PREFIERO LA ARENA

Luis Figueroa*

 

En el baño de un restaurante en La Antigua[1] hay un graffiti que dice: ¡Hay que quemar vivos a todos los capitalistas!; y abajo, con letra y tinta distintas, dice: Hasta aquí llegó la compasión de los socialistas.

 

Hace años leí que la gente de PETA, una organización cuyo propósito dice ser el de velar por los derechos de los animales, ejercía actos de intimidación y hasta de terrorismo contra restaurantes, laboratorios y otras actividades que ellos consideraban dañinas para sus protegidos[2].

 

Los que dicen amar a la humanidad y a la naturaleza -pero que de hecho odian a las personas- nunca han dejado de sorprenderme.  Siempre pueden ir un paso más allá.  Y pruebas de ello se hallan en un reportaje sobre el tsunami, en Asia, redactado por la Associated Press el 7 de enero de 2005[3].

 

Según el citado reportaje, mientras corría en una playa blanca de Tailandia que fue barrida por el tsunami, Greg Ferrando, dijo: “Esta playa estaba plagada de comercialismo.  Había cientos de sillas de playa aquí. Prefiero la arena. Se ve mejor ahora”.

 

Phanomphon Thammachartniyom, presidente de la Phuket Professional Guide Association, señaló: “La naturaleza ha regresado a nosotros. Quisiera que se quede así para siempre”.

 

El primer ministro tailandés, Thaksin Shinawatra, añadió: “El tsunami barrió con muchas construcciones no planificadas y posiblemente ilegales.  Esto crea una oportunidad para regular el crecimiento”.

 

Muriel Avital, indicó: “El paraíso debería ser un paraíso y no debería ser tan civilizado”.

 

¡¿Puede, usted, creerlo?!  ¡Más de 150 mil muertos, y los amantes del mar y la arena en jolgorio!  Talvez a esto se refería Adam Smith cuando, en The Theory of Moral Setiments escribió que “una estúpida insensibilidad hacia los eventos de la vida humana necesariamente extingue aquella aguda y fervorosa atención que debemos tener hacia lo apropiado de nuestra propia conducta, atención que constituye la esencia real de la virtud”[4]

 

En todo caso, como escribió el  amigo que me envió la nota: “Si la gente de verdad quisiera ayudar a los damnificados, debería invertir en esas playas y construir hoteles que atraigan turistas y los dólares que ellos gastan”.

 

Hace días, en la prensa chapina apareció una serie de artículos que con estólida ignorancia del proceso económico buscaban hacernos creer que, al comprar barato, los consumidores perjudicamos el nivel de vida de los productores y sus empleados[5].  Este ejemplo adicional, de amor a la humanidad y odio a la gente, pretende irse con el cuento de que si compramos caro, entonces beneficiamos a más.

 

Historias como aquellas son tan viejas que Frédéric Bastiat (1801-1850) escribió un ensayito denominado La vitrina rota[6] para probar que la destrucción no trae beneficios. Son tan antiguas, que la ley de costos de oportunidad (contemporánea de la ley de gravedad) nos explica que el costo de comprar caro es el valor excesivo pagado por bienes y servicios que podríamos haber obtenido con menos recursos.  Y que así, comprando caro cuando se podría comprar barato, lo que hay es un desperdicio de la gran diabla.

 

Pero volviendo a los comentarios de arriba, ¿saben cuál de las frases me causó algo parecido a la nausea? La de que aquellos lugares no deberían ser tan civilizados.  A mi me parece inhumana la pretensión de que algunas personas deban permanecer en la pobreza y al margen de la civilización, sólo para que otras puedan disfrutar del mar y la playa.  Me parece criminal que algunas personas no puedan encontrar empleo legítimo, sólo porque a otras no les gusta el trabajo que consiguen.

 

Yo digo que aquello no es amor a la naturaleza y a la especie humana; sino un desprecio por aquellas y por la vida misma.

 

*Luis Figueroa es profesor auxiliar de Filosofía Social en la Universidad Francisco Marroquín; y columnista del diario guatemalteco Prensa Libre.



[1] La Antigua Guatemala, capital del Reyno de Gohatemala hasta 1776 cuando fue destruida por terremotos. Actualmente es un importante centro turístico en Guatemala.

[2] “Sería buenísimo que todos los expendios de comida rápida, los rastros, estos laboratorios y los bancos que los financian estallaran mañana”, dijo Bruce Friedrich, director de campaña de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA), en julio de 2003. 

[3] Yo lo leí en Yahoo News.

[4] Adam Smith. The Theory of Moral Sentiments. Liberty Fund, Indianápolis, 1976. P. 244

[5] Las notas y los comentarios hacían alusión a Walmart y a Ahold, como corporaciones que explotan la mano de obra barata en beneficio de los consumidores, y en perjuicio de las personas que producen lo que se vende en sus establecimientos.

[6] Frédéric Bastiat. Things Seen and Things not Seen. Cassell, Londres, 1910.