El Problema del Hombre a la luz de la era digital

                                                                                  Dr. José Tadeo Morales[1]                                                                                                                                protadeomorales@yahoo.es

                                                                      protadeomorales@gmail.com

 

      Mag. Simón Alvarado 2

                                                                                     alvaradomonta@gmail.com

 

 

Resumen.

           

 

Palabras clave: Antropología, Filosofía, era digital,  humano, existencia.

 

Introducción.

           

            Ante la dinámica permanente de evolución  social y cultural del hombre, la filosofía no puede permanecer indiferente. Por el contrario, el quehacer filosófico se presenta como cuestionamiento permanente de dicha situación, interpelando permanente  desde el mundo de  vida y el acontecer humano con mucha disciplina y sistematicidad dicha situación. Su objetivo es fundamentalmente, con la crítica: develar, revelar, manifestar y sacar a la luz del conocimiento (aletheia) aquellas caracterizaciones fruto de ese increpar la realidad humana en una situación y contexto.

            Una de las dimensiones disciplinares donde se increpa la realidad humana es la antropología filosófica, en tanto que anthropos preguntando: ¿Quién es el hombre?. Ciertamente, desde el contexto filosófico la pregunta, como lo esboza Hessen  (2000),  es desarrollada  con una actitud hacia la totalidad, lo cual no implica quedarse en la superficialidad  no yendo a la sustancia  y  esencia. En este sentido, se asume este análisis  como un intento por dilucidar, desde la filosofia, una realidad en un contexto determinado la cual afecta el ser humano situado en una temporalidad caracterizada por lo digital. Desde  esta particularidad  la antropología filosófica se centra  en  “ el estudio de  lo esencial, total, subjetivo, interior frente a las ciencias del hombre que se fijarían  en aspectos parciales del hombre, considerados no como rasgos esenciales, sino exteriores u objetivos” (San Martín, 1988, p.58) En ese orden de ideas, Blumenberg (2011, p.362) establece que: “De la antropología filosófica se supondrá de antemano y sin vacilar que pretende arribar a enunciados que sean válidos para el ser humano en cada fase de su desarrollo y en todas las condiciones de su autorrealización”. En ese particular, con todo respeto, no se trata de una investigación de carácter sociológico ni etnográfico como lo plantean Ardévol y Lanzeni (2015, p. 11) “de cuestiones como la diversidad cultural, las desigualdades sociales y posibilidades de cambio y  transformación social vinculadas con las tecnologías digitales” que es importante,  sino asumir desde la perspectiva filosófica con característica hermenéutica, generar la discusión fundamental de comprensión y  sentido humano del ser ahí (dasein).

            En atención a lo antes expuesto. es importante resaltar el status adquirido por la antropología filosófica fundamentalmente a lo largo del siglo XX, pues el desarrollo de la ciencias, especialmente en campos de la biología, la química y medicina hasta llegar a dimensiones de orden muy específica y puntual como la genética y medicina nuclear junto con otra gama de  disciplinas que han escudriñado la naturaleza,  el universo  y el hombre, cada una desde su disciplinaridad pero al final siempre se topan con la realidad del misterio de lo humano; atendiendo a misterio con una connotación en el ámbito de la filosofía de Marcel (1964)  dando a entender que  siguen existiendo dificultades para interpretar lo humano pues, lo antropológico pareciera evadir cualquiera interpelación de orden científica generando más preguntas que respuestas. A esto podemos incorporar una situación de crisis en la cual la humanidad se encuentra inmersa pues, un recorrido por el siglo XX advierte inmediatamente la magnitud de situación de violencia como la primera y segunda guerra mundial, la guerra en Korea, Vietnam, los conflictos bélicos entre India y Pakistán, Israel y los paises árabes que todavía permanece entre Israel y Palestina. Además de la famosa Guerra Fría, la guerra de las Malvinas y las situaciones internas en asunción y caída de regímenes totalitarios en América Latina y África.

