ALOCUCION A LOS GRADUADOS

 

Julio César De León Barbero*

 

Honorable Consejo Directivo de la Universidad Francisco Marroquín; autoridades administrativas y académicas de esta casa de estudios; Doctor Honoris Causa, Arnold Harberger;  estimados recién graduados; amigos que nos acompañan.

 

Las bienvenidas y las despedidas son experiencias que continuamente enfrentamos en la vida.  Ambas, las bienvenidas y las despedidas, nos provocan un cúmulo de estados anímicos muchas veces encontrados, dado el carácter de aventura propio de todo proyecto humano. Así, los inicios y los finales nos provocan júbilo y ansiedad; nos llenan de expectativas tanto como de temores; y los buenos deseos, a menudo, pulsan bajo las sombras de la incertidumbre.

 

Hoy, estamos aquí para celebrar, en medio de sentimientos encontrados, el final de un proceso que ha llevado varios años y consumido alguna cantidad de recursos: El de la formación profesional de cada una de las personas graduadas. Hay júbilo y satisfacción por haber alcanzado la meta hace años acariciada y que hoy se torna en realidad. El tiempo invertido en el proceso, junto a los recursos empleados, constituye, en palabras de Ludwig von Mises, el período de producción o de maduración, el tiempo relativo a la siembra  que, como ocurre con todo lo que produce un goce duradero o nos provee una utilidad a largo plazo, ha tenido que ser más o menos dilatado.

 

Los costos de oportunidad que lograr esta meta implicó, los conoce cada uno de ustedes en su fuero interno. Si valió o no la pena pagar dichos costos cada quien lo descubrirá cuando empiece el período de la cosecha, si es que éste no ha empezado ya. En ese escrutinio confiamos en que haya un margen de utilidad.

 

La Universidad Francisco Marroquín les despide en este día luego de haberles dado cobijo y haber servido de instrumento para que cada quien lograra esta meta personal. Y a la luz de este momento importante en sus vidas y en la vida de la institución creo que vale la pena recordar el término que regularmente se usa para hacer referencia a la relación entre la Universidad y sus alumnos: Ese término es: Alma Mater.

 

Alma Mater es una expresión que los romanos empleaban para referirse a  la diosa de la agricultura Ceres, luego de que esta creencia mitológica fuera introducida por los griegos en el mundo latino hacia el siglo v antes de Cristo.

 

Según el mito la alegría experimentada por Ceres al re-encontrarse con su hija perdida era la causa de que la tierra produjera abundantes frutos y abundantes granos. La fiesta en honor a Ceres, se celebraba entre el 12 y el 19 de abril. En el mundo de habla española el mito de la diosa de la agricultura perdura en la palabra cereal.

 

Ceres era, pues, el Alma Mater. Alma, no del sustantivo ánimam sino del adjetivo almus que significa que nutre, que alimenta. Y esa es la idea fundamental que el término, metafóricamente empleado, enfatiza cuando se aplica a la nueva Ceres, la Universidad: Que quienes pasan por sus aulas son alimentados, nutridos, criados. 

 

Como madre nutricia, la Universidad pone ante la vista de quienes ingresan en ella los mejores frutos de la ciencia, la técnica y las artes; es decir, sirve los manjares más selectos del conocimiento humano y toca a cada quien aprovechar o despreciar semejante oportunidad. Aquellos que, como ustedes, graduados, han sabido degustar el banquete intelectual, y se han henchido con lo mejor del saber universal, respondiendo a las exigencias y a la rigurosidad propias del trabajo académico, son una verdadera satisfacción para su Alma Mater.

 

Por lo anterior sabemos que su mística de trabajo y responsabilidad los convertirá en elementos clave de los complejos procesos de generación de riqueza, donde quiera que la suerte los conduzca. No nos cabe duda de que en la cooperación pacífica, libre y voluntaria, basada en la división del trabajo, habrá de aportar, cada uno de ustedes, lo mejor de sus capacidades y conocimientos. Con ello los demás saldrán beneficiados pues la cooperación pacífica es una bendita cadena que hace fuerte al eslabón más débil.

De ese modo al contribuir a desarrollar las facultades personales e intelectuales de cada uno de ustedes, esta institución de educación superior traduce a hechos lo que el Ideario de la misma afirma: El esfuerzo por lograr el propio perfeccionamiento es la única tarea que está bajo el control efectivo de cada uno y que necesariamente redunda en beneficio de los demás; y es la tarea a la cual la educación en todos sus niveles puede contribuir.

 

Pero su Alma Mater no sólo gira alrededor de ese propósito ya de suyo loable. La misión de la Universidad Francisco Marroquín es la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables.

Por ello, durante su formación profesional, han sido expuestos ante ustedes los fundamentos de la libertad; los cimientos propios de un sistema propicio a la libertad individual. La razón es que de poco sirve haberse esforzado por la propia superación y el perfeccionamiento de sí mismo si el entorno político, social y económico no propicia el empleo y aprovechamiento del talento y las capacidades de los individuos, o ahoga los intentos por forjar una vida mejor.

Así, a la lucha personal por la propia superación tenemos que sumar otra de más amplios vuelos: La batalla por un orden social basado en el respeto a los valores milenarios de la libertad individual y la propiedad privada.

 

Esta tarea es más difícil. Más difícil, porque los embates y prejuicios contra la filosofía de la libertad son constitutivos de los momentos decisivos por los que atravesamos: Desde los remolinos de la posmodernidad,  a la veleidosa política partidista, pasando por los medios de comunicación, etc., lo que vemos es un rechazo o un abandono de esos valores fundamentales que forjaron y sostienen la civilización occidental.

 

Lo positivo es que con cada generación de graduados el número de potenciales difusores de los ideales de la libertad se va incrementando. Hoy les toca a ustedes aceptar ese reto. Ojalá no lo dejen caer. Porque, de ese modo, no sólo se habrán superado a si mismos sino habrán contribuido a dejar un mejor país, una mejor nación; con más libertad y, seguro, con más prosperidad.

 

Y que esté enterado cada uno de los graduados que esa defensa de la libertad será el mejor tributo que pueda pagar a su Alma Mater, en nombre de la cual sólo me queda desear que a cada cual le vaya bien en la vida.

 

 

*El doctor Julio César De León Barbero es profesor titular de la Cátedra de Filosofía Social en la Universidad Francisco Marroquín.  Este discurso lo dio durante el Acto de Graduación de esta Universidad, el 8 de mayo de 2004.