad de promover acuerdos de mayor compromiso: “…., aunque la simiente de una coordinación internacional de esfuerzos en materia de lucha antiterrorista -incluyendo el aspecto jurídico- esparcida desde los años 1960, existía, no germinó hasta los atentados del 11 de septiembre de 2001…”[145].  En esa sintonía se puede encuadrar la opinión  del profesor Owada, cuando manifiesta:

…, nos enfrentamos a un nuevo tipo de terrorismo que ha aparecido en la escena internacional: nos referimos a actos terroristas financiados por entidades no estatales que intentan causar la muerte de un elevado número de personas, y cuyas actividades tienen un alcance cada vez más globalizado del mismo modo que las actividades de los Estados con sus agendas políticas internacionales.

Es decir, en este contexto se hace imperativa una respuesta colectiva –ya sea a través de un grupo de Estados o a través del Consejo de Seguridad– cuando se trata de decidir la forma de abordar el terrorismo internacional en esta nueva situación.

En este sentido [se refiere al 11 de septiembre de 2001], la situación creada por este ataque fue algo que no encajó fácilmente en la definición tradicional de terrorismo como acto criminal que se persigue dentro del marco del sistema penal nacional[146].

Y a continuación la opinión del profesor Bermejo, quien sostiene esa misma línea argumental: "Los acontecimientos del 11 de septiembre han dinamizado al derecho internacional en materia terrorista, que hasta ese momento parecía estar anquilosado, sin que se viera con capacidad para dar una respuesta creíble y contundente contra los grupos terroristas"[147].

El 27 de diciembre de 2001, el Consejo Europeo[148]decidió establecer una posición común para combatir el terrorismo, asumiendo la necesidad de definir los delitos terroristas, ya que en las leyes penales de algunos de los Estados miembros de la Unión Europea no existía. La relación incluye y define una serie de actos -desde el homicidio hasta el apoyo a un grupo terrorista- que deben ser considerados terroristas cuando puedan dañar seriamente a un país o a una organización internacional y se cometan con uno de los siguientes objetivos:

a. Intimidar seriamente a una población

b. Obligar indebidamente a un gobierno u organización internacional a realizar o dejar de realizar una actuación

c. Desestabilizar seriamente o destruir las estructuras políticas, constitucionales, económicas o sociales de un país o de una organización internacional

La inclusión -como terroristas o grupos terroristas- en un listado único, unificado y aceptado por todos los países de un área geográfica, es un punto muy importante a tener en cuenta. Tanto que permite enfocar el problema desde una única perspectiva, independientemente de la ausencia de una definición concreta. Walser dice al respecto:

The U.S. designated FARC and the ELN as FTOs in 1997. FARC is also considered a terrorist organization by the European Union. By contrast, the Organization of American States (OAS) has made no such determination, inexplicably allowing FARC in the eyes of many Latin American leaders to exist in a state of legal ambiguity. Given the OAS’s stance on democracy and its opposition to terrorism, including an inter-American anti-terrorism convention, this position badly needs revision. The OAS’s waffling over the true nature of FARC and its regular use of terrorism and its involvement in the drug trade severely weakens the credibility of the world’s oldest regional body[149].

La propia Unión Europea perfeccionó el documento anteriormente citado al emitir, el 13 de junio de 2002, la Decisión Marco del Consejo[150] por la que se consideraría delito de terrorismo:

“…, actos intencionados cometidos con el propósito de: intimidar gravemente a una población; obligar indebidamente a los poderes públicos o a una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo; desestabilizar gravemente o destruir las estructuras fundamentales políticas, constitucionales, económicas o sociales de un país o de una organización internacional. Además, los Estados miembros se comprometieron a tipificar como delito la inducción, la complicidad y la tentativa de cometer cualquier de estos actos”[151].

Esa nueva concepción generó, entre los Estados europeos, la adopción de la anterior definición así como la de grupo terrorista y delitos ligados a las actividades terroristas. El avance supuso un importante salto cualitativo ya que precisó determinados aspectos necesarios para el sustento del marco jurídico que posteriormente se desarrolló en cada país.

Por su parte, el 6 de agosto del 2002[152], la Asamblea General del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en sendas cartas idénticas, fechadas el 1 de agosto y dirigidas al presidente de la Asamblea General y al Presidente del Consejo de Seguridad en su literal 13, dicen:

Aunque no se pretende dar una definición exhaustiva del terrorismo, sería conveniente delinear algunas características generales del fenómeno. En la  mayoría de los casos, el terrorismo es esencialmente un acto político. Su finalidad es infligir daños dramáticos y mortales a civiles, y crear una atmósfera de temor, generalmente con fines políticos o ideológicos (ya  sean seculares o religiosos). El terrorismo es un acto delictivo, pero se trata de algo más que simple delincuencia. Para superar el problema del terrorismo es necesario  comprender su carácter político y también su carácter básicamente criminal y su psicología. Las Naciones Unidas tienen que ocuparse de los dos miembros de la  ecuación.

El documento pone énfasis en el concepto de “acto político” que va mucho más allá de la delincuencia, reduce el objetivo del mismo a civiles (algo que la experiencia demuestra que no siempre es así) y lo posiciona por encima de lo que pudiera entenderse como delincuencia común (¿plus de gravedad?): “Más que simple delincuencia”. En las mismas cartas referenciadas, en el numeral 15, dice: “El terrorismo es un fenómeno complejo, el cual no implica que no pueda adoptarse una actitud moralmente clara respecto a los ataques contra civiles”. En este sentido, la actitud moral sigue siendo una posición relativa dependiente de las raíces culturales que a la postre permiten identificar condicionamientos naturales y promover posturas a favor o en contra de actos terroristas[153].

Más tarde, en el informe sobre Tendencias del terrorismo mundial[154] -elaborado en el año 2002 por el Departamento de Estado de Estados Unidos[155]- se incluye la adopción de la definición de terrorismo (en ámbitos diversos) que recoge el título 22 del Código de los Estados Unidos, sección 2656f (d):

a. El término terrorismo significa violencia premeditada y políticamente motivada perpetrada contra no combatientes por grupos subnacionales o agentes clandestinos, usualmente con la intención de influir un público.

b. El término terrorismo internacional significa terrorismo que involucra a ciudadanos y territorios de más de un país[156].

c. El término grupo terrorista significa cualquier grupo que practica o que tiene subgrupos significativos que practican el terrorismo internacional.

En el año 2010, concretamente en el AAP-6 (2010)[157] (NATO glossary of terms and definitions) -por la que se actualiza una publicación anterior de 1999- la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) incluye definiciones de terrorismo y contraterrorismo:

Terrorismo: The unlawful use or threatened use of force or violence against individuals or property in an attempt to coerce or intimidate governments or societies to achieve political, religious or ideological objectives.

Contraterrorismo: All defensive and preventive measures taken to reduce the vulnerability of forces, individuals and property to terroris.

De una forma más clara y directa, TheNationalMilitaryStrategy of theUnitedStates of America 2011, recoge ciertas dinámicas[158] que pueden tener un determinado grado de incidencia en América Latina, las tres últimas con una conexión directa o indirecta con el terrorismo internacional. Para ello, y entre otras iniciativas, el documento contempla lo siguiente:

En el resto del Hemisferio Occidental, se fomentará la cooperación regional en Suramérica, Centroamérica y el Caribe, para mejorar la estabilidad y seguridad. En ese sentido, se da la bienvenida a iniciativas como el Consejo de Defensa de América del Sur, ya que pueden aumentar la interdependencia e integrar a los Estados en una arquitectura de seguridad común[159].

Hay que reconocer y destacar el importante esfuerzo académico, tanto por parte de diferentes organizaciones como por pensadores y estudiosos en general, en torno a promover una única definición de terrorismo que pueda ser internacionalmente aceptada (en el ámbito nacional latinoamericano, en general, este esfuerzo aún está por concretarse). Sería imposible hacer un relato de todos ellos o abordar las diferentes propuestas que se han sugerido en la discusión del tema. Por tanto, únicamente se esbozará un resumen de las definiciones (comentarios, en ocasiones) que incluyen aspectos sustanciales para discutir o que representan una originalidad o aporte sustancial, sin que ello desdiga, desplace o anule aquellas otras que no se incluyen, algo que por otra parte, sería imposible de hacer.

El profesor Reinares[160] propone lo siguiente:

Cuando una acción de violencia genera efectos psíquicos desproporcionados respecto a   sus consecuencias materiales, adquiere peculiaridades propias de lo que se denomina terrorismo.

En esta ocasión, no llega a definir el terrorismo pero si ciertas consecuencias (efectos psíquicos) que generan actuaciones que pudieran considerarse terroristas. Además, esos efectos deben ser desproporcionados respecto de las consecuencia materiales provocadas, limitando, con ello, el campo de aplicación[161].

El sociólogo alemán Ulrich Beck, expresa:

…, las redes terroristas son en cierto modo “ONGs de la violencia”. Operan como organizaciones no gubernamentales, desterritorializadamente, descentralizadamente, es decir, por un lado localmente y, por otro, transnacionalmente. (…) las ONGs terroristas desbancan el monopolio estatal de la violencia, cosa que significa, en primer lugar, que esta clase de terrorismo transnacional no está ligado al terrorismo islámico, sino que puede unirse con todos los objetivos,  ideologías  y fundamentalismos posibles[162].

En esta conceptualización -más sociológica que jurídica- el autor señala cómo el Estado pierde el monopolio de la violencia y también desliga, en cierta forma, el terrorismo transnacional (sin llegar a definir ese fenómeno) del islámico, algo que más delante otros académicos hacen converger en el sentido de que el terrorismo islámico (¿yihadista en visión de Beck?) es transnacional porque opera en cualquier parte del planeta.

El profesor Hoffman, por su parte, opina sobre el terrorismo de la siguiente forma:

El terrorismo mundial no es la simple extensión de la guerra entre Estados a actores no estatales. Es la subversión de estos, en la medida en que incita a sus víctimas a tomar medidas que, en nombre de la legítima defensa, violentan alegremente la soberanía de los Estados acusados de alentar el terrorismo. (…) El terrorismo es un fenómeno global que tiene por efecto fortalecer al enemigo -el Estado- al mismo tiempo que busca derribarlo. Los Estados que son sus blancos o víctimas, no tienen ningún interés en tratar a los terroristas como combatientes ilegales sometidos al derecho de guerra, tienen todo el interés en tratarlos como parias que están fuera de la ley al igual que los piratas o los culpables de genocidio[163].

En el trabajo indicado, se entrelaza el fenómeno terrorista y la globalización y se determina, claramente, como objetivo del terrorismo, al Estado (ya sea para fortalecerlo o destruirlo). El hecho de hacer hincapié en el poco interés del Estado hacia los terroristas como sujetos más de un marco penal común que de otro específico enmarcado en el conflicto bélico (guerra), recuerda la teoría sobre “el derecho penal del enemigo”[164], sin que evidentemente la mencione de forma directa, es más, incluso pareciera rechazar aun sin aportar argumentos más allá de una sutil crítica.

El profesor Walter Laqueur lo define como “el empleo sistemático de la violencia o la amenaza de usarla por parte de entidades menores que un Estado, con la finalidad de sembrar el terror en la sociedad para debilitar e incluso derrocar a quienes detentan el gobierno y así, producir un cambio político”[165].

Es importante el reconocimiento de que la entidad ejecutora tiene que ser “menor que un Estado” -lo que parece excluir el terrorismo estatal- y la necesidad de una sistematicidad en el uso de la violencia. Aunque no define el tamaño final de esa entidad, queda a criterio del lector imaginar la estructura que podría encajar en ese supuesto. Subyace igualmente la duda sobre si se requiere o no un fin político, además del simple cambio que propone.

El embajador PinheiorGuimarâes indica:

El terrorismo tiene su origen en la existencia de comunidades étnicas o religiosas significativas  dentro o fuera de su territorio nacional de origen y que están bajo la opresión política, económica y social, de otras etnias o grupos religiosos que controlan  el sistema político al que están sujetas. (…) Puede afirmarse que no está vinculado de forma excluyente al fundamentalismo islámico.

El terrorismo solamente puede ser clasificado como amenaza cuando se transforma en un instrumento de acción sistemática de un movimiento político o de un estado  y, como  tal, parte  de  una estrategia político-militar más general que debe ser enfrentada y no tanto a través del combate de cada uno de sus aspectos. (…) El fundamentalismo islámico, el terrorismo musulmán, irlandés o hinduista, simplemente no existen en América Latina o aparecen como fenómenos absolutamente  esporádicos, no presentando amenazas para las sociedades y los Estados de la región[166].

Pinheiro asocia el origen del fenómeno terrorista con comunidades religiosas, pero también étnicas, siempre que estén bajo distinta forma de opresión, dejando de lado, al parecer, otras motivaciones que no tengan esos dos pilares de sustentación. Admite el terrorismo de Estado y excluye a América Latina (entre otras regiones) del terrorismo fundamentalista islámico, y considera que aquel no es una amenaza para el hemisferio. Llama la atención el adverbio “solamente” al referirse al terrorismo como amenaza, dejando en el aire si puede haber terrorismo que no sea clasificado como tal y que pueda utilizarse para otros fines distintos a los que indica. Es de tener en cuenta, al igual que con otros autores, la fecha del trabajo (1995) y los cambios geopolíticos ocurridos  desde entonces.

Por su parte, ThéreseDelpech opina:

Sobre las ruinas de las ideologías políticas del siglo XX aparecieron movimientos radicales de orientación seudo religiosa, que no se conducen como los movimientos  terroristas de los años 70 (…) desde hace una decena de años este modelo evoluciona y adopta  formas más temibles para la policía y los servicios de información. Estructura en red “amorfa”, muy móviles, hacen su aparición en muchos países con una gran autonomía de decisión en el nivel local y poco contacto entre ellas[167].

Se establece una relación entre los movimientos terroristas (de los 70’s) y la religión, a la vez que promueve, aun sin llegar a definirlo, una especie de catalogación del terrorismo en función del momento en que aquel se da. Así, según la autora, antes de los 70’s se buscaba más la difusión mediática y, a partir de entonces, son los fines políticos los que justifican la mayor parte de las acciones.

Carrasco Jiménez[168] también estudia el fenómeno de la indefinición a través del análisis minucioso de diversas propuestas. Comienza por describir la incorporación del término al diccionario de la Real Academia Española y su evolución desde 1869, asi como a la Gran Larousse Universaldemica Española de la lenguaasiguiente forma:

al igual que con otros autores, la fecha del trí como a la Gran Larousse Universal y sucesivamente va incorporando a autores como Schmid, quien analizó más de cien definiciones de terrorismo, o Laqueur a quien atribuye la afirmación de que definir el terrorismo de “forma científica y exhaustiva”, ni es posible ni merece la pena intentarlo[169]. Otros autores también son revisados incluyendo quienes proponen definiciones muy abiertas en las que se pueden incluir no sólo actividades de corte terrorista “clásico”, sino aquellas otras catastrofistas (Cooper)[170]; Lund para quien el terrorismo sería el uso premeditado e intencionado de una fuerza letal contra personas indefensas, tal como secuestros, desapariciones, secuestros de aviones y tomas de rehenes, para alcanzar fines políticos por medio de la provocación generalizada de miedo y ansiedad”[171].  EbileNsefum lo califica como “actos contra la vida, integridad corporal, salud o libertad de las personas; de destrucción o interrupción de los servicios públicos o de destrucción o apropiación del patrimonio que, verificados sistemáticamente, tiendan a provocar una situación de terror que altere la seguridad o el orden público con fines políticos”; Wieviorka indica que el terrorismo es “un método de acción, utilizado por un actor político que, por debilidad o por cálculo, se mantiene dentro de un espacio público determinado, o busca penetrar en él a través del terror” y aunque destaca la “violencia”, se supone que es la forma de llegar a la situación de terror indicada; Friedlander lo define como: “el uso internacional de la violencia, o la amenaza de su uso contra terceros inocentes por motivos principalmente ideológicos, económicos, o psicológicos”; BoazGanor, como “el uso internacional de la violencia, o la amenaza de su uso, contra civiles u objetivos civiles a fin de lograr sus objetivos políticos”; Netanyahu como “ataque deliberado y sistemático de civiles o para inspirar miedo y conseguir objetivos políticos”; Alexander como“uso de la violencia contra objetivos civiles aleatorios para intimidar o crear un profundo miedo generalizado con el propósito de lograr unos objetivos políticos”[172].

En la mayor parte de estas definiciones se emplea algún término que limita sustancialmente el concepto. Por ejemplo, el hecho de que el uso de la violencia sea “contra objetivos civiles”, deja fuera instalaciones militares; el concepto “inocentes” empleado por Friedlander, implica un posicionamiento previo de dudosa aceptación jurídica y se justifica únicamente contra quienes puedan ser considerados “culpables”. 

Por su parte, García Valdés dice en relación con el terrorismo, que este es “aquella conducta delictiva que, mediantes actos de extrema violencia o grave intimidación, y con un fin subversivo, trata de destruir el sistema político democrático empleando, estos efectos, medios selectivos o catastróficos”, lo que da cabida a priori, al empleo de acciones terroristas en Estados que no sean “democráticos”, tal cual el autor contempla, justificando, en cierta medida, el terrorismo como lucha de “liberación nacional”, tal y como ya se ha visto que era visualizado por ciertos líderes u organizaciones. Para Bassiouni el terrorismo es:

“una estrategia ideológicamente motivada de violencia prohibida internacionalmente, destinada a infundir terror en un concreto segmento de una sociedad determinada, para conseguir un resultado político o hacer propaganda de una reivindicación o agravio, independientemente de que sus autores actúen por y para sí mismos o para un Estado”.

En esas consideraciones caben algunas observaciones:

a)      El hecho de asegurar que es una violencia internacionalmente prohibida, cuando precisamente la falta de una definición lleva a la conclusión contraria;

b)       Que vaya dirigida contra un segmento poblacional que, a fin de cuentas, es sobre el que se actúa, lo que implica necesariamente que hay una élite que tiene el poder real (¿o político?) y es la única capaz de nica capaz dedeberuso ps...s sinque hay una elite que tiene s.s presidenciales.  aporte difernte,ay) y cafo, deberuso ps...s sinmodificar la situación política que se pretende cambiar,  y

c)      Que el terrorismo de Estado queda implícito en la definición propuesta.

Continúa con el análisis y cita a Reinares y a Jaime Jiménez, quienes (en palabras de Carrasco), incluyen tres rasgos característicos del terrorismo:

a)      Deliberada provocación de un impacto psíquico (ansiedad, amedrentamiento) entre la población, notoriamente desproporcionado a los daños personales y materiales provocados;

b)      La violencia ha de usarse de forma sistemática, impredecible y contra objetivos de elevada relevancia simbólica en el seno del marco cultural e institucional vigente, y

c)      A través de los atentados contra esos blancos simbólicos se canalizan los mensajes y amenazas que convierten dicha violencia en un mecanismo de comunicación y control social.

Un esquema similar es igualmente recogido por Garrido, Stangeland y Redondo:

a)      El uso o amenaza de usar la violencia;

b)      Una motivación política, y

c)      La creación de una presión psicológica mediante el terror para lograr un determinado propósito.

Por su parte, Wardlaw define el terrorismo como “el uso -o la amenaza de uso- de la violencia por parte de un individuo o grupo, lo mismo si actúa a favor o en contra de la autoridad establecida, cuando esa acción pretende crear una angustia extremada y/o efectos inductores de miedo sobre un grupo seleccionado y mayor que el de las víctimas inmediatas, con el propósito de obligar a este grupo a que acceda a las demandas políticas de los perpetradores” ¿Es necesario incluir los conceptos “individuo o grupo”? Se pregunta Carrasco. Algo fácilmente compartible puesto que no parece necesario para la definición que se pretende, al igual que si la violencia procede del Estado o actúa contra él.

Para Wilkinson el terrorismo es “el uso sistemático del asesinato, la destrucción y la amenaza del asesinato y la destrucción, en orden a aterrorizar individuos, grupos, comunidades o gobiernos para que se concedan las demandas políticas de los terroristas”; como para Sorel, quien considera que el terrorismo internacional es “un acto ilícito (con independencia de su autor o su propósito) que crea una alteración del orden público definido por la comunidad internacional, por medio del uso de la violencia grave e indiscriminada (en cualquier forma, ya sea contra personas o contra la propiedad pública o privada) a fin de producir una atmósfera de terror con el objetivo de influir en la acción política”. La inclusión de la afirmación “definida por la comunidad internacional” viene a sustentar la tesis de la falta de una definición consensuada y la necesidad de que sea la comunidad internacional quien la apruebe. En los dos casos anteriormente analizados, se incluye la acción o la amenaza de actuar, y se amplía sustancialmente el espectro delictivo que se describe. Bueno Arús, lo define como una “actividad violenta empleada con una finalidad política o social para causar terror a una población o a sectores determinados de la misma”, aunque es cuestionable y puede ser demasiado ambiguo el concepto “finalidad” (política) que se incluye en la definición.

Por otro lado, Thornton señala que el terrorismo es un “acto simbólico orientado a influir en la conducta política por medios anormales y que implican la práctica de la amenaza o la violencia”; Lamarca Pérez lo define como “la violencia organizada con finalidad política”; Seijas Candelas afirma que el terrorismo “aparece cuando un grupo, tenga el poder gubernamental o esté fuera del gobierno, decide alcanzar un conjunto de objetivos ideológicos por métodos que no sólo violan el derecho nacional o internacional, sino que además se espera que tengan éxito principalmente mediante la amenaza o el uso de la violencia”; García Calvo apunta que es “una actividad planificada que, individualmente o con la cobertura de una organización, con reiteración o aisladamente, y a través de la utilización de medios o la realización de actos destinados a crear una situación de grave inseguridad, temor social o de alteración de la paz pública, tiene por finalidad subvertir total o parcialmente el orden político constituido”; Borja Jiménez dice que es “aquella actividad propia de una estructura organizada que utiliza la violencia como forma de estabilización de un sistema político mediante la grave alteración del orden público para alcanzar unos específicos objetivos ideológicos”.

Para Herrero, el terrorismo es un “fenómeno social patológico, caracterizado por el uso extremo de la violencia, como medio intimidante coactivo para las víctimas directas y el contexto socio-político que las envuelve, con el fin de alcanzar objetivos de carácter revolucionario, pararrevolucionario o, simplemente, reaccionario o represivo”; Hoffman por su parte, lo califica como “la creación deliberada y la explotación del miedo mediante la violencia o la amenaza de la violencia cuyo objetivo es el cambio político”; Jenkins dice que es “la amenaza de la violencia, actos individuales o una campaña de violencia diseñada principalmente para infundir miedo”; y Calduch Cervera lo encuadra dentro de “una estrategia de relación política basada en el uso de la violencia y de las amenazas de la violencia por un grupo organizado, con objetivo de inducir un sentimiento de terror o inseguridad extrema en una colectividad humana no beligerante y facilitar así el logro de sus demandas”[173].

Como puede verse, las definiciones anteriores que aluden al concepto de terrorismo son diversas, variadas y enfocadas desde muy distintas perspectivas[174]. No es posible, seguramente, llegar a un consenso en vista de la pluralidad de visiones encontradas y sin tener en cuenta que hay otras muchas que no han sido incluidas, más bien una gama pequeña que refleja diferentes puntos de vista en el ámbito académico. Finalmente, el propio profesor Carrasco Jiménez se “queda” con una definición  que estima “digna de ser seguida y perfeccionada” y que fue construida por el Grupo de Estudios de Política Criminal. Dice así: “…, el acto terrorista constituye una negación de los derechos fundamentales a través de la utilización de la violencia como medio de terror por parte de estructuras organizadas con fines políticos”[175].

Las razones que esgrime el autor son varias, entre las que destacan las siguientes: lo acertado de la misma, por no emplear redundancias, recoger todos los elementos que podrían enmarcar el terrorismo (violencia, terror, organización y fin político) y la validez en cualquier ámbito (nacional o internacional). No obstante, no rechaza necesariamente las otras definiciones que aporta y analiza en su estudio y, muy acertadamente a nuestro criterio, comenta: “…, cada propuesta, a su modo, capta algún aspecto específico del terrorismo y contribuye a esclarecer y facilitar esta ardua tarea conceptual, aunque ‘sólo’ sea ayudándonos a no caer en los mismos errores en que cayeron otros anteriormente”[176].

Al margen del análisis anterior, se pueden agregar otros aportes académicos sobre el asunto, y parece oportuno recoger lo que Casas afirma en nota aclaratoria, de uno de sus trabajos:

Es altamente didáctico seguir a Münkler cuando afirma: “cabe definir el terrorismo como una forma de utilización de la violencia que se propone esencialmente conseguir resultados a través del efecto indirecto (…), no busca por tanto las consecuencias físicas inmediatas del uso de la violencia, sino sus consecuencias psicológicas [utilizando únicamente] un mínimo de fuerzas físicas, directamente contra las potencias morales del oponente y su voluntad (…) se quiere comunicar (…)  a todos cuantos viven en el mundo occidental que para ellos no habrá ya ninguna seguridad jamás, en ningún sitio”[177].

García Ramírez presenta la siguiente definición de terrorismo obtenida del primer artículo del proyectado Convenio de Europa, y que en 1937[178] se concibió de la siguiente forma: “hechos criminales dirigidos contra un Estado y cuyo fin o naturaleza sea provocar el terror en personalidades determinadas, grupos de personas o entre el público”, que lo limitaba y reducía a ciertos acontecimientos que se consideraban en la época, aunque en todo caso la convención nunca entró en vigor:

…, «el concepto de terrorismo ha sido sumamente difuso y ampliamente discutido, al punto de que ni siquiera se logró un consenso en el Estatuto de Roma, donde no fue posible lograr una definición, pese a la unánime condena. Tampoco en el sistema regional americano la Convención Interamericana contra el terrorismo…logró un consenso sobre su tipificación ni sobre su consideración como crimen de lesa humanidad». La dificultad apuntada es de antigua data pues como se dijo «el terrorismo se había perfilado como delito internacional antes de la Segunda Guerra Mundial, al punto de formularse el proyecto de Convención para la Prevención y Represión del Terrorismo abierta a la firma en Ginebra el 16 de noviembre de 1937 bajo los auspicios de la Sociedad de Naciones», aunque esa convención nunca entró en vigor[179].

