PERSONA Y TRASCENDENCIA: EL SALTO A LA FE

 

                   Félix Javier Serrano Ursúa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCION

            Me es muy grato participar en este Primer Congreso Internacional de Personalismo Comunitario en Guatemala. Mi experiencia personal filosófica pasó de la formación tomista clásica a la propuesta de J. Maritain  en Humanismo integral y E. Mounier, con quien me se sentí particularmente identificado a través de su obra Manifiesto al servicio del personalismo. Posteriormente mi formación teológica me permitió tener contacto con los grandes teólogos del siglo XX europeos (P. D. Chenu, Y. Congar, K. Rahner, E. Schillebeecks, H. Kung, Gesché, K. Wojtyla,González de Cardedal, etc. ) y latinoamericanos (G. Gutiérrez, L. Boff, J. Sobrino, R. Muñoz, C. Boff, etc.). Ciertamente todos ellos han sido mis maestros y guías en la consolidación de un pensamiento personalista comunitario que he tratado de plasmar en la Universidad Mesoamericana y que se explicita en el Ideario de la misma Universidad.

            El tema que se me sugirió evoca una cierta concepción filosófica, particularmente de Soren Kierkegaard, que para señalar la gratuidad y don de fe establece una ruptura entre lo humano y divino, y, por ende, la fe es un salto en el vacío.

 

            El enfoque de mi ensayo es fenomenológico prevalentemente y en diálogo con E. Mounier, haciendo ver su propuesta y el contexto cambiado de inicios del siglo XXI, que exige un repensamiento y reformulación de sus ideas en dicha situación.

            La estructura de la exposición es la siguiente: Planteamiento del problema, Reflexiones críticas sobre el problema, Desafíos para el Personalismo comunitario en la actualidad,  Personalismo y fe y, finalmente, ¿Hay futuro para el Personalismo comunitario?

 

 

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

            Dejo de lado los planteamientos históricos (Aristóteles,  S. Agustín, S. Anselmo, Santo Tomás, Kiergekaard, Schopenhauer, Marx, Kant, Nietzsche, Sartre, etc.) y me centro en la problemática actual.

            Generalmente se admite que el Renacimiento, la revolución francesa, la filosofía de la Ilustración, el marxismo, el existencialismo sartriano y el desarrollo científico han supuesto un giro en la concepción del cosmos-hombre-Dios. Se ha pasado de una concepción teocéntrica a otra antropocéntrica. El mundo y el hombre ya no se piensan en relación con Dios, más bien éste es superfluo, contrario a la realización del hombre, inexistente y por tanto, carente de sentido. Preguntar por él,   creer en él y concebirlo como  arje y télos del cosmos y del hombre es un concepción anacrónica, medievalista o sobrenaturalista, que no merece la pena tomarlo en cuenta en la discusión actual, “racional y moderna” propia de los tiempos en que nos encontramos.

            Al giro antropológico anterior, añadimos algunos otros elementos, algunos de siempre y otros de la cultura actual:

§  La metodología científica afirma como verdadero únicamente lo verificado y comprobado empíricamente. Dicha metodología, que es válida para sí misma, además de negar la metodología de otras ciencias se yergue en muchas ocasiones como la única ciencia de la verdad. Por su puesto que tal metodología niega la metafísica y por ende la trascendencia y Dios, tal es el caso del conocido científico  S. Hawcking que de sus posiciones agnósticas iniciales ha pasado a negar la existencia de Dios.  Los hay, en cambio, que afirman desde su misma condición de científicos y filósofos la existencia de Dios, como MichioKaku y AntonyFlew.

§  La postmodernidad[1], fenómeno descrito de múltiples formas   reacciona a las exageraciones de la racionalidad moderna. Este movimiento enfatiza las emociones, la fruición como elemento fundamental de la existencia humana. Rechaza todo sistema totalizante tanto político como religioso o de otra índole. Su pensamiento es maleable, fragmentado y a modo de una nebulosa. La religión se gestiona de forma individual y se crean grupos religiosos que satisfagan las necesidades de sus usuarios. En fin, “una religiosidad que tiene las marcas de lo experimentado emocionalmente por el propio individuo[2]. Esta “religión difusa” se limita a algunos elementos mínimos de trascendencia, vivida en un “suave misticismo secular”[3].