            Dicha situación de crisis humana posee dimensiones muy preocupantes como lo advierte Vattimo (2000, p. 33) en franca crítica a la modernidad: “Dios ha muerto, pero el hombre no lo pasa demasiado bien”.  Es decir, la modernidad, bajo pseudónimo de período de las luces, superación de la metafísica, emancipación de la razón y superación del pensamiento mítico religioso,  no es realmente lo que se afirma. La tal muerte de Dios para dar larga vida al hombre es simplemente un decir frente al malestar y la crisis por la que atraviesa la humanidad; por el contrario, hoy hay un fenómeno de conversión religiosa especialmente hacia el Islam según plantea Escobedo (2017)  y, ciertamente, hay todo un movimiento hacia otras manifestaciones religiosas de carácter sincrético. Lo cual, da a entender toda una situación de contradicciones en el devenir de la existencia humana. Pues, por un lado manifestamos un avance tecnológico como la conquista del espacio y por otro lado  la humanidad se enloda en no poder satisfacer y superar la pobreza en determinados países. Es una situación  reiterada por  Martínez (2016, 2015, 2010, 2008, 2000) como una crisis de tal magnitud que va más allá de lo científico, llega a lo gnoseológico y abarca la totalidad del ser humano, una situación por la cual Morales (2011) esgrime la necesidad de volver a lo genuino del hombre, lo humano.

            Ahora bien, a diferencia de otros momentos en la historia del desarrollo humano, ante el advenimiento del siglo XXI, instituciones  como La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO)  vienen estudiando el cómo enfrentar a las realidades emergentes, planteando retos y haciendo evaluaciones sobre los progresos. En palabras de Bindé (2002): “para responder de manera oportuna a los retos del siglo XXI, debemos empezar planteándonos las preguntas adecuadas de modo que podamos identificar las soluciones posibles, si es que las hay, antes de que sea demasiado tarde”. Al calor de la discursividad filosófica Heidegger (1997) plantearía que la pregunta siempre condiciona la respuesta, entonces ¿cual sería realmente la pregunta más adecuada?.

            Ciertamente,  intentar dilucidar una realidad humana en un contexto histórico siempre es comprometedor pues, indudablemente la realización se desarrolla en un mundo de  vida en sociedad, con una historia e incluso  visión de hombre. Esta última puede determinar una traza de recorrido:  sapiens,  faber, ludens, economicus, symbolicus y ahora, ¿por qué no? lo estudiamos desde la era digital. Situación no entendida como un simple manifiesto pues para Magro, Salvatella, Álvarez, Herrero, Paredes, Vélez (2014) vivimos un mundo digital, todo el impacto de las tecnologías en la cotidianidad humana la viene transformando. Se habla incluso en términos de nativos digitales como se exponen el  trabajo de García, Pontillo, Romo, Benito (2007) definiéndolos como personas nacidas e inmersas en la tecnología digital. Esta  situación es de tal magnitud que Prensky (2011) hace reflexiones importantes sobre el campo educativo para desarrollar aspectos de enseñanza aprendizaje para los nativos digitales y su contraparte los educadores no nacidos bajo esta categoría como inmigrantes.  

            En fin, aparentemente se está en un proceso de  transformación con base tecnológica, la cual usa como carburante la información y el conocimiento pilotado por un rápido, aunque heterogéneo, ritmo de adopción social que da lugar a una nueva forma cultural que según Soberón (s.f):

La cultura digital no es sino el último paso -hasta ahora- de un largo camino de transformación de la naturaleza que el ser humano ha realizado desde el mismo instante en que empezó a existir como tal. Desde la fabricación de lanzas e instrumentos de caza hasta el acelerador de partículas CERN, el homo faber ha ido comprendiendo y ganando terreno a las leyes naturales, descubriendo sus claves y utilizándolos para su propio confort (p. 3).