El compendio y análisis de definiciones citado, producto del estudio de diversos autores y otras tantas organizaciones,  pretende establecer una sólida base sobre la reflexión actual en torno a la búsqueda de una definición internacionalmente aceptada de terrorismo. Se ha podido observar cómo, para algunos autores, no siempre sirven los objetivos que pretenden lograr ni las razones a las cuales apelan los terroristas para la justificación de los actos. Quienes ejercen el terror, consideran como no podría ser de otra forma, que los objetivos son nobles y las víctimas siempre justificadas.  El terror es el miedo, la angustia por la vida propia:

El objetivo del terrorismo no es sembrar el terror, ni asesinar por asesinar. Sembrar el terror es el medio que utilizan para lograr unos objetivos. Que existan estos objetivos, no significa que el método utilizado para alcanzarlos (el terror) sea válido. Pero negar la existencia de estos objetivos, es negar las causas del terrorismo, y por lo tanto imposibilita prevenir los futuros actos de terrorismo[180].

Como se puede ver, se han dado múltiples esfuerzos y elaborado diferentes acepciones del término que permiten realizar estudios estadísticos de aspectos comunes que incluyen la mayoría de ellas:

“Un análisis de 109 conceptos emitidos sobre el terrorismo, efectuado por Alex Schmidt y Albert Jongman, concluyó que el 83% de los enunciados contiene la palabra “violencia”, mientras que el 65% refiere el vocablo ‘política’. Aspectos tales como el efecto psicológico de las acciones, así como las amenazas, figuran en menos de la mitad de tales enunciados”[181].

Muchos Estados de la Unión Europea (UE) han tenido debates internos en relación con la necesidad de contar con una definición. Prominentes juristas llegaron  a afirmar en foros y otros medios que “primero hay que definir terrorismo en el ámbito de la comunidad internacional y, en segundo lugar, qué es terrorismo”[182], aunque no por eso algunos países dejaron de adoptar “su” propia definición y la incluyeron en sus respetivos códigos penales:

Pese a las imprecisiones en el orden internacional, algunos países han adoptado una definición de terrorismo en el orden interno, por ejemplo España, Francia, Reino Unido y Portugal y, como consecuencia de los atentados que sufrió el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos de Norteamérica sancionó la Patriot ACT en octubre de ese año. La norma ha desatado innumerables debates acerca de las restricciones ilegítimas a los derechos personales que la defensa contra el terrorismo podría originar[183].

En el caso latinoamericano concretamente, la ausencia de una definición es una laguna patente y un tema pendiente al igual que la elaboración y aprobación de una lista de personas y organizaciones consideradas terroristas. Hasta el momento, el legislador ha evitado definir regionalmente el concepto terrorismo, por lo que determinadas acciones pueden ser diferentemente entendidas según el país, el momento político, el oportunismo, el interés o cualquier otra variable. Ese marco difuso ha servido para presentar o justificar diversas actitudes pasadas y presentes aunque cargadas siempre de oportunismo político. A modo de ejemplo baste citar parte de las declaraciones del viceministro de relaciones exteriores de Venezuela, Jorge Varelo[184], quien declaró: “…, su ‘apoyo’ a la teoría iraní de que Estados Unidos arma a los terroristas internacionales y les proporciona fuentes financieras para luego justificar sus acciones”[185].

Este importante vacío, por sí mismo, puede hacer inoperativos ciertos marcos legales, tratados y convenios suscritos, alguno de los cuales serán abordados más adelante en este trabajo. Powell & Reinares, en relación con la falta de marco conceptual, dicen lo siguiente: “Una de las dificultades que ha planteado tradicionalmente la lucha transnacional contra el terrorismo ha sido la ausencia de una definición comúnmente aceptada de dicho fenómeno”[186].[187] A lo que Gelli agrega, amplía  el razonamiento y concluye lo siguiente:

En consecuencia, se advierte que aunque todos o la mayoría de los delitos de terrorismo se consideren delitos graves no políticos y, por ende, extraditables, no existe un consenso generalizado en las comunidades nacionales y en la comunidad internacional acerca de la inclusión del terrorismo dentro de los delitos de lesa humanidad, estos, imprescriptibles por definición[188].

Villamía Ugarte (2005), por su parte,  extiende la advertencia en relación con otros aspectos de las relaciones internacionales (cooperación interestatal):

Se trata de un fenómeno mundial que requiere respuestas en muchos campos, no sólo en el policial y el militar; que estas respuestas deben ser multilaterales, ya que ningún Estado es capaz de resolver el problema por sí mismo, y que, como consecuencia, la cooperación y, muy concretamente, el papel de las organizaciones internacionales en esta lucha adquiere una importancia trascendental[189].

Otros autores no solamente buscan definirlo sino que estudian las causas y sus orígenes, aunque es un tema que no se abordará en este trabajo.

Sin embargo, no todos los autores comparten la manifiesta afirmación de que es preciso contar con una definición de terrorismo. Ibáñez Ferrándiz indica que “es lugar común para muchos juristas, en especial positivistas, el enfatizar la inexistencia de una definición de terrorismo generalmente aceptada como punto de partida ante cualquier análisis de la problemática de este delito en el ámbito internacional”[190]. Justifica tal afirmación e indica que hay un marco suficiente de acuerdos internacionales (convenios, tratados, etc.) para juzgar casos de terrorismo. A la polémica contribuyen Bermejo García y López-Jacoiste Díez quienes, sin dejar de lado lo afirmado por Ibáñez, matizan al respecto:

Para el Derecho Internacional, el terrorismo no es un fenómeno nuevo, prueba de ello es que existen hace mucho tiempo una serie de convenios en materia de cooperación antiterrorista. Sin embargo, nunca se pudo establecer una definición en el ámbito general del terrorismo, cuestión que para algunos socavaba la eficacia de esa cooperación y, por tanto, de lo que luego se ha venido denominando como lucha o guerra antiterrorista. No obstante, la cuestión de la definición no es compartida por todos, ya que se señala que si se define el terrorismo se estaría dando las pistas para que se cometieran actos que cayeran al margen de la definición dada, lo que presentaría quizás más problemas que los que se quiere resolver[191].

Interesante planteamiento que pudiera enfrentar, de algún modo, el principio general Nullapoena sine lege puesto que, en este caso, la falta de concreción de la definición no haría viable la conceptualización del delito, tal y como se recoge en algunos informes:

Another principle, which is particularly significant in the absence of a universal definition of terrorism, is that of legality (nullumcrimen sine poene), which requires that anti-terrorism legislation be clear, unambiguous, not overly broad or retrospective, something which has often not been the case[192].

Relacionado con lo anterior parece oportuno indicar primero, que los acuerdos suscritos en esta materia (18 en total)[193], tipifican hasta 50 actos que pueden considerarse terroristas y que el ciber-terrorismo y los delitos terroristas cometidos individualmente, no están incluidos, lo que deja una laguna en esta área; segundo, no todos los países son signatarios de los acuerdos y tratados indicados, por lo que no es de necesaria u obligatoria aplicación en todo el hemisferio y, tercero, que la interpretación, tomando en cuenta de que cada acuerdo tiene un fin concreto (el enunciado principal lo indica), puede entenderse como marco jurídico específico para ese fin puntual y en modo alguno hacerlo extensivo a otras situaciones por muy similares que se quisieran presentar. En última instancia es lo que Villamía Ugarte señala: “… la acción jurídica para la aplicación de estas medidas está en manos de los Estados en virtud de su propia soberanía”. Es decir, no se garantiza, como se ha dicho, que diferentes Estados consideren por unanimidad un determinado acto como terrorista, salvo que cada uno lo haga independiente y concurrentemente, lo que hace que sea necesario tener en cuenta el grado particular de apreciación (por aquellos) de cada caso, dentro de los acuerdos citados[194].

Los anteriores argumentos y aquellos otros del profesor Ibáñez, son unidos y conjuntamente evaluados en la siguiente reflexión del profesor Carrasco[195]:

Los problemas de las legislaciones objetivistas son los mismos que tienen los tratados internacionales universales con sus listas de actos de terrorismo, a saber, que no queden reflejadas todas las modalidades comisivas de atentados terroristas, y/o que puedan quedar incluidas en su descripción, acciones ajenas cualitativamente al terrorismo, sobre todo las de organizaciones delictivas comunes o los asesinos en serie.

Y si el debate no fuese suficientemente complejo con lo hasta ahora indicado, Ibáñez F. se hace la siguiente pregunta que agrega otros aspectos que no han sido debatidos: “¿Son reconciliables los principios de soberanía y autodeterminación del derecho internacional con una definición general de terrorismo?”[196].

Ciertas condiciones parecen necesarias o previas al abordaje de la discusión sobre una definición consensuada de terrorismo, aunque se esté lejos de lograrla. Como aporte a lo  que se ha venido exponiendo hasta el momento en relación con la complejidad que representa una política común internacional, Owada indica:

En este sentido, la armonización del régimen jurídico nacional con los convenios internacionales que castigan el terrorismo, es tanto más importante si se tiene en cuenta que los actos terroristas no son siempre calificados  como crímenes internacionales sujetos a la jurisdicción penal internacional en la actual legislación penal internacional. Por ejemplo, el terrorismo no está incluido dentro de las  competencias del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (ICC) ni de las del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY). En cambio, el Estatuto  del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (ICTR) contempla la toma de rehenes y la participación en actos de terrorismo como violaciones del Segundo Protocolo Adicional a las Convenciones de Ginebra y las hace susceptibles de castigo por parte del Tribunal, al  igual que  la Corte Especial para Sierra Leona que también incluye una prohibición específica del terrorismo en los conflictos armados[197].

El profesor Owada concluye:

Para sortear esta dificultad, la comunidad internacional ha adoptado un enfoque “poco  sistemático”, concentrándose en identificar conductas criminales específicas a impedir y a castigar y en objetivos concretos a proteger. No obstante, es esencial, incluso con este  enfoque poco sistemático, que haya un entendimiento común compartido sobre algunos  elementos constitutivos básicos del terrorismo como crimen internacional. Para que constituya un acto de terrorismo, debe ser un acto violento que destruya la vida humana y  por lo tanto que obre en contravención del sistema judicial del Estado en el que  se ha  cometido; esté dirigido  a destruir el orden público de la  sociedad, en la mayoría de los  casos ocasionando víctimas entre personas, públicas o privadas; y debe ser un acto llevado a  cabo con la intención de sembrar un estado de terror (intimidando o coaccionando a la población civil) o de influir en la política de un gobierno u organización  a través de la intimidación o la coacción, lo que incluye la destrucción masiva, el  asesinato o el secuestro. Además, las convenciones internacionales que abordan el “terrorismo  internacional” circunscriben su aplicación al terrorismo con un elemento transfronterizo e internacional[198].

En torno a la polémica planteada, hay que reconocer, no obstante, que ha existido un cierto esfuerzo regional por abordar la temática con resultados diferentes y sobre todo con ausencia de un consenso al respecto. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al comentar este aspecto, contempla que “debe reconocerse en primer lugar, que el lenguaje del terrorismo se utiliza en una variedad de contextos y con distintos grados de formalidad”[199]. Así, cuando aborda las causas o hechos, manifiesta lo siguiente:

Es particularmente en este sentido que se ha planteado la falta de acuerdo en torno a una definición integral del terrorismo, debido a que ciertos Estados han considerado que lo que con frecuencia se denominan “movimientos de liberación nacional” y sus metodologías, deben ser excluidos de toda definición de terrorismo en razón de su asociación con el principio de libre determinación de los pueblos”[200].

Y, en un comentario a pie de página sobre la anterior afirmación, aclara mucho más la controversia y consecuente dificultad que se quiere exponer en el particular caso latinoamericano:

Véase, por ejemplo, el Informe del Comité ad hoccreado por Resolución de la Asamblea General 51/210 del 17 de diciembre de 1996, Quinto Periodo de Sesiones (12-23 de Febrero de 2001), ONU Doc. A/56/37, Anexo V, párr. 10 (donde se indica que en el intercambio general de opiniones sobre la inclusión de una definición de terrorismo en una convención amplia de la ONU sobre terrorismo internacional, “algunas delegaciones subrayaron que la definición de terrorismo debe establecer una clara diferencia entre elterrorismo y la lucha legítima en ejercicio del derecho de libre determinación e independencia de todos los pueblos bajo ocupación extranjera[201] (Traducción por la Comisión). [Subrayado propio].

Sin embargo, más adelante, la propia CIDH, en una especie de búsqueda de equilibrio -o de solución salomónica- ante la falta de definición indicada y la discusión promovida y sustentada por diversos países en torno a la dificultad de buscar un consenso, agrega:

Al mismo tiempo, el hecho de que el terrorismo no posea, per se, un significado concreto dentro del derecho internacional, no significa que constituya una forma de violencia indescriptible o que los Estados no estén sometidos a restricciones, en el marco del derecho internacional, en la configuración de sus respuestas a esa violencia. Al contrario, es posible enumerar varias características frecuentes asociadas con los incidentes terroristas que ofrecen parámetros suficientes para que los Estados definan y evalúen sus obligaciones internacionales a la hora de responder a esa violencia[202].

La CIDH deja en manos de los Estados la adopción de las medidas que consideren oportunas, exhortándoles a no excusarse antes hechos que “constituyen” delito de terrorismo y entendiéndose que estos deben ser calificados en función de ciertas características. Por tanto, la falta de una definición precisa y concreta en el ámbito internacional sobre el fenómeno del terrorismo ha permitido (y continúa haciéndolo), en cierta forma, determinadas interpretaciones y análisis sobre situaciones y hechos que han sucedido o se producen con cierta frecuencia en el mundo[203]. El terrorismo nacional, entendido como aquel que se circunscribe al interior de las fronteras físicas de un Estado, evolucionó al transnacional[204], cuando comandos o equipos logísticos se sitúan en el vecino país y desde allí pueden actuar contra los intereses del Estado vecino. El siguiente paso fue la internalización. Con ella, los grupos terroristas pasaron a tener bases, delegaciones o células en territorios de distintos Estados, aunque el fin seguía siendo único o concurrente:

Terrorismo internacional es, en primer lugar, el que se practica con la deliberada intención de afectar la estructura y distribución del poder en regiones enteras del planeta o incluso a escala misma de la sociedad mundial. En segundo término, es aquel cuyos actores individuales y colectivos hayan extendido sus actividades por un significativo número de países o áreas geopolíticas, en consonancia con el alcance de los propósitos declarados[205].

La dimensión internacional primero, y global después de dicho fenómeno, generó interpretaciones igualmente difusas o equivocadas sobre el alcance y la trascendencia de ciertos acontecimientos. En algunas ocasiones, no se supo explicar el atentado y, consecuentemente, dimensionar el alcance del mismo, lo que hubiese contribuido a detectar y analizar con más claridad el riesgo o la amenaza, facilitando su inclusión en planes nacionales o regionales dentro de la correspondiente agenda de seguridad y defensa, o políticas públicas similares que cada Estado o región puedan generar, especialmente en materia judicial y de prevención.

Por otra parte, “que el terrorismo internacional adopte en nuestros días una orientación islamista es un rasgo propio de la que se conoce como cuarta ola del terrorismo”[206]. En la misma línea, el terrorismo global[207] está asociado al islamismo radical o extremista y está relacionado directa o indirectamente con Al Qaeda[208]. De forma sintetizada se puede resumir, tal y como lo hacen  De la Corte Ibáñez & Jordán, en referencia a tres objetivos estratégicos diferentes que persigue:

a)la intervención en cualquier conflicto en el que los musulmanes sean objeto de agresión;

b)la deposición de los gobiernos apóstatas establecidos en países musulmanes; y

c)la derrota del Estado judío y de los gobiernos occidentales, sobre todo el de Estados Unidos[209].

Relacionado con lo anterior y precisando el espacio que el terrorismo islámico radical ocupa, Gutiérrez López agrega:

El islamismo radical ha sucedido al marxismo como ideología global insurgente por lo que se ha reforzado el papel de la religión en aspectos como la motivación al suicidio con fines martiriológicos o las prédicas del clero musulmán sentando las bases de la guerra, interiorizada por los fieles como guerra santa[210].

Y Chaya concluye:

La realidad es simple: más allá de Al Qaeda y todas las organizaciones similares, “el islamismo militante radical es una ideología global llamada yihadismo” y ella no guarda relación con la naturaleza del islam o con los millones de creyentes musulmanes[211].

En el particular caso latinoamericano y sin hacer referencia precisa al terrorismo yihadista, Caamaño matiza:

Con respecto al terrorismo, aunque no está generalizado en la región y no puede ser considerado una amenaza común a la totalidad del territorio, hay zonas en donde su incidencia es palpable y, lo que es peor, con unas potencialidades de actuación que no se deben subestimar. En Colombia, la presencia de grupos guerrilleros-terroristas, además de ser el principal problema interno en el país, tiene unas vinculaciones transnacionales con los países fronterizos que pueden servir de detonante… [212]

Se consolida un creciente interés (y preocupación) por el radicalismo islámico manifestado en forma de acciones terroristas en diversos lugares del planeta, todas ellas con ese sello especial del terrorismo global. Es importante recordar que “la mayor parte de los atentados terroristas producidos durante los años noventa fueron perpetrados por personas y grupos pertenecientes a una ‘civilización diferente’ a la de sus víctimas”[213]. Las declaraciones (enero 2009) de Osama Bin Laden y Ayman al Zawhiri en relación con el conflicto Israel-Gaza y el llamado a la actuación de los palestinos y especialmente de los jóvenes, así como la condena a ciertos líderes árabes (Egipto, Arabia Saudí, Yemen y Argelia) constata esta red internacional, dispersa pero operativa y con determinados y claros objetivos, algo muy alejado de la idea de desaparición o inoperancia de Al Qaeda que algunos pudieran proponer. Los pasados atentados de febrero 2009 en Venezuela contra intereses judíos pueden ser el eslabón que confirme el enlace con América Latina, donde los Estados no cuentan con una base jurídica común en materia de terrorismo y parece que la actual situación geopolítica imposibilita aún más las cosas.

La internacionalización del terrorismo ya no se puede tratar adecuadamente con respuestas  meramente nacionales basadas en la definición tradicional de terrorismo  como un delito dentro del ámbito del sistema jurídico penal de un Estado-nación; el  terrorismo global requiere respuestas globales basadas en la consideración del  orden  público  internacional  de la comunidad internacional con su imperativo irrenunciable del  respeto a  los derechos humanos fundamentales de  los individuos  como parte de la justicia universal de esta comunidad. Si aceptamos que el Estado de Derecho en el plano internacional se basa en la inviolabilidad  de la dignidad humana, el terrorismo  internacional que constituye un gravísimo y violento desafío a este valor fundamental del  Estado de Derecho se combate mejor recurriendo a esos medios que puedan preservar y  fortalecer el Estado de Derecho, que con los que puedan acabar debilitándolo al negar  este valor esencial[214].

Se siente la necesidad de conformar una política exterior, regional más que nacional,  con lineamientos comunes en esta materia, teniendo en cuenta la particularidad y complejidad del actual escenario internacional donde esos conceptos se manejen y compartan, en la mayoría de las regiones, en un mismo plano de comprensión. Ello representa, sin duda, una tarea muy compleja por no existir previamente una comunidad de doctrina mínima en lo referente al marco conceptual. Pensar que el terrorismo nacional o transnacional tiene características similares al internacional o global, puede representar no sólo una falta de concreción etimológica, sino una distracción a la hora de elaborar cualquier estrategia de seguridad compartida que permita enfrentar esas amenazas ¿Cómo generar una estrategia conjunta cuando los acontecimientos no son igualmente percibidos? Es por ello que se siente la necesidad de converger en lo referente a los marcos conceptuales (terrorismo nacional, transnacional, internacional y global)[215], pero sobre todo, a emplearlos, entenderlos e interpretarlos de forma similar en los distintos foros y reuniones internacionales de manera que se conforme ese espacio intelectual único que permita abordar con eficacia la lucha antiterrorista.

Pero, no solamente es necesaria una comunidad de doctrina en cuanto a terminología se refiere. Es imprescindible, de igual forma, comprender el fenómeno y contar con la capacidad de análisis e interpretación de lo que está ocurriendo, para poder evaluar la dimensión de la amenaza y generar la estrategia correspondiente. Tras el 11 de septiembre de 2001 y las consiguientes actuaciones de Estados Unidos y sus aliados, tanto en Afganistán como en Irak, pareciera que con el paso del tiempo las alarmas nacionales en torno a posibles actuaciones terroristas han disminuido. La dispersión de las distintas células de Al Qaeda no puede, ni debe interpretarse como una desaparición de las mismas[216]. Hay quien, sin embargo, estima que Al Qaeda ha perdido su capacidad debido a la eficaz actuación norteamericana: “Como poco, las fuerzas estadounidenses han logrado que la jerarquía de Al Qaeda quede rezagada durante varios años. Como mucho, tal vez hayan acabado para siempre con la capacidad operativa de Al Qaeda de operar como una empresa ‘centralizada’”[217]. Por el contrario, la atomización ha llegado a representar un grado mayor de peligro y una mayor amenaza, al pasar de una estructura piramidal a otra horizontal y descentralizada. Ahora existe una cantidad enorme de células que pueden operar de forma independiente, no controlada y autónoma, lo que las hace mucho más imprevisibles porque la lógica de actuación de todas ellas no necesariamente lleva un lineamiento superior y uniforme, sino que están únicamente sujetas a la generalidad de los postulados yihadistas pero con un añadido emocional, oportunista o de liderazgo del jefe o entorno de cada una[218]. Estas nuevas redes semi-autónomas representan un trabajo extra para los servicios de inteligencia y de seguridad, no sólo por la estanqueidad de las mismas, sino por la dificultad de establecer perfiles o parámetros de comportamiento estandarizado que permita establecer patrones de conducta y poder desarticularlas. En opinión del profesor Reinares, “Al Qaeda se encuentra hoy más extendida en el mundo de lo que esta hace 12 meses y tanto o más implicada en actividades de terrorismo”, y agrega más adelante: “No es posible elucidar con el suficiente grado de certidumbre si durante ese periodo de tiempo se ha reducido, mantenido o incrementado la amenaza terrorista que Al Qaeda supone para las democracias de Norteamérica, Europa occidental y Oceanía”[219].

La situación indicada requiere, además, un análisis a la luz de las nuevas tecnologías, especialmente en lo referente a las redes sociales en la web[220], lo que posibilitaría la activación, el enlace y la comunicación rápida y eficiente[221]: “Otra posible forma de trabajar con fuentes abiertas se basa en el seguimiento y la traducción de sitios web y foros radicales”[222].

La infraestructura yihadista en la red se ha implantado acorde con las características de la misma organización, que implican flexibilidad para una adaptación rápida según las circunstancias y necesidades de los grupos. Pero habría que valorar el peso de otros medios informales de comunicación en la estructura de la misma organización. Estas células mantienen unos vínculos de familiaridad y cercanía a los que les vienen muy bien las nuevas redes sociales, foros y posibilidad de descargas de archivos, pero no son los únicos. Por tanto, la lucha terrorista pasa por desmontar a través de denuncias, contenidos de propaganda terrorista, portales, foros o publicaciones de archivos. El terrorismo busca notoriedad rápida de sus actividades y objetivos, y legitimar con la espectacularidad de sus acciones, su fuerza y potencial para intimidar y quebrar la estabilidad política y hasta económica[223].

El surgimiento de nuevas tecnologías, como indica Sánchez Medero, facilita las relaciones de las diferentes células terroristas y crea una nueva forma de relación que no requiere de la presencia física. Algunas citas de la autora presentan, sin entrar en detalle, la amplitud del uso de las redes para aquellos delectivos propósitos:

Puesto que también se ha definido el terrorismo como una forma de guerra psicológica, no cabe duda de que  los grupos terroristas también han tratado de librar semejante guerra a través de Internet. Existen incontables ejemplos sobre cómo se sirven de este medio sin censura para propagar informaciones equívocas, amenzar o divulgar las imágenes de sus atentados .

Esta interconexión vía correo electrónico se hace mediante la esteganografía, método que permite ocultar un fichero de audio, texto, gráfico o vídeo en archivos digitales y convencionales para desafiar a través del camuflaje, la monitorización de los servicios de información occidentales[224].

El profesor Torres Soriano aporta también lo que sigue:

El terrorismo yihadista lleva a cabo un amplio uso del Internet como herramienta de comunicación segura, coordinación operacilna., obtención de inteligencia, ciber-sabotaje, aprendizaje, etc. En este análisis nos centraremos en los desarrollos más recientes relativos a su faceta propagnadística, la cual constituye su principal y más importante actividad en internet [225].

Con el ánimo de buscar un punto común de encuentro, los elementos esenciales de la definición de terrorismo se pueden encontrar en la Convención internacional para la represión de la financiación del terrorismo de 1999, en diversas resoluciones de la Asamblea General, en la resolución 1566 de 2004 del Consejo de Seguridad de ONU y en los Convenios sobre Terrorismo de la Liga Árabe, de la Organización para la Unión Africana y de la Organización para la Cooperación Islámica:

El profesor Antonio Cassese enuncia los tres elementos de la definición sobre los que existe acuerdo generalizado: (1) se trata de actos criminales que normalmente constituyen delitos en las legislaciones penales nacionales; (2) son cometidos con la intención de provocar un estado de terror en la población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto; (3) se comenten con una motivación política o ideológica, esto es, no basada en la consecución de objetivos privados[226].

