LA LIBERTAD COMO UN ABSURDO EN LA ÉTICA DE JEAN PAUL SARTRE

 

 Autor: Lcdo. Francisco Mota

Profesor Departamento de Filosofía

Universidad de Carabobo-Venezuela

 

Resumen

A lo largo de la historia han emanado innumerables sistemas de pensamiento, que de alguna forma han marcado cada época, destaca de manera significativa la Filosofía como forma de reflexión y de vida, en el periodo de las dos guerras mundiales, momentos tempestuosos, surgió una manera de pensar basada en el Existencialismo, del cual uno de los mayores exponentes fue Jean Paul Sartre, quien desarrollo de manera radical esa corriente de tal forma que hasta la iglesia católica se opuso a sus ideas, las cuales estuvieron basadas sobre todo en una ética, la cual, parte de la siguiente afirmación: “el hombre no es otra cosa que lo que él se hace”, destacando que hay tantas éticas como circunstancias se le presenten al hombre. Es importante destacar que uno de los valores que resalta Sartre es la libertad, se niega a aceptar normas generales de conductas, en otras  palabras niega los estatutos generales de la moral, establecidos por la sociedad. Quiere decir entonces que el individuo actúa según lo que le dicte su conciencia. La existencia individual es quien marca la pauta de su propia conducta. Su ética está marcada por las situaciones y acontecimientos que le toque vivir.

Palabras Claves: Ética, Libertad, Sartre, Hombre.

 

 

 

 

 

Abstract

 

Throughout history they have issued countless systems of thought, that somehow have marked each time, highlights a significant philosophy as a way of thinking and living, in the period of the two world wars, stormy moments, there arose a way of thinking based on Existentialism, which one of the greatest exponents was Jean Paul Sartre , who development in a radical way that current so that even the Catholic Church was opposed to his ideas, which were based on ethics, which is based on the following statement: "man is not anything other than that it is done," stressing that there are so many ethical as circumstances arise to the man. It is important to note that one of the protruding Sartre is the freedom refuses to accept general rules of behaviour, in other words deny the general statutes of morality, established by the society. Means that the individual acts according to what dictate you your conscience. The individual existence is who sets the tone of his own conduct. His ethics is marked by the situations and events that touch you live.

Key words: Ethics, freedom, Sartre, man.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA LIBERTAD COMO UN ABSURDO EN LA ÉTICA DE JEAN PAUL SARTRE

 

La filosofía existencialista de Sartre surge en un momento convulsivo de la humanidad, lleno de tantas vicisitudes por los acontecimientos bélicos que estremecieron al mundo, como fue la primera y segunda guerra mundial (1939-1945) conflicto armado que se originó por la agresión de las potencias totalitarias del eje (Alemania, Italia y Japón) inspiradas en un nacionalismo excesivo que poco a poco fue convirtiéndose en imperialismo y los países democráticos aliados (Inglaterra, Francia, Estados Unidos y China). Durante estos hechos, que conformaron la guerra, fue apareciendo un estilo de vida y una manera pensar que envolvió a las multitudes.

 

Estos dos mundos, modos de vivir y forma de reflexionar, tuvieron su origen en una corriente filosófica denominada existencialismo. Al respecto, Urdanoz en su Historia de la Filosofía (1978) señala que tal situación produjo “ un tipo extraño de hombres y mujeres (los hippies) que viven en absoluta libertad, dados a un modo de vivir sin rumbo ni sentido, despreocupados de la vida social y con frecuencia entregados a una gran licencia moral” (p.699), trayendo como consecuencia una actitud pesimista sobre el futuro del hombre, según la cual este no tiene ni metas ni rumbo fijo y, mucho menos, normas morales; igualmente por la vida que llevan es guiado a la deriva a medida que va jalonando sus vivencias que, a cada momento, lo lleva a situaciones límites, y según Quiles (1967), “Un escepticismo sobre los valores positivos, tales como la virtud, la religión, las leyes, el amor, …” (p.103).