 

            Si se quiere, hay todo un entramado de definiciones agrupadas en torno a una concepción de la realidad emergente reunidas en sociedad  de la información, sociedad del conocimiento y era digital, utilizando términos como el definido por Escobar (2005) cibercultura (cyberculture) cuyo argumento es el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación en la cotidianidad humana. En definitiva, se vive inmerso en una verdadera revolución digital que afecta el ethos individual y social con algunas aristas prominentes como el debate entre la información y el conocimiento bajo los instrumentales de  cibernética y la telemática en un entorno establecido como web 2.0. Los advenimientos de la web 3.0 y otras que seguramente vendrán pues, también es cierto que el devenir de la tecnología ha caminado de lo mecánico a lo analógico, de lo analógico a lo digital generando una carrera permanente con la electrónica y ahora con la realidad virtual.

            Esta nueva  revolución a partir de las tecnologías de la información no puede ser reducida al uso sin más de un instrumental, en términos de Heidegger (1997): “estar a la mano” pues está impactando lo cotidiano del ser humano con acercamientos y encuentros virtuales como  las redes sociales convertiéndose en un masivo instrumento de comunicación y transferencia de información, teniendo algunos casos de sumo interés como la denominada Primavera Árabe. En este sentido, manifiesta González-Quijano (2011: 112): Más que su “carácter árabe”, en definitiva el acontecimiento parece constituirlo el hecho de que “estas revoluciones 2.0” inauguran una nueva era en la cual el uso de las redes sociales da una dimensión inédita a la política.  En el mismo orden de ideas, Priego (2011) da cuenta de el intento del régimen de Mubarak en tratar de silenciar bloqueando los medios digitales, fenómeno interesante pues dichos medios tienen más alcance y no los pueden hacer callar fácilmente. 

            Al seguir profundizando en la reflexión, Sartori (2012) advierte, que  esta rapidísima revolución multimedia ha transformado al homo sapiens en homo videns por cuanto la palabra estaría siendo destronada por la imagen, encontrándose el mentado adagio popular: una imagen vale más que mil palabras. Ahora bien, el punto sin discusión es la información como centro, al respecto Oayama y Castells (2002) en un investigación empírica realizada para el grupo de países denominados G-7 plantean cómo el uso de los datos y la información ha ido transformando la visión del empleo y el trabajo, lo cual requiere el repensar lo antropológico en estos nuevos contextos desde la filosofía en su dimensión de antropología, aun cuando se de una discusión desde la totalidad como ya se advirtió anteriormente.

Todo lo anterior sugiere continuar lo esbozado por Ardèvol y Lanzeni (2014, p.11): “Proponemos que es necesario abrir un debate sobre las conceptualizaciones de lo digital en lo cotidiano, así como el papel de la tecnología en ellos” y de ello se quiere en la presente reflexión  dar cuenta desde el ámbito filosófico: La pregunta por el hombre como ser situado e inmerso en una era denominada digital.

 

Una traza de recorrido en torno al debate de lo humano.

            El problema del hombre o del humanus, no es algo novedoso pues desde los inicios del pensamiento griego con Protágoras en el 486 a. C. a quien según  Goñi (2002, p. 83), se le endosa la frase: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son” pero también referenciado por Platón en su diálogo sobre la ciencia (Teeteto). Esta frase es realmente un punto de partida para la problemática del hombre pues, muchas connotaciones se han planteado, unas como centro de la creación, otros como un “ser” de privilegios ante la realidad y no faltan quienes, desde su perspectiva paradigmática, intentan reducirlo a alguna dimensión particular. Sin embargo, no se trata de verlo como un señor por encima del universo sino como medida de la realidad punto clave para hacer cualquier reseña y reflexión como lo advierte Zubiri y Argote (1982) atendiendo al ser humano como un “ser de realidades”,  éste es quien, para algunos, quien  da sentido, no se trata de un ente entre los entes o cosa entre cosas, sino un ser ante la realidad.