 

§  La globalización[4] fenómeno económico, político, cultural y también con consecuencias religiosas, hace ver el “mundo como una aldea”, descubre la dimensión planetaria de la vida, de la existencia, la interconexión y repercusión a escala mundial de los acontecimientos. Este fenómeno nos descubre también el pluralismo cultural, político y religioso, lo cual nos pide ampliar horizontes y no generalizar tan fácilmente las experiencias culturales y religiosas en un mundo plural. Esto conduce a concepciones relativistas, relacionadas fuertemente con el propio contexto cultural. El pluralismo cultural y religioso se acepta como un dato de hecho y se descalifica cualquier intento de una religión y fe que pretenda arrogarse el carácter absoluto.

§  Desde una perspectiva religiosa, si en otro tiempo el gran problema al que debían enfrentarse las religiones era el ateísmo, la situación actual ha variado notablemente. Los mayores problemas son el indiferentismo y pluralismo religioso. Dios no interesa, no entra dentro de las preocupaciones de muchas personas de hoy. Viven la vida sin contar con él, ni siquiera es objeto de sus conversaciones. Actitudes que han sido descritas como “pasotas”. La Teología de la muerte de Dios (T. Altizer, Paul Van Buren y G. Vahanian) han expresado en sus obras que el Dios trascendente ha muerto, se lo ha tragado el mundo. 

§  La situación de pobreza, marginación y falta de oportunidades de muchísimas personas de América Latina, Africa y Asia pone evidencia la desigualdad entre países y personas. Muchas personas no pueden serlo existencialmente por la falta de recursos alimenticios, vivienda, salud, educación y todas las carencias que esto conlleva. Las olas de emigrantes son una llamada de atención a todas las naciones para buscar nuevas formas de solidaridad que eliminen esas desigualdades. Una visión antropológica no puede dejar de lado esta dimensión histórica concreta de las personas.

§  Tenemos que constatar además algunas visiones reduccionistas antropológicas que destruyen una visión unitaria de la persona y donde se trastocan valores fundamentales que la antropología personalista ha considerado como tales: la dignidad de la persona humana en su base ontológica fundamental de ser un ser absoluto y nunca un medio; la dimensión corpórea-espiritual de toda persona; la diferenciación sexual en razón de su base natural;  el matrimonio como unidad de hombre y mujer; el valor absoluto de toda vida humana desde su concepción a su muerte natural; la igualdad de todas las personas sin distinción de sexo, raza, condición social, país o religión; la relación interpersonal y su solidaridad en su búsqueda de una igualdad de condiciones de vida para todos; la convivencia social y mundial en la diversidad sin pretensiones de imposiciones teocráticas o de dominio imperialista.La precariedad antropológica que se observa culturalmente conduce a la negación de todo origen divino de la persona, su cierre a toda trascendencia y consiguientemente de actitudes religiosas. La libertad individual  en toda su amplitud se está erigiendo como el valor primario y fundamental que rige todos los comportamientos e incluso legislaciones.

§  Desde antiguo, pensamos en el libro de Job, uno de los grandes interrogantes sobre Dios ha sido el problema del mal, de la muerte de los inocentes, de las muertes por terremotos, por maremotos, por terrorismo de todos los tipos, masacres étnicas y religiosas. ¿cómo puede existir un Dios que permite estas muertes sin sentido?

§  Las tendencias ecologistas que ven el universo como una realidad religiosa de tipo panteísta, en donde la madre naturaleza, la madre tierra han de respetarse y debe evitarse toda forma de contaminación y destrucción que la dañe. La naturaleza se erige como una diosa. La persona es una partícula más de ese universo sin prerrogativa de ningún género.

§  La existencia de multitud de prácticas religiosas, de religiosidad popular sobre todo, que sin suficiente apoyo crítico manifiestan actitudes abiertas a la trascendencia y la fe, que algunos podrían considerar como propias de una mentalidad pre-modernista y otros las ven como reacciones a una mentalidad excesivamente racionalista, que no explica suficientemente las emociones y sentimientos de la persona.

