MAGIOECONOMIA

 

Manuel F. Ayau Cordón*

 

Cuentan que el Papa dispuso que el Vaticano pusiera una panadería para regalar pan a los pobres del mundo. La Iglesia había decidido hacer algo ella misma para aliviar la pobreza, en vez de solamente recomendar a otros que hicieran algo. Como la Iglesia no obtendría recursos de la venta para pagar obreros, le pediría a San Pedro 15,000 ángeles para llenar las plazas de trabajo y unos arcángeles para capataces y unos querubines para el reparto.

 

Inmediatamente, los panaderos del mundo se opusieron y se organizaron para hacer un frente común. Recurrieron a la Organización Mundial de Comercio para que multaran al Vaticano por hacer dumping, a la Organización Internacional de Trabajo para denunciar el desempleo que el Vaticano estaba causando, y pidieron a los embajadores de Noruega y Holanda para que intercedieran por ellos en vista de que según el Procurador de los Derechos Humanos, el Vaticano estaría violando los derechos humanos de los panaderos, uno de los cuales, según la Carta de las Naciones Unidas, es el de hacer pan, y piadosamente oraron pidiendo a Dios que no autorizara a San Pedro enviar los ángeles si el Papa no pagaría ni siquiera el salario mínimo. 

 

Hicieron ver el daño que iba a hacer el Papa, pues haciendo cuentas demostraban que no solamente se quedarían sin empleo los millones de trabajadores de las panaderías de todo el mundo sino también todos los trabajadores de sus proveedores, transportistas, etc.,y los gobiernos dejarían de percibir los impuestos que pagaban y que servían para pagar burócratas del Estado. Sobre todo, hacían ver que utilizar ángeles y querubines constituía competencia desleal. En fin, ese dumping causaría una tragedia global y consecuentemente había que evitarlo.

 

El Papa mandó a sus mejores economistas por el mundo para convencer a los panaderos que hicieran otra cosa en vez de pan. Pero las protestas seguían: los de siempre chillándose de que tal proceder era lo peor pues era globalizar el pan. Es decir, neoliberalismo puro. Unos aducían que habían nacido para panaderos y que no sabían hacer otra cosa, otros que querían mesa nivelada y reciprocidad y que estarían dispuestos a aceptar el pan solamente si el cielo importaba equivalente cantidad de camarones para tener una balanza equilibrada. El ángel aceptó el trato, pero les dijo que una vez empacados los camarones, los tiraran al mar donde los recibiría su agente, Neptuno.

 

Los economistas papales explicaron a la gente que con todo lo que antes gastaban en pan, ahora podrían comprar otras cosas que no tenían, porque tenían que ocuparse en hacer pan, pero que si les llegaba gratis podrían emplear su tiempo y recursos en otras cosas. Pero, está muy bien decir otras cosas, pero peguntaban ¿cuales cosas?

 

El papaconomista preguntó ¿acaso ya tienen todo de todo? ¿Acaso no son pobres? ¿Acaso ser pobre no significa tener pocas cosas, es decir que les faltan muchas cosas? Pues he ahí la respuesta: como el dumping del vaticano les proporcionará pan, les liberará tiempo y recursos para que hagan todas esas otras cosas que no tienen precisamente porque son pobres. Así serán menos pobres porque, además de pan, tendrán las otras cosas. Les recordó el papaconomista que todo el dumping de energía que les brindaba con su sol les evitaba gastar en energía eléctrica para iluminar durante el día, y que no ponía otro sol para alumbrar de noche para que pudieran dormir. Que así como el dumping de energía les liberaba recursos, el pan también, y que si se portaban bien también les mandaría pacas de ropa para liberar aún más trabajo y otros recursos, con los que podrían hacer aun más de otras cosas.

 

*El doctor Manuel F. Ayau Cordón es rector emeritus de la Universidad Francisco Marroquín y columnista del diario guatemalteco Prensa Libre.