            Paralelamente, es importante destacar que en cada período de la historia se ha intentado dilucidar, caracterizar y conceptualizar el término hombre (Humanus). Aclaramos que el término hombre se refiere a la especie humana, a los seres humanos, y no hacemos distingo como especie entre varón y hembra pues, lo que pueden hacerse es distinciones y no diferencias, entendidos como lo manifiesta Guevaert (2003) de complementariedad pues el hombre sólo es hombre ante la mujer y la mujer es mujer cuando está ante el hombre, los dos juntos forman una única realidad la humana de esa forma evitamos reduccionismos.

            Ahora bien y en retrospectiva,  Aristóteles es quien esboza la primera definición sobre el humano, “animal racional”  (ζῷον or ἄνθρωπον λόγοϛ ἔχων),  generando una discusión  cuando se hacen  traducciones pues el zoon logon se presta para varias interpretaciones, el término  λόγοϛ  (logos), expresado por Gómez (1983) como: “El logos –razón o lenguaje (comprensiblemente, puesto que la razón se expresa en el lenguaje)- es sin duda, característico del hombre y aquello por lo que ante todo se le puede distinguir” (p.326). Sin embargo, puede significar varias connotaciones, aun cuando la generalidad es de animal racional, puede significar palabra, lenguaje lo que abre un espectro de significaciones (Luciani, 1997), eso da sentido a la discusión en cuanto a la necesidad de claridad en la interpretación del hombre ante cualquier momento histórico y era establecida. 

            Cada momento transcurrido por la humanidad establece una consideración sobre el hombre, cada giro antropológico plantea problemas de orden ético al haber un cambio sustancial en la manera de percibir la realidad, relacionarse con el otro y atender la casa que cohabita como lo manifiesta el Papa Francisco (2015). Ahora bien lo importante es repensar este transitar desde tantas configuraciones para intentar conceptualizar al ser humano. Evidentemente, muchos son la maneras en categorizar al humano como: homo sapiens, por su capacidad de hacer cosas homo faber y según Martínez (2007) como animal laborans debido a su racionalización de procesos productivos. También está la connotación de ludens desarrollado por Huizinga (2007) como ser que puede jugar y desarrollar esta capacidad, entendiendo el juego como actividad organizadas, pensada y perfeccionada aun cuando los animales juegan. 

            Otra connotación en torno a lo humano es la significación de animal simbólico desarrollada por  Cassirer (1984). Esta perspectiva es muy importante en cuanto la superación del reduccionismo materialista en la cual algunos quisieron determinar lo humano, en este aspecto  lengua, mito, arte y religión son, según este autor, los hilos que componen el tejido simbólico. El lenguaje no expresa sólo pensamientos o ideas, sino también sentimientos y afectos. Esta realidad simbólica se expresa en la palabra. En ese orden de ideas está la consideración de Zubiri y Argote (1982) planteando al hombre como ser de realidades y quien da sentido. En el mismo orden está la propuesta hermenéutica de Gevaert (2003) haciendo el planteamiento del hombre como don y tarea, como regalo dado pero, como potencialidad que debe desarrollarse, además estableciendo su realidad corpórea y al mismo tiempo su no identificación con el cuerpo. En igual modo están las reflexiones en torno a la antropología esbozada por el filósofo y teólogo Teilhard de Chardin cuyo planteamiento resume Morales (2002) de la siguiente manera:

Establecer la integración plena entre materialidad y la superación de ella en el espíritu del ser humano, no se trata de un dualismo en que hay dos substancias diferentes, aquí se trata de una única substancia que forma una unidad en la diversidad (p. 221).

 

            Al respecto Morales (2002) habla en términos de plenitud, plenitud biológica y  de trascendencia, como lo advertía Gevaert (op. Cit.) el misterio del ser humano. En resumen, hablar del ser humano es un reto, pareciera que lo manifiesto por Aristóteles () y reafirmado por Tomás de Aquino () en cuanto a la definición de ser, no pudiera ser concretado en el hombre, eso de ser en sí, de hombre en tanto que hombre  y lo que se dice es por sus categorías. El problema es preguntar y desarrollar una respuesta conceptual mediante la cual se adviertan todas las dimensiones.