§  La reflexión persona – trascendencia y fe se ha venido haciendo dentro de una visión predominante cristiana, según la cual la persona tiene su origen en el Dios cristiano, encuentra su razón de ser en él y está orientado a Dios como su fin. ¿Cómo explicar esta relación dentro de la indiferencia, negación o pluralismo religioso planetario actual? ¿Cuál es el valor de una reflexión filosófica y teológica que pretenda un valor absoluto frente a las demás? ¿Qué decir de una fe en un Dios que se percibe dentro de una confesionalidad? ¿Cuáles son la características de esa fe?

 

 

Reflexiones críticas sobre el problema

§  La reflexión sobre la persona – trascendencia y fe se ha de hacer respetando la epistemología de cada ciencia. Cada una de ellas nos aporta elementos de comprensión del todo en la parte que le corresponde. Indudablemente entre los aspectos relevados anteriormente nos encontramos con datos de la sociología, de la ciencias físico-matemáticas, de la filosofía, de las ciencias de la religión, de la teología, etc. Es sumamente importante que ninguna de la ciencias pretenda ser la explicación única de la relación que tenemos entre manos, pero que entienda que su aporte es muy valioso en la profundización, comprensión y explicación de ella.

§  La realidad trascendente y de la fe no pueden considerarse comotapaaguros, una solución de lo inexplicable, que no tiene su fundamento y comprensión racional. Dicha manera de ver las cosas sería criticada por pre-científica y en la medida en que va avanzando la ciencia iría reduciendo el ámbito trascendente y religioso. La trascendencia, Dios, la fe han de justificarse por sí mismos, sin recurrir a ellas como simples explicaciones de los sin sentidos e incomprensiones de nuestra situación actual.

§  El giro de lo teocéntrico a lo antropológico ha supuesto una valoración de la persona  y todo su quehacer y actuar, que ha sido importante para el mismo desarrollo de la persona, de la sociedad y del mundo. Quizá endiosada ella misma reaccionó virulentamente ante la trascendencia y Dios por pensar que él obstaculizaba el mismo progreso de hombre proyectando en el más allá las esperanzas de progreso y realización (Marx). Más todavía proclamó la muerte de Dios por ser un obstáculo en la realización del mismo hombre (Nietzsche, Sartre). No cabe duda que en todas estas valoraciones han influido notablemente las percepciones de estos autores sobre las actuaciones de los cristianos en la vida ordinaria y en el campo social. Su crítica a un cristianismo escapista, alienante, sobrenaturalista y providencialista ha sido legítima ante muchas de las actuaciones y concepciones cristianas de su tiempo. La afirmación de la trascendencia, de Dios y la fe, no puede hacerse en menoscabo de la persona, sacrificándola, no permitiendo su pleno desarrollo. Ese Dios sería un Dios inhumano, contrahumano.

Por otro lado, el antropocentrismo de la época moderna y actual ha dejado al hombre solo en la realidad que lo circunda en la que él es su dueño, se jefe, su patrón. En otras palabras, ese antropocentrismo se ha convertido en inmanentismo, rompiendo los lazos y vínculos con cualquier realidad que no sea él mismo. La afirmación del hombre le ha conducido a la negación de Dios y de toda trascendencia.

§  La cultura postmoderna es un fenómeno light, aparentemente todo está bien. Vivamos la vida, gocemos y disfrutemos de ella. No nos metamos en problemas de sistemas ideológicos ni religiosos. El hoy es lo que importa, no pensemos a largo plazo ni en compromisos estables y duraderos. Esta corriente de pensamiento, de tipo vitalista, ha sido una reacción contra el racionalismo moderno y los desastres de los sistemas totalitarios que aniquilan la persona y le impiden ser y vivir ella misma. Esta concepción filosófico-cultural es un atentado contra la persona, en su ser, su conciencia, su libertad, su compromiso. Acentuando la dimensión corpórea se convierte en una concepción hedonista, que privilegia los sentimientos sobre la inteligencia y libertad. Su universo conceptual fluctuante, a modo de una nebulosa, se traduce en un relativismo de vida, de valores, y religiosamente en un relativismo frente a todo lo suene a religioso. Cada vez es más frecuente escuchar: oremos a Dios cualquiera que sea y donde se encuentre.