Pero, no solamente se puede visualizar el fenómeno terrorista desde la perspectiva del autor (cualquiera que sea), ni desde aquella otra de las organizaciones (nacionales o internacionales) que lo confrontan. Hay que hacerlo también desde el ángulo de las víctimas, quienes a fin de cuentas son las más afectadas o las que sufren consecuencias directas de  aquellas acciones. En este sentido “la dificultad de abordar los derechos de las víctimas del terrorismo se ha justificado en el ámbito de las Naciones Unidas con argumentos escasamente contestados en la práctica y que se resumen en tres: (1) la supuesta ausencia de definición de terrorismo…”[227]. De nuevo surge el problema de la falta de una precisa definición del término tal y como otros autores han sostenido al respecto. Y más adelante, la misma autora ahonda en la anterior observación de una forma más contundente y concreta, y determina con precisión las causas (o ciertas causas) que pueden ser el origen de la falta de acuerdo que se viene explicitando:

Lo que hace recurrentemente imposible que en el marco de la Sexta Asamblea de la ONU se consensue esta definición, es la defensa por determinados Estados de una lógica perversa que resume el artículo dos de la Organización para la Cooperación Islámica sobre la lucha contra el terrorismo internacional de 1999. ……, el artículo dos es demoledor: “La lucha de los pueblos, incluida la lucha armada contra el invasor extranjero, la agresión, el colonialismo y la hegemonía, que persigue la liberación y la autodeterminación de acuerdo con los principios del derecho internacional no se considerará un crimen terrorista”[228].

Antes de concluir, parece conveniente incluir en este inacabado debate, el aporte de alguien que ha realizado una profunda investigación sobre el tema, como es el profesor Carrasco Jiménez, quien considera que cualquier definición de terrorismo debe reunir cuatro características: generalidad, globalidad, precisión y sencillez. Como contribución personal propone la siguiente: “…, acción violenta ejecutada por personas al servicio de una organización, con la intención de infundir miedo a un sector de la sociedad, y utilizar este miedo para tratar de alcanzar un fin político”[229].

Sin negar los esfuerzos realizados por la comunidad internacional en torno a buscar una definición consensuada (o aproximada) sobre el concepto de terrorismo, es evidente que no se ha avanzado lo suficiente para entenderlo de idéntica forma. Diversos intereses o específicos momentos históricos o políticos hacen que no se vislumbre un horizonte, siquiera a mediano plazo, que permita abordar el tema desde una óptica común o concurrente. Además de ser fundamental para poder definir el problema y consecuentemente actuar sobre él, es necesario para evitar que mediante justificaciones banales o determinados subterfugios algunos Estados puedan acoger, promover, apoyar o financiar actuaciones que pudieran encajar dentro del delito de terrorismo si éste contase con esa definición precisa y comúnmente aceptada.  Al respecto las últimas líneas de uno de los trabajos del profesor Carrasoco: “… para esto es necesario primero consensuar una definición de terrorismo y los correspondientes estándares, ¿podrán los especialistas ponerse de acuerdo para lograr este significativo avance en la compresnion del terrorismo?[230].

Con la realidad de este vacío y las consecuentes implicaciones e incertidumbres, abordamos el resto del estudio, donde se reflexionará sobre algunos de los aspectos indicados, con la intención de evidenciarlos y entrelazarlos para delimitar con mayor claridad, la amenaza que venimos de indicar, su estado, extensión y situación, de forma que se establezca la plataforma teórica suficiente que permita desarrollar otros apartados.

4. En torno al marco geopolítico

La mayoría de los analistas políticos coinciden en destacar cómo desde la llegada al poder del presidente Hugo Chávez en Venezuela, la situación geopolítica regional e incluso internacional, ha experimentado un importante cambio que suscita diversas reacciones, tanto desde la perspectiva de las relaciones internacionales y del derecho internacional, como desde la visión de la seguridad hemisférica.

La asociación con Rusia e Irán y la atracción de diversos países de la región a una nueva esfera de influencia ideológica, también han sido objeto de reflexión profunda y de diversos análisis:

En la última década, tres países, Rusia, China e Irán, han comenzado a profundizar sus relaciones con los países de América Latina. Suele señalarse que a pesar de sus diferencias, los tres comparten la voluntad de fortalecer sus vínculos con una región históricamente considerada como de injerencia exclusiva de los Estados Unidos[231].

Los esfuerzos por incidir en el ámbito cultural latinoamericano han sido de tal calado que incluso a partir de febrero de 2012 comenzó a funcionar un canal de televisión en castellano: HispanTV, cuyo contenido no deja de incluir un elevadísimo porcentaje de programas que difunden la cultura, la idiosincrasia, la religión y determinadas posiciones políticas que algunos analistas consideran muy cercanas a extremismos islámicos y otros[232].

Hay quienes opinan que tanto Venezuela como Irán requieren de apoyo internacional para enfrentar el aislamiento a que se están viendo sometidas[233] y para ello, han generado una red de países que por medio de ofertas de contratos o negocios relacionados con el petróleo, se avienen a mantener y promover unas relaciones internacionales más estrechas. Es decir, se han utilizado los tratados[234], convenios y, en general, las alianzas internacionales, como una forma de superar condenas y aislamientos, y así promover un espacio de “legitimización” internacional difícil de alcanzar por otros medios. Se podría decir que estas relaciones de conveniencia no tendrán más futuro que el horizonte que las hizo posible y que hay una serie de aspectos como el idioma, la idiosincrasia, los objetivos, las costumbres, la distancia, etc., que evidencian esa artificialidad y presuponen una duración corta o, al menos, hasta que los intereses comunes dejen de existir o cambien. Esto es una fuerte retórica y un conjunto de actuaciones políticas con alto grado de difusión y apariencia, pero en el fondo, pocas actuaciones concretas: “Hasta ahora las relaciones irano-latinoamericanas han sido grandes proyectos y pequeñas concreciones”[235].

Pareciera que también hay una especie de acuerdo entre investigadores en el sentido de que no son precisamente las relaciones comerciales las que promueven o sustentan esta red de actividades que acaba de plantearse[236]. Irán no aparece entre los primeros socios comerciales venezolanos. En relación con las exportaciones, el primer lugar lo ocupa Estados Unidos, que además representa el mayor porcentaje durante 2009[237] y 2010. A partir de 2011, es China quien pasa a ocupar ese lugar, seguido de EE.UU. y Colombia como tercera. En las casillas correspondientes a Irán o Rusia, ni siquiera aparecen datos. Si se evalúan las importaciones (hasta 2011) ocurre algo similar: tampoco aparecen los países antes citados, y Estados Unidos nuevamente se sitúa en la primera posición con un 27,7% del total del valor de las mismas, lo que representa un incremento en la cantidad, pero una disminución porcentual que en 2010, era del 30,40%. Detrás figuran China, Brasil, Colombia, España, Argentina y otros[238]. Algunos autores -Rojas entre ellos- analizan la conjunción de estos temas político-económicos y de relaciones internacionales, de la siguiente forma:

Cuando se produce el fin de la Guerra Fría aparece un nuevo concepto, “de las relaciones internacionales de seguridad pasamos a las relaciones internacionales de mercado”; con lo que se indicaba que de la “alta política” pasábamos a la “baja política”. ¿Vamos a recuperar la alta política? ¿La seguridad adquirirá, nuevamente, un predominio esencial? Mi impresión es que no. Vamos a seguir en las relaciones internacionales de mercado, aunque con mayor peso y presencia de la seguridad internacional. También se reforzarán reglas de carácter global, en particular, las referidas al terrorismo y a los riesgos derivados de las capacidades y potencialidades en el uso de las armas de destrucción masiva.

  masiva.﷽ destruccir las referidas al terrorismo y a los riesgos derivados de las capacidades y potencialidades en el uso de la

 

La red internacional sugerida se ha conformado sobre un eje común que se sustenta en un mismo discurso, basado en “una retórica anti estadounidense y anti imperialista”, en la promoción, investigación o intercambio de petróleo y el refinamiento del mismo y en apoyar el programa nuclear iraní. De hecho “Venezuela y Cuba fueron dos de los tres países que votaron a favor del programa nuclear iraní en la Agencia Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas en febrero 2006”[239]. Sin embargo, también se han suscrito acuerdos entre varios países de la zona para el desarrollo o promoción de industrias como fábricas de tractores, bicicletas, autobuses y automóviles, entres otros, además de fábricas de cemento y diferentes iniciativas energéticas[240].En palabras de Colmenares: “A partir del año 2005, el Presidente venezolano señaló que se trata de conformar un modelo político-económico bautizado como “socialismo del siglo XXI”, siendo ambas denominaciones utilizadas hoy en día como sinónimas” [la otra es revolución bolivariana][241].

Relacionado con lo anterior, es de destacar la presencia de embajadores de ciertos países latinoamericanos en Teherán y viceversa, lo que viene a corroborar el estrechamiento de lazos no sólo comerciales, sino también políticos. Botta, en las conclusiones de su trabajo, recoge lo siguiente:

Así se abrió una embajada en Bolivia (en septiembre de 2007), en Ecuador (en enero de 2009) y se reabrió la embajada en Colombia (enero de 2007), en Chile (abril de 2007), en Nicaragua (octubre de 2007). Hoy, Irán mantiene embajadas residentes en los siguientes países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, México, Nicaragua, Uruguay y Venezuela. Por su parte, el embajador iraní en Uruguay atiende en forma concurrente las relaciones con Paraguay, mientras que el de Colombia atiende las relaciones con Perú[242].

Se podría aseverar que se ha conformado una extensa “red diplomática” capaz de actuar conjunta o concurrentemente y de promover acciones políticas que sustenten los vectores estratégicos antes descritos o aquellos otros que se puedan linear en el futuro en el marco de la “nueva alianza”.

Las declaraciones del presidente Ahmadinejad, recogidas también por Botta[243], reflejan a la perfección los intereses finales de todo este entramado que se ha descrito:

Mientras los países occidentales trataban de aislar internacionalmente a Irán, nosotros fuimos hacia el “patio trasero” de los Estados Unidos. Mi discurso más antinorteamericano fue hecho en Nicaragua. El incrementar las relaciones con América Latina fue una movida muy inteligente[244].

Lo que justifica las declaraciones del general Douglas Fraser en su comparecencia ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos, en fechas previas a su designación como Comandante del Comando Sur (U.S. SouthernCommand, Miami, Fla.  USSOUTHCOM) en 2009:

Yo también estoy preocupado por la intromisión de Irán en América Latina. Irán es un estado que apoya al terrorismo. Irán ha incrementado sus esfuerzos diplomáticos en la región y ha iniciado relaciones comerciales con muchos de esos países. Pienso que el objetivo de Irán es tratar de disminuir la influencia de los Estados Unidos en la región así como el de apoyar a aquellos estados que tienen un mensaje ideológico antinorteamericano.

La mayoría de los países de la región parecen dar la bienvenida a Irán como un potencial socio económico[245].

Y más tarde, en marzo de 2011, en su comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos, agregaría:

Finally, Iran continues expanding regional ties to support its own diplomatic goal of reducing the impact of international sanctions connected with its nuclear program.  While much of Iran’s engagement in the region has been with Venezuela and Bolivia, it has nearly doubled the number of embassies in the region in the past decade and hosted three regional heads of state in 2010. Currently, Iranian engagement with Venezuela appears to be based on shared interests: avoiding international isolation; access to military and petroleum technologies; and the reduction of U.S. influence.  Together with our interagency partners, U.S. Southern Command will continue to monitor Iranian activity in the region consistent with law and policy to ensure that U.S. laws and international sanctions are respected, and that our existing partnerships remain  strong and well-functioning[246]. 

Esta inquietud la expresa Chaya (2010) de la siguiente forma:

Funcionarios de inteligencia occidental han revelado su preocupación por el avance islamista en el continente latinoamericano. Los informes avanzan específicamente sobre personas de origen pakistaní, afganas e iraníes principalmente en Venezuela, Cuba y Nicaragua, quienes habrían establecido una base de operaciones en América Latina y cuyo centro operacional estaría ubicado en Venezuela.

Varias han sido las hipótesis -respecto de los fines de estos grupos- que van desde la intención de crear células operativas para secuestrar hombres de negocios de origen judío en América Latina, para trasladarlos luego al Oriente Medio, como también que intentarían utilizar a Venezuela como base para infiltrarse en los Estados Unidos con documentación provista por el régimen[247].

Y también refuerza el teniente general Ronald L. Burgess: [248]

The Qods Force[249] maintains operational capabilities around the world. It is well established in the Middle East and North Africa, and recent years have witnessed an increased presence in Latin America, particularly in Venezuela [author emphasis]. As U.S. involvement in global conflicts deepens, contact with the Qods Force, directly or through extremist groups it supports, will be more frequent and consequential[250].

En relación con las fuerzas Quds (Qods) a las que alude el militar norteamericano, es preciso indicar que son citadas en otros informes en los que se habla del alcance de las mismas:

-          Según publicaciones en los medios de comunicación de EUA, en los últimos años la Fuerza Quds ha expandido sus actividades en varios países latinoamericanos, y particularmente en Venezuela.

-          A fines de 2010, ex funcionarios de los servicios de inteligencia de Estados Unidos informaron a un periodista del Washington Post, que la presencia de oficiales de la Fuerza Quds y de militares iraníes de alto rango en las representaciones diplomáticas de ese país refuerza la capacidad de Irán de llevar a cabo actividades clandestinas, a veces con la complicidad de Hezbolá[251].

Para comprender la magnitud de la “red” internacional aludida con anterioridad, es preciso tener presente cuando comenta Farah en relación al apoyo -más allá del ya expresado-  que algunos países próximos a la órbita de la ALBA están teniendo de Irán[252]:

As noted above, of particular concern are the credible reports of ongoing and extensive Iranian training and equipping of the intelligence services of the Boliviarian states, particularly Venezuela, Bolivia, and Ecuador. This includes both equipment, primarily for communications intercepts, and training trips of Bolivarian state officials and military-age youth cadres to Iran.  It is also notable that in Bolivia and Ecuador, knowledgeable sources reported a significant increase in the Iranian military attaches being assigned to the region. This is unusual as the countries have traditionally have had little military interaction, and an indication of the increasing military-to-military ties that are developing. It is also worth noting that Hezbollah’s entre into countries is often through the offices of the military attaches under diplomatic cover, who often operates as a separate entity within the embassies[253].

En contraste con lo anterior y a pesar de los esfuerzos iraníes por extender sus vínculos con otros países latinoamericanos distintos de Venezuela, algunos estudios constatan que “no han tenido éxito hasta ahora”[254], ejemplificándose con diversos casos como la irrecuperable relación con Argentina[255]; la expulsión del Ministro de Defensa iraní de Bolivia en 2011[256]; el alejamiento de Brasil desde la llegada al poder de Dilma Rousseff y la tensión con Colombia y México. Tampoco parece haber “conseguido hasta ahora, dañar las relaciones de los países más importantes con Israel (a excepción de Venezuela)”[257]. Sin embargo, podría ser que, particularmente en Brasil, Irán intente consolidar su presencia:

But Iran is also solidifying its presence in Brazil by other means. For instance, along with its terrorist proxy Hezbollah, which maintains a significant presence in the tri-border region where Brazil, Paraguay, and Argentina intersect, Iran is involved in various activities, like drug smuggling and money laundering[258].

Si bien, la política brasileña es vista desde otro ángulo por analistas que estiman que la seguridad nacional puede llegar a modificar los anteriores planteamientos:

En última instancia, sin embargo, Brasilia va a verse obligada a tomar medidas. Debido a que Brasil es el anfitrión del Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, la seguridad nacional se ha convertido en una preocupación cardinal. Como resultado, el parlamento brasileño está considerando dos piezas separadas de la legislación relacionada con el terrorismo. Si se aprueba, se reforzaría el marco jurídico de lucha contra el terrorismo en el país. También empiezan a limitar la capacidad de los malos actores, como Irán y sus aliados terroristas, de la explotación del país como parte de su intrusión creciente en las Américas[259].

A todo lo anterior, hay que unir el actual y permanente debate sobre el deterioro de los principios democráticos en Venezuela, algo que ha sido evidenciado y comentado por el Secretario General de la OEA y que presenta al país con un cierto (preocupante) grado de autoritarismo ejercido por el gobierno chavista. La aprobación nuevamente -a finales de 2010- de la Ley habilitante[260] que permitió que el presidente Chávez contara con absolutos poderes en algunas áreas de gobierno, llevó al señor Insulza a declarar que “el equilibrio de poderes es un tema que está en la carta democrática interamericana y creo que cuando se dictan leyes como la Ley habilitante, con la duración que tiene, es un tema que sí es preocupante”[261]. Al debate se han sumado otras personalidades de la política internacional, como la representante republicana por la Florida, Ileana Ros-Lehtinen[262]quien manifestó en el mismo medio: “La OEA y sus estados miembros deben dejar claro que están con el pueblo venezolano, que rechaza cada día más la agenda de Chávez…., elegir no tomar posición en la batalla entre la tiranía y la democracia en Venezuela sólo ayuda al lado de la tiranía”[263]. El congresista republicano por Florida, Connie Mack, también declaró a la prensa que el presidente venezolano apoya al terrorismo y está amenazando la libertad y la democracia del hemisferio[264].

Aunque las leyes norteamericanas permiten -al entender de muchos analistas- la posibilidad de incluir a Venezuela como país que apoya al terrorismo, tal y como Walser indica: ”TheAntiterrorismanEffectiveDeathPenaltyAct of 1996 authorizedtheSecretary of State, withtheconcurrence of theAttorney General and theSecretary of theTreasury to designate FTO, [ForeignTerroristOrganizations]”[265], se han suscitado diversas reacciones que han generado distintos debates en el seno de las grandes potencias -que en definitiva son quienes inciden en la toma de estas decisiones- sobre si es conveniente que Venezuela sea incluida en la lista de países que no cooperan con el sistema internacional o promueven el terrorismo. Sin embargo, el análisis de expertos coincide en que ello no se producirá de momento, al menos mientras la situación no cambie ostensiblemente y el primer socio comercial venezolano o uno de los más importantes, (en importaciones y exportaciones) sea los Estados Unidos. Las presiones comerciales parece ser que terminarán primando en las decisiones políticas y posiblemente no se produzca tal inclusión en el corto plazo. En conclusión y en palabras de Max Manwaring, citado por Colmenares: “Por consiguiente, parece que este guerrero astuto [Chávez Frías] está preparado para desestabilizar y facilitar el proceso de fracaso del Estado y, así, ‘destruir para reconstruir’ en forma verdaderamente revolucionaria”[266]. En todo, caso tanto el gobierno norteamericano como la Unión Europea han sancionado a organismos y ciudadanos venezolanos por diversos motivos: Petróleos de Venezuela, por violar leyes norteamericanas que buscan frenar el programa nuclear; la Compañía Anónima Venezolana de Industria Militar (CAVIM), por exportación de explosivos a Irán; otras sanciones por aspectos relativos al tráfico de personas y a la guerra contra el narcotráfico; no autorización de licencias para proveer artículos de defensa y servicios relacionados (embargo militar); restricción en asistencia y otras cooperaciones empresariales; inclusión del ex ministro del interior -Ramón Rodríguez Chacín- y los jefes de los servicios de inteligencia en la lista de narcotraficantes activos del Departamento del Tesoro; sanciones a diversas personas por colaboración con organizaciones terroristas y otras muchas. A fin de cuentas se puede vislumbrar todo un entramado financiero y político, incluso con vínculos internacionales (iraníes), como es el caso del Banco Internacional de Desarrollo del que determinados informes indican:

El Banco Internacional de Desarrollo (BID) de Venezuela, filial del ExportDevelopment Bank de Irán (EDBI), figuró en agosto de 2010 entre las entidades que la UE sancionó por supuestos vínculos con el programa nuclear iraní. 

Ya en octubre de 2008, Estados Unidos designó tanto al EDBI y su subsidiario en Venezuela -el BID-, por proporcionar o intentar proporcionar servicios financieros al Ministerio de Defensa iraní y las Fuerzas Militares, entre ellas la Guardia Revolucionaria, un brazo paramilitar de Teherán. 

Por el momento EE.UU., la UE y la ONU analizan si ha habido más violaciones a sus legislaciones sobre Irán y la lucha antiterrorista[267].

De una forma sistemática y abreviada, las relaciones Irán-Venezuela pueden resumirse en los siguientes puntos[268]:

a. El plano político estratégico: Irán detecta un punto de encuentro político e ideológico con varios países latinoamericanos que puede serle útil para romper el aislamiento diplomático en el que se encuentra, y reforzar el "bando de la resistencia" bajo su liderazgo. Irán también ve en América Latina un terreno fértil para provocar y hasta desafiar a Estados Unidos mediante una acción intensiva en diferentes campos: una mayor cooperación política y militar con esos países, una penetración económica en el área y una amplia actividad de difusión del islam chiíta, y de exportación de la revolución islámica en América Latina.

b. El plano económico: Irán centra sus relaciones económicas con los países latinoamericanos en las áreas del petróleo y la energía, intentando expandirlas, entre otros motivos por ver en ellas un medio de soslayar las sanciones que se le han impuesto. Sus vínculos con Venezuela le permiten  coordinar los precios del petróleo con un gran país exportador (Irán y Venezuela ocupan el cuarto y quinto lugar en el mundo, respectivamente, entre los países exportadores). Además, Irán tiene interés en aprovechar los minerales de uranio de Venezuela y de otros países latinoamericanos (Venezuela declaró públicamente en 2009 que Irán le estaba ayudando en las exploraciones para encontrar uranio en el país). Aún así, la cooperación económica entre Irán y América Latina sigue siendo de alcance limitado y representa sólo una pequeña porción del total del comercio exterior iraní. 

c. Construcción de una infraestructura destinada a hacer mella en las relaciones de Israel con América Latina: Como en el caso del rompimiento de las relaciones diplomáticas por parte de Venezuela y Bolivia durante la operación "Plomofundido". Más aún, las estrechas relaciones de Irán con Venezuela y otros países crean un ambiente, e incluso una infraestructura política interna (fomentada por la propaganda iraní), que  promueve acciones en contra de las comunidades judías residentes en esos países (como en otros sitios del mundo, en muchos casos no se distingue entre actos en contra de Israel y atentados contra las comunidades judías).

d. Construcción de infraestructuras clandestinas de inteligencia y terrorismo. Le otorgan a Irán, por intermedio de la  Fuerza Quds y otros organismos, la opción operativa  de reaccionar o de emprender  operaciones terroristas en contra de Israel y de Estados Unidos de forma corriente, o "en la fecha de la orden" y ello con la asistencia de las capacidades subversivas y terroristas de Jezbolá, que sigue mostrándose muy activo en América Latina y expandiendo su presencia en el área de la delincuencia (tráfico de drogas, falsificación de moneda y otros delitos).

Interesante resaltar cómo el interrogante sobre la capacidad operativa tanto de Irán como de Hezbolá en América Latina, figura en más de un informe y análisis. Algunos[269] la clasifican en tres grandes grupos:

1.      Las que puedan contar las distintas embajadas iraníes desplegadas en el hemisferio.

2.      Las que puedan generar las diferentes comunidades musulmanas, más o menos organizadas en el mismo espacio.

3.      Aquellas que de forma circunstancial o esporádica, producto de un determinado modus operandi, se puedan conformar sobre la base de terroristas enviados específicamente para organizar o colaborar con elementos locales.

Además de las generalizaciones anteriores, se pueden agregar referencias mucho más concretas sobre las mismas:

Se destacan las vinculaciones de Jezbolá con los carteles mexicanos y colombianos, y la presencia de Jezbolá en las zonas de libre comercio de Sudamérica (como en la “Triple Frontera” entre Brasil, Argentina y Paraguay, o en la Isla Margarita en Venezuela)[270].

En definitiva, hay suficientes evidencias que constatan una red, un inicio (al menos) de estructura organizativa que conforma la presencia del terrorismo islamista en el continente, lo que debería ser suficiente para prestar una atención especial a la amenaza y visualizar, tal y como se sugirió con anterioridad, la estrategia conjunta a emprender en orden a confrontarla.

5. Guerrillas, terrorismo, movimientos insurgentes y otros

Entender la relación entre terrorismo y guerrilla, vocablos que fueron empleados en su momento como sinónimos en diversos foros latinoamericanos, es un punto esencial que permite comprender mejor la discusión en el entorno del derecho internacional (en esta temática) en el hemisferio latinoamericano.

Hasta la década de los ochenta -en determinados países incluso avanzados los noventa- diversos movimientos subversivos o de liberación -según la perspectiva de estudio y análisis- estuvieron activos en el continente americano. Para confrontarlos (y combatirlos), algunos ejércitos justificaron la toma del poder por la fuerza y militares permanecieron al frente de gobiernos por décadas, lo que generó el otro polo del problema. Durante la Guerra Fría en particular, se dieron al menos dos situaciones opuestas (“dictaduras-movimientos de liberación”) que generaron -y todavía lo hacen- una polarización político-social reflejada en gran medida en muchos países del continente[271]. De un lado, los grupos que pretendían subvertir el orden establecido, y de otro, las fuerzas militares que ostentaban el poder (o eran utilizadas por grupos que realmente lo ejercían) de forma no democrática. No es hasta mediados de los noventa (1996 exactamente), que el proceso de paz de Guatemala pone fin, de alguna forma, a los enfrentamientos armados internos, con excepción del que todavía persiste en Colombia, si bien puede ser considerado (y de hecho lo es) un tanto diferente por la evolución de los acontecimientos, especialmente en la última década y más concretamente en la actualidad, con la apertura de un nuevo proceso de diálogo y negociación.

La idea de establecer diferencias entre conceptos como terrorismo, guerrilla[272], conflicto armado o dictadura en la región latinoamericana, no es del todo fácil. Al menos como lo ha podido ser, conceptualmente hablando, en otros lugares. Para el imaginario social de ciertos sectores, el guerrillero es un terrorista, pero no para otros; además, como complicación agregada, el terrorismo internacional ha intentado ligarse al narcotráfico, al crimen organizado transnacional o a la propia actividad subversiva, y no a un movimiento específico o actividad concreta tal como ha sido considerado por otros autores.

Esa percepción, posiblemente producto -al menos en parte- de la información difundida por los diferentes medios de comunicación, alinea, en cierto sentido, a muchos ciudadanos que no cuentan con elementos para diferenciar algunos de los términos indicados y que los usan, al igual que en los medios, de manera indistinta. El profesor Carrasco[273] ilustra claramente la situación con un ejemplo:

En un estudio realizado en la Universidad de St. Andrews (Escocia), se analizaron ocho titulares de prensa que describían un mismo hecho, encuadrado en las actividades terroristas en Palestina entre los meses de junio y diciembre de 1973, y se comprobó que seis de ellos utilizaban el término “guerrillas” y sólo dos el de “terroristas” para referirse a los autores.