 

El animal vidente, el homo digital.

            El hombre como ser situado en el mundo queda definido por este,  en tal sentido  expresa Sartori (2012) la era digital marca transición entre el hombre definido como un animal simbólico al hombre como animal vidente, donde la palabra cede el paso a la imagen y el pensamiento ya no parte de la maravilla y el asombro por las cosas naturales sino por las imágenes transmitidas en los medios y cualquier otro recurso. El ser humano no levanta su mirada hacia el mundo de las ideas para contemplar lo existente, sino hacia el escenario cosmético plasmado en una realidad virtual.

            Ciertamente, para algunos, la temporalidad  vivida en la actualidad es definida por lo digital como lo expresa Capurro (2009) y que para  Floridi (2014) este cambio al cual se está en presencia es de orden metafísico, denominado por este autor como la cuarta revolución y no hay por qué maravillarse del interés de la filosofía por la informática en modo metateorético. Lo importante del asunto es lo expresado  por Sartori (2012) al establecer que la era digital marca transición entre el hombre definido como un animal simbólico al hombre como animal vidente, donde la palabra cede el paso a la imagen y el pensamiento ya no parte de la maravilla y el asombro por las cosas naturales sino por las imágenes transmitidas en los medios y cualquier otro recurso. El ser humano no levanta su mirada hacia el mundo de las ideas para contemplar lo existente, sino hacia el escenario cosmético plasmado en una realidad virtual.

La tesis de fondo es que el vídeo está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen. Todo acaba siendo visualizado… Así mientras nos preocupamos de quien controla los medios de comunicación, no nos percatamos de que es el instrumento en sí mismo y por sí mismo lo que se nos ha escapado de las manos. (p. 5)

 

Es decir, la exterioridad pareciera encausar la  razón de ser del hombre, esto concuerda con lo manifiesto por Orcajo (2006) al configurar al hombre desde la cultura light, de la piel como fundamento de su existencialidad, atrás quedaría la interioridad planteada por San Agustín, manifiesta por  Ocampo (2008):

El sentido de interioridad y del alma como interioridad pensante imagen de Dios (Verbum Dei), es creación del genio agustiniano. La interioridad radica en un reconocimiento de la superioridad de la antropología espiritual sobre toda antropología física o natural y tal superioridad se funda en el deseo de Conocer a Dios deseo que abre las puertas de la conciencia del hombre como nada y todo (p. 55).

 

En atención a lo anterior, no hay que buscar fuera del hombre la verdad, la belleza y el bien vendrían señaladas en  coordenadas ajenas y fuera del sujeto, dejando por sentado que para la era digital el hombre no está interesado en su interioridad sino volcado al  escenario donde se plasman imágenes y se desarrolla el mundo digital captado por los distintos instrumentos tecnológicos.

 

           

 

Husserl,  manifiestado por Sáez (2003) plantea una crisis de la razón y en consecuencia de ello una crisis humanista:

Esta crisis de la razón como episteme – dice Husserl- lleva aparejada una crisis humanista. Es la razón como Episteme la que dota de sentido a todo ente, a todas las cosas, valores y fines. Sin ese horizonte,  el hombre no puede dar sentido racional a su vida individual o colectiva ni a la historia. Es una pérdida de fe en el hombre mismo, el ser que le es propio, lo que en la crisis se vaticina (p. 36). 

 

            La razón instrumental y técnica parecen tener la última palabra dejando a un lado la razón práctica. Toda esta concepción del hombre basada en el positivismo cientificista ha reducido el ser humano a una dimensión inmanente.  La situación es de tal magnitud que  Martínez (2015) reafirma planteamientos realizados en debates anteriores:

No solamente estamos ante la crisis de los fundamentos del conocimiento científico, sino también del filosófico, y, en general ante la crisis de los fundamentos del pensamiento.  Una crisis que genera incertidumbre en las cosas fundamentales que afectan al ser humano (p.37).