§  El problema de la desigualdad de las personas y de los pueblos interpela a las filosofías, teologías y sistemas políticos que propugnan un el valor de la persona, de todas las personas y sus posibilidades de realización en aspectos fundamentales de su existencia. La reflexión sobre la persona – trascendencia y fe tiene que estar marcada por la historicidad de las condiciones concretas en que se desenvuelven las personas y los países, de lo contrario se correría el riesgo de hacer una reflexión abstracta en la que ninguna de las tres realidades salen bien paradas. La persona se ha de realizar en todas sus posibilidades y dimensiones. La pobreza crea condiciones de subdesarrollo personal y social que impiden que dicha persona se sienta tal y le impiden su desenvolvimiento pleno. Las condiciones de inhumanidad, infrahumanidad, subdesarrollo, opresión y marginación son auténticas esclavitudes del ser humano que no encuentran ninguna justificación en un mundo que tiene posibilidades para eliminarlas. Trascendencia y fe pueden ser en estos casos formas de alienación para superar individualmente estas carencia, fuerte rechazo  de ellas por el sinsentido de su vida, e incluso justificaciones de un futuro mejor por una causa a la que se inmolan por crear nuevas condiciones de vida.

§  El relativismo religioso actual proveniente de la historia de las religiones, de las separaciones religiosas, del surgimiento de nuevos grupos religiosos, requiere también la atención para no hacer una reflexión sobre la persona – trascendencia – fe que responda únicamente a un grupo confesional. ¿Cómo enfrentar este problema para hacer universalmente válidos los aportes que se hagan al problema?

§  El fenómeno religioso y sus prácticas no es un hecho del pasado, millones de personas creen en Dios, viven una experiencia religiosa que manifiestan a través de ritos y prácticas. La religión está sumamente presente en muchas personas del mundo. Esta constatación debe hacer reflexionar. Es cierto que la gran mayoría de la población que practica la religión se encuentra en los países subdesarrolados económicamente, lo cual podría hacer pensar  que cuando superen esa situación también abandonarán sus creencias y prácticas religiosas. Muchas personas también en los países denominados ricos creen en Dios y tienen fe. Las generalizaciones sobre la desaparición o muerte de Dios deben ser mucho más precisas y cuidadosas al pretender levantar teorías sobre ellas.

 

Desafíos para el Personalismo comunitario

El problema es complejo y de muchas aristas. Las soluciones y propuestas no son fáciles de encontrar ni realizar. No tengo una varita mágica para proponer ni resolver las múltiples cuestiones planteadas. Únicamente me permito anotar algunos retos que tiene por delante el Personalismo comunitario ante esta situación, conscientes de que nuestra propuesta personalista, comunitaria y solidaria es un aporte sumamente valioso en pro de la persona, de la sociedad actual y del sentido de todo nuestro actuar a partir de Dios, en Dios y hacia Dios.

§  Una tarea sumamente importante es la que apunta J. M Burgos: Reconstruir la persona[5]. La desintegración de la persona que encontramos en la cultura actual provoca la destrucción de misma persona y el subsiguiente trastoque de su relación con la trascendencia y Dios.La filosofía personalista tiene un pasado, un presente y un futuro. La propuesta de E. Mounier de su tiempo frente al individualismo y colectivismo, tiene que reproponerse en el marco más amplio de la persona en la cultura y sociedad actual para que se vea pertinente y significante para las personas de nuestro tiempo.