Y más adelante agrega: “A pesar de que el estudio de la Universidad de St. Andrews se refiere a 1973, en la actualidad se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que la situación no ha variado sustancialmente”[274]. Es decir, tal y como el mismo autor concluye: “El uso del término ‘organización terrorista’, se ha desnaturalizado tanto en el ámbito informativo que los medios de comunicación no vienen más que a agravar la ya de por sí generalizada confusión terminológica en materia de terrorismo".

Ese escenario promovió, especialmente desde finales de los noventa, que determinadas organizaciones internacionales como la OEA, buscaran afanosamente consensos que permitieran ir avanzando en la convergencia definitoria de conceptos fundamentales, lo que se puede evaluar como un esfuerzo muy positivo. Sin embargo, ese progreso no se ha llevado a cabo a la misma velocidad que en otros países o regiones, aunque no es menos cierto que la voluntad se ha puesto de manifiesto en diferentes Cumbres o reuniones de mandatarios u otros foros especializados. En la Declaración de Quito de 2004 (Sexta conferencia de Ministros de Defensa de las Américas)[275], se hace referencia a la necesidad de implicar a todo el Estado y no solamente a las fuerzas de seguridad y a las fuerzas armadas, en la lucha contra las nuevas amenazas[276] -entre ellas el terrorismo- lo que representa un importante hito sobre la percepción que tenía (e incluso tiene) la ciudadanía de los ejércitos latinoamericanos y un cambio de postura en la relación con la institución armada, especialmente si consideramos la tradicional animadversión percibida, fundamentalmente, a través (nuevamente) de los medios de comunicación:

“La identificación entre el concepto de seguridad nacional y el establecimiento militar, de un lado, y la preponderancia y la exclusividad castrense en la generación de una visión sobre el tema, de otro, han hecho que, en América Latina, entre los intelectuales exista una aversión más o menos extendida a tratar temas referentes a seguridad”[277].

Idea que el propio autor enfatiza y subraya al indicar más adelante: “El riesgo mayor a mi juicio es que las exigencias de la lucha contra el terrorismo o contra el crimen organizado derivado de las drogas ilícitas lleve a recurrir a las fuerzas militares para estas tareas”[278]. Todo lo anterior contrasta, sin embargo, con las últimas mediciones del latinobarómetro[279], donde las fuerzas armadas latinoamericanas ocupan una interesante posición histórica en aceptación entre la población de los distintos países, únicamente superadas continuadamente por las iglesias y la televisión (u otros medios de comunicación ), y muy por encima de otras instituciones políticas del Estado como el propio Gobierno, el Congreso (Parlamento), los órganos de justicia o la policía.

Con ese panorama general de discusión y aceptación, comienza el nuevo siglo y la revolución bolivariana venezolana promueve un rumbo distinto al que parecía que iba a seguir la región. Uno de los elementos indicativos de ello fue la reserva hecha a ciertos artículos o acuerdos, por parte de Venezuela, en determinadas declaraciones realizadas por la OEA u órganos adscritos a la misma. Este nuevo rumbo o cambio respecto del que se venía observando, supuso una visión diferente de la que parecía venir consolidándose y varios eventos particulares así lo pusieron de manifiesto. El primero fue la consideración de fuerza beligerante por parte del mandatario venezolano a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tras el incidente en Ecuador, en donde el ejército colombiano atacó y destruyó un campamento del grupo armado[280]. El segundo fue la postura también del mandatario venezolano, en relación con el ingreso de Cuba en la OEA y, finalmente, el tercero por limitar los ejemplos, la reacción de los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) ante los hechos ocurridos en Honduras en 2009 (salida del entonces presidente Zelaya) y el cambio de posición, por ese entonces, sobre el futuro rol de la propia OEA, hoy confrontada tras la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Todo ello, perfila una nueva era en materia de consenso y acuerdos en el seno de la organización regional y un importante cuestionamiento público y político de la misma, producto del desgaste por el manejo cuestionable de ciertos temas y su “acercamiento-distanciamiento”[281] respeto de la geoestrategia venezolana, de la que es necesario analizar algunos aspectos que sirvan para contextualizar la temática jurídica que se aborda más adelante.

En relación con lo anterior, es de destacar la discusión (y posterior decisión) en el seno del comité de Asuntos Exteriores del Congreso de los Estados Unidos, donde se aprobó una enmienda destinada a eliminar todos los aportes estadounidenses a la OEA- US$48 millones anuales- alegando que “la institución se ha convertido en una herramienta de Venezuela y Cuba”. Además, en la misma sesión, se aprobó la eliminación de las ayudas externas destinadas a Argentina, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, lo que evidenció un golpe de timón político en relación con esos países que, como se ha indicado y se insiste en el trabajo, están en la órbita de países de la ALBA[282].

Estratégicamente relacionado con lo anterior, también es significativo, al menos para un cierto número de analistas, el debate provocado en torno a las competencias que tiene (o debe tener) la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Corte Interamericana. Se pudiera entender que algunos gobiernos que impulsan esta discusión[283]pretenden evitar el protagonismo que la CIDH ha tomado en relación, por ejemplo, a las medidas cautelares que impone ante ciertos litigios y que afecta directamente a la política interna de muchos gobiernos. Es decir, gobiernos que no gustan de sentencias, condenas o declaraciones de “carácter obligatorio” que se promulgan por dicho ente y que no están dispuestos a acatar, además de otras situaciones similares[284].  En este sentido, la denuncia de la Convención América sobre Derechos Humanos por parte de Venezuela es un hecho que corrobora lo indicado e impedirá en el futuro que dicho organismo pueda realizar condenas, declaraciones o elaborar informes que tengan impacto en ese país[285], tal y como la comisión recoge en su página:

Sin embargo, resulta de suma preocupación a la Comisión Interamericana que, a partir de la entrada en vigencia de la denuncia, las violaciones a los derechos humanos que pudieran ocurrir en Venezuela no podrán ser conocidas por la CIDH. Esto significa que, si el Estado lleva a término el procedimiento iniciado, los y las habitantes de Venezuela perderán una instancia de protección de sus derechos humanos, quedarán más vulnerables a los abusos y tendrán menos recursos disponibles para defenderse[286].

Todo un debate que puede coadyuvar a definir el marco conceptual de esa “nueva etapa” de la organización que se propuesto[287] y que, con la conformación de la CELAC, puede tomar un nuevo derrotero.

 

6. El particular caso venezolano

La proclamación de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, en 1999,  es el punto de arranque a partir del cual las relaciones con algunos países señalados de alentar el terrorismo global, tal como Irán, se han ido estrechando progresivamente. Las visitas del presidente Ahmadinejad, de alguno de sus ministros o de personalidades iraníes han sido frecuentes y hasta numerosas a los países con influencia venezolana. ¿Cuál es la razón de este acercamiento de Irán? ¿A qué obedece y qué intereses persigue? Tresimportantesrazonesnosapunta Ely Karmon:

First, he is seeking Latin American support to counter U.S. and European pressures to stop Iran from developing nuclear capabilities. Venezuela and Cuba were, alongside Syria, the only three countries that supported Iran's nuclear program in a February 2006 vote at the United Nations' International Atomic Energy Agency. Second, Ahmadinejad wants to strike back at the United States in its own hemisphere and possibly destabilize U.S.-friendly governments in order to negotiate with Washington from a position of greater strength.  Third, Ahmadinejad's popularity at home is falling, and he may want to show his people that he is being welcomed as a hero abroad[288].

Y, algunas más, el periodista e investigador Douglas Farah:

This presence [se refiere a Hezbollah] has grown in scope and sophistication over the past years as Iran’s Mahmoud Ahmadinejad has successfully built close alliances with several governments in Latin America, led by Hugo Chávez in Venezuela. These alliances afford Iran and its proxy elements state cover and effective immunity for its covert activities. This includes: unfettered access to global banking facilities, ports and airports; mining of precursor elements for WMD and advanced weapons systems fabrication; and, a regional base for infiltration and contingency operations aimed at undermining the U.S. and its interests, while also abetting corruption and the notable buildup in conventional arms manufacturing[289].

En todas ellas podemos anclar determinados vectores geoestratégicos y acciones de la política venezolana y la de otros países afines, especialmente en lo que se refiere al desarrollo nuclear, al apoyo a activistas terroristas o próximos a grupos afines al terrorismo global y a la crítica de confrontación con los EE.UU.

La retórica y los proyectos chavitas generan una inquietud más que razonable. De hecho, el liderazgo al que aspira el presidente venezolano ha sido un elemento permanentemente desestabilizador en la región, máxime cuando ha logrado este objetivo, de manera indiscutible, cuanto menos, entre los gobiernos alineados, en torno a sus propuestas. Gobiernos que forman parte del ALBA y comparten el ultranacionalismo y el antiimperialismo chavista[290].

Un informe de 2008 del Carnegie Endowmentfor International Peace, recogía la posibilidad de extraer uranio de Venezuela que podría ser utilizado en Irán o incluso en Rusia:

Los ex funcionarios venezolanos han estimado que Venezuela podría tener 50.000 toneladas de uranio, aunque esta cantidad no se ha evaluado de forma fiable. Venezuela no hace minería del uranio, pero la reciente colaboración con Irán en minerales estratégicos ha despertado rumores de que Venezuela podría extraer uranio para Irán. Uno de los elementos consignados en el acuerdo marco Rusia-Venezuela es la asistencia en el desarrollo del uranio[291].

El número de visitas en ambos sentidos no se ha limitado a las que el protocolo hubiese considerado como “normales”. En poco tiempo, tanto el presidente iraní como el venezolano, han coincidido más de lo que suele ser habitual entre mandatarios. Los motivos son diferentes, según la opinión de Malamut y García, algunos muy puntuales:

Es evidente que en la apuesta iraní por América Latina también hay elementos económicos y no se deben olvidar algunas cuestiones de política interna. Ahmadinejad ha elegido el mejor momento para impulsar esta línea política, ya que sus planteamientos encuentran eco, respaldo y comprensión en unos dirigentes regionales contrarios a EE.UU. y a la hegemonía de Occidente. A esto se suma otro hecho importante, el valor más que simbólico de tener como potenciales aliados a unos países muy cercanos a EE.UU. Así puede contestar la influencia de Washington en su patio trasero, mientras la atención norteamericana se centra en otras zonas del planeta[292].

Es de sospechar que este acercamiento no obedece, como suele ser natural, a la promoción del intercambio comercial, prácticamente inexistente, a pesar de que hay autores que afirman que Irán ha llegado a ser el segundo inversor en Venezuela[293]. Por el contrario, la lectura política es necesaria para la interpretación de esas visitas así como de la presencia de delegaciones iraníes en la toma de posesión de algunos presidentes de la región[294].

Algunas líneas de reflexión de las que se desarrollan a continuación, incluyen determinados lineamientos en relación al “enfrentamiento” que sostienen Venezuela e Irán con los EE.UU.: la financiación de revoluciones en países afines a través del suministro de recursos económicos, la creación de una infraestructura que permita emprender “una guerra contra el imperialismo” y, lo que parece más grave, la apertura de una vía de infiltración terrorista y la promoción de proyectos nucleares: “Usingbillions of Iraniandollars in aid and assistance, and a $2 billionIran/Venezuela program to fund social projects in LatinAmerica, Ahmadinejad has worked to createan anti-American bloc with Venezuela, Bolivia, and Nicaragua”[295].

Esta idea se refuerza con otros comentarios igual de concretos: “Venezuela habría gastado con recursos de la renta petrolera más de $220,000 millones en inversiones, subsidios y donaciones a 14 países…”, “…donaciones y subsidios a naciones como la Federación de Rusia, Cuba, Bolivia y Argentina”[296].Parte de toda esta teoría está explícita o implícitamente incluida en las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013 (LGPDESN) y otros programas similares, todos ellos elaborados y publicados por el gobierno venezolano[297].

Al respecto de la financiación comentada y de la relación de aquella con grupos terroristas, como las FARC, Walser dice:

In the post-9/11 environment, the U.S. officials studying the transformation of groups such as FARC became increasingly aware of the deadly synergy existing between FTOs and traditional criminal networks. Whether motivated by ideology or greed, terrorists and criminals sought regular sources of income. Both illegal actors found it convenient to exploit weak or failing states and ungoverned spaces to capitalize on movement of illicit drugs, commodities, people, and weapons. In Colombia and Afghanistan -centers for the cocaine and heroin businesses, respectively- drug dealings offered regular revenue streams to finance domestic and international terrorism of al-Qaeda, the Taliban, and FARC[298].

Algo que Merlos recoge de una forma más general, pero no menos clara:

Está inscrita en la naturaleza de los grupos terroristas la obsesión por buscar ambientes propicios para el apoyo financiero, el refugio y el reclutamiento de nuevos operativos. América Latina, por una serie de factores fundamentales y subsidiarios de orden político, social y cultural, ha sido contemplada por el movimiento yihadista global como un área susceptible de ser explotada para la consecución de sus fines[299].

Coincidiendo con la invasión de Israel a la franja de Gaza en 2009 -tras el hostigamiento que sufría el primero por parte de militantes de Hamas- diversas manifestaciones se produjeron en Venezuela y en Argentina. En una de ellas (madrugada del 31 de enero), quince personas no identificadas ingresaron a la sede de la asociación israelí, y causaron destrozos en sus instalaciones y realizaron disparos con armas de fuego. Afortunadamente no hubo víctimas. Los hechos formaron parte de un conjunto de actividades similares que se repitieron en días sucesivos, como la pintada de los muros de la sinagoga con mensajes antisemitas. El director de BnaiBrith[300] calificó la situación de los judíos en Venezuela como “bastante dramática”.

No es la primera vez, sin embargo, que se observa una estrecha relación entre grupos terroristas y el gobierno de Venezuela[301]. Florencio Domínguez recoge la historia de la presencia de terroristas etarras en Venezuela (al igual que en otros países de América) y la remonta a mediados del pasado siglo: “En el seno de esa colonia vasca formada por nacionalistas que habían huido tras la Guerra Civil se constituyó ya en 1959 la primera célula de ETA en Venezuela…”[302]. En el año 2008, la diputada Rosa Díez González elevó una pregunta al gobierno español[303] en la que dejaba constancia de cómo algunos terroristas de la banda ETA estaban asociados con el movimiento bolivariano e incluso ocupaban posiciones significativas dentro del organigrama de la administración chavista. Al mismo tiempo, confirmaba la existencia de otros terroristas de la banda en territorio venezolano[304]. La respuesta del gobierno incluyó el reconocimiento de la situación descrita por la diputada: 

El Gobierno español ha solicitado siempre a las autoridades venezolanas una actitud vigilante hacia los movimientos de presuntos miembros de ETA que pudieran estar instalados en su territorio y efectivamente transmitió su malestar y queja al Gobierno venezolano en cuantas ocasiones estimó necesario por actuaciones de estos o de autoridades públicas venezolanas. Tampoco se ahorrarán gestiones para acelerar la tramitación de los expedientes pendientes de extradición[305].

Durante el año 2010 la justicia española llevó a cabo acciones para pedir la detención y extradición de terroristas. El juez de la Audiencia Nacional española Eloy Velasco cursó “órdenes internacionales de busca y captura contra los seis miembros de ETA y los seis activistas de las FARC a los que acusó el pasado primero de marzo de haber colaborado para realizar cursillos de adiestramiento en la selva venezolana y de haber planeado atentados en Madrid contra el presidente colombiano, Álvaro Uribe, y su antecesor en el cargo, Andrés Pastrana, entre otras autoridades del país americano”[306]. La información se ampliaba con detalles que incluían los nombres de reclamados tanto de ETA como de las FARC y las motivaciones judiciales que sustentaron la resolución[307]. El juez dejaba claro los vínculos existentes entre ETA y las FARC y el entrenamiento que recibían algunos grupos en la selva venezolana, al incluir, en el auto de procesamiento, la siguiente frase entre otras: “Obran diligencias en este procedimiento que ponen de manifiesto la cooperación gubernamental venezolana en la ilícita colaboración entre las FARC y ETA y en especial de Arturo Cubillas Fontán”[308]. Recordemos, tal cual indica Merlos, que:

El brazo terrorista Xaki, que ha funcionado como un complejo aparato de relaciones externas de ETA, ha actuado intensivamente en América Latina y, especialmente a través de su “comisión de deportados”, ha establecido contactos con terceros grupos terroristas y revolucionarios internacionales como el caso de las FARC[309].

Diferentes publicaciones del Country ReportsonTerrorism recogen y reflejan los hechos de la siguiente forma:

Spain’s judicial system investigated allegations of ETA training camps in Venezuela. In February, a National Court investigating judge issued an arrest warrant for an official in the Venezuelan government. Two ETA suspects arrested in September confessed to having received training from that same official in Venezuela during 2008. (It is not clear whether these individual actions reflect official Venezuelan government support for ETA.) [310]

Spanish security forces and Spain’s judicial system continued investigations into allegations of ETA training camps in Venezuela.  In January, in a joint operation with French police, the Civil Guard arrested an ETA information technology specialist who had previously traveled to Venezuela to train ETA and Colombian Revolutionary Armed Forces (FARC) members.  On June 17, InakiDomínguezAtxalandabaso was arrested in France, under a National Court arrest warrant for allegedly training FARC members in Venezuela[311].

En octubre de 2010, una información publicada en diversos medios[312] hacía de conocimiento público cómo el gobierno chavista habría otorgado la nacionalidad venezolana a terroristas de ETA, alguno de ellos por intermediación de Arturo Cubillas, radicado en Venezuela desde que era miembro legal de la organización terrorista vasca[313], y también evidenciaba que dicho interlocutor contaba con dos cédulas de identidad diferentes, lo que ponía de nuevo sobre la mesa el asunto de la fácil concesión de documentos de identidad a personas asociadas o próximas a grupos terroristas.

Esas y otras actuaciones enturbiaron el clima de las relaciones diplomáticas entre España y Venezuela cuyo tono se elevó en el mes de noviembre de 2010, tras la acusación “a Madrid de cobardía política” que hizo el gobierno de Venezuela, lo que produjo una serie de declaraciones oficiales al más alto nivel que fueron trasladadas al embajador de Venezuela en Madrid. Entre ellas la existencia de un “profundo malestar en el Ejecutivo ante unas acusaciones que considera inaceptables e injustificables”[314]. Sin embargo, el discurso político terminó difuminando la problemática y cerró el año sin resultados concretos, aunque con evidencias más claras de que el territorio y el gobierno venezolano conocen, cuando no son cómplices de actividades terroristas, en este particular caso del grupo ETA. Poco o casi nada se ha dicho en relación con el pacto que Salas atribuye al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y en particular al presidente de la época, Felipe González, sobre las negociaciones llevadas a cabo con el también presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, quien declaró en su momento lo que Salas relata:

Es exagerado llamar terroristas a los once activistas deportados. Si hablamos de que los vascos son terroristas, hasta Simón Bolívar (héroe de la independencia americana, conocido como El Libertador y nacido en Caracas en 1783 en el seno de una familia de origen vasco), resulta terrorista porque era vasco[315].

Esa relación y acuerdos entre mandatarios es también corroborada por Domínguez, quien afirma:

Al amparo de los acuerdos de Felipe González con Carlos Andrés Pérez, en el mes de mayo de 1984, llegaron a Caracas cinco miembros de los Comando Autónomos Anticapitalistas y otros tres de ETA militar expulsados de Francia. El segundo traslado oficial de etarras a Venezuela se produjo en abril de 1989, tras la ruptura de las conversaciones de Argel[316].

Teniendo lo anterior como antecedente, durante los primeros meses de 2011, la justicia española intensificó determinadas actuaciones para poder extraditar a personas reclamadas por actividades terroristas. Además, algunas declaraciones elevaron el nivel de condena y rechazo, como la del ex embajador de los Estados Unidos ante la OEA, Roger Noriega (ex secretario adjunto de Estados Unidos para América Latina), recogidas por diversos medios escritos, en las que acusa al presidente venezolano de promover el terrorismo y sobre la supuesta reunión mantenida en Venezuela en agosto de 2010 con personajes señalados de terroristas de Hamas, Hezbolá y la Yihad Islámica Palestina.

Informes del Country ReportonTerrorism “sintetizan” todo lo anterior y lo conectan con Cuba :

Venezuela served as a safe haven for at least one alleged terrorist from a non-Colombian group. On August 5, the Venezuelan Supreme Court denied Spain’s extradition request of suspected ETA member Ignacio EchevarríaLandazábal. In April 2008, Echevarría was arrested in Valencia, Venezuela, based on an INTERPOL warrant and was subsequently released.

The Government of Cuba has long assisted members of the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC), the National Liberation Army of Colombia (ELN), and Spain’s Basque Homeland and Freedom Organization (ETA), some having arrived in Cuba in connection with peace negotiations with the governments of Colombia and Spain. There was no evidence of direct financial support for terrorist organizations by Cuba in 2009, though it continued to provide safe haven to members of the FARC, ELN, and ETA, providing them with living, logistical, and medical support[317].

Three suspected ETA members were arrested in Venezuela and deported back to Cuba in September 2011 after sailing from Cuba.  One of them, José Ignacio Echarte, is a fugitive from Spanish law and was also believed to have ties to the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC)[318].

Algo que también Walser -aunque de forma más general (menos precisa respeto a ETA)- recoge en 2010 en uno de sus trabajos, cuando indica:

As of 2009, the U.S. listed four nations –Syria, Cuba, Sudan and Iran– as state sponsors of terrorism. A fifth country, Venezuela merits a place on this list because of its support for acts of terrorism and subversion committed by the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) and because of its strategic alignment with the other four state sponsors of terrorism, particularly Iran[319].

Y complementa el investigador Kenneth Rijock, al manifestar que cada uno de los supuestos terroristas de ETA solicitados por España, habría encontrado un lugar seguro en Venezuela, país que le pagaba 600 dólares a la semana para sus gastos (Machado)[320]. Merlos, por su parte describe la relación entre ambos grupos terroristas de la siguiente manera:

La colaboración ETA-FARC en el entrenamiento para el uso de bombas y explosivos en las ciudades, se ha certificado en el pasado tal y como han revelado ex guerrilleros que han desvelado la presencia de dos etarras, que durante dos semanas en julio de 2007 se entregaron a labores de adiestramiento a una veintena de miembros de las FARC, entre ellos tres mujeres. El programa incluía el aprendizaje del manejo de C4, un explosivo militar cuya capacidad de destrucción puede ser hasta veinte veces superior al de una dinamita genérica. Una parte de los cursillos consistía en desarrollar habilidades para la detonación de bombas mediante teléfonos celulares[321].

Aunque Salas introduce un interesante matiz y explica desde una perspectiva diferente la situación descrita, cuando afirma:

Pero ni siquiera el todopoderoso presidente de la República Bolivariana puede evitar el torrente de simpatía y colaboración para con los etarras que existe en los círculos chavistas más radicales. Una simpatía, admiración y colaboración de las que yo he sido testigo muchas veces. Y que está originada en una imagen falsa, bastarda y obscena que de ETA tienen los grupos bolivarianos[322].

Domínguez precisa y aclara -como ya se comentó- que es con la llegada al poder de Hugo Chávez que se inicia y comienza a crecer la simpatía por terroristas o grupos afines, al concurrir circunstancias que permitieron el incremento del número de etarra en Venezuela y unas condiciones que se perfilaban más garantes de

para los etarras en < terroiri8...as en <latinoamerica, tal y como denuncitoridades españolas.

 Venenzuela de ARgel.la Reina déxito y estabilidad que las existentes hasta aquel momento:

La situación para los etarras residentes en el país no se modificó con la llegada de Hugo Chávez, ya que, a fin de cuentas, tanto gobiernos socialdemócratas como los democristianos les habían permitido vivir sin persecuciones de ningún tipo. Lo que sí ocurrió, al parecer, es que el número de etarras en Venezuela aumentó tras la llegada de Chávez a la presidencia. Nicaragua se había cerrado como refugio de miembros de ETA, en Cuba la entrada estaba drásticamente limitada y, para colmo a partir de 1995 el gobierno de México había comenzado a detener a terroristas y a entregarlos directamente a las autoridades españolas.

Venezuela se convirtió de esa forma en el único refugio seguro para los etarras en Latinoamérica, tal y como denunció el diplomático venezolano Nelson Castellano…[323]

El periódico Libertad Digital recogía las declaraciones del presidente del Institutefor Global Economic, Norman A. Bailey, quien aseguraba que el presidente venezolano Hugo Chávez había destinado alrededor de “33 mil millones de dólares a “causas” dirigidas a influir en la política de países latinoamericanos, y prestado apoyo financiero a terroristas de ETA, FARC, Hamas o Hezbolá”[324].El mismo autor indicaba que la red de contactos estaba gestionada directamente por el Centro Islámico en la isla Margarita y sus filiales en Barquisimetro, Anaco, Puerto Ordaz y puerto Cabello y las operaciones financiadas con fondos públicos. Al respecto, Fonseca ahonda en lo anterior:

“Los incidentes más conocidos de Hezbollah en América Latina fueron los ataques en 1992 y 1994 a la comunidad judía en Buenos Aires, Argentina. Algunos creen que Hezbollah está actualmente operando en Venezuela con total libertad, particularmente en Isla Margarita[325], bajo el paraguas de Hugo Chávez”[326].

Este entramado terrorista parece mezclarse y tener puntos de contacto con alguno de los movimientos que manejan redes de narcotráfico. Farah señala:

It is within this context of the merging of state and non-state armed actors that I would like to address the issue of Hezbollah in Latin America and the threat the organization poses to the U.S. Homeland. Hezbollah’s growing presence is a significant part of a larger and more dangerous pattern of the criminalization of the self-described “Bolivarian” states in Latin America closely allied with Iran. These countries, in turn, support another designated terrorist organization that produces an estimated 70 percent of the world’s cocaine and up to 90 percent of cocaine in the United States–The Revolutionary Armed Forces of Colombia (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC)[327].

Y el mismo autor comenta la relación entre diferentes grupos terroristas, especialmente la organización ETA y las FARC: “Venezuela, in turn, also hosts notonlythe FARC, buttheETA Basqueseparatistterroristorganization, theBolivarian Continental Movement (Movimiento Continental Bolivariano-MCB)”.