 

Este escepticismo, arraigado en el corazón de las masas, llevo a estos hombres y mujeres a revelarse contra el orden social establecido, la finalidad, destruir los valores positivos antes mencionados. Se da pues una negación permanente de las normas sociales y del orden moral, donde se niegan explícitamente los valores eternos. El hombre, además de estar arrojado al mundo, también está solo en éste, sin normas a que sujetarse ni autoridad a quien responder, debido a que esta  desligado de la ley y del orden moral establecidos, por lo tanto, cada uno hace lo que quiere. Como lo afirma Quiles (1967):

 

Rebelión contra…la justicia y la virtud humanas (que tantas veces son injustas justicias acomodaticias); contra las autoridades, normas, costumbres, instituciones, convencionalismos, porque todos ellos coartan lo más sagrado y esencial del hombre: su libertad individual, el progreso y el desarrollo del individuo. (p.104)

 

Los grandes pensadores del existencialismo, corriente filosófica que causo tanto furor en Europa, no pertenecieron como era natural y tradicional, a una escuela determinada, sino mas bien, fueron pensadores radicalmente individualistas. Cada uno construyo su propio sistema filosófico, destacándose entre otros: Martin Heidegger y Jean Paul Sartre, por el lado ateo; mientras que por el lado cristiano sobresalieron Karl Jaspers y Gabriel Marcel, de todos, el más radical fue Sartre, cuya filosofía fue censurada y condenada por la iglesia católica. El papa Pío XII (1950), en su encíclica Humani Generi, afirma “han abierto el camino a las aberraciones de una moderna filosofía, que,…se ha llamado a si misma Existencialismo, porque rechaza las esencias inmutables y solo se preocupa de la existencia de los seres singulares” (Nº3). En este sentido, la Madre Iglesia, salió a la defensa de su doctrina y de sus valores cristianos, por considerar, el pensamiento de este famoso pensador francés es pernicioso y dañino para las personas. Esto se debe a que el existencialismo sartiano defiende el ateísmo.

 

Uno de los hechos más resaltantes de la filosofía existencialista de Sartre, es haberse manifestado en un modo de vida. Actitud que está ligada a la crisis social y moral producida en Europa por los acontecimientos bélicos tanto de la primera como de la segunda guerra mundial. Este modo de vida llevo a Sartre (1977) a plantearse una ética, la cual, parte de la siguiente afirmación: “el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo” (p.17-18).

 

El tema de la ética es un punto importante en la historia del pensamiento filosófico, el cual, ha preocupado a los filósofos, desde la antigüedad hasta nuestros días. Esto trae como consecuencia el hecho de que existan varias concepciones filosóficas respecto a la misma, en la época contemporánea, Sartre habla de una “ética situacionista”. La ética de situación sostiene que el hombre creara su ética cada vez que se encuentra en una determinada situación. Como se ve no es una ética que este fundamentada sobre valores eternos, sino que el hombre es creador de sus propios valores, elaborando su conducta de acuerdo con las circunstancias. Cada situación que enfrenta el hombre a lo largo de su vida le da la oportunidad de crear una ética, de tal manera, que habrá tantas éticas como situaciones se presenten, a la vez, que cada situación y cada momento circunstancial lo obligará a crear sus propios valores, que serán producto de esos momentos limites.

En sentido general, el existencialismo se niega a reconocer principios absolutos, métodos generales y normas permanentes de conducta, es decir, no acepta normas absolutas de moral. Lo único valido que permite incondicionalmente, es la existencia individual. Esta realidad individual es el centro de la filosofía existencialista, núcleo central de su reflexión. La existencia individual siempre es diferente y siempre es original, por estas razones es una existencia humana en práctica, que vive día a día su propia realidad. Este vivir cotidiano de su vida hace que este individuo concreto sea responsable de cada uno de sus actos, haciendo uso de su libertad, y al hacer uso de ella se niega a aceptar normas generales de conductas, en otras  palabras niega los estatutos generales de la moral, establecidos por la sociedad. Quiere decir entonces que el individuo actúa según lo que le dicte su conciencia. La existencia individual es quien marca la pauta de su propia conducta. Su ética está marcada por las situaciones y acontecimientos que le toque vivir.

 

Por su parte, Sartre en su libro “El Ser y la Nada” (1976) sostiene que el hombre es libre para actuar en un mundo en el que no existen normas o valores morales, sino que él (el hombre) es la norma para sí mismo, a la vez, que es el creador y fundamento de sus propios valores. La ética Sartriana suscita gran interés por la manera tan fuerte como influyo en las masas y el atractivo que despertó su pensamiento en muchos intelectuales de renombre (E. Mounier, A. Camus, S. de Beauvoir). En las primeras influyo a través de su literatura, sobre todo el teatro; mientras que los intelectuales siguieron muy de cerca sus publicaciones.