Algunos elementos a tener en cuenta, según mi opinión son  los siguientes:

Ø La dimensión corpórea-espiritual de la persona. Su unidad y los peligros de la desintegración. Observamos en la cultura actual una sobrevaloración de lo corporal que tiene una vertiente positiva, pero que exacerbado provoca una ruptura con otras dimensiones de la persona. El postmodernismo es una muestra de ello. Además de acentuar los sentimientos, la fruición, prescinde de toda dimensión espiritual de persona en cuanto a su trascendencia. El hombre como ser sexuado es otro de los puntos que requieren mucha atención: la diferencia de género, la sexualidad en y de la persona, la atención a la familia como unión de un hombre y una mujer; la familia y la prole; respecto a la vida humana desde su concepción a su muerte natural, los experimentos genéticos, etc. Se ha prestar también atención a la manera de concebir la libertad de la persona y su relación con otros valores. Notamos que hoy se está erigiendo la libertad como principio primero en la jerarquía de valores, incluso por encima de la misma vida.

La dimensión espiritual del hombre se reduce a una característica del ser diferente a los demás seres animados e inanimados. La reflexión filosófica y teológica ha aportado elementos importantes, no suficientemente conocidos ni divulgados, para unir lo corpóreo con lo espiritual, lo material con lo espiritual. El hombre es un ser que se trasciende, el hombre está abierto a una realidad que está fuera de sí en la alteridad, en el mundo y en una trascendencia que va más allá. La persona es un ser, donado y donante, que se autoposee y que a su vez se trasciende[6]. La dignidad de persona humana como eje y centro de toda organización, sistema social, político y económico. La persona es un ser de valor absoluto, nunca debe ser usado ni utilizado como un medio. Ha de estar en el centro de todo el movimiento social, político y económico. Tanto el liberalismo como el socialismo, en sus múltiples expresiones,  no deben dejar de lado la persona frente a interés económicos, de grupo o de clases sociales.

Ø El personalismo ha de reforzar su reflexión y acción de compromiso, de praxis personal y social en la trasformación del mundo, de las estructuras sociales y políticas[7] de lo contrario se corre el riesgo de quedarse en un gueto de intelectuales que tienen unas teorías y propuestas extraordinarias pero que se quedan encerradas en su círculo intelectual. Los cambios en la sociedad se generan en múltiples esferas (familia, educación, grupos de amigos, círculos profesionales, medios de comunicación social, etc.), sin embargo un ámbito fundamental  y de gran repercusión es en la discusión pública parlamentaria, en los partidos políticos, en centros de decisión económica y política. Mi experiencia personal en este campo me ha servido para experimentar que tenemos mucho que aportar en pro de la persona, de las estructuras económicas y políticas de nuestra sociedad. Reflexión y acción son dos componentes fundamentales para que la propuesta personalista comunitaria tenga peso social, se difunda y promueva la visión humanista en el conjunto de propuesta de toda índole que encontramos en el debate cultural y social.

Ø El personalismo comunitario ha de incorporar a su reflexión las instancias actuales de desarrollo y solidaridad internacional. Estamos en un mundo profundamente desigual que indigna a las personas, provoca migraciones, desintegraciones familiares, culturales y religiosas. Un mundo de personas que goza de los bienes fundamentales para su desarrollo y otros que carecen de ellos y con temeridad, riesgos y muerte se lanzan a buscarlos. El desarrollo ha de ser un bien común, de todas las sociedades. El personalismo, a mi modo de ver, debe asumir esta demanda de humanidad para todos, desarrollo para todos, oportunidades para todos. Creo que las críticas de E. Mounier al individualismo burgués de su tiempo, las retomaría en la actualidad en una visión planetaria. Un mundo de desigualdades no es un mundo de personas solidarias.

 

Personalismo y fe

§  El personalismo de Mounier tiene raíces cristianas[8]. Mounier reconoce que la antropología cristiana sustenta su reflexión personalista: “las exigencias temporales del personalismo no son en rigor apremiantes más que si la persona es ontológicamente trascendente a lo biológico y a lo social, y sólo una metafísica cristiana asegura esta trascendencia”[9]. Reconoce el aporte del cristianismo al pensamiento  y  la vida espiritual de Occidente: “Bastaría con acercarse a la persona con una primera y burda aproximación, por ejemplo la afirmación de un cierto absoluto de existencia, de un cierto valor de la singularidad, de una cierta independencia inalienable respecto a cualquier colectividad, para ver en ello una de las tantas aportaciones específicas del cristianismo al pensamiento y a la vida espiritual de Occidente”[10]. “El personalismo es una filosofía cristiana (…) Lo es ante todo por la filiación religiosa de sus principales representantes ( …) y lo es, sobre todo y fundamentalmente, por sus contenidos y por su estructura”[11].

