AYN RAND Y LA REBELION DE ATLAS

Luis Figueroa*

Por medio de sus novelas y trabajos filosóficos, con afirmaciones claras y radicales, Ayn Rand se constituyó en una intelectual audaz y rovocadora. Frases como “El propósito de la moral es enseñarte, no a sufrir y morir, sino a disfrutar de ti mismo y a vivir”[1], aún iluminan a muchos y sacuden a otros.

 
Rand nació en Rusia. En 1929 emigró a los Estados Unidos de América[2].  Allí, durante diez años, realizó los trabajos más diversos[3], en tanto perfeccionaba sus conocimientos del inglés. Luego inició su influyente producción intelectual.  Murió en Nueva York[4] el 6 de marzo de 1982.


Su filosofía es conocida por el nombre de Objetivismo;  y por medio de ella repudia todas las formas de altruismo y colectivismo. El Objetivismo se apoya en los siguientes fundamentos: que existe una realidad objetiva, independientemente de las creencias y los deseos prevalecientes; que la razón es el único medio para la sobre vivencia del hombre; y que el hombre es un fin en sí mismo.[5]


En materia de economía era una radical por el capitalismo.  Su principio político fundamental fue que en una sociedad civilizada, la fuerza sólo puede ser utilizada como represalia, contra aquellos que inician su uso.  La única función legítima del gobierno es, entonces, colocar el uso de esa fuerza bajo el control de leyes objetivamente definidas.[6]


Su producción filosófica se encuentra en las obrasThe Virtue of Selfishness: A New Concept of Egoism; Capitalism: The Unknown iIdeal; The Romantic Manifesto: A Philosophy of Literature; For the New Intelectual; The New Left: The Anti-industrial Revolution; y Philosophy, Who Needs It. También en las revistas The Objectivist Newsletter, The Objectivist, y The Ayn Rand Letter.

 

La cumbre del éxito literario la alcanzó con Atlas Shrugged, de 1168 emocionantes páginas y publicada en 1957.  En ella, John Galt convoca y organiza una huelga de los hombres de inteligencia, y, de ese modo, paraliza y destruye la sociedad colectivista que domina el mundo.  El famoso juramento de Galt dice así: “Juro, por mi vida y por mi amor a ella, que nunca viviré por nadie, ni le pediré a nadie que viva por mí.” Este es el cautivante libro, cuya edición en español y sin censura[7], titulada La rebelión de Atlas, fue presentado en Guatemala, en la Unviersidad Francisco Marroquín, el 26 de marzo de 2004.  Fredy Kofman, autor de Metamanagement, fue el héroe que hizo posible esta edición.

 

En términos de literatura Rand presentó personajes ideales, capaces de mantener firmes sus principios, enfrentar la adversidad y salir triunfantes. John Galt y Dagny Tagart, de La rebelión de Atlas; y Howard Roark y Dominique Francon, de The Fountainhead, son héroes en todo el significado épico de la palabra.[8]

 

Hace como 20 años, como hacía con otros libros, mi abuela bajó La rebelión de Atlas, de su librera, y me lo dio. “Léelo. El final es muy filosófico; pero es muy bueno”, me dijo. ¡Y chispas, qué razón tenía!  La rebelión de Atlas y The Fountainhead han influido en millones de personas; y para muchos, como yo, han sido las puertas de entrada para el descubrimiento de la filosofía de la libertad.[9]

 

¿Por qué es que La rebelión de Atlas es importante para el estudio de la filosofía?  La respuesta más obvia está en el comentario de mi abuela; pero en realidad es en toda la novela –no sólo al final– que Ayn Rand nos presenta su Objetivismo.  Unas veces en forma directa, por medio de los diálogos y las actuaciones de sus personajes heroicos; y otras en forma indirecta, por medio de los villanos

 

En esta obra es fácil que el lector se identifique con algunos de los personajes.  No es extraño que en más de un momento el lector se diga a así mismo: “Así quisiera ser yo cada vez que tengo que defender mis principios”; o bien “Así es como no quiero ser”.