 

En referencia a los valores se puede afirmar que existe una ética existencialista en la filosofía Sartiana, partiendo de un hecho fundamental como es la libertad, la cual da al hombre la posibilidad de actuar en los distintos ordenes del comportamiento humano. La libertad, como valor supremo, representa el bien más grande que posee el hombre, la cual se pone de manifiesto cuando éste hace uso ilimitado de ella debido a que está condenado a ser libre; lo que importa es elegir y elegir libremente, pero es una libertad que no tiene sentido ya que ésta desemboca en un absurdo. Su lado opuesto, el mal, es la conciencia, y es ésta la que llena de angustia y desesperanza al hombre.

 

 A través, de la conciencia se infiltra la nada en el mundo, separando en el hombre el que es del que tiene que ser. Por la conciencia, el hombre se acepta a sí mismo como un ser lanzado a un mundo absurdo en el que se siente desamparado, y, todo cuanto realice  desemboca en la nada, porque el hombre es un proyecto para la nada. Todo cuanto haga el hombre no tiene sentido, no vale nada, todo lo que realice el hombre haciendo uso ilimitado de su libertad concluye en un absurdo, en un fracaso, por estas razones también es una “pasión inútil”.

 

La libertad es el tema central de la antropología Sartriana. Y esta no la entiende como una cualidad que se atribuye a la esencia del hombre porque se daría como algo ya dado. Frente a esta concepción esencialista del hombre, Sartre propone su tesis sobre la existencia. La formulación usual de esta idea en Sartre es que en el hombre la existencia precede a la esencia. Esta posibilidad de hacerse a sí mismo, que es la libertad, no es una propiedad del hombre sino que es su raíz. Porque la libertad es una constante realización de una manera de ser a otra, pero es a la vez, aniquilación, ya que constantemente está destruyendo su pasado con su presente. La separación del pasado y del futuro se manifiesta en la nada. Por la conexión sartriana de la libertad con la nada, la conciencia de ser libre se da primeramente en la experiencia de la angustia; y en ésta se capta a sí mismo como el propio autor de sus actos. Es así, según Sartre una pura indeterminación. Se ve pues, que Sartre afirma de una manera radical y tajante la libertad humana.

La libertad sartriana no es posible sino a partir de una situación, pero esta misma situación solo se da por la libertad, una libertad que se asume por una situación. Pero el hombre no es más que una conciencia y, por consiguiente, una situación desemboca en una elección, pero no como tal elección sujeta a normas, sino como una elección cuyos proyectos últimos la lleva a ser absolutamente necesaria con lo que la libertad absoluta no sufre menoscabo. Para Sartre, el hombre es un ser encadenado a la libertad, es decir, a elegir su propio destino, sabiendo una de antemano que esto no conducirá a nada, porque su fin es la muerte absoluta, que significa el anhelo de absorción del sujeto  libre (ser – para – sí) en el objeto idéntico, inerte (ser en – sí), y no hay nada más tras ente fenómeno; por este motivo se habla de la angustia de la elección.

 

            Como se ve, pone el obrar humano en dependencia únicamente de la voluntad y de su libertad: solo será “bueno” y “moral” en acto plenamente libre, y no se considera la ley como guía y ayuda para la bondad del acto humano y para la realización de su misma autonomía. La libertad, afirma Sartre, es la única fuente de valor supremo, lo que importa en lo fundamental elegir y actuar libremente. Cuando se elige el hombre, no solo se compromete a sí mismo, sino que compromete a la humanidad; por lo tanto el hombre es un constante elegir y un constante comprometerse, por consiguiente tanto más libre es, es mas valioso moralmente. La elección no es arbitraria sino que es producto de una “situación dada” y dentro de una “determinada estructura social”. En referencia a este compromiso, en la que el hombre está condenado a elegir y de cuya elección también se compromete a la humanidad, Sastre (1976) afirma:

 

 

La consecuencia esencial de nuestras observaciones anteriores que es el hombre, al estar condenado a ser libre, lleva sobre sus hombres él pero íntegro del mundo; es responsable del mundo y de sí mismo en tanto que manera de ser… En tal sentido, la responsabilidad del para sí es agobiadora,… Esa responsabilidad absoluta… es simplemente reivindicación lógica de las consecuencias de nuestra libertad. (P.675)

La libertad sartriana se caracteiza por su individualismo radical y nihilista. Este individualismo nihilista se puede englobar en la ética sartriana, que al cifrar toda la conducta humana en la omnímoda libertad de elección deja resquicio para una axiología de carácter subjetivo, individual y “solitaria”. Ya se ha afirmado que el único valor que reconoce Sastre es la libertad porque los demás valores se crean; y la reduce al ejercicio de ella misma, a la libertad de auto determinarse, pero el mismo ejercicio de la libertad destruye a la libertad, de donde sigue un absurdo, que es un valor pleno, en cuanto que rebasa todas las razones. Aquí radica la ética sartriana: tener que ser libres; pero es una libertad que no tiene sentido ya que ésta es un absurdo. Tanto en la ética como en la moral, se puede decir que el riesgo es algo implícito en la libertad humana y en su consiguiente responsabilidad.