           

            Es decir, la situación de crisis permanente en el siglo XX y, si se quiere,  el inicio del siglo XXI  del cual dan cuenta los lamentables acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 y los atentados terroristas sufridos en Europa como evidencia de la situación límite por la que atraviesa el ser humano y su existencialidad. Llama poderosamente la atención asuntos relativos a la salud como la epidemia del zikase, que se propaga por todo el continente americano, a pesar de las nuevas tecnología y  avances en ciencias de la medicina y enfermería pues, la enfermedad se convierte en reto controversial que afecta lo humano. Por lo cual, se advierte el carácter controversial de elementos emergidos a lo largo de la historia donde el ser humano se ve comprometido. También se ha transitado situaciones donde la crisis ética ha impactado a la humanidad como el caso de Lehman Brothers compañía global de servicios financieros declarada en quiebra, empresas de lavado de dinero, o una organización donde se perdió una cantidad inmensa de alimentos como PDVAL en Venezuela       

Esto en consideración con perspectivas y visiones de una antropología que le diese un sentido más ontológico-existencial al ser humano como la visión de Zubiri y Argote (1982): manifestando al hombre como ser de realidades. Las de Guevaert (2003): cuerpo espiritualizado y espíritu corporeizado, o el de la Complejidad  como lo manifiesta en sus distintas obras Morín, sin dejar la perspectiva iniciada por Teilhard de Chardin (1963a, 1963b, 1962) donde manifiesta el porvenir del hombre, desde una visión integradora de lo natural y espiritual. Todas portadoras de una armonía de dimensiones concretadas en la persona humana de: corporeidad biológica, psique, ética – axiológica, fe, esperanza, historicidad, individualidad, comunidad  y otras en una  indisoluble y compleja unidad. 

En esta época de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, del ciberespacio, de la revolución informática y de la web, surge la pregunta por el ser del hombre con la finalidad de hacer una analítica antropológica. En este particular la filosofía al preguntarse por el hombre, necesita hacerse la pregunta sobre esta nueva condición humana. Por ello, dirige su mirada hacia esta nueva realidad con la finalidad de captar la esencia y la existencia de un ser humano que emerge en medio de una realidad virtual. Su interés se centra en este sujeto para formular de nuevo el interrogante: ¿Quién es el hombre?

 

Del “Homo Sapiens” al “Homo digitalis”.

            Como se viene manifestando a lo largo de esta reflexión, hay evidencias para advertir el  estar  en una época de transición, realmente hay un cambio paradigmático en cuanto a los asuntos intervinientes de la realidad humana, Lyotard (1989) habla de una condición postmoderna:

Así, la sociedad que viene parte menos de una antropología newtoniana (como el estructuralismo o la teoría de sistemas) y más de una pragmática de las partículas lingüísticas. Hay muchos juegos de lenguaje diferentes, es la heterogeneidad de los elementos. Sólo dan lugar a una institución por capas, es el determinismo local (p. 10).

 

Es un momento de advenimiento en nuevas formas de interpretar la realidad; por ello, hay una revisión de la antropología, pues era insuficiente para la comprensión humana todo lo advertido por la modernidad, de cara al nuevo milenio el hombre asume nuevas instancias de la propia existencia,  frente a la vivencia  e impacto sobre el mundo de vida digital.