Similar información fue también utilizada por el entonces jefe del comando sur norteamericano (2002-2004), James T. Hill, quien llegó a afirmar que en la isla Margarita existían campos de entrenamiento de Al Qaeda[328], algo que fue desmentido en otros medios afines a grupos musulmanes[329] quienes culparon a la Central Intelligence Agency (CIA) de generar y promover esta clase de desinformación, a pesar de ser confirmado por otras fuentes entre las que Salas cita al general sucesor de Hill: “Craddock[330] expresó con la misma contundencia que su predecesor al mando la preocupación que sentían los Estados Unidos por la presencia de campos de entrenamiento de yihadistas terroristas en Isla Margarita”[331]. Un informe israelita de abril de 2012, recoge parte del testimonio ante el Senado de los Estados Unidos (16 de febrero de 2012) del embajador Roger Noriega:

-…., la isla venezolana Margarita es utilizada actualmente como refugio y foco principal de las actividades de Jezbolá en las Américas…

-…., durante la primavera de 2011 dos militantes de Hezbolá llevaron a cabo en Margarita cursos de entrenamiento para activistas provenientes de otros países de la región[332].

Declaraciones más recientes del venezolano Alberto “Chino” Carías, jefe del movimiento revolucionario Tupac Amaru (MRTA) -aunque se dieron en un marco preelectoral y cargadas de emotividad- dan certeza de lo que se viene exponiendo:

Somos aliados políticos de ETA y las FARC, no voy a dar más detalles por el mal antecedente que tuvimos con el español «el Palestino», que se infiltró en nuestra organización y grabó nuestras actividades con cámara oculta sin decir que era un periodista[333].

El estudio sobre esta colaboración también ha sido abordado desde la perspectiva financiera por el destacado investigador en materia de lavado de dinero, Kenneth Rijock, quien afirmó que determinadas organizaciones terroristas:

“.., están haciendo dinero a través del tráfico de drogas, la venta de armas, el contrabando de personas y otras diversas actividades ilícitas, todo lo cual eventualmente redunda en que las ganancias de todos estos delitos eventualmente son enviadas a sus comandantes en el Medio Oriente”[334].

Eso mismo fue corroborado por The Wall Street Journal[335]: “Venezuela'seconomically crucial blackmarketfordollarswasallbutfrozen Friday followingthemoney-launderingarrest of anowner of a small Florida financialfirm, adding to tensionsbetweenthe U.S. and VenezuelanPresident Hugo Chávez”, y en otros medios también se afirmó que Venezuela emite masivamente documentos de identidad (cédulas y pasaportes) para radicales islámicos, y reporta el consulado de Venezuela en Maicao, Colombia, como el que provee este tipo de servicios[336]. Esto último se incluyó en el Country ReportonTerrorism:

Venezuelan citizenship, identity, and travel documents remained easy to obtain through fraudulent means; thereby making these documents a potentially viable way for terrorists to travel internationally. International authorities remained suspicious of the integrity of the Venezuelan document issuance process[337].

Por otro lado, Walser cita a Douglas Farah y a su trabajo “Iran in the Western Hemisphere” y completa la anterior idea:

Counter-terrorist experts also fear that Venezuela’s cavalier laxity with regard to citizenship, identity, and travel documents and the high levels of corruption found within the Venezuelan bureaucracy make it easy for the wrong intentioned to assume false Venezuelan identities. With or without government complicity, Venezuela has a potential to serve as a receptive way station for Middle Eastern terrorists looking for operational space within the Western Hemisphere. The expanded penetration of Hezbollah and Hamas into the Western Hemisphere is being closely scrutinized by a body of concerned international observers[338].

La presencia de musulmanes ligados directa o indirectamente a movimientos terroristas, no es nueva en Venezuela. En marzo de 2002 llegó a Caracas, Hakim Mamad AlíDiabFattah, quien había tomado lecciones de vuelo en Nueva Jersey con HaniHanjour, uno de los que estrelló el avión contra el Pentágono en los atentados de 2001. Fattah llegó a ocupar la cúspide de la pirámide de otros muchos terroristas que se instalaron en el país caribeño desde donde recolectaban fondos para organizaciones que operaban en el resto del mundo. El antiguo director de la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP)[339] -general Ferreira- confirmó que Chávez giró instrucciones para destruir los registros de diez recaudadores de fondos de Hezbollah que presuntamente realizaban transacciones dudosas en las islas Margarita, Aruba, Curazao[340] y en las ciudades de Maracaibo y Valencia[341].Incluso mucho antes de la fecha indicada, se relaciona a Chávez con el terrorismo internacional. Concretamente se data en 1992, cuando intentó un golpe de estado. Una vez llevado a cabo el mismo, fue recibido en La Habana, Trípoli y Bagdad. Pedro Soto, coronel y antaño partidario del golpista, señaló: “Regresó con mucho dinero para formar su Movimiento Bolivariano Revolucionario y lanzarse como candidato a la Presidencia”[342]. Más recientemente, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos promovió una investigación para congelar activos de dos venezolanos a los que acusó de apoyar a Hezbolá: “El Tesoro dijo en un comunicado que había incluido a GhaziNasr al-Din y FawziKan'an bajo una orden ejecutiva que apunta a terroristas y a quienes proveen apoyo financiero o material al terrorismo”. Y el medio que difundió esta información, prosigue con lo siguiente: "Es extremadamente preocupante ver cómo el Gobierno de Venezuela emplea y provee refugio a facilitadores y recolectores de fondos de Hezbollah”[343].

En relación con el apoyo indicado a integrantes de grupos terroristas, Johann Peña, ex comisario de la DISIP, en una conversación que Salas publica en uno de sus libros, comenta: “Peña identificó al hombre de la foto como Mustafá SetmarianNasar, asegurando que se trataba del cerebro de los atentados del 11-M, y que se encontraba oculto en Venezuela, protegido por Hugo Chávez”[344], y en la siguiente página agrega:

Con voz firme, el ex comisario de la DISIP afirmaba tener parcialmente ubicado en esos mismos momentos el paradero de uno de los hombres de confianza de Bin Laden, y uno de los terroristas más buscados del mundo: “El está ahorita en el estado de Bolívar, bajo la protección de un ciudadano de alto cargo en Venezuela, el presidente de Alcázar… Carlos Lanza Rodríguez”[345].

Fue la periodista Linda Robinson la “primera en revelar la presencia de Al Qaida en Venezuela, en el artículo de portada del número de octubre de 2003 de US News &World[346]. En el mismo, Robinson incluía dos afirmaciones que fortalecen los anteriores argumentos. La primera “cómo en Isla Margarita existían campos de entrenamiento de Al Qaida, y para demostrar sus audaces afirmaciones, la revista incluía un mapa del país a doble página donde se señalaba la situación de dichos campos”; la segunda de ellas decía: “Esta extensa red financiera de los terroristas se extiende a la Isla Margarita (Venezuela), Panamá y al Caribe”[347].

En esa línea de apoyo a gobiernos que promueven, sustentan o impulsan el terrorismo, se puede circunscribir la invitación del presidente Chávez a su homólogo sudanés, Omar Al Bachir para que visitara Venezuela, al tiempo que le expresó su solidaridad y rechazo a la orden de captura y detención que emitió la Corte Penal Internacional en su contra por crímenes de guerra y de lesa humanidad en Darfur: “Yo hablé hoy con Al Bachir y le pregunté qué riesgos corre cuando viene por estos mundos. Le invité a Caracas pero le dije: ojalá no tengas ningún problema allá”. También calificó de “hipócrita la actitud del imperio” de los EE.UU. de cara al nuevo gobierno de Israel -que no reconoce a Palestina como un país- y se solidarizó con Hamás[348].

Como colofón, una muy resumida conclusión de la interrelación entre ciertos países y grupos terroristas, formulada por Walser:

The mullahs are now part of a global anti American alliance,” concludes Michael Ledeen of the Foundation for Defense of Democracies, “that includes Syria, Russia, Eritrea, China, Cuba, Venezuela, Nicaragua, and Bolivia, along with terrorist organizations from Hezbollah, Hamas, and Islamic Jihad to the Colombian FARC[349].

6.1 El espacio de la ALBA

No sólo en Venezuela se ha detectado la penetración de personas cercanas o directamente ligadas con grupos terroristas[350]. Algunos de los países adheridos a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) han apoyado a Venezuela en relación con la facilitación de visas de ingreso o apoyo a determinados sujetos. Es el caso documentado de tres ciudadanos libios: Fahti Ahmed Agnijiyoua, GadmourMayloudMofthahim e IttaiebJumaaHussain, quienes ingresaron en Nicaragua y fueron recibidos por su presidente, Daniel Ortega, a pesar de no contar con el correspondiente visado de entrada, algo que fue soslayado por la intervención oportuna de la Directora General Consular de aquel país, quien informó a la Directora de Migración y Extranjería para que permitiera el acceso al país a los viajeros procedentes de un vuelo Caracas-Lima-Panamá[351]. Algo similar parece ser que ocurrió en El Salvador, sin que haya una clara constancia del suceso y sí una gran sospecha y hasta un cierto grado de temor.

El primero de los hechos relatados no fue en absoluto aislado puesto que en fechas próximas a aquella, también ingresaron veintiún ciudadanos iraníes con el correspondiente visado[352]. Además, “a comienzos de octubre de 2007, el gobierno de El Salvador activó un sistema de alerta en todas las fronteras debido a la presencia en Nicaragua de tres miembros de la Guardia Republicana de Irán, quienes se quedaron en ese país tras haber arribado en enero, acompañando al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad…”[353]. La información anterior es constatada y, de otra forma, comentada por Fonseca: “Algunos creen que el personal destinado a Nicaragua ha estado intentando llegar a otros países de América Central mientras hay quienes insisten en que Nicaragua está permitiendo que Irán tenga una base en Managua en caso de que los Estados Unidos vayan a una guerra contra Irán”[354].

En sintonía con lo anterior, a mediados del mes de marzo de 2009, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, hacía una propuesta de apertura de visas (no exigencia de la misma) a países africanos y otros de Medio Oriente, pretendiendo extender la validez de la misma en todo el espacio centroamericano. Lo que pudiera evaluarse a primera vista como de sensatez política, liberalización burocrática y de potenciación económico-comercial y hasta turística, cierra el círculo con las consideraciones anteriores y quizá el verdadero motivo, pudo ser la apertura de un corredor “seguro”, desde la perspectiva de control aduanero, a individuos como los admitidos en Nicaragua procedentes de Venezuela. El terrorismo, entre otros actores, dispondría de un amplio espacio de actuación, libre de persecución y bajo el control de los servicios de inteligencia nicaragüenses-venezolanos. Parte de toda esta estrategia fue achacada al secretario privado del presidente nicaragüense Mohamed Lashtar[355] quien estuvo, según la misma fuente de prensa indicada, al tanto de la labor que se hacía en las dependencias de migración. Esta relación indirecta con Libia se estrechó con manifestaciones públicas en apoyo al régimen del extinto coronel Gadafi:

Como era de esperar, Venezuela, Cuba y Nicaragua dieron su apoyo al coronel Gadafi. Incluso se especuló con Caracas como destino de una posible fuga de dictador libio. Debe recordarse que los presidentes Daniel Ortega, Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales fueron receptores del Premio Internacional Miañar Gadafi a los Derechos Humanos (dotado con 250.000 dólares) en años recientes[356].

Acciones diversas de apoyo al terrorismo y a terroristas, no son ajenas en ciertos países entre los que Nicaragua figura. La reciente publicación por parte de un periódico español[357] (difundida también en otros países), hace referencia a la actuación durante el primer gobierno sandinista de Daniel Ortega en relación con la acogida de personas acusadas de terrorismo en España e incluso del reconocimiento de la nacionalidad nicaragüense como una medida de protección.

6.2 El tema nuclear

Otro de los aspectos a considerar en estas reflexiones se refiere al tema de la energía nuclear y al apoyo de Irán a países de la órbita de la ALBA para la construcción de centrales nucleares puesto que no son pocos los analistas que consideran que el fin último del presidente venezolano no es otro que “la consolidación de un nuevo bloque regional de poder”[358]. En relación con ello, Merlos agrega lo siguiente:

Especialmente visible ha sido la colaboración y la sintonía en el marco de la Organización de las Naciones Unidas. Cuando se ha votado la necesidad de presionar a Irán para el abandono de su programa nuclear con fines militares, Venezuela, en la línea estratégica de Cuba o Siria, se ha manifestado sistemáticamente en contra[359].

Una de las hipótesis más peligrosas para la región es que Irán pueda estar apoyando al desarrollo de energía nuclear con fines no necesariamente pacíficos. La ayuda iraní no sólo ha servido para promover la industria de extracción y refinado de petróleo, sino que en algún momento se ha derivado hacia la energía nuclear. La línea área CONVIASA, limitada prácticamente a vuelos internos, opera una ruta de ida: Caracas-Damasco-Teherán todos los sábados y regreso los martes, sin posibilidad, como el resto de oferta, de acceso a través de la página web de la compañía aérea[360], aunque sí por otras agencias de viaje. Ciertos investigadores han llegado a plantear, incluso, el establecimiento de otras rutas similares:

Not coincidentally, rumor also has it that the now-infamous Tehran-Caracas air route operated jointly by Conviasa, Venezuela’s national airline, and Iran’s state airline, Iran Air, could be extended to Santa Cruz in the near future a sure sign of Iranian interest in the area[361]. 

Algunos estudiosos del tema se han cuestionado seriamente el papel de estos vuelos ya que el transporte de viajeros no parece ser lo más usual: “un vuelo que tiene capacidad para más de 300 personas pero que generalmente no llega a transportar 100….., sin embargo la incógnita radica en que esos vuelos se realizan despoblados de pasaje pero en cambio con gran cantidad de carga”[362]. En estamismalínea, Karmonañade: 

Venezuela already has become Iran's gateway for travel to the region. There is now a weekly flight between Caracas and Tehran, with a stopover in Damascus, operated by the Venezuelan state-controlled airline Conviasa and Iran's national carrier, Iran Air. Flights are packed with government officials and government-friendly business people. Venezuela's state airline bought an Airbus jet especially for the route[363].

Y el Country Report on Terrorism precisa: “President Chávez continued to strengthen Venezuela’s relationship with state sponsor of terrorism Iran. Iran and Venezuela continued weekly Iran Airlines flights connecting Tehran and Damascus with Caracas”[364]. Relaciones de cooperaciónextendidasaotrasáreastal y comorecoge el mismoinforme en 2011: “Venezuela maintained its economic, financial, and diplomatic cooperation with Iran as well as limited military related agreements”[365].

Por su parte Walser, cita al Departamento de Estado norteamericano y concretamente a la oficina coordinadora de contraterrorismo, y subraya al respeto:

Iran and Venezuela, for example, operate regular flights connecting Caracas with Tehran via Damascus. These flights are restricted to state-authorized travellers and reportedly lack commercial viability. The U.S. State Department and independent observers reports that “passengers on these flights were reportedly subject to only cursory immigration and customs controls at Simon Bolivar International Airport in Caracas”[366].

Es decir, se abre una vía segura y discreta de tránsito de personas y materiales, sin fiscalización pública. “En relación con los supuestos traslados de carga que se realizan con cada viaje de avión, la sospecha de las fuentes radica en que Venezuela está produciendo uranio, aunque Chávez lo niegue, y que ese uranio sería despachado a Irán”[367]. El segundo punto de interés es la posibilidad de presencia de armas nucleares en América Latina y la asociación que pudiera existir entre estos dos países y la Federación de Rusia. Es preciso recordar que la ayuda para fomento de energía nuclear con fines pacíficos, fue reconocida por el presidente Ortega, quien hizo público el apoyo de su gobierno a Irán[368]. Respecto de alianzas con otros países, Colmenares comenta:

Uno de los elementos más preocupantes de la alianza estratégica entre la Federación rusa y Venezuela, viene dado por la posibilidad de la utilización del territorio venezolano por parte de estos últimos para el estacionamiento de sus navíos de guerra y aviones, conociendo que los mismos cuentan con la posibilidad de utilizar armamentos nucleares[369].

Idea que también resalta Walser:

On September 24, 2009, for example, Venezuela’s Minister of Industries and Mines Rodolfo Sanz confirmed that Iran was assisting Venezuela’s efforts to map and analyze potential uranium deposits. Within hours, Caracas denied the statement. Chávez turned defensive, joked about working with Iran to develop “an atomic bicycle,” and claimed Venezuela has no intention of seeking the acquisition of a nuclear weapon.

Venezuela has initiated the first stages of a nuclear program and signed a nuclear cooperation agreement with Russia, and has presumably begun cooperating with Iran on nuclear matters. Chávez claims oil-rich Venezuela needs a peaceful nuclear program but harbors no intention of pursuing a nuclear weapons program[370].

Otros informes[371] explican, incluso con cierto detalle, algunos de los procedimientos que se realizan en esos vuelos:

En publicaciones no reservadas se informó en el pasado, que en esos vuelos se aplican procedimientos fuera de lo común y no habituales en los vuelos comerciales. Entre otras cosas, se ha señalado que algunos de los pasajeros que llegan a Caracas procedentes de Teherán son separados del resto para ingresar en el país por separado, sin pasar por el procedimiento de rutina que se aplica a los otros pasajeros. Además, ha trascendido que los pasajeros comunes en estos vuelos son sometidos a inspecciones particularmente estrictas por parte de los gobiernos de Irán y de Venezuela, así como a controles excepcionales de los pasaportes y otros documentos que estos pasajeros llevan consigo.

El tema nuclear[372] es, sin duda, el hipotéticamente más peligroso y podría tener una directa incidencia no sólo en la temática del terrorismo global que se viene analizando, sino también en la actual desnuclearización de la región por el impacto y la trascendencia que tendría adoptar una postura divergente con la política hasta ahora observada al respecto y que quedó mucho tiempo atrás recogida y fijada por el Tratado de Tlatelolco[373].

6.3 FARC, indigenismo y terrorismo

Mientras la Unión Europea y los Estados Unidos de América -entre otros- contemplan a las FARC como grupo terrorista con las implicaciones internacionales que ello conlleva, los gobiernos latinoamericanos, con contadas excepciones, no han terminado de definir su relación con aquellas. Cuando se produjo el ataque colombiano en territorio ecuatoriano a un campamento de las FARC, la declaración de la XX Cumbre del grupo de Río, dejó clara la postura “políticamente correcta” de los países signatarios, al denunciar la inviolabilidad de la soberanía territorial y la voluntad de promover una convivencia pacífica. En ninguna parte aparece una condena o, sencillamente, una referencia al grupo. Dicho de forma abreviada, los países de la zona parecieran ser más proclives a obviar la responsabilidad de enfrentar directa y contundente el problema en beneficio a reducir el nivel de conflictividad y evitar cualquier tipo de crisis, sin llegar muy bien a dimensionar que el silencio (o la falta de claridad) ofrece un importante espacio y tiempo que permite que esos y otros grupos se puedan organizar/reorganizar o desarrollar en otros lugares. La posibilidad de diseñar una estrategia preventiva y la responsabilidad de adoptar posturas claras frente a grupos criminales, se sustituyen por el silencio -en ocasiones puede pensarse que cómplice- con la esperanza de no ser en el futuro afectado por actuaciones violentas, algo que se ha demostrado en otros países escasamente inútil. Se corre el riesgo de que los grupos terroristas locales, al igual que sucede en otros lugares, puedan servir en algún momento de soporte a aquellos otros que se están configurando en la región o que desde el exterior desean contar con una determinada infraestructura.  La relación venezolana con las FARC, comentada y analizada en varios medios, es también relatada por Salas:

Aunque lo que realmente me dejó atónito fue descubrir, en Venezuela, que las FARC-EP poseían una revista oficial de la que jamás había oído hablar en Europa. Resistencia es una publicación irregular, aunque con vocación mensual, de entre 34 y 38 páginas, con manufactura profesional, buen papel couché y cuatro páginas en color, en las que se describe el conflicto colombiano desde el punto de la guerrilla[374].

Pocos informes, como el Country ReportonTerrorism, aportan datos precisos de la relación entre Venezuela y las FARC colombianas. En la edición de 2009 se puede leer:

It remained unclear to what extent the Venezuelan government provided support to Colombian groups such as the Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) and the National Liberation Army (ELN). The FARC and ELN reportedly regularly crossed into Venezuelan territory to rest and regroup as well as to extort protection money and kidnap Venezuelans to finance their operations. Colombia on various occasions has accused the Venezuelan Government of harboring and aiding top FARC leaders in Venezuelan territory.

Some weapons and ammunition from official Venezuelan stocks and facilities have turned up in the hands of these groups. In July, Colombia announced that it had recovered five Swedish AT-4 anti-tank missiles from the FARC that were originally sold to Venezuela. Chavez called the Colombian report “a dirty lie.” When Sweden confirmed the 1988 sale of the weapons, Venezuela then claimed the weapons had been stolen by the FARC from a Venezuelan base in 1995. When local journalists showed 1995 news reports that said the rival ELN had carried out the attack, the government claimed the ELN had sold the weapons to their rivals.

In mid-December, local newspapers cited the report of the Ecuadorian “Transparency and Truth Commission on the Angostura Case” that claimed that FARC Secretariat member IvánMárquez has offices in Caracas, where he directs the agenda of the FARC-linked organization, the Continental Bolivarian Coordinator. Page | 190 On December 4, President Chavez promoted Hugo Barrios and Henry de Jesus Rangel Silva to the rank of Venezuelan Major General, a three-star equivalent. Both Carvajal and Rangel had been designated Drug Kingpins by the U.S. Department of the Treasury’s Office of Foreign Assets Control (OFAC) in 2008 for materially assisting the narcotics trafficking activities of the FARC. Carvajal remained in his position as head of the Directorate of Military Intelligence. Rangel Silva was named Commander of the Guayana Strategic Military Region in August.

There was some limited counterterrorism cooperation between Colombia and Venezuela, however. On April 23, Zulia State police arrested YainerEsneider Acosta Peña, alleged to be the second in command of the FARC 45th Front. Local authorities transferred Acosta to the Colombian border where he was handed over to face charges of rebellion and terrorism[375].

Y, más adelante, el mismo informe agrega:

External Aid: Venezuela provided some logistical, financial, and lethal aid to the FARC. Cuba provided some medical care, safe haven, and political consultation. The FARC often used the Colombia/Venezuela, Colombia/Panama, and Colombia/Ecuador border areas for incursions into Colombia and also used Venezuelan and Ecuadorian territory for safe haven, although the degree of government acquiescence was not always clear. In 2008, based on captured computer documents, the Colombian government accused the Venezuelan government of funding and providing weapons to the FARC[376].

En la edición 2010 del mismo informe, se hace igualmente referencia tanto al general Carvajal, como a su homólogo Rangel (ambos venezolanos):

The Venezuelan government took no action against government and military officials linked to the FARC or ELN.  General Hugo Armando Carvajal Barrios, who was designated by the United States in September 2008 for materially assisting the narcotics trafficking activities of the FARC, remained Director of the Military Intelligence Directorate.  In November, President Chávez promoted another official also designated by the United States in 2008 for materially assisting the FARC, Henry Rangel Silva, Chief of the Armed Force’s Strategic Operation Command, to the four-star equivalent General in Chief.  The prosecutor general also awarded Rangel Silva with a Citizen’s Merit Medal for his “service in defense of the interests of the country and the constitution”[377].

Y continúa (p. 163):

In a July 22 special session of the OAS Permanent Council, the Colombian Permanent Representative presented purported evidence of FARC training camps in Venezuela and proposed an international verification commission to investigate the presence of FARC and ELN members in Venezuela.

Como estrategia de consolidación y expansión, el movimiento terrorista ha tendido a apoyarse en comunidades indígenas o autóctonas. En declaraciones periodísticas[378], el experto Ely Karmon se refiere al intento de ataque de la embajada de los Estados Unidos en Caracas por Teodoro Darnott[379], un líder wayúu[380], y de cómo “la penetración en las comunidades indígenas es uno de los métodos que utilizan Irán y Hezbolá”. Algo también destacado en otros medios bajo el título “Chávez ha invitado a misioneros chiitas de Irán para convertir a los guajiros y demás indígenas de la amazonia”[381]. En relación con ello, nuevamente, el Country Report on Terrorism señala: “Self-proclaimed Islamic extremists José Miguel Rojas Espinoza and Teodoro Rafael Darnott remained in prison after being sentenced to 10 years each in 2008 for placing a pair of pipe bombs outside the American Embassy in 2006”[382].

Salas, por su parte, en una de sus publicaciones, dedica algunos apartados a Teodoro Darnott, su militancia, detención, prisión y posterior condena, además de detallar su biografía. Entre lo más significativo destacan dos interesantes comentarios que complementa lo hasta ahora dicho:

1.      Después de ver aquel despliegue de símbolos libaneses y el retrato de Nasrallah asomando por encima de las cabezas de los manifestantes, nadie en su sano juicio dudaría que, como denunciaban críticos y opositores a Chávez, en Venezuela existían sin dudas células terroristas de Hizbullah, con el apoyo del gobierno chavista. Y yo conocía el nombre de su líder: el comandante Teodoro DarnottAbdullah.

2.      Cuando retomé contacto con Darnott, en febrero de 2009, me encontré a un hombre radicalizado en su delirio místico. A pesar de no hablar ni una palabra de árabe, estudiaba el Corán, en español, con devoción. Incluso impartía algunas charlas a los compañeros de presidio que querían escucharle, intentando compartir su delirante proyecto de transformar Venezuela en una teocracia islámica[383].

El objetivo central de la estrategia de acercamiento a comunidades indígenas, se focaliza en la posibilidad de contactar con personal autóctono para formar grupos de apoyo logístico o reclutar activistas tal y como Karmon indica, haciendo una similitud con lo ocurrido en Europa: “Es un método que es utilizado últimamente por Al Qaeda, que está reclutando franceses, británicos y también australianos que se convirtieron al islam para así penetrar más fácilmente a estos países. Eso puede llegar también a América Latina”[384].

Es conocido cómo un importante número de terroristas de la FARC se refugian en Venezuela, lo que facilita implementar esa forma de captación tal cual se ha practicado en otros lugares:

No son pocas las asociaciones islamista, como los Hermanos Musulmanes, que hacen proselitismo mediante el desempeño de diversas funciones caritativas, educativas y sanitarias en los barrios más desfavorecidos y en otras poblaciones desatendidas por sus correspondientes Estados[385].

