LIBERALISMO

Luis Figueroa*

 

Quién sabe cuándo, ni donde, a alguien se le ocurrió llamar neoliberales a los liberales clásicos. 

 

Creo que fue una estrategia de desinformación.  Me parece que siendo imposible negar que “la única forma de acabar con la pobreza es crear riqueza”, como acertadamente los señala Mario Roberto Morales[1], a alguien se le ocurrió ningunear a la tradición liberal, ponerle el mote de neoliberal y hacer que la gente sencilla la confundiera con el mercantilismo[2].

 

Aquella larga tradición liberal que pasa por el pensamiento de Aristóteles, John Locke, David Hume, Adam Smith, Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek, Ayn Rand y Robert Nozick entre otros, no es principalmente de carácter económico, como creen unos. El liberalismo tiene su punto de partida en conceptos éticos como la libertad y la dignidad de las personas.  En el reconocimiento de que somos dueños de nosotros mismos.  En la vida[3].

 

Si uno es consistente, puede derivar de ahí toda la teoría ética, jurídica y económica del pensamiento liberal clásico; que en algunos casos puede llamarse libertario y hasta neoliberal; pero que nunca puede ser conservador y menos mercantilista. 

 

Veamos ejemplos. Los conservadores, en todas partes, se oponen a la libertad de migración y a los procesos de globalización.  En cambio los liberales clásicos y los libertarios no.  Los conservadores, como los mercantilistas buscan preservar sus privilegios dentro de una economía mixta que les permita prosperar[4]

 

Con los conservadores, los liberales clásicos o libertarios  tenemos cosas en común.  Por ejemplo vemos que el impuesto sobre la renta es un obstáculo para el desarrollo, que el sindicalismo obligatorio es una violación a la libertad, y que los salarios mínimos empobrecen a la clase trabajadora.  Pero nos separan abismalmente hechos como el que los liberales clásicos nos oponemos a las leyes protectoras de la industria, a las aduanas y a los tratados de comercio dirigido (esos que ahora se llaman de libre comercio).  Aquellos son instrumentos mercantilistas.

 

Los libertarios y liberales clásicos creemos que las tradiciones y las costumbres tienen una importancia fundamental en la conformación de las normas de conducta social; pero a diferencia de los conservadores y de muchos mercantilistas no creemos que aquellas normas deban ser objeto de legislación compulsiva y no confundimos al Estado con la sociedad.

 

Desde otra perspectiva, una vez leí y ahora no me acuerdo de en donde, que si la lucha del liberalismo en sus primeros tiempos había sido contra los privilegios de la monarquía y de la aristocracia, en los siglos XX y XXI es contra los privilegios de las oligarquías y los mercantilistas.  Por eso es injusto que a los liberales clásicos, a los libertarios y hasta a los neoliberales, se nos acuse de los defectos y de los males que ocasionan los mercantilistas, o los conservadores.

 

El liberalismo se opone a otras propuestas porque no es colectivista; porque confía más en el gobierno de las leyes, que en el de los hombres; porque le da más importancia a la libertad, que a la igualdad. El pensador liberal cuenta con que la realidad existe. Para él los medios de la acción humana son más importantes que los fines.  Por eso no impone objetivos, sino reglas de conducta justa, generales y abstractas.

 

Dicho todo aquello, me declaro liberal clásico, libertario y hasta neoliberal si tanta es la cosa; pero ¡nunca mercantilista o conservador!

 

* Luis Figueroa es columnista del diario guatemalteco Prensa Libre; y profesor auxiliar de Filosofía Social en la Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.

 



[1] “La afirmación de que la única manera de erradicar la pobreza es creando riqueza, me parece irrebatible.  ¿Cómo oponerse a que un país genere riqueza, si eso implica el surgimiento de nuevas empresas y nuevos empresarios, y también de nuevas fuentes de trabajo y nuevos asalariados que si con sus ingresos estimularían los circuitos de producción y consumo de mercancías, forjando así un mercad interno vigoroso que desembocaría en un crecimiento económico general? Habría que estar loco para oponerse a semejante cosa”.  Mario Roberto Morales, en El Periódico, miércoles 22 de junio de 2005, P. 15

[2] A grandes rasgos, el mercantilismo sostiene que el objetivo de la actividad económica es la acumulación de monedas y metales preciosos (divisas y oro, por ejemplo).  El mercantilismo cree que el gobierno debe promover aquella acumulación de monedas y metales.  Por eso es que el mercantilismo busca una balanza comercial “favorable” en términos de divisas y metales preciosos.  Para ello crea un marco legal que regula la producción y el comercio; también impulsa el desarrollo de infraestructura y la apertura de mercados que absorban las exportaciones. 

[3] “There is only one fundamental alternative in the universe: existence or non-existence- and it pertains to a single class of entities: to living organisms.  The existence of inanimate matter is unconditional, the existence of life is not: it depends on a specific course of action.  Matter is indestructible, it changes its forms, gut it cannot cease to exist. It is only a living organism that faces a constant alternative: the issue of life or death. Life is a process of self-sustaining  and self-generated action.  If an organism fails in that action, it dies; its chemical elements remain, but its life goes out of existence.  It is only the concept of Life that makes the concept of Value possible.  It is only to a living entity that things can be good or evil” Ayn Rand en el discurso de John Galt.  Ayn Rand. For the New Intellectual. New York, New American Library, 1961.

 

 

[4] Pero, “No puede haber un sistema social que sea una mezcla de Individualismo y Colectivismo. Una de dos, o los derechos individuales son reconocidos en una sociedad, o no lo son. No pueden ser reconocidos a medias. Lo que pasa frecuentemente, sin embargo, es que sociedades basadas en el Individualismo no tienen el coraje, la integridad y la inteligencia de atenerse a sus propios principios de una manera consecuente, en toda aplicación práctica. Por ignorancia, cobardía o confusión mental, dictan leyes y adoptan reglamentaciones que contradicen sus principios básicos y son violatorias de los derechos del hombre. Las sociedades cometen injusticias, perversidades y abusos que llegan hasta el punto de incurrir en dichas violaciones. Si estas infracciones no se corrigen, la sociedad se hunde en el caos del Colectivismo. Cuando usted vea que una sociedad reconoce los derechos del hombre en algunas de sus leyes, pero no en otras, no la proclame como un sistema mixto y no deduzca que una transacción entre principios básicos opuestos en teoría, sea viable en la práctica. Una sociedad así no está en funcionamiento, se está simplemente desintegrando. La desintegración lleva tiempo. Nada se derrumba en pedazos súbitamente, ni un cuerpo humano, ni una sociedad humana”. Ayn Rand. Cartilla del Americanismo. Centro de Estudios Económico-Sociales. Topicos de Actualidad. Año 3, No. 30.