 

            En el existencialismo sartriano el riesgo se presenta como un concepto básico y fundamental ya que es una consecuencia de la libertad, de la elección y de la decisión que el hombre tiene que hacer. Este riesgo se origina bajo tres aspectos: primero, la noción de posibilidad: porque al hombre se le presentan pluralidad de posibilidades, surge el riesgo; segundo, anidad a lo posible: porque el hombre es libre puede optar por lo uno o lo otro, una posibilidad entre múltiples posibilidades y, tercero, de manera inmediata: es en la elección y en la subsiguiente decisión en la que radica el riesgo. Por estos tres motivos, que se dan en el riesgo es que surge la “angustia de la elección”, en la posibilidad entre muchas. Este riesgo va ligado a la libertad posibilitadora de elección; el hombre es libre precisamente porque no lo es, es decir carece de una esencia constituida. El hombre no es sino que se hace, que tiene que irse construyendo si esencia, que tiene que hacerse a sí mismo.

 

            El hombre tiene, pues que elegirse así mismo, y en la aceptación de esto radica la autenticidad del ser humano, lo mismo que su grandeza. Ahora bien, la conciencia de que el hombre se hace a sí mismo, y su inherente responsabilidad, pone de manifiesto el riesgo que va unido a cada una de las diversas elecciones, ya que ellas el hombre se muestra como cuidador y aniquilador de todas las demás posibilidades no elegidas. Es el carácter cuidador y aniquilador el que liga indisolublemente el riesgo a todas y cada una de las decisiones existenciales del hombre. Por esta razón afirma Sastre, que el hombre “está condenado” a ser libre. Ya se ha dicho en poco más arriba, que el riesgo de hacerse a sí mismo, lleva inherente la responsabilidad. Se verá, pues, hasta qué punto el hombre es responsable.

 

            Sastre afirma que el hombre por su libertad es responsable del mundo y de sí mismo, es decir, es responsable absoluto de todo, porque ha elegido ante una situación dad y ante esta no tiene excusa, porque ha elegido no sólo por sí mismo, sino también por la humanidad entera, comprometiéndola. El hombre en su desamparo y en su angustia se encuentra solo sin excusas frente a su soledad, una soledad que no puede compartir. Ante esta soledad de sobreviene la angustia que nace frente a la conciencia de su libertad. Sabe que el hombre es un elegirse y que es responsable de esa elección, pues sabe que no es definitivamente lo que ha sido, ni lo que será y sabe también que nadie podrá determinar rigurosamente lo que será.

Para concluir, se ha de buscar el punto de partida de la ética sartriana de la libertad. Este punto de partida en la navegación de cualquier sistema de valores objetivos que determinen al hombre su acción, en la elección lo que cuenta es la creación de cada libertad, que el hombre hace. La moral para obrar es la propia libertad, es el hombre quien da sentido a los valores porque estos son indeterminados en sí, solo se determinan por la acción de cada acto. Sastre lo que busca, moralmente, es que el hombre sea responsable de toda su propia persona, no solo de sí, sino también de los demás.

 

La libertad lleva al hombre a tomar múltiples actitudes, entre ellas, sobresalen: el amor y el odio, la mala fe y la mentira, la mirada y el cuerpo. El hombre al actuar, elige cada una de estas actitudes, y al actuar va cuando sus valores, los va eligiendo, puesto que él cuando sus valores, los va eligiendo, puesto que él es el fundamento de sus propios valores. Aunque Sartre no ha escrito una teoría ética, sin embargo, su tesis sobre la libertad da pie para una visión moral. De ahí su “ética situacionista”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

Pio XII. (1950)  Carta Encíclica, Humani Generis: Sobre la evolución y el magisterio de la iglesia.

Quiles, I (1967) Sartre y su Existencialismo. 3era Edición.: Calpe, S.A. Madrid, España

Sartre, J. (1976) El Ser y la Nada. Buenos Aires: Losada, S.A

Sartre, J. (1977) El Existencialismo en el Humanismo. Buenos Aires: Sur.

Urdanoz, T (1978). Historia de la Filosofía. Tomo VI. Madrid: BAC