Por lo que se refiere a la zona denominada “Triple frontera” (o Tres fronteras), es preciso recordar que la mayoría de los analistas expertos en temas de terrorismo, la consideran como un lugar de atención primordial, puesto que en ella se han detectado actuaciones que evidencian actividades relacionadas con grupos terroristas. La detención en julio de 2010 en Paraguay de Moussa Ali Hamdam, vinculado con numerosos crímenes, entre ellos la financiación de actividades terroristas, es un indicio de cuando se expone[386]. Caamaño lo describe de la siguiente forma:

Otro foco importante de potencial actividad terrorista es Ciudad del Este en Paraguay, epicentro de la llamada “La Triple Frontera” entre Argentina, Brasil y Paraguay, debido a la importante presencia en ella de comunidades árabes fácilmente infiltrables por extremistas islámicos capaces de llevar a cabo acciones terroristas. El débil control estatal en esa zona facilita todo tipo de actividades ilícitas: tráfico de armas y droga, lavado de dinero, contrabando de todo tipo de bienes y productos, etc. Lo que si ya parece demostrado es el apoyo financiero que esas comunidades están prestando a organizaciones extremistas.  En cualquier caso, nunca se ha podido demostrar la participación de elementos asentados en esta área con los ataques terroristas sobre intereses judíos en Buenos Aires en 1992 y 1994. Algunas detenciones de activistas islámicos vinculados al narcotráfico en Ecuador y Méjico, así como la presencia en Argentina de grupos radicales orientados a la predicación del Islam, apuntan también a América Latina como fuente de reclutamiento y financiación de actividades terroristas[387].

Otros autores identifican lugares más precisamente y concretan detalles:

De acuerdo con los medios de comunicación locales, sólo en el Área de las Tres Fronteras (ATF)-Brasil, Argentina y Paraguay, las organizaciones antiterroristas han descubierto más de 50 personas sospechosas de simpatizar con el extremismo y financiar el terrorismo islámico durante los últimos 10 años[388].

A pesar de las distintas opiniones respecto al tema -algunas incluidas en el presente análisis- casi todos los expertos admiten que existen indicios (mas no pruebas) suficientes para afirmar que efectivamente se están produciendo una serie de acontecimientos en América Latina que incrementan el nivel de riesgo de que en poco tiempo pueda existir suficiente infraestructura que permita soportar acciones terroristas y, dentro de aquellas, alguna de corte yihadista. Ello es adecuado para el propósito de este estudio ya que permite establecer la base necesaria que haga posible analizar la actuación de la OEA y de alguno de sus órganos subordinados en relación con el tema del terrorismo en general y del global, en particular. Lo que se ha venido en denominar “chavismo”  se ha interconectado con corrientes amenazantes provenientes de medios radicales. Walser lo refleja certeramente citando el trabajo “Populismo, Islamism, and ‘Indigenismo’ Versus Democracy” de The Hudson Institute:

Spanish conservative thinker Gustavo de Ariestegui worries about the growing philosophical connections between the radicalism of a Chávez and radical extremism of jihadists in the Middle East. He believes common ground can be found in a frustrated and misguided utopianism common to both and by an obsession with lost glory. Chavistasand terrorists, he argues, see themselves as “legitimate soldiers in an heroic battle within the context of an asymmetrical war of liberation. It is a theory that justifies any kind of violence, including terrorism, if it is used against the most powerful countries, the repressive forces of the West”[389].

Merlos, por su parte, amplía lo anterior y establece la relación con la banda terrorista ETA:

La segunda línea, de colaboración permanente, sustentada en unos potentes cimientos ideológicos, con grupos terroristas latinoamericanos en las áreas de financiación, falsificación de documentos, aprovisionamiento de armamento o entrenamiento para el manejo de explosivo[390].

Y cierra el círculo con lo que agrega al final de su trabajo:

La acción conjunta FARC-ETA se valdrá de la cobertura exterior de gobiernos como los de Cuba o Venezuela, que seguirán ofreciendo su territorio como refugio para guerrilleros y terroristas “quemados”, y que seguirán prestando asesoramiento político y ayuda financiera y logística a espaldas de la comunidad internacional. Para el entrenamiento conjunto seguirán aprovechando regiones anexas a las fronteras de Colombia con escasa densidad de población, altas densidades de vegetación y débil presencia de la autoridad del Estado: territorios de Venezuela y Ecuador, fundamentalmente, y en menor medida de Perú, Panamá o incluso Brasil[391].

A modo de conclusión anticipada de lo relatado, se recogen las palabras de uno de los trabajos de George Chaya:

Como sea, en América Latina se debate durante los últimos 40 años -sin muchos avances- sobre grandes temas regionales tales como “liberación o dependencia”. Creo que si se incorpora en la misma forma el debate sobre la infiltración del terrorismo islamista en el continente, ello sería un importante avance. Sin un debate claro que dé lugar a la aplicación de políticas firmes en la materia, las cosas pueden ponerse mal puesto que se estará optando por el camino equivocado.

Sostengo que la implementación de políticas exitosas de contención y neutralización del fenómeno de infiltración en el continente latinoamericano es de imperiosa necesidad, pero a la vez, estas serán posibles si hay concientización en su clase política, sus funcionarios de seguridad gubernamentales y sus ciudadanos en general. Todo ello debe realizarse despojados de cuestiones ideológicas que hacen perder el foco de la problemática[392].

 

 

7. Terrorismo islámico en américa latina

La población árabe/musulmana es significativa en América Latina[393] y “particularmente percibida por Jezbolá como un terreno fértil para un intensa actividad delictiva”[394]:

Las dos mayores comunidades musulmanas/árabes del continente se encuentran en el Brasil y en Argentina: en el Brasil residen aproximadamente un millón y medio de musulmanes, entre ello unos 10.000 brasileños que se han islamizado (esto significa menos del 1% de la población) y en Argentina hay unos 700,000 musulmanes (cerca del 2% de la población, en su mayoría descendientes de inmigrantes de Siria y el Líbano. Hay otras concentraciones significativas de población musulmana en Chile, Paraguay, Perú, Venezuela, México y las Antillas[395].

La afirmación anterior es interpretada -en el mismo informe- como “una base propicia para el establecimiento de infraestructuras dedicadas a la subversión, el terrorismo y frecuentes actividades delictivas”. La concluyente aseveración puede tomarse como punto de partida para promover una interpretación más amplia y justificar argumentos que deben ser tenidos en cuenta, al menos, en la elaboración de posibles escenarios.

El Country ReportsonTerrorism explica lo anterior de la siguiente forma:

There were no known operational cells of either al-Qa’ida or Hizballah in the hemisphere, although ideological sympathizers in South America and the Caribbean continued to provide financial and ideological support to those and other terrorist groups in the Middle East and South Asia.  The Tri-Border area of Argentina, Brazil, and Paraguay continued to be an important regional nexus of arms, narcotics, and human smuggling, counterfeiting, pirated goods, and money laundering all potential funding sources for terrorist organizations[396]. 

No solamente en Venezuela, Nicaragua y en otros países ya mencionados se ha detectado presencia terrorista[397]. También el Caribe ha sido un espacio geopolítico donde el terrorismo yihadista ha hecho presencia. En Antillas holandesas (Curacao) se arrestaron a 17 personas en 2009 por su “participación en una red de narcotráfico que operaba en cooperación con Hezbolá”[398].En Trinidad y Tobago la organización más conocida es Jamaat Al-Muslimeen (JAM)[399] cuyos miembros protagonizaron un intento de golpe de estado contra el gobierno electo de dicho país en 1990. Ocuparon algunos edificios públicos (Congreso y televisión) y mantuvieron rehenes por unos seis días. Su líder Yasin Abu Bark fue acusado de traición y asesinado, al igual que otros participantes, aunque fueron puestos en libertad al ser favorecidos por un indulto presidencial.Algunas investigaciones han vinculado a la organización con conexiones con Hamas: “En el 2004, la página web de JAM tenía vínculos que llevaban a una página web de Hamás. La página web tenía otros vínculos a páginas web y retórica de yihadistas"[400],  al igual que también le han cuestionado ciertos lazos con Afganistán en lo que respecta al tráfico de droga vía Trinidad y Tobago. Algunos de sus miembros han confesado tener relaciones con secuestros, asesinatos y otras actividades delictivas. Recientemente Kareem Ibrahim, junto con su socio (co-conspirador) Abdul Kadir (ciudadano de Guyana), fue condenado a cadena perpetua en Estados Unidos por acciones de terrorismo en el aeropuerto John F. Kennedy en 2007[401]. Otro informe[402] agrega que:

Según la fiscalía General de Estados Unidos, los integrantes del grupo estaban en contacto con personalidades iraníes, entre ellos MohsenRabbani[403]. Tres de los militantes fueron arrestados en Trinidad en junio de 2007; uno de ellos, Abd El-Kader, que debía establecer el contacto con los iraníes, fue arrestado en el avión que debía partir con destino a Venezuela, desde donde tenía planeando proseguir su viaje a Irán[404].

En mayo de 2006 dos ciudadanos de Trinidad y Tobago, detenidos y encarcelados en Canadá por participar en actos terroristas, fueron deportados a aquel país. Se trató de Barry Adams, alias Tyrone Cole y Wali Muhammad, alias Robert Johnson que se pensaban eran miembros de Jammat al Fuqra, un grupo terrorista con base en Pakistán[405].

Otro punto de atención en relación con el terrorismo global es Jamaica. Algunos informes de WikiLeaks revelaron como el jeque Addullah el-Faisal (conocido como al-Jamaikee -el de Jamaica-) fomentaba los sentimientos islamistas extremos y el desarrollo de las células terroristas en la isla del Caribe. El jeque fue deportado desde Reino Unido donde se le declaró culpable  y condenó por incitación a la violencia racial. Fue la “primera persona en más de un siglo condenada bajo la ley británica de 1861 de ofensas contra la persona”[406]. Coincidentemente, Germaine Lindsay Maurice (conocido como AbdullahShaheed Jamal), uno de los autores del atentado con bombas contra trenes del metro de Londres en 2005, también había nacido en Jamaica y se le supone influencia de el-Faisal.

Brasil es otro de los países con presencia de terroristas relacionados con el terrorismo global. “Una revista brasileña admite que KhalidShaikhMohammad (KSM), el cerebro de ataque del 11 de septiembre y operativo de Osama bin Laden pasó casi 20 días en Brasil en 1995…”[407].  En 1996 la policía capturó a Marwan al Safadi, acusado de participar en el primer ataque al WorldTrade Center en febrero de 1993, posteriormente sentenciado a prisión y luego extraditado a Canadá, donde fue nuevamente condenado a nueve años por tráfico de estupefacientes, aunque logró escapar por tres veces (la última definitivamente) de su reclusorio[408].

De nuevo en Brasil, “una célula Al-Gama´a al-Islamiy ya había estado operando en Foz de Iguazú desde 1995. Mohammed Ali Hassan Mokhles había salido de Egipto en 1993 y establecido residencia en Foz de Iguazú”[409]. Más tarde, en 1999, fue arrestado en Uruguay y extraditado a Egipto, donde se le vinculó con un ataque terrorista que dejó sesenta y dos muertos (en su mayoría turistas) en Luxor, en 1997.

En abril de 2011, la revista brasileña Veja informó que unas veinte personas afiliadas a Al-Qaeda, Hezbolla y Hamás estaban escondidas en Brasil y que Al-Qaeda contaba con planes operativos de ataque en dicho país[410]:

Veja indicó que en la zona de la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) hay células activas de Hezbolá y Hamás que procuran pasaportes falsos de Brasil, México, Portugal y España a militantes arribados del Oriente Medio. La nota consignó que dos brasileños convertidos al islam, Alan Cheidde y Anuar Pechliye, fueron entrenados en Afganistán y retornados al Brasil para colaborar en la falsificación de pasaportes. La policía federal arrestó en 2005 a una veintena de extremistas en Foz do Iguaҫu con más de 1.200 pasaportes falsos. Esta banda, liderada por el libanés JaimBaalbaki y el jordano SaelBasirYahyaNajib Atari, también había arreglado casamientos de terroristas árabes con madres solteras brasileñas -cuyos hijos reconocían-, con lo que aquellos obtenían la residencia y evitaban la extradición.

La revista denunció los viajes frecuentes a Brasil, del iraní MohsenRabbani, exconsejero cultural de la embajada iraní en Buenos Aires, sobre quien pesa una notificación roja de Interpol por su participación en el atentado contra la AMIA en 1994, en el que murieron 85 personas[411].

En junio 2010, fue detenido en Ciudad del Este (Paraguay) -la región de la triple frontera- el libanés-estadounidense Moussa Ali Hamdan, a solicitud del gobierno de los Estados Unidos, por ser una de las cuatro personas acusadas por las autoridades federales de aquel país de estar bajo sospecha de brindar apoyo material a Hezbolá[412].

En 1992, en Quito (Ecuador), fueron arrestados por la Interpol siete miembros del Yihad islámico que supuestamente planeaban ataques contra el embajador de Israel en Bogotá (Colombia). Otras actuaciones contenidas en diversos informes son dignas de mención porque igualmente evidencia el amplio espacio en el que se desenvuelve el terrorismo:

Since then, several additional planned acts of Islamic fundamentalist terrorism have been thwarted. For example, the arrest in 1998 of a senior Abu Nidal Organization (ANO) leader in Lima, Peru, thwarted a reported plan to blow up the Israeli Embassy and a synagogue there. According to O Globo’s U.S. sources, al Qaeda supposedly planned an attack against the U.S. Embassy in Montevideo, Uruguay, in April 2001, at the same time as a planned attack against the U.S. Embassy in Quito, Ecuador. The discovery of the plot (and the consequent  reinforcement of security) thwarted the attacks. Following the September 11, 2001, attacks, U.S. Central Intelligence Agency (CIA) and Federal Bureau of Investigation (FBI) agents reportedly traveled to Uruguay to investigate possible links with the bin Laden network[413].

Determinados acercamientos de autoridades ecuatorianas con autoridades iraníes, han sido interpretados por algunos analistas como próximas a la órbita de colaboración con Irán que, como se ha evidenciado, promueve, sustenta o alienta al terrorismo. En concreto hay dos hechos ocurridos en mayo y septiembre de 2011. En el primero, el embajador del gobierno de Ecuador en Irán manifestó que “la prioridad de la política exterior del gobierno de Ecuador es la fraternidad y la unidad con los países amigos como la República Islámica de Irán…”[414].  En la segunda, unas declaraciones similares realizadas por el primer viceministro iraní, Mohammad Reza Rahimi, en su viaje a Quito[415],

Además de cuanto ya se ha dicho en relación a cómo Cuba apoya el régimen iraní y las estrechas relaciones con Venezuela, el periódico Corriere Della Sera, recogía en la edición del 31 de agosto de 2011 cómo tres terroristas de Hezbolá, respaldados por Irán,  habían dejado México para establecer una base permanente en Cuba, además de contar con un presupuesto inicial de medio millón de dólares y el apoyo de otros veintitrés terroristas. La tarea, según el rotativo, era proporcionar apoyo logístico para realizar ataques de células de Hezbolá en Venezuela, Paraguay y México[416].

De otro lado, en Colombia, fue arrestado en octubre de 1998 Mohamed AbedAbdelAal, uno de los integrante de Al-Gama´a al-Islamiyya, también buscado por las matanzas de Luxor en Egipto y, al parecer, coautor del atentado en que terroristas asesinaron a veinte turistas griegos en El Cairo en abril de 1996. El informe de la Library of Congress lo describe de la siguiente forma:

Colombian Police arrested Mohamed Abed Abdel Aal on October 19, 1998, two days after he arrived in Bogotá by bus from Quito. He was subsequently deported to Ecuador. On arriving at Quito’s Mariscal Airport, he was reportedly accompanied by three men who escorted him, without handcuffs, to an unidentified car, which left for an undisclosed location.104 Abel Aal then mysteriously “disappeared.” He was later reportedly turned over to Egyptian authorities. It was not the first instance of Islamic Jihad terrorist activities in Colombia. In 1992 Interpol agents arrested seven alleged members of the Islamic Jihad in Quito, Ecuador. The agents claimed that they planned attacks on the Israeli ambassador in Bogotá, Colombia[417].

El diario kuwaití Assiyasa recogía las declaraciones de un ex guerrillero de la Guardia Revolucionaria iraní en las que se decía que algunos de sus integrantes entrenaron en el manejo de explosivos y en la realización de secuestros y emboscadas -en un área no determinada de Colombia, pero cercana con la frontera con Venezuela- a ciudadanos de Kuwait, Bahrein, y Arabia Saudita. Los instructores, prosigue, parecieran tener órdenes de atentar contra ciertas embajadas en América Latina si Irán era atacado[418].

Los acercamientos del gobierno boliviano al iraní, también han levantado sospechas y el correspondiente análisis publicado en diferentes medios. Diversas visitas y declaraciones sobre cooperación bilateral como la realizada por el presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Arce, junto con una delegación de asambleístas, a Teherán (marzo, 2011), generaron preocupación en ciertos sectores[419] que interpretan estos acercamientos como próximos al establecimiento de relaciones comerciales que pudieran permitir la llegada al continente de personas involucradas con el terrorismo islámico.

En junio 2011, fue invitado a Bolivia el ministro iraní de relaciones exteriores, Ahmad Vahidi, y recibido por el propio Evo Morales, sin advertir que Vahidi cuenta con una orden de aprehensión (solicitada por INTERPOL) por su participación en los ataques terroristas de la AMIA (1994). Ante la solicitud de arresto, las autoridades bolivianas invitaron a abandonar el país al ministro iraní[420].

En el mismo mes de junio, la diputada boliviana Jessica Echeverría denunció que “tanto en Venezuela como en Bolivia se están tejiendo milicias civiles a cargo de los iraníes para que ellos las dirijan”[421]. No menosimportantees el comentarioquerecoge Berman: “Latin American officials now estimate that between 50 and 300 ‘trainers’ from Iran’s feared clerical army, the Revolutionary Guards, are present in Bolivia with at least some said to be providing indoctrination at the facility”[422].

México pareciera haber ocupado un destacado puesto mediático en los últimos meses, aunque desde hace años se estudia el impacto del terrorismo islámico en ese país[423]. Un importante aviso fueron las declaraciones del entonces director general del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) de México: “Tampoco podemos descartar el riesgo que representaría una eventual presencia del terrorismo islámico en nuestro territorio” (septiembre, 2011)[424]. Más tarde, en octubre del mismo año,  se evidenció un frustrado ataque que el grupo islámico somalí Al-Shabaab[425] planificó contra la embajada de Estados Unidos en México[426], aunque no era la primera vez que se frustraban este tipo de actuaciones. Con anterioridad, (junio, 2010), el periódico kuwaití Al-Seyassah había informado de cómo las autoridades mexicanas impidieron el establecimiento de una red terrorista en el país. Incluso aludía a cómo ciudadanos mexicanos con vínculos libaneses eran utilizados para atacar objetivos israelíes y del mundo occidental[427].

En otro momento, el gobernador de Texas, Rick Perry, y el ex mandatario de Massachusetts, MittRommey, manifestaron en un debate que “el grupo islámico Hezbolá y el grupo islámico palestino Hamas opera activamente en México” (sic)[428]. Todo ello se contradice con una serie de cables (Wikileads) de 2010 en los que se indicaba que “ninguna organización terrorista internacional conocida, tiene presencia operativa en México ni han tenido lugar incidentes terroristas dirigidos contra personal o intereses estadounidenses en territorio mexicano y originados en él”[429].

Estudios más recientes, como los del Centro MeirAmit, indican que “diversos informes de expertos estadounidenses y mexicanos de los últimos años se centran en los riesgos que la asociación delictiva de Jezbolá con los carteles mexicanos del narcotráfico crea para Estados Unidos”[430]. Y, más adelante (p. 31), el mismo estudio recoge lo siguiente: “En julio de 2010 las autoridades mexicanas arrestaron a Jamil Nasr en Tijuana por el intento de  establecer allí una red de Jezbolá para toda la región”.  En la misma línea, un ex agente de inteligencia norteamericano declaraba (mayo 2011) que Hezbolá había intentado organizar células en México en los últimos 15/20 años[431]. Un indicio más fue el hallazgo en el desierto de Arizona (enero, 2011) de un libro donde se destacan determinadas acciones terroristas[432].

A finales de 2011 (noviembre) se acusó al narcotraficante libanés AymanJoumaa de enviar grandes cantidades de cocaína a Estados Unidos, desde Colombia vía México, y de lavado de dinero. En el documento donde se hace la acusación, se “revelan detalles sobre los estrechos contactos de Jezbolá con Los Zetas, un cartel de narcotráfico mexicano”[433].

Por otra parte, en enero de 2012 y dentro de las relaciones de grupos terroristas con actividades de blanqueo de dinero y narcotráfico, se evidencia la facilidad que grupos terroristas (Hezbollah en particular) tienen en relación con el fácil acceso a la frontera estadounidense, relatándose como ejemplo la detención de un mexicano de origen libanés en Tijuana (México) bajo la acusación de ingreso ilegal  Estados Unidos de unas doscientas personas. Otro caso también documentado es el relacionado con MahmoudYousserKourani por intento de soborno a un funcionario mexicano en Beirut con el fin de obtener un visado para poder viajar a México. Yousser consiguió llegar al estado de Michigan (Dearborn) y comenzó a recaudar fondos para Hezbollah en Líbano[434]. Otra actividad más de la presencia de grupos terroristas yihadistas en México se incluye en  las afirmaciones de Farah, recogidas en un interesante trabajo:

Otro acontecimiento perturbador que indica una relación creciente entre Hezbollah y los cárteles mexicanos de la droga es la sofisticación cada vez mayor de los narcotúneles que vienen encontrándose a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. Según el periodista de investigación Doug Farah, esos túneles se asemejan a los que utiliza Hezbollah en Líbano, lo que hace temer que Hezbollah esté proporcionando a los narcotraficantes la tecnología necesaria para construir esos canales de contrabando. Farahseñala también que "numerosos ex funcionarios de inteligencia y de las fuerzas del orden han comentado públicamente la aparición en los últimos años de miembros de grupos delictivos arrestados que ingresan en Estados Unidos con tatuajes farsi y otras cuestiones que podrían indicar una influencia de Hezbollah"[435].

Las actividades que relacionan a grupos terroristas con otros locales no se limitan únicamente a las actividades descritas. Son significativas, por ejemplo, las relacionadas con la propaganda y particularmente las que en su momento se achacaron a Mohammad Hassan Ghadiri, ex embajador de Irán en México, y que resumidamente son recogidas en los siguientes apartados utilizados por el diplomático para enfatizar sobre aspectos que se interpretan sesgados y relativos a una determinada postura[436]:

a.       América Latina fue conquistada por el imperialismo…

b.      Los estadounidenses tienen una actitud humillante para con los inmigrantes mexicanos y latinos…

c.       …, la corrupta cultura de Estados Unidos…., la falta de fervor religioso en cuanto al catolicismo, o su debilitamiento, allanan el camino hacia la vinculación con el islam y su aceptación.

El 16 de febrero de 2012 se informó al Congreso de Estados Unidos que en la última década Irán estableció 17 centros culturales en América Latina dedicados a la difusión del islam chiita y de la ideología de Jumeini. Los centros culturales iraníes desarrollan actividades de propaganda y pueden también servir de envoltura de apoyo a las actividades subversivas y terroristas, como quedó demostrado en el atentado contra la AMIA.

Además, las relaciones de ciertos países o grupos terroristas con otros de América Latina, toman la forma de reuniones o “misiones” de corta duración. Entre las primeras se puede destacar las que lleva a cabo MohsenRabbani con delegaciones de América Latina que visitan Irán, según información recogida por el Centro General Meit Amir. Respecto de las segundas, el mismo informe contempla como son enviados jóvenes clérigos iraníes a América Latina “para la difusión del islam radical chiita de Irán” (p. 47). En febrero 2012 se abrió “la inscripción al octavo curso”.

Por último, en septiembre 2012, es detenido en Mérida (México) el ciudadano estadounidense -con falso pasaporte beliceño a nombre de Wilhelm Dick- RaficMohammadLabbounAllaboun, quien es acusado de formar parte de una supuesta célula del grupos islamista que opera en Centroamérica y Yucatán y estaba buscado por diversas actividades realizadas en relación con fraude con tarjetas bancarias y presunto lavado de dinero para financiamiento de su grupo terrorista.[437]

La presencia terrorista (yihadista) es un hecho en numerosos países latinoamericanos. El caso venezolano es, posiblemente, el más evidente por cuanto de colaboración estrecha entre gobiernos se ha venido dando en diferentes órdenes, pero no el único. La amenaza está penetrando de forma sostenida y continuada y es posible que el día que se evidencie como tal sea tarde y se requiera un dilatado tiempo de reacción durante el cual, posiblemente, numerosos atentados y víctimas se produzcan. Llegado este punto, convine, no obstante, presentar información de algunos medios que niegan lo anterior y lo circunscriben, casi exclusivamente, al apoyo financiero y a actuaciones de corte ideologico. Asi se puede leer:

Como lo ha señalado InSightCrime, gran parte de esta alarma es exagerada, si no completamente injustificada, y aparentemente el Departamento de Estado está de acuerdo. Una sección en el reporte sobre terrorismo en América Latina, señala que en 2011 “no hubo células operacionales ni de Al-Qaeda o del Hezbolá en el hemisferio, aunque simpatizantes ideológicos en Sudamérica y el Caribe continúan proveyendo apoyo financiero e ideológico a esos grupos terroristas en el Medio Oriente y el Sudeste Asiático”.

Podría ser más relevante examinar la naturaleza de estos apoyos financieros e ideológicos, que continuar el debate politizado sobre la presencia de células terroristas islámicas en el hemisferio. En años recientes, ha emergido evidencia de que grupos como el Hezbolá compartirían algunas redes de apoyo financiero con grandes organizaciones criminales en el hemisferio. En diciembre de 2011, autoridades estadounidenses acusaron a un hombre libanés por proveer al Cartel de los Zetas con cocaína colombiana, y recientemente acusaron a varias personas libanesas con lazos al Hezbolá en Venezuela y Colombia por cargos relacionados con lavado de activos[438].