 

Los héroes, para Rand, son tan importantes en la vida real, como en la ficción.  Porque en el apéndice de La Rebelión de Atlas, ella definió su filosofía así, en el apéndice de la edición en inglés: “Mi filosofía, en esencia, es el concepto del hombre como un ser heroico, con su propia felicidad como el propósito moral de su vida, con el logro productivo como su más noble actividad y la razón como su única guía”.  Una filosofía consistente que no ve a los individuos como insignificantes partículas de polvo a merced de las fuerzas del universo; que no los ve como engranajes de una maquinaria alienante; o como objetos de la intuición y el capricho; ¿No es esto, algo fascinante?

 

La filosofía del hombre como un ser heroico está presente en toda la obra de Rand. El protagonista de The Fountainhead[10] es Howard Roark; un arquitecto que dinamita su obra luego de que unos burócratas alteraron su diseño.  En su discurso de defensa dice: “No reconozco el derecho de nadie a un solo minuto de mi vida; ni a algún logro mío.  No importa quien haga el reclamo, cuan grande sea su número, o cuan grande sea su necesidad.”[11]


En Anthem, el protagonista descubre gradualmente el significado de la palabra Yo.  Mi párrafo predilecto en ella dice: “Son mis ojos los que ven, y la vista de mis ojos le transfieren belleza al mundo.  Son mis oídos los que oyen, y esa capacidad de oír le da al mundo su canción.  Es mi mente la que piensa, y el juicio de mi mente es la única linterna que puede encontrar la verdad.  Es mi libre albedrío el que elige, y esa elección es el único edicto que respeto.”

 
“La libertad intelectual no puede existir sin la libertad política; la libertad política no puede existir sin la libertad económica; una mente libre y un mercado libre son corolarios[12]”, escribió Ayn Rand, en For the New Intellectual; y su obra tuvo gran impacto en el rescate de los valores de la razón, el individualismo y de la sociedad de personas libres.



* Columnista del diario guatemalteco Prensa Libre. Profesor auxiliar de Filosofía Social en la Universidad Francisco Marroquín.

 

[1] De el discurso de John Galt en La rebelión de Atlas.

[2] “I can say –not as a patriotic bromide, but with full knowledge of the necessary metaphysical, epistemological, ethical, political and esthetic roots– that the United States of America is the greatest, the noblest and, in its original founding principles, the only moral country in the history of the world”, escribió en su obra Philosophy: Who Needs It.

[3] Trabajó con el cineasta Cecil B. de Mille, e incluso fue extra en la película Los diez mandamientos.

[4] El 11 de septiembre de 2001 recordé estas líneas que Ayn Rand escribió en The Fountainhead: "When I see the city . . . I feel that if a war came to threaten this, I would like to throw myself into space, over the city, and protect these buildings with my body."  Esos edificios eran la representación concreta de los valores que Rand apreciaba: la razón, la creatividad, la libertad.

[5] Tan contrastante con lo que vemos y escuchamos constantemente en los medios de comunicación y en las aulas, por ejemplo.  Ahí abundan el relativismo; la confianza en la intuición y en los caprichos; y la creencia de que vivimos para la etnia, para la iglesia, para la sociedad, o para el Estado.

[6] “All laws must be objective (and objectively justifiable): men must know clearly, and in advance of taking an action, what the law forbids them to do (and why), what constitutes a crime and what penalty they will incur if the commit it”, escribió, Rand, en The Virtue of SelfishnessEsta idea encaja perfectamente en la tradición romana de que nullum crimen, nulla poena sine lege; pero más aún, con el ideal libertario de que las leyes deben ser generales y abstractas.  Ya lo dijo Friedrich A. Hayek en Derecho, Legislación y Libertad: “El derecho no es un medio encaminado a obtener fin alguno, sino tan solo una condición indispensable para la consecución de la mayor parte de los fines que los individuos desean alcanzar”.  Hayek distinguió entre nomoi, o leyes para la libertad; y Thesei, o leyes de la legislación.  “Por nomos significaremos una norma universal de conducta justa que se aplica a un número desconocido de casos futuros e igualmente,  a todas las personas que se encuentren en las circunstancias objetivas descritas por la norma. Independientemente de los efectos que la observancia de la norma producirá en una situación específica. Tales normas delimitan y protegen esferas individuales de acción, permitendole, a cada persona o grupo organizado, saber cuáles medios puede emplear en la persecución de sus propósitos y evitar así conflictos entre las acciones de las diferentes personas.  Estas normas conducen a la formación de un orden o cosmos, independiente de fines y espontáneo. Por contraste, usaremos thesis para significar cualquier norma que es aplicable solamente a personas específicas o que están al servicio de finalidades de gobernantes…son los instrumentos para manejar una organización,  o taxis”, escribió Hayek.