Las afirmaciones anteriores si bien, por una parte, muestran la relación del personalismo con el cristianismo, por otra hay que examinarlas con rigor y buscar caminos de intelección amplios que no cierren las puertas a quienes tienen concepciones antropológicas diferentes a las cristianas. ¿Sólo una metafísica cristiana asegura la trascendencia como lo plantea Mounier? Tenemos experiencias religiosas sumamente valiosas en la historia de las religiones que aseguran la trascendencia y no son cristianas. Por otra parte, hay personas que han asumido la filosofía personalista y no son cristianas sino de otras religiones[12].

         El personalismo, como corriente filosófica originariamente marcada por su base judeo –cristiana, ¿desea seguir así o su propuesta humanista tiene su base en la realidad misma de la persona y desde ahí puede encontrar compañeros en la reflexión que profundicen en sus consecuencias para la misma persona, las relaciones de alteridad y la misma trascendencia?Además, ¿cuál sería el rigor de su propuesta si descansa ya en elementos apriorísticos que se asumen ab initio?

§  La relación personalismo-trascendencia-fe parece que va superando, a nivel intelectual, algunas posiciones que enfrentaron a filósofos y teólogos en el pasado: el orden material y el espiritual, lo inmanente y trascendente. Merecen especial atención, como ya indiqué anteriormente,  la reflexión de X. Zubiri, H. De Lubac y K. Rahner. Dios para ellos, a pesar de ser diferente y misterioso, es una realidad accesible, presente y cercana porque la persona está naturalmente abierta a la trascendencia. Dios y hombre son dos realidades entrelazadas desde su mismo origen y destino. La fe, por consiguiente es respuesta a la llamada divina, encuentro personal con ese Dios que es nuestro origen, razón y fin. Hasta aquí podríamos hablar de un camino natural-sobrenatural de la persona y Dios. La muestra de esa unidad entre hombre y Dios la encontramos en Jesucristo, que nos revela lo es Dios mismo siendo él a su vez hombre-Dios.

Cuando se ha hablado del salto a la fe se ha tratado de mantener la diferencia y diversidad del Dios revelado cristiano respecto al hombre y mostrar que la salvación es puro don y gracia de Dios y no merecimiento humano. Conocida es la posición de S. Kierkegaaard[13] que considera la fe como un salto al vacío. Aquí se provoca una ruptura entre persona y Dios, entre natural y sobrenatural. Algunos filósofos y teólogos actuales discrepan de semejante planteamiento.

§  Gesché habla de tres discursos sobre Dios: El discurso del mythos, que corresponde a la religiosidad natural; el discurso del logos, en el que se enmarca la reflexión filosófica sobre Dios, y el discurso del ethos-fe, propio del creyente, que se adhiere a Dios, actúa y conoce al Dios revelado en Jesucristo[14].  Esta tipología nos ayuda a distinguir tres tipos de acercamiento a Dios indicando sus diferencias.

§  El pluralismo religioso existente y la pretensión de cada grupo religioso de presentarse como el verdadero, exige una profundización histórica, filosófica y teológica que ciertamente será más fructífera desde la persona que desde las perspectivas confesionales.

 

¿Hay futuro para el Personalismo Comunitario?

Me permito recoger sintéticamente algunas de las reflexiones anteriores, a modo de conclusión.

§  El personalismo comunitario tiene mucho que aportar en el debate filosófico-social-religioso de nuestro tiempo, profundizando y divulgando su reflexión sobre la persona en el contexto y en el debate filosófico-político actual, en un mundo asimétrico,  globalizado y pluralista religiosamente. La propuesta de E. Mounier debe ser constantemente actualizada, pues los sistemas filosófico-políticos-culturales han ido cambiando en estos años.