Expuesta esa otra versión, aunque puede considerarse poco extendida y sostenida por autores, hay que señalar que la estructura terrorista puede ser utilizada por el crimen organizado (y viceversa) lo que establecerá una relación de conveniencia que incrementará sus eficacia y forzará la cooperación entre Estados para afrontar esta amenaza. Pareciera ser que es únicamente cuestión de tiempo. Molano-Rojas concluye en un interesante artículo: “Es poco probable que América Latina sea escenario de una ataque terrorista de alcance internacional o impacto global, pero existen unas fuentes de riesgo que no deben ser ignoradas” [439]. Sobre el mismo punto, Douglas Farah señala:

…las organizaciones narcotraficantes y los grupos terroristas en el hemisferio, se encuentran usando de manera más común a los mismos intermediarios para obtener armas, lavar activos y mover productos ilegales entre las fronteras a través de “redes terroristas y criminales”. Según Farah, estas conexiones son comúnmente asociaciones temporales, basadas en la necesidad, cambiando y evolucionando constantemente. Esto significaría que los vínculos del Hezbolá con grupos narcotraficantes como los Zetas –de existir en serio– son acuerdos a corto plazo, más que asociaciones estratégicas. Tanto el Hezbolá como los carteles de la droga, dependen de expertos que puedan transferir y legalizar internacionalmente fondos ilegales; estos “super-fixers” (como los llama Farah) están motivados por incentivos económicos más que ideológicos[440].

Otros autores profundizan en la misma línea argumental:

While Hizbullah is involved in a variety of criminal activities, the connection between drugs and terrorism has grown particularly strong, especially in South America. Drug rings busted in Ecuador in 2005 and in Curacao in 2009 tied explicitly to Hizbullah reveal the extent of the organization’s narco-trafficking through South America[441].

Y más adelante concluye:

Myrick was specifically concerned with Hizbullah’s presence, activities, and connections to gangs and drug cartels. Ties between Hizbullah and drug cartels have grown, especially along the US-Mexico border, and Myrick’s letter quoted Michael Braun as saying: “Hizbullah relies on the same criminal weapons smugglers, document traffickers and transportation experts as the drug cartel... They work together; they rely on the same shadow facilitators. Onewayoranotherthey are allconnected.” [442]

Una parte de las ganancias que produce el tráfico de drogas en la región[443], parece destinarse a soportar o promover determinados movimientos terroristas. La diputada boliviana Norma Piérola denunció una red entre el narcotráfico, Venezuela y los grupos terroristas:

El narcotráfico que sale de Bolivia va directamente a Venezuela y fomenta a las FARC y a grupos irregulares como Hezbollah, Al Qaeda y todos esos grupos terroristas”, aseguró la legisladora en declaraciones a la Agencia Judía de Noticias. Asimismo, Piérola acusó al gobierno de Irán de “injerencia maliciosa.[444]

Este último aspecto, la relación que pudiera tener (que tiene) el crimen organizado o el narcotráfico con el terrorismo de corte yihadista es un interesante aspecto que, cada vez más, se puede visualizar en trabajos fundamentalmente de autores norteamericanos. Es posible que ello pueda generar un importante cambio de postura en relación con la legalización total o parcial del consumo de drogas -de concretarse la relación narcotráfico-terrorismo- por cuanto de importancia tiene la penetración de terroristas utilizando las redes del crimen organizado para la seguridad nacional norteamericana.

La tesis anterior es sustentada por Bailey que cita a otros autores:

Iranian involvement in drug trafficking through Venezuela to Central America, Mexico, the U.S., the Caribbean, and to Europe through West Africa, is both extensive and well-documented. "The proceeds of this illicit trade are used to finance further penetration of Iranian interests into the region, as well as to at least partially fund the terrorist organizations mentioned above. Detailed Drug Enforcement Agency and United Nations studies have reported on the extensive drug trade from eastern Venezuela to West Africa, and then onward to Europe. Supply for this pipeline is believed to come from Iranian installations in the delta of the Orinoco River, where “tuna” boats and other vessels load cocaine from Iranian installations and then sent upstream. Other narcotics routes through Venezuela similarly channel cocaine via Santo Domingo (Haiti and the Dominican Republic) to the Gulf Coast of the United States and the west coast of Florida. Cocaine is also flown or shipped through Central America, particularly Honduras and Guatemala, into Mexico and the U.S. Protection of the drug trade by the Venezuelan National Guard is so prevalent and notorious the Guard is sometimes referred to as an additional drug cartel (Cartel de los Soles, after the National Guard insignia of rank).[445]

 

 



[1]JORDÁN, J., POZO, P. & BAQUES J. (Ed.), (2011). La seguridad más allá del Estado. Actores no estatales y seguridad internacional. Editorial Plaza y Valdés. Madrid. España. p. 43.

[2] Un análisis en detalle de cada país puede verse en POWELL, C. T., & REINARES, F. (Eds.). (2008). Las democracias occidentales frente al terrorismo global. Madrid: Real Instituto Elcano y Editorial Ariel S.A.

[3] Un interesante estudio al respecto es el elaborado por RÍOS LOZANO, P. E. (2004). La creación del Departamento de Seguridad Interna en Estados Unidos: implicaciones administrativas y políticas. Recuperado el 23 de enero de 2011 de:http://www.iij.derecho.ucr.ac.cr/archivos/documentacion/inv%20otras%20entidades/CLAD/CLAD%20IX/documentos/dlosrios.pdf.

[4]En el anterior trabajo citado (Ríos Lozano), la primera nota a pie de página indica: “Es interesante observar que en la elección del propio nombre del nuevo departamento se utiliza la palabra homeland que alude a patria, al hogar patrio y por extensión al hogar individual. En ese sentido una traducción más fiel sería Departamento de Seguridad Patria….”

[5]ECHEVERRÍA JESÚS, C. (2009). Los peligros de la escasa visibilidad del terrorismo yihadista. Recuperado el 15 de marzo de 2011 de http://www.revistatenea.es/revistaatenea/revista/articulos/GestionNoticias_1205_ESP.asp. Artículo periodístico.

[6]MERLOS, A. (2009). La infiltración islamista y la amenaza terrorista en América. Fundación Iberoamérica Europa. Cuadernos FIE, número 29. p. 13

[7]Se podía haber empleado cualquiera de los términos “Hispanoamérica” o “Iberoamérica”, sin embargo se comparte la siguiente explicación justificativa para haber adoptado el de América Latina:

La denominación “América Latina”  ha sido rechazada por largo tiempo o recibido con escepticismo en España y en algunos círculos americanos, como ajena a la tradición intelectual hispanoamericana y símbolo de quiméricos bloques frente al hegemónico anglosajón. Fuera cual fuera su origen, la expresión “América Latina” o “Latinoamérica” es comúnmente utilizada en el mundo, incluyendo naturalmente la propia región y su sociedad, que ha decidido hace tiempo llamarse así.

La expresión “Hispanoamérica” alude a una realidad identificable histórica y culturalmente, supone dejar fuera al Brasil lusófono […..]

Por último, cabe señalar que la denominación “Iberoamérica” se refiere a una comunidad entre dos continentes, de la que forman parte España y Portugal además de todos los países latinoamericanos. Se trata de una expresión consolidada en la nomenclatura de muchas estructuras y organizaciones públicas y privadas surgidas al amparo de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. (CORTES, M. A. y CARNERO, A. (2012). América Latina. Una agenda de Libertad 2012. Madrid: FAES. p. 27.).

[8]US, G. (2009). Country Report on Terrorism. http://www.state.gov/s/ct/rls/crt/.  p. 164.

[9]US, G. (2010). Country Report on Terrorism. http://www.state.gov/documents/organization/170479.pdf

p. 147.

[10]US, G. (2011). Country Report on Terrorism. http://www.state.gov/documents/organization/195768.pdf

p.169.

[11] FARAH, D. (2011). Hezbollah in Latin America: Implications for U.S. Security. Testimony before the House Committee on Homeland Security, Subcommittee on cunterterrorism and Intelligence, United State Congress.  Recuperado el 15 de julio de 2011 de:

http://homeland.house.gov/sites/homeland.house.gov/files/Testimony%20Farah.pdf. p. 2.

[12]La toma de decisiones de la OEA está recogido en los artículos 55, 59 y 89 de la Carta. En ellos se hace alusión a cómo se toman las decisiones en el ámbito económico (art. 55; aprobación por dos tercios de los miembros); aquellas que se consideran generales (art. 59; por mayoría absoluta) y dentro del Consejo Permanente en el ejercicio de sus funciones (art. 89; dos tercios de sus miembros). Cómo se puede comprobar, aquellas que implican a todos los Estados y tienen una trascendencia general, deben llevarse a cabo por mayoría absoluta.

[13]La declaración de Santa Cruz de la Sierra (22-25 de noviembre de 2010) como colofón de la IX Reunión de Ministros de Defensa de las Américas, contempla en su punto 4 lo siguiente: “Reconocer la importancia de la cooperación en defensa y seguridad en la región, particularmente el avance en la implementación de medidas de fomento de la confianza y seguridad….”

Por otra parte, la Carta de la Organización de Estados Americanos cuenta con un capítulo, el sexto (VI) titulado: Seguridad Colectiva.

[14]REINARES, F. (2010). Alertas, alarmas y amenazas: ¿qué decir a los ciudadanos europeos sobre el terrorismo internacional? (R. I. Elcano, Ed.) ARI/153/2010. p. 5.

 

[15]REINARES, F. (2012). Estrategias contra el terrorismo y resilencia de las sociedades abiertas: ¿en qué es un ejemplo Canadá? (R. I. Elcano, Ed.), ARI 18/2012. p. 3.

En el mismo documento, página 1, se indica: “El término resilencia alude aquí a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”.

[16]Especialmente con el profesor Ignacio Ibáñez, quien actualmente trabaja en la Secretaría del Comité Interamericano contra el  Terrorismo (CICTE) de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en Washington D.C., donde está a cargo del Programa de Asistencia Legislativa y  Financiamiento del Terrorismo. Otras personas con las que se mantuvieron entrevistas figuran detalladas al inicio del apartado que desarrolla el CICTE.

[17]UNASUR. Declaración de Seguridad Ciudadana en Sudamérica, Fortaleza. Primera Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones. Brasilia, 30 de septiembre de 2005.

Recuperado en: http://www.comunidadandina.org/documentos/dec_int/casa_2005_8.htm (febrero, 2011).

[18]Un extenso trabajo al respecto en PHARES, W. (2006). La futura yihad. Ed. Fundación FAES. España

[19] Otras publicaciones similares del mismo autor en: http://www.ugr.es/~jjordan/publicaciones.html (abril, 2011)

[20]DE LA CORTE IBÁÑEZ, L. & JORDÁN, J. (2007). La Yihad terrorista. Madrid: Editorial Síntesis.

pp. 1-2.

[21] JORDÁN ENAMORADO, J. (2011). El terrorismo global una década después del 11-S. En Actores armados no estatales: retos a la seguridad global. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Madrid, Ministerio de Defensa. p. 133.

[22]SMITH, H. (2008). Las religiones del mundo. Editorial Kairós. Barcelona. pp. 257, 259 y 260.

[23]MERLOS, A. (2009). Op. Cit. p. 6.

 

[24]A) Extracto del discurso del Señor Insulza el 17 de marzo de 2011 en la reunión ordinaria del CICTE:

El terrorismo, que condenamos con firmeza, cualquiera que sea su procedencia,  no ha sido ajeno a nuestra región y basta recordar sólo algunos hechos:

- El 6 de octubre de 1976, un avión comercial de Cubana de Aviación procedente de Caracas fue derribado sobre Barbados y murieron en esa ocasión 73 personas, ciudadanos latinoamericanos y del Caribe.

- El 17 de marzo de 1991, un día como hoy,  un atentado contra la Embajada de Israel en la ciudad de Buenos Aires dejó el trágico saldo de 29 personas muertas y 242 heridas.

- La Republica Argentina sufriría un atentado aún mayor  el 18 de julio de 1994 cuando una bomba en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) dio muerte a  otros 85 seres humanos e hirió a más de 300 personas.

- Un día después del atentado a la AMIA, el 19 de julio de 1994, un avión explotó en el aire en Panamá y ocasión la muerte de sus 21 ocupantes.

- Y en el 2011 conmemoraremos el décimo aniversario del atentado terrorista más brutal jamás sufrido en nuestro hemisferio: el doble ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y al edificio de la Secretaría de Defensa en Washington.

En: http://scm.oas.org/doc_public/SPANISH/HIST_11/CICTE00623S04.doc (abril, 2011).

B) ROJAS ARAVENA, F. (2002). El terrorismo global y América Latina. América Latina hoy. Universidad de Salamanca. p. 20, señala lo siguiente a modo orientativo: “Un recuento de los incidentes terrorristas en América Latina, entre 1990 y 1995, señalaba una cifra de 782 incidentes. En éstos reportaba un número de bajas que ascendían a 975. En el mismo periodo los incidentes terroristas internacionales alcanzaban la cifra de 2.558”.

[25]REINARES, F. (2012). Geografía mundial del terrorismo. (R. I. Elcano, Ed.) ARI 10/2012. p. 2

[26]Ibidem. p. 5

[27]Interesante análisis en el informe: La situación de la seguridad ciudadana en América Latina. Latin America Working Group (febrero, 2012). En: http://www.thedialogue.org/PublicationFiles/GinoCostaSpanishFINAL.PDF

[28]HAKIM, P. y COVINGTON, K. (2011).Construyendo la seguridad ciudadana en las Américas. En: http://www.thedialogue.org/page.cfm?pageID=32&pubID=2753 (recuperado en enero, 2011). pp.1-2, citando el informa del Banco Mundial: Crime and Violence in Central America: a DevelopmentChallenge, 2011, de Soares y Naritomi.

[29]Al respecto, se sugiere la lectura de La seguridad ciudadana. El problema principal de América latina. LAGOS, M. y DAMMERT, L. (2012). En: http://www.latinobarometro.org/latino/latinobarometro.jsp

- Ver también, Global StudyonHomicide 2011. En: http://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/statistics/Homicide/Globa_study_on_homicide_2011_web.pdf

[30]Ibidem, p. 2

[31]Wikipedia: Asimismo, a petición del presidente de la República Bolivariana Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, el ALBA-TCP deja de llamarse "Alternativa" para llamarse "Alianza". El presidente venezolano lo indicó de este modo en la VI Cumbre Extraordinaria del ALBA - TCP en Maracay: “Surgió así como una alternativa. Algunos hemos venido comentado y creemos que aunque mantiene su condición de alternativa, podemos llamarla ‘alianza’. El motivo del cambio de "alternativa" por "alianza" se debe a que actualmente el ALCA ya no tiene mayor repercusión en la región, y el ALBA-TCP, ya más que representar una alternativa en contraposición al ALCA, busca un mayor afianzamiento institucional y renovados objetivos.

-  La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP (en ocasiones denominada extraoficialmente Alianza Bolivariana para las Américas, pero más comúnmente conocida como simplemente ALBA, acrónimo de su nombre inicial Alternativa Bolivariana para América), es una plataforma de integración (Organismo Regional) enfocada para los países de América Latina y el Caribe que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en doctrinas de izquierda.[]

[32] Esa penetración cuenta con la “voluntad” de extenderse por la zona, tal y como se refleja en un artículo periodístico publicado a principios de abril 2011, en el que textualmente se dice: “…, la Policía Federal de Brasil tiene conocimiento de que una red de 20 militantes de Al Qaeda y otras cuatro organizaciones extremistas viven en Brasil como ciudadanos comunes usando al país como base de sus operaciones” y más delante agrega: “Según Reinaldo Acevedo, "los terroristas se aprovechan de las brechas que dejan las leyes brasileñas para instalarse en el país" y recuerda que la Constitución brasileña considera al terrorismo como crimen que no prescribe. Lo incongruente es que a pesar de ello, no exista una ley que castigue dicho crimen. Quizás porque este país nunca ha sufrido el terrorismo en su carne y lo contempla sólo de lejos en otros países”. En: http://www.elpais.com/articulo/internacional/policia/Brasil/tiene/pruebas/Qaeda/actua/pais/elpepuint/20110403elpepuint_1/.

[33]CHAYA, G. (2010). Recuperado el 25 de abril de 2011, de www.georgechaya.info/2010/05/07/la-influencia-del-yihadismo-global-en-america-latina/. Artículo periodistico.

[34]Esta “poca atención” es un hecho que no sólamente se puede observar en la región. Carlos Echeverría lo contempla en un interesante artículo titulado Los peligros de la escasa visibilidad del terrorismo yihadista.

En: http://www.revistatenea.es/revistaatenea/revista/articulos/GestionNoticias_1205_ESP.asp (marzo, 2011)

[35]DE LA CORTE IBAÑEZ, L. & JORDÁN, J. (2007). Op. Cit. p. 284.

[36]SOLANA CAMPINS, M. A. (2010). La amenaza del terrorismo nuclear: bombas sucias, una forma de guerra de cuarta generación. En M. Requena (Ed.), Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo III). Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. p. 469.

[37]CHAYA, G. (2010). Op. Cit.

[38]FELDMANN, A. & PERÄLÄ, M. (2011). Nongovernmental terrorism in Latin America: re-examining old assumptions. Working Paper num. 286 (july 2901). The Helen Kellog institute for international studies. p. 2.

 

[39]SHELLY, L. (2005). El financiamiento del terrorismo. Urbe et Ius. Revista de análisis jurídico. Año I, número 4, otoño MMV. pp. 1-2.

[40]JIMÉNEZ OLMO, J. (2010). ¿Nuevas amenazas? En M. Requena (Ed.), Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo III). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. p. 383. Citando a García, C. y Rodrigo A.

[41]Algunos países han preferido hablar de seguridad compartida y cooperativa, aunque también incluyen la terminología defensa colectiva. Da la sensación de que se pretende enfatizar en lo compartido en la medida que se reparten las cargas económicas y organizativas y, en lo colectivo, cuando la alianza o el grupo persiguen un fin común no necesariamente visualizado desde la perspectiva economicista.

- Al respecto es de interés el trabajo de Lora (2010). Seguridad cooperativa en América Latina

- El concepto seguridad cooperativa o seguridad colectiva y defensa cooperativa o colectiva, no tiene el mismo significado. El Libro Blanco de la Defensa de España (Ministerio de Defensa, 2000), indica: ”En el escenario estratégico de comienzo del siglo XXI (…) el análisis de los riesgos se ciernen sobre la situación internacional o que pueden afectar a nuestra seguridad hace pensar que, en un futuro previsible, las Fuerzas Armadas ejercerán, principalmente, funciones de disuasión y de mantenimiento y expansión de la estabilidad, tanto en el entorno geográfico próximo como en la más amplio de la región eutoatlántica. Es de esperar que los conflictos, en caso de llegar a producirse, sean de carácter limitado, pues se estima poco probable que la evolución de la situación internacional haga necesaria la defensa colectiva contra un ataque generalizado”.

[42]LORA, M. F. (2010). Seguridad cooperativa en América Latina. En M. Requena (Ed.), Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo II). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. p. 193.

[43] Los propósitos de las Naciones Unidas son: 

1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces…..

2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal; 

3. Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales…………

- Véase, también, Nota del Secretario General de Naciones Unidas, A/59/565 de diciembre de 2004: http://www.ieee.es/archivos/subidos/documentacion/UN%20report_sp.pdf 

[44]BRZEZINSKI, Z. (1998). El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. p. 217.

[45]DE CAIXAL I MATA, D. O. (2010). El entorno estratégico moderno. En M. Requena (Ed.), Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo I). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. pp. 44-45.

[46]Algunos analistas consideran que las crisis ocurrida entre Colombia y Ecuador (2008), el rearme que está llevando a cabo Venezuela, el caso Honduras (Zelaya, 2009) o la crisis Nicaragua-Costa Rica (2010), por citar algunos ejemplos, son muestras de un posible regreso al conflicto interestatal, sin embargo no compartimos ese criterio y los ejemplos citados únicamente obedecen a la inclusión de otros puntos de vista aunque no confirmen la tendencia general en esa dirección. Nos ceñimos al espacio latinoamericano por ser el objeto del trabajo.

[47]ALDAS MEJÍAS S. (2010). Op. Cit. p. 294.

[48] Declaración sobre seguridad en las Américas. (Aprobado en la tercera sesión plenaria, celebrada el 28 de octubre de 2003, (OEA/Ser.K/XXXVIII . CES/dec. 1/03 rev. 1 m). La seguridad de los Estados del Hemisferio se ve afectada, en diferente forma, por amenazas tradicionales y por las siguientes nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos de naturaleza diversa: 

• El terrorismo, la delincuencia organizada transnacional, el problema mundial de las drogas, la corrupción, el lavado de activos, el tráfico ilícito de armas y las conexiones entre ellos

• La pobreza extrema y la exclusión social de amplios sectores de la población, que también afectan la estabilidad y la democracia. La pobreza extrema erosiona la cohesión social y vulnera la seguridad de los Estados 

• Los desastres naturales y los de origen humano, el VIH/SIDA y otras enfermedades, otros riesgos a la salud y el deterioro del medio ambiente 

• La trata de personas 

• Los ataques a la seguridad cibernética 

• La posibilidad de que surja un daño en el caso de un accidente o incidente durante el transporte marítimo de materiales potencialmente peligrosos, incluidos el petróleo, material radioactivo y desechos tóxicos 

• La posibilidad del acceso, posesión y uso de armas de destrucción en masa y sus medios vectores por terroristas. 

-   O los incluidos en la declaración final de la IX Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 22-25 de noviembre de 2010), en la que se destacan, fundamentalmente, los asociados con los desastres naturales o antrópicos.

[49]HUNTINGTON. (2005). El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica. p. 23.

[50]ROJAS ARAVENA, F. (2006). El crimen organizado internacional: una grave amenaza a la democracia en América Latina y El Caribe. II informe del secretario general de FLACSO. p. 16

[51]Ibidem. p. 15.

[52]McMILLAN, J. (2004) Apocalyptic Terrorism: The case for preventive action. Strategic Forum(noviembre, número 212). p. 2.

[53]OWADA, H. (2009). Terrorismo internacional y Estado de Derecho. (R. I. Elcano, Ed.) ARI, 7. p. 1.

[54]Ibidem, p. 2.

[55]DE LA CORTE IBAÑEZ, L. & JORDÁN, J. (2007). Op. Cit. p. 279.

[56]Ibidem, p. 275.

[57]Ibidem, p. 17.

[58]CARRASCO JIMÉNEZ, P. (2010). Los condicionantes económicos en la etiología del terrorismo. Revista electrónica de ciencia penal y criminológica (marzo). p. 3.

[59]WITKER, I. (2005). Occidente ante las nuevas tipologías del terrorismo. Estudios públicos, no. 98. p. 228.

[60]Ibidem, p. 236.

[61]CARRASCO JIMÉNEZ, P. (2010). Op. Cit. p. 2.

[62] Al respecto se sugiere JOHNSON, P. (2000). Tiempos modernos. La historia del siglo XX desde 1917 hasta nuestros días. (E. Vergara, Ed.) Buenos Aires. Especialmente el capítulo 6: La última Arcadia

[63]BENEGAS LYNCH, A. (2006). La Tragedia de la drogadicción: Una propuesta. Argentina: Editorial Lumiére. Propone la no criminalización del consumo, produccción y comercialización de la droga.

[64] Tratado en YOUNGER, C., & ROSIN, E. (2005). Drugs and Democracy in Latin America. The impact of U.S. Policy. Lynne Rienner Publishers. Boulder&London.

[65]Abordado en Benítez Manaut, R. & Hernández, D. (2007). Op. Cit.  y en VERSTRYNGE, J. (2005). La guerra periférica y el Islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica. Barcelona: El Viejo Topo (capítulo VI).

-          En relación con la temática tratada por el profesor Verstrynge, existe un manual del Ejército venezolano (Edición espacial del Ejército de la República Bolivariana de Venenzuela) de mayo de 2005 que contiene literalmente el citado libro en todo lo concerniente a la guerra asimétrica. No es parte de este trabajo pero abre una interesate vía de reflexión para acometer una investigación en el futuro.

-          Tambien puede verse en relación con la guerra asimétrica: El Universal. Guerra asimétrica: el paradigma de Hugo Chávez.  En: http://www.eluniversal.com/2011/07/15/guerra-asimetrica-el-paradigma-de-hugo-chavez.shtml (septiembre 2012).

[66]JIMENÉZ OLMOS, J. (2010),

EZ OLMOS﷽NAIÑBAÑEZ010). ¿Nu Op. Cit.  p. 386. Citando, en algún momento a  Vilanova (1997).

[67]En el caso que nos ocupa, el ejemplo de las FARC puede ser uno de los más claros. Al respecto, el Country Reports on Terrorism (2009, p. 212) indica: Venezuela. Corruption within the Venezuelan government and military, ideological ties with the FARC, and weak international counternarcotics cooperation have fueled a permissive operating environment for narco-traffickers. Other than some limited activities, such as the bombing of remote dirt airstrips on the border, there is little evidence that the government of Venezuela is moving to improve this situation in the near future. The FARC, as well as Colombia’s second largest rebel group, the National Liberation Army (ELN), regularly used Venezuelan territory to rest and regroup, engage in narcotics trafficking, as well as to extort protection money and kidnap Venezuelans to finance their operations.

Observaciones similares pueden encontrarse en los informes correspondientes a los años 2010 y 2011.

[68]DE LA CORTE IBÁÑEZ, L. & JORDAN, J. (2007). Op. Cit. p. 298.

[69]Estas amenazas no están plasmadas en todos los documentos de forma igual, sin embargo es necesario incluirlas y contemplarlas. Un detallado análisis de las mismas puede encontrarse en el documento: Una Europa segura en un mundo mejor.Estrategia europea de seguridad. Bruselas, 12 de diciembre de 2003: http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cmsUpload/031208ESSIIES.pdf (febrero, 2012).

[70]Estos escenarios, entre otros, “justifica” la inclusión en el documento que recoge el nuevo concepto estratégico de la OTAN (Lisboa, noviembre de 2010) de frases como la siguiente: “.., mientras haya armas nucleares en el mundo, la OTAN debe seguir siendo una alianza nuclear”, a pesar del compromiso fijado en el mismo documento de construir un mundo libre de armas nucleares.