[7] En España hubo una única edición, en la época de Franco. La editorial que tenía los derechos censuró las partes donde Ayn Rand se dedica a plantear su punto de vista sobre política, sexo y religión. Según se dice se llegó a retirar la edición porque ilustra el conflicto entre dos filosofías morales y políticas diametralmente opuestas, y logra la victoria la que está por la libertad. Eso es lo que ha hecho que los gobiernos totalitarios estén contra la obra de Ayn Rand, porque propone el individualismo, la recuperación del yo, la libertad. En algunos países con gobiernos de ese tipo se la publicó porque era anticomunista hasta que se dieron cuenta que en realidad enfrentaba a todos los totalitarismos”, explicó Rosa Pelz Galperín, en una entrevista de Máximo Soto, publicada en www.larebeliondeatlas.com por la Editorial Grito Sagrado, responsable de la nueva edición de La rebelión de Atlas. 

[8] “Characterization requires an exteme degree of selectivity.  A human being is the most complex entity on earth; a writer´s task es to select the essentials out of that enormous complexity ,the proceed to create an individual figure, endowing it with all the appropiate details down to the telling small touches needed to give it full reality”, escirbió, Rand, en The Romantic Manifesto.

[9] “En la década de los '80, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos hizo una encuesta, preguntando cuál era el libro que mayor influencia había tenido en la vida de los encuestados. El primero en el ranking fue La Biblia, el segundo, La Rebelión de Atlas (Atlas Shrugged). Puedo dar fe de esa capacidad de impacto por mi propia experiencia. En mi vida hay un antes y un después de leer Atlas Shrugged. Aún recuerdo las palabras de mi mentor al recomendármelo: "¡Qué envidia te tengo, Fredy! ¡Ojalá pudiera volver a leer Atlas Shrugged por primera vez!" Hoy, me hago eco de esas palabras, al introducir a una nueva generación de lectores de habla hispana a este verdadero tesoro de la literatura y la filosofía universal. Espero que todo aquel que se zambulla en el texto encuentre en él la misma visión que cambió mi vida: una sociedad libre, basada en el respeto incondicional por el ser humano”, escribió Fredy Kofman, el héroe responsable de la nueva edición de La rebelión de Atlas.

[10] Existe una edición en español de The Fountainhead (El manantial); pero está agotada.  Durante la presentación de La rebelión de Atlas, Kofman anunció que también editará El manantial en español.

[11] El 14 de marzo de 2003, en un diario guatemalteco, una lectora se quejaba de siendo estudiante de violín, en el Conservatorio Nacional de Música, no podría tener acceso a estudiar concierto maestro, debido a que “dichos cursos están, económicamente hablando, fuera de mi bolsillo”.  Ella esperaba que “ojalá se pudiera hacer algo para que los que realmente aman la música pudieran tener acceso a conocimientos como los del maestro”.  El Conservatorio se financia con impuestos, ¿esperaba, ella, que los tributos fueran aumentados para beneficiarla?, ¿Esperaba, ella, una donación voluntaria?  La creencia de que unos (artistas, deportistas, empresarios, obreros, campesinos, y otros) tienen derecho a que otros (los contribuyentes) les paguen sus aficiones e intereses es muy común.  Muchos creen que tienen derecho a la vida y al fruto del trabajo de otros.

[12] Ayn Rand. For the New Intellectual. New American Library, New York, 1961.