§  Su contribución no se ha de quedar en los libros, aulas universitarias sino que debe insertarse en el marco cultural, social, político y religioso. Se debe plantear las formas de participación en los grandes centros de decisión, de lo contrario quedará como un discurso ajeno al acontecer y dinamismo social y político.

§  El Personalismo Comunitario debe plantearse también la cuestión del pluralismo religioso y la manera cómo se coloca ante él. ¿Quiere seguir presentándose como una reflexión filosófico-cristiana o se abre a perspectivas más amplias religiosas? La centralidad de la persona es la base para cualquier reflexión hacia la trascendencia y fe. ¿Puede presentarse como un movimiento personalista en que puedan tener cabida todos los pensadores que opten por ella independientemente de la religión que profesan? O por el contrario, ¿quiere ser una propuesta humanista judeo-cristianaen el conjunto de la cultura y política de la sociedad?

§  Hemos apenas apuntado la relación existente entre Persona – Trascendencia y Fe. En la actualidad más que búsqueda de pruebas de la existencia de Dios, que siempre encuentran justificación en la Teodicea, la reflexión está centrada en el hombre y desde él se debe partir en su búsqueda de sentido personal y comunitario, de sus deseos y ansias más profundas, para descubrirlo a él y su trascendencia, que tiene su misma base en su ser personal originario.

§  El salto a la fe de Kierkegaard, que trata de resaltar la gracia como don de Dios y no merecimiento ni logro humano, no parece tomar en consideración la unión profunda entre natural y sobrenatural, que para parte de la reflexión filosófica y teológica actual parece ser una vía para superar muchas antinomias del pasado.

 

 

 

Doctor en Teología (Universidad Salesiana de Roma), Rector de la Universidad Mesoamericana, Profesor de Teología Sistemática (Eclesiología) en el Instituto Teológico Salesiano, Profesor Visitante de Teología Pastoral como  experto en los documentos emanados de las Conferencias Episcopales Latinoamericanas de Puebla, Santo Domingo y Aparecida.

 

 



[1] Cf  JAMESON F., Teoría de la postmodernid@d, Trota, Madrid 1996; MARDONES J. M., Postmodernidad y cristianismo. El desafío del fragmento,  2da. ed., Sal Terrae, Santan-der 1988.

[2] MARDONES J. M., Neoliberalismo y religión, 2da. ed., Ed. Verbo Divino, Estella 2001, 243.

[3] Cf Ibid. 243-244.

[4] Cf BECK U., ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, ed. Paidós, Barcelona 1998; REDER M., Globalización y filosofía, ed. Herder, Barcelona 2012.   

[5] Burgos J. M., Reconstruir la persona. Ensayos personalistas, Ed. Palabra, Madrid 2009; GONZALEZ DE CARDEDAL O., La entraña del cristianismo, Secretariado Trinitario, Salamanca 1997.

[6] ZUBIRI X., Naturaleza, Historia y Dios, Alianza Editorial, Madrid 1987; ID., El problema teologal del hombre: Dios, religión, cristianismo, Alianza Editorial-Fundación Xavier Zubiri, Madrid 2015; DE LUBAC H., El misterio de lo sobrenatural, ed. Estela, Barcelona 1970; RAHNER K., Curso fundamental del cristianismo. Introducción al concepto de cristianismo, 2da. ed., Herder, Barcelona 2012.

[7] BURGOS J. M., Reconstruir la persona 97-131.

[8] Cf Personalismo y cristianismo y La cristiandad difunta, en MOUNIER E., El personalismo. Antología esencial, Sígueme, Salamanca 2014; 541-548 y 775-965.

[9]Mounier E., Personalismo y cristianismo 550.

[10]Ibid. 549.

[11] BURGOS J. M.,  El personalismo hoy 31 y 32.

[12]Ibid. 32

[13] S. Kierkegaard aborda este tema sobre todo en sus obras: Temor y temblor; el concepto de la angustia y Migajas filosóficas o un poco de filosofía.

[14] Cf GESCHE A., El hombre. Dios para pensar II, Sígueme, Salamanca 2002, 36-40.