Por otra parte, la Alianza desarrollará su capacidad para defenderse de la amenaza que constituyen las armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares de destrucción masiva, así como los ataques cibernéticos.

[71]Excepción de lo que se pueda inferir de las relaciones Venezuela-Federación de Rusia en relación con la venta de armas y la también relación Venezuela-Irán y su enlace con el desarrollo nuclear y el terrorismo.

[72]DE SALAZAR SERANTES, G. (2011). Nuevos desafíos no convencionales: la proliferación NRBQ en la amenaza asimétrica. Documento opinión (72/2011). Instituto español de estudios estratégicos. p. 1.

[73]Aunque se suele emplear la traducción “gangs” o “pandillas”, el concepto de “mara” es muy específico y característico y no debe confundirse con otros, como los indicados, o el de “jóvenes en conflicto con la ley”. Diferenciarlos es muy importante porque permite llegar a comprender la verdadera dimensión y poder definir correctamente la amenaza. Se sugiere la lectura del trabajo del profesor Thomas C. Bruneau(2008).

[74] Honduras (112 grupos y 36,000 pandilleros); Guatemala (432 grupos y 14,000 pandilleros); El Salvador (4 grupos y 10,500 pandilleros); Nicaragua (268 grupos y 4,500 pandilleros); Costa Rica (6 grupos y 2,660 pandilleros); Panamá (94 grupos y 1,385 pandilleros) y Belice (2 grupos y 100 pandilleros).Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010.

[75]La OTAN adopta un nuevo concepto estratégico en 1991 (fecha de la desaparición de la Unión Soviética) y, posteriormente otro en 1999, aprobado por los Jefes de Estado y de Gobierno que participaron en la reunión del Consejo del Atlántico Norte celebrada en Washington los días 23 y 24 de abril de ese año. En este último se habla de “…en los últimos diez años hemos presenciado también la aparición de nuevos riesgos complejos para la paz y la estabilidad euroatlánticas, riesgos vinculados a políticas de opresión, a conflictos étnicos, al marasmo económico, al colapso del orden político y a la proliferación de las armas de destrucción masiva.”.  Y si“el objetivo esencial y permanente de la Alianza, expresado en el Tratado de Washington, consiste en salvaguardar la libertad y la seguridad de todos sus miembros por medios políticos y militares”, se adoptan nuevas responsabilidades (tareas) como Seguridad, Consulta, Disuasión y Defensa, Gestión de Crisis y Asociación (Conflictprevention and crisis management, Partnership, cooperation, and dialogue, Enlargementand Arms Control, Disarmament, and Non-Proliferation , ampliando su espacio a esos otros vectores que anuncia en el preámbulo del documento como riesgos nuevos. Ver: http://www.nato.int/docu/handbook/2001/hb0203.htm). Hay quienes, de forma más radical incluso, pretenden una OTAN más concreta en sus misiones: Lo que los aliados necesitan es dotar a la OTAN de una nueva razón de ser y esta razón de ser debe, a su vez, ser relevante para la seguridad compartida. Esta nueva misión o propósito de la Alianza no puede ser otro que preservar la libertad y la democracia derrotando el extremismo islamista. La OTAN: Una Alianza por la libertad. Cómo transformar la Alianza para defender efectivamente nuestra libertad y nuestras democracias. Fundación FAES. Madrid, 2006.

-   En Noviembre 2010 (Lisboa) se adopta un nuevo concepto estratégico que se basa en tres principios: asistencia mutua, disuasión y gestión de crisis. También se contempla la posibilidad de intervenir fuera de su tradicional espacio e incluye el extremismo, el terrorismo, las actividades transnacionales ilícitas, el tráfico de drogas, armas y seres humanos como amenazas a contemplar. Todo bajo el concepto de seguridad cooperativa.

[76] En Nicaragua con el triunfo del sandinismo en 1979. En El Salvador, el 16 de enero de 1992, el Gobierno de la República y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), suscriben en Chapultepec, México, los Acuerdos de Paz y, en  Guatemala, con la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.

[77]SARTORI, G. (1997). Homo Videns: La sociedad teledirigida. Madrid: Editorial Taurus.

- “Estamos saliendo del mundo de las cosas leídas para entrar en el de las cosas vistas”.

-“La televisión no es un anexo, es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver”.

[78]Declaración de Banff (5 de septiembre de 2008) en VIII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas: “Su más enérgica condena al terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones, por considerarlo criminal e injustificable, bajo cualquier circunstancia, en dondequiera y por quienquiera sea cometido y porque constituye una grave amenaza a la paz y la seguridad internacionales, a la democracia, estabilidad y prosperidad de los países de la región.

[79]En: http://www.voltairenet.org/article158987.html (febrero, 2011)

En: http://www.publico.es/espana/355547/el-terrorismo-un-problema-a-la-baja (febrero, 2011)

En: http://www2.esmas.com/noticierostelevisa/investigaciones-especiales/151150/terrorismo-amenaza-juegos-olimpicos-londres-2012 (febrero, 2011)

[80]R. DE ESPONA, R. J. (2006). Acción psicológica en las élites y percepción de la amenaza.

En: http://www.ieee.es/archivos/subidos/documentacion/Psyops%20Elit&Risk.pdf.

[81]ROJAS ARAVENA, F.  y MESA, M. (Coord.) (2008). [In] Seguridad y violencia en América Latina: un reto para la democracia. Pensamiento iberoamericano (No. 2, 2a época). p. 132.

[82]JIMÉNEZ OLMOS, J. (2010). Op. Cit.  p. 391.

[83] Si la población percibe algo como riesgo grave, percepción que puede ser subjetiva y, por tanto, inducida, actuará como si el riesgo realmente existiese y finalmente esa percepción puede afectar realmente a la seguridad nacional. 

- La sociedad del conocimiento tendrá que hacer frente a una serie de amenazas globales, como el terrorismo, el crimen organizado trasnacional y la inmigración ilegal que pondrán a prueba su propia supervivencia. Todas estas amenazas provocarán en su conjunto un aumento del sentimiento de vulnerabilidad de nuestras sociedades, percepción que incrementará de forma dramática la demanda de seguridad por parte de los ciudadanos. Cosidó, I. (2003, julio). Hacia un nuevo orden político. Grupo de estudios estratégicos (http://www.gees.org/articulo/211/). Artículo periodístico.

[84]VÉLEZ SAÑAS, A. (2010). Vigilancia y seguridad después del 11-S. En M. Requena (Ed.), Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo III). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. p. 193.

[85]En la Asamblea General de la OEA celebrada en Barbados en junio de 2002, los Cancilleres reconocieron que “las amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad en el hemisferio son de naturaleza diversa y alcance multidimensional y que el concepto y enfoque tradicionales deben ampliarse para abarcar amenazas nuevas y no tradicionales, que incluyen aspectos políticos, económicos, sociales, de salud y ambientales”.

- “Se constituye por tanto en un factor de la situación con características muldimensionales y de alcance planetario”. Libro Blanco de la Defensa Nacional, República Argentina, 1999. pág. 1-5

[86]Declaración sobre Seguridad en las Américas. (Aprobado en la tercera sesión plenaria, celebrada el 28 de octubre de 2003). OEA/Ser.K/XXXVIII . CES/dec. 1/03 rev. 1 

i) Las amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad en el Hemisferio son de naturaleza diversa y alcance multidimensional y el concepto y los enfoques tradicionales deben ampliarse para abarcar amenazas nuevas y no tradicionales, que incluyen aspectos políticos, económicos, sociales, de salud y ambientales. 

j) Las amenazas tradicionales a la seguridad y sus mecanismos para enfrentarlas siguen siendo importantes y pueden ser de naturaleza distinta a las nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad y a los mecanismos de cooperación para hacerles frente. 

k) Las nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad hemisférica son problemas intersectoriales que requieren respuestas de aspectos múltiples por parte de distintas organizaciones nacionales y, en algunos casos, asociaciones entre los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, todas actuando de forma apropiada conforme a las normas y principios democráticos y las normas constitucionales de cada Estado. Muchas de las nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad hemisférica son de naturaleza transnacional y pueden requerir una cooperación hemisférica adecuada.

[87]SÁNCHEZ AVILÉS, C. (2010). El tráfico ilícito de drogas como una nueva amenaza a la seguridad internacional. Vinculando la teoría y las políticas. En M. Requena (Ed.), Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo III). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. p. 294.

[88]IBAÑEZ FERRÁNDIZ, I. F. (2010). Esto no es un texto: terrorismo, unidad y surrealismo en las Américas y Europa. (GEES, Ed.) Grupo de estudios estratégicos (Análisis no. 7540). p. 4.

[89]PULIDO GRAJEDA, J. (2005). Los estados y el terrorismo. En terrorismo internacional: enfoque y percepciones. Madrid: Ministerio de Defensa. Colección monografías del CESEDEN (79). p. 27.

[90]MERLOS, A. (2009). La infiltración islamista y la amenaza terrorista en América. Fundación Iberoamérica Europa. Cuadernos FIE, número 29. pp. 14-15.

[91]Ver ALONSO BAQUER, A. (2000). ¿En qué consiste la estrategia? Madrid: Ediciones Ministerio de Defensa.

[92]Según el modelo explicado por HUNTINGTON, S. (2005). Op. Cit.

[93]La nueva agenda que Estados Unidos ofrece a los ejércitos de la región se centra en el combate al crimen organizado, al narcotráfico, al terrorismo o narcoterrorismo así como a la defensa de los recursos nacionales. Paz, crisis regional y política exterior de Estados Unidos. Informe regional: América Latina. FLACSO, 2004. p. 76)

- Después del 11 de septiembre, la cumbre de Presidentes de Centroamérica ordena a los ejércitos de la región, elaborar un plan antiterrorista.

[94]Hipótesis de conflicto identificados en la cumbre de Ministros de Defensa (OEA) realizada en Williamsburg en julio de 1995.

[95]DE LA CORTE IBÁÑEZ, L. & JORDÁN, J. (2007). Op. Cit. p. 277.

[96]GÓMEZ ROSA, F. (2010). La desmilitarización en Centroamérica. En M. Requena, Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo II). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. p. 149.

[97]DE LA CORTE IBÁÑEZ, L. & JORDÁN, J. (2007). Op. Cit. p. 43.

[98]BERMEJO GARCÍA, R.  (2011). El terrorismo global y la legítima defensa preventiva. En Derecho Internacional, alianza de civilizaciones y terrorismo global. Diego Marín, librero-editor. Murcia. p. 186.

[99]IBAÑEZ FERRÁNDIZ, I. F. (2010). Op. Cit. p. 2.

[100] En el capítulo VII, artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas se dice: “ Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”.

[101]BERMEJO GARCÍA, R.  (2011). Op. Cit. p. 168.

[102]Artículo 51

Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.

[103]Op. Cit. p. 169.

[104]CARRASCO JIMÉNEZ, P. (2009). La definición del terrorismo desde una perspectiva sistémica. Editorial Plaza y Valdés. Madrid. p. 165. Hace referencia en nota a pie de página del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

[105]BERMEJO GARCÍA, R.  (2011). Op. Cit. p.172.

[106]Ibidem. p. 175.

[107]Ibidem. p. 180.

[108]Ibidem. p. 184. (donde se cita).

Al respecto el libro de VERSTRYNGE, J. (2005), utilizado en cursos de estudios superiores del ejército venezolano, establece la tesis del uso del terrorismo dentro de un nuevo concepto de guerra moderna y no como una táctica (forma o estrategia) de la misma. Ello, puede llegar a justificarlo y legitimarlo como forma de acción cuando concurran determinadas circunstancias que ha sido la tesis mantenido por algunos paises (y autoridades) a la fecha.

[109]En: http://www.idi-iil.org/idiF/resolutionsF/2007_san_02_fr.pdf (febrero, 2012).

[110]GUTIÉRREZ ESPADA, C., (2011). Yihad y Derecho Internacional. En Derecho Internacional, alianza de civilizaciones y terrorismo global. Diego Marín, librero-editor. Murcia. p. 227.

[111]Ibidem. pp. 201 y ss.

[112]Ibidem. p. 223.

[113]Ibidem. p. 225.

[114]Informe Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos.

125. Cuando las amenazas no son inminentes sino latentes, la Carta concede autoridad plena al Consejo de Seguridad para hacer uso de la fuerza militar, inclusive de manera preventiva, para preservar la paz y la seguridad internacionales. En cuanto al genocidio, la depuración étnica y otros crímenes similares de lesa humanidad, ¿no son también amenazas a la paz y la seguridad internacionales, contra las cuales la humanidad debería poder buscar la protección del Consejo de Seguridad?

126. La tarea no consiste en encontrar alternativas al Consejo de Seguridad comofuente de autoridad, sino en lograr que el Consejo funcione mejor. Cuando considere si ha de autorizar o aprobar el uso de la fuerza militar, los miembros del Consejo deben llegar a un acuerdo sobre cómo sopesar la gravedad de la amenaza; cuál es el propósito de la acción militar propuesta; las probabilidades de que otros medios distintos del uso de la fuerza permitan neutralizar la amenaza; si la opción militar es proporcional a la amenaza en cuestión y si hay una posibilidad razonable de éxito. Intentando justificar de este modo la acción militar, el Consejo daría una mayor transparencia a sus deliberaciones y conseguiría con toda probabilidad que sus decisiones fuesen más respetadas, tanto por los gobiernos como por la opinión pública mundial. Por lo tanto, recomiendo que el Consejo de Seguridad apruebe una resolución en la que establezca estos principios y exprese su intención de regirse por ellos al decidir si ha de autorizar o prescribir el uso de la fuerza. En: http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N05/270/81/PDF/N0527081.pdf?OpenElement (marzo, 2012).

[115]CARRASCO JIMÉNEZ, P. (2009). Op. cit. p. 187.

[116]BERMEJO GARCÍA, R.  (2011). Op.Cit. p. 167.

[117]GELLI, M.A. (2007). El terrorismo y el desarrollo progresivo de un delito internacional (Los interrogantes del caso “LarízIriondo”). Revista de Derecho Político. UNED. p. 371.

[118]BERMEJO GARCÍA, R. y LÓPEZ-JACOISTE DÍEZ, E. (2005). El derecho internacional frente al terrorismo. En Terrorismo internacional: enfoque y percepciones. Madrid: Ministerio de Defensa. Colección monografías del CESEDEN (79). p. 56.

[119]CARRASCO JIMÉNEZ, P. (2009). Op. Cit. p. 161.

[120]GÓMEZ BARATA, J. Terrorismo en América Latina: Aquellos polvos…y estos lodos. Centro de Estudios Miguel Enríquez. Archivo Chile. En: http://www.archivochile.com/Derechos_humanos/letel/hhddletel0011.pdf (marzo, 2012)

[121]WITKER, I. (2005). Op. Cit.  Señala el 11-S y el 11-M, como ejemplos destacados de esa denominación de neoterrorismo.

[122]CARRASCO JIMÉNEZ (2009). Op. Cit. p. 189.

[123]LARSON, J. (1977). La guerrilla en América Latina. ¿Terrorismo o guerra popular? Recuperado en febrero de 2011, de http://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n7p91.pdf.

[124]ROJAS ARAVENA, F. (2002). El terrorismo global y América Latina. América Latina hoy. Universidad de Salamanca. p. 19.

[125]LARSON, J. (1977). Op. Cit. p. 97.

[126]Ibidem.

[127]Ibidem. p. 106.

- Una esposición más sitematizada y diferenciadora (entre terrorismo y guerrilla) que la que hace Larson, es aportada por WALDMMANN, P. (1992). Terrorismo y guerrilla. La violencia organizada contra el Estado en Europa y América Latina. Un análisis comparativo. Estudios internacionales. Universidad de Chile (Santiago de Chile). Año XXV, no.98 (abr./jun.1992). Pp. 275-313.

[128]GELLI, M.A. (2007). Op. Cit. p. 370.

[129]LARSON, J. (1977).Op. Cit. p. 112.

[130]WITKER, I. (2005). Op. Cit. p. 232.

[131]Ibidem. p. 233.

[132]Ibidem. p. 234.

[133]CARRASCO JIMÉNEZ, P. (2009). Op. Cit. p. 156, citando a los autores indicados.

[134]En todo caso se puede acudir a la Cuarta Convención de Ginebra, en su artículo 33, donde se delimitan los parámetros de actos o amenazas tendientes a ocasionar y expandir el terror en la población civil o entre ex combatientes.

[135]La definición a la que se llegó fue la siguiente: “…, anyaction, in addition to actionsalreadyspecifiedbytheexistingconventionsonaspect of terrorism, the Geneva Conventions and Security Council resolution 1566 (2004), thatisintended to cause deathorseriousbodilyharm to civiliansor non-combatants, whenthepurpose of suchact, byitsnatureorcontext, is to intimidate a population, or to compel a Governmentoraninternationalorganization to do or to abstainfromdoinganyact”, que es posterior a aquella otra contenida en la Declaración de Naciones Unidas sobre medidas para eliminar el terrorismo internacional, anexa a la Resolución 49/60 de la Asamblea General, documento A/RES/49/60 (17 de febrero de 1995), articulo 3, que dice: “Los actos criminales con fines políticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas (que) son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos”.

[136]BERMEJO GARCÍA, R. y LÓPEZ-JACOISTE DÍEZ, E. (2005). Op. Cit. p. 56.

[137] Citado por AVILES FARRÉ, J. (2002). ¿Es posible y necesario definir el terrorismo? Conferencia pronunciada en el Seminario "Terrorismo: nuevas manifiestaciones. Nuevas respuestas" (Análisis no. 23). Granada.

Tambien en AVILÉS FARRÉ, J. (2002). El nuevo terrorismo y la seguridad nacional. Conferencia en el Curso de Verano del Instituto Gutiérrez Mellado. En: http://iugm.es/uploads/tx_iugm/aviles-t02.pdf. pp. 1-11.

[138]PULIDO GRAJEDA, J. (2005). Op. Cit. p. 30.

[139]AVILES FARRÉ, J. (2002). Op. Cit.

[140]VILLAMÍA UGARTE, J. C. (2005). El terrorismo y las organizaciones internacionales. En Terrorismo internacional: enfoque y percepciones. Madrid: Ministerio de Defensa. Colección monografías del CESEDEN (79). p. 91.

[141]Article I. For the purposes of this Convention:

1.       ……..

2.       "Terrorism” means any act of violence or threat thereof notwithstanding its motives or intentions perpetrated to carry out an individual or collective criminal plan with the aim of terrorizing people or threatening to harm them or imperiling their lives, honor, freedoms, security or rights or exposing the environment or any facility or public or private property to hazards or occupying or seizing them, or endangering a national resource, or international facilities, or threatening the stability, territorial integrity, political unity or sovereignty of independent States.

3.       "Terrorist Crime” means any crime executed, started or participated in to realize a terrorist objective in any of the Contracting States or against its nationals, assets or interests or foreign facilities and nationals residing in its territory punishable by its internal law.

……..

[142]Convención de la Organización para la Cooperación Islámica. En: http://www.oic-oci.org/english/convenion/terrorism_convention.htm (julio, 2012)

[143]REGUEIRO DUBRA, R. (2010). La lucha armada en el marco de la ocupación de territorios: una propuesta de actualización. En M. Requena, Luces y sombras de la seguridad internacional en los albores del siglo XXI (tomo II). Madrid: Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. pp. 567-568.

[144]SALAS, A. (2010). Op. Cit. 207.

[145]IBAÑEZ FERRÁNDIZ, I. F. (2008). Introducción al marco legal internacional contra el terrorismo. Instrumentos universales e interamericanos. En Organización de los Estados Americanos (Ed.), XXXV Curso Hemisférico de Derecho Internacional. Washington D.C. pp. 371-390

[146]OWADA, H. (2009). Op. Cit. p. 6.

[147]Romualdo Bermejo, profesor de Derecho Internacional en una intervención en la Universidad de Navarra. En: http://www.unav.es/noticias/231101-10.html (mayo, 2011).

[148]Posición común 2001/931/PESC. Definición de personas, grupos y entidades implicadas en actos de terrorismo y actos terroristas.

Esta posición se ha ido actualizando cada año. La última es la 2009/67/CFSP, de 26 de enero de 2009,que incluye en el listado de personas y grupos terroristas, para el caso que nos ocupa, a las FARC, Sendero Luminoso (SL) y Autodefensa Unidas de Colombia (AUC). Algo similarhace el Departamento de Estado Norteamericano en su página web: http://www.state.gov/j/ct/rls/other/des/123085.htm y que incluye a los grupos antes citados. (julio, 2012)Una detallada descripción de organizaciones terroristas puede encontrarse en el Country ReportsonTerrorism 2011. p. 220 y ss.

[149]WALSER, R. (2010). Op. Cit. p. 4.

In 2010, the Department of State designated four new Foreign Terrorist Organizations (FTOs), and amended one FTO designation to include a new alias for Lashkar-e Tayyiba.  In addition, the Department listed 16 organizations and individuals under Executive Order (EO) 13224, including groups such as al-Qa’ida in the Arabian Peninsula, Harakat-ul Jihad Islami, Tehrik-e Taliban Pakistan, Jundallah, and the Falah-i-Insaniat Foundation.  Individuals listed under E.O. 13224 include Nayif al-Qahtani, Qasim al-Rimi, Nasir al-Wahishi, Said al-Shihri, Eric Breininger, Mohamed Belkalem, Taleb Nail, DokuUmarov, HakimullahMehsud, Wali Ur Rehman, and Fahd al-Quso.  The Department of the Treasury also designates organizations and individuals under EO 13224. Country Reports on Terrorism (2010).pp. 163 y ss.

[150] DEC M 2002/475/JAI

[151]POWELL, C. T. & SORROZA, A. (2008). La Unión Europea y la lucha contra el terrorismo global. En Las democracias occidentales frente al terrorismo global. Madrid: Editorial Ariel S.A. y Real Instituto Elcano.  p. 300.

[152]En: http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N02/513/00/PDF/N0251300.pdf?OpenElement (junio, 2011)

[153]Al respecto GALTUNG, J. (1990). Cultura Violence En: Journal of PeaceResearchs, vol. 27, núm. 3

[154]Un resumen ejecutivo en: http://www.revistainterforum.com/espanol/pdfes/Tendencias-Terrorismo-Mundial-2002-us-gov.pdf (mayo, 2011).

[155]Importante y necesarioincluir la definiciónfirmadapor el presidente George W. Bush: “…, the term ‘terrorism’ means an activity that (i) involves a violent act or an act dangerous to human life, property, or infrastructure; and (ii) appears to be intended  (A) to intimidate or coerce a civilian population; (B) to influence the policy of a government by intimidation or coercion; or (C) to affect the conduct of a government by mass destruction, assassination, kidnapping, or hostage-taking”. The White House President George W. Bush 2001.Executive Order on Terrorist Financing. Blocking Property and Prohibiting Transactions With Persons Who Commit, Threaten to Commit, or Support Terrorism 24/10.

[156]Remitimos a la reflexión hecha sobre ese concepto en este mismo trabajo.

-          A la luz de esta definición quedan claramente identificadas las actividades de los grupos al margen de la ley que operan, por ejemplo, en Colombia, siempre que se acepte que las FARC son un grupo terrorista.

[157]Ver también STANAG (StandarizationAgreement) 3680 de la OTAN. En: http://translate.google.com.gt/translate?hl=es&langpair=en%7Ces&u=http://www.scribd.com/doc/40014713/NATO-AAP-6-NATO-Glossary-of-Terms-and-Definitions-English-and-French-2010 (enero 2012)

[158]Estas dinámicas, resumidas en el documento de análisis del IEEE 03/2011 denominado “La estrategia nacional militar de los Estados Unidos 2011. Redefiniendo el liderazgo militar de América (febrero, 2011)”, serían:

·         Las tendencias demográficas

·         Prosperidad y seguridad

·         Armas de destrucción masiva

·         Los espacios comunes o globales (Global Commons) y los dominios conectados globalmente

·         Actores no estatales

[159]US, G. (2009). National Military Strategy of the United States of America (2011). En: http://www.jcs.mil//content/files/2011-02/020811084800_2011_NMS_-_08_FEB_2011.pdf. pp 4.

[160]REINARES, F. (1998). Terrorismo y antiterrorismo. Editorial Paidós. Buenos Aires. p. 1.

[161]En otros trabajos, algunos de ellos referenciados o comentados en este, hay definiciones más concretas del profesor Reinares.

[162]BECK, U. (2001). Sobre el terrorismo y la guerra. Editorial Paidós. México. pp. 28-29.

[163]HOFFMAN, S. (2002). Leer el mundo sin anteojeras. Recuperado en enero 2012, de http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:http://www.hugoperezidiart.com.ar/negr-pdf/36-NEGR-Hoffmann-MirarelMundo.pdf

[164]Nos referimos a la teoría del profesor  GÜNTHER JAKOBS, publicada en un libro del mismo nombre: “Derecho penal del enemigo”.

[165]LAQUEUR, W. (1996).Postmodern Terrorism: New Rules for an Old Game. ForeingAffairs, Vol. 75,  Nº 5 (Sep-Oct).

[166]PINHEIRO GUIMARÂES, S. (1995). Esperanzas y Amenazas. En Nuevas Amenazas a la Seguridad. IDECSI/CESPAL-Fundación Konrad Adenauer. Buenos Aires. pp. 50-52.

[167]DELPECH, T. (2003). Política del caos. Fondo de Cultura Económica. México. pp. 39-40.

[168]CARRASCO JIMÉNEZ, (2009). Op. Cit. p. 169 y ss.

[169]Ambos autores citados en p. 170

[170]Nota incluida a pie de p. 170. Este autor intenta definir el terrorismo como “la producción intencionada de miedo masivo por seres humanos con el propósito de asegurar o mantener el control sobre otros seres humanaos” (H.H.A. Cooper, “Terrorism, ob. cit., p. 883)

[171]Se puede apreciar un acercamiento temático-conceptual al contenido de las convenciones que Naciones Unidas permanentemente señala como “convenciones relacionadas con el terrorismo”

[172]Los anteriores y siguientes autores son citados por CARRASCO JIMENEZ, P. (2009),  en pp. 171-177. De cada uno aporta bibliografía, citas y comentarios diversos.