En atención a lo anterior, se está frente a una mutación del homo sapiens al homo digitalis, del animal simbólico al animal virtual. Este no es un simple cambio evolutivo pues está transformando hábitos de vida, de consumo, de ocio, de comunicaciones, de relaciones interpersonales, de estudio y de trabajo. Estas transformaciones son tan profundas y vertiginosas que plantean problemas inéditos para todos los campos del saber humano, especialmente la filosofía; ello confirma el estar ante un cambio paradigmático del conocimiento y del pensamiento. Al respecto, cabría la pregunta: ¿No estará perdiendo aquello mediante lo cual se hace humano, como por ejemplo la relación cercanía al otro como dimensión de intersubjetividad, de diálogo por cuyo medio me es posible conocer y comprender al alter ego, no solamente sus cualidades y sus defectos, sino  soportándolos cuando sea necesario y comprendiendo a plenitud  la naturaleza humana? (Cendoya,  2013).

            En fin, tal como lo plantea Terceiro (1996) la era digital afecta todos los entornos de la vida humana, entre ellos, particularmente, la política que se verá afectada en dos aspectos. De un lado, al estar los ciudadanos más informados, serán clientes más exigentes, por ello deberá contar más frecuentemente con sus opiniones, aun cuando les sean adversas y contrarias. Por otro, tendrá que iniciar cambios legislativos para abordar los nuevos problemas donde emergen  planteamiento en torno a las posibilidades de comunicación hipermedia.

            Pero no sólo la política sino también la privacidad de las personas está siendo afectada. La recogida de datos acerca de sus usuarios, con lo que se obtiene un subproducto automático susceptible de utilización y comercialización, plantea serias preocupaciones. El que un dispositivo de comunicación esté conectado a otros a través de una red implica, necesariamente, el riesgo de que éste sea asaltado o de que la información enviada pueda ser interceptada y usada posteriormente con fines delictivos. Ello lo refieren Oayama y Castells (2002) en el informe presentado al grupo de países G7, dieron a conocer la importancia y el avance del manejo de datos como advertencia del uso de la información y su impacto en nuevas perspectivas empresariales.

            En la era digital, la información es suplantada por la diversión. Las empresas de entretenimiento son las que ocupan los primeros lugares en el ranking de ingresos. Cuanto más fácil y barato resulta a la gente comunicarse e informarse, más lo hacen, lo que crea una adicción. La tecnología de la información, al liberarnos del trabajo, nos proporcionará más tiempo libre.

La era digital afecta la educación concebida de modo tradicional. La accesibilidad, velocidad y capacidad suponen una castración de las habilidades. El paradigma de educar para el “saber” ha cambiado ahora en el educar para el “acceso”.  El pensamiento deja de ser crítico y creador para convertirse en un pensamiento que repite la información que circula por las redes. Las grandes ideas del mundo se expresan a través del twitter que no pasa de 140 caracteres. Ideas demasiado cortas para expresar una realidad tan compleja. Pero, de manera interesante una imagen cuenta como un carácter, o se remite a una dirección electrónica de una página a la cual se puede accesar desde los dispositivos móviles.

Muy a pesar de lo anterior, la realidad humana, el mundo de la vida sigue allí. Se sigue arrojado a la existencia, el problema emana por los enfoques pues, aparentemente, el bien-estar o estar  bien se transformó en confort, o como lo manifiesta la filosofía de Marcel (1995) en la diatriba permanente entre el ser y el tener, si algo impacta la estadía en el planeta es el consumo, la comodidad y por qué no en términos de Nietzsche (1980)  la voluntad de poder, siendo esta una transmutación de los valores. Es decir, un cambio de sentido y rumbo en la existencia. Ciertamente, como lo manifiesta Orcajo (1998) se advierte una cultura light, de la piel y lo superficial donde aparentemente hay por un lado una vivencia nihilista sin hacerse la pregunta por el sentido pero, se vive de manera pragmática un existencial.

No se puede negar un vivir, una cultura digital, la consideración de homo digitalis, ser imbuido en un espacio-tiempo muy determinado por la información y la tecnología, sin embargo como lo establece Quintanilla (2005) de mitos asociados a la tecnología:

Su capacidad de suplantar al pensamiento humano no es mayor que la capacidad del hombre para suplantar la realidad de la que se ocupa en sus pensamientos. Una máquina inteligente es un modelo de una parte de la inteligencia humana, y el comportamiento inteligente de una máquina es una simulación del comportamiento inteligente de algunos seres humanos (p. 35).

 

En fin, realmente debe establecerse con claridad el significado de inteligencia, de aprendizaje pues la máquina se maneja con base en programas y no por propia autodeterminación, un computador posee un prodigiosa capacidad de memoria en cuanto almacenar datos y procesar datos, ello no indica autodeterminación para generar reflexiones y conjeturas ciertamente hay dos elementos significativos advertidos por Quintanilla (op. Cit) en su esbozo a considerar: “todo proceso intelectual humano es susceptible de formalizar y que cualquier proceso de formalización se puede reproducir (simular) mediante un programa de ordenador”. (p.35).  La situación generada es realmente interesante pues no se trata de reducir el hombre a lo digital, como lo advierte Morales (2014)  una tecno-dependencia o tecno-alienación, es decir lo digital suplanta al ser, hace del mundo de la vida la caverna de Platón,  realidad manifestada por las películas The Matrix, Tron y toda una gama de producciones cinematográficas de ciencia ficción donde el mundo de lo vivido queda suplantado por una realidad que sólo existe en la mente de los productores.

El homo digital no se reduce a ser conducido por la máquina; al contrario, es él quien conduce la máquina, tampoco se trata de negar las bondades de lo digital pues en la actualidad es una herramienta valiosa, entre otras cosas, para transformar la información en conocimiento, pero es ello: una herramienta, en términos de Heidegger (1967) estar a la mano, es para el “servicio” del ser y no como determinación del ser. 

 

A Modo de Conclusión

            La era digital es un hecho impactante en el ser y hacer del hombre. Reconocer la estancia del mismo en ella debe hacerse con una reflexión sabia y no llevarlo a los extremos, pues no es posible caer en un esnobismo generador de una tecno-dependencia o tecno-alienación donde el hombre sea alienado por la tecnología y ella sea la que determine la realidad y no al contrario.

            En realidad no es posible negarse al uso de la tecnología, ella, en alguna forma, aligera y allana algunas labores y tareas realizadas por el hombre, de igual forma permite la permanente comunicación y puesta al día de la información.  Por lo cual, desde las consideraciones de Heidegger, debe ser un estar a la mano, un poder disponer y utilizar correctamente.

            Con estos planteamientos, el lugar del hombre en el mundo, sigue siendo el dasein, la vivencia en la cotidianidad y la permanente pregunta por el sentido. Es decir el actuar humano está determinado por el sentido y en un ethos donde se realiza como persona. Por ello lo digital es algo mediante el cual su estar en este ethos se hace más llevadero pero no es el centro.

            Esto conduce a consideraciones desde lo educativo pues, educar para la era digital significa no solamente que nuestros estudiantes tengan conocimiento sobre el uso de las tecnologías de las información y la comunicación –tarea que no requiere mucho esfuerzo intelectual- sino, y esto es lo más importante, educarlos para vivir y convivir dentro de una cultura digital que requiere no solamente información sino el conocimiento y la sabiduría. Educar para la era digital significa apostar por el ser humano integral dentro del paradigma de una educación humanista. Es educar para formar personas críticas, reflexivas, con sentido ético y compromiso social. Esto es posible sólo si educamos para la vida y el respeto a la dignidad humana. En definitiva, una educación personalista que ponga como centro no las tecnologías sino la persona humana, que se preocupe no por lo que es técnicamente posible sino más bien por aquello que es éticamente aceptable. 

 

Referencias Bibliográficas

 

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[1]             Profesor con categoría de Titular adscrito al Departamento de Filosofía, Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. Coordinador del Proyecto Filosofía en la Era Digital.

 

2             Profesor con categoría de Agregado. Departamento de Filosofía, Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. Coordinador de la Cátedra Libre de Filosofía. FaCE UC