CRASH

Luis Figueroa*

 

La de los premios Oscar es una de mis temporadas favoritas; como la Semana Santa, la Vuelta Concepción-Reyes[1] y  las vacaciones.  Es preludio de algo emocionante[2].

 

Esta vez no tuve oportunidad de ver varias de las películas nominadas, antes de la premiación; pero vi Brokeback Mountain y me pareció que, aunque tenía madera de campeona, yo querría algo más para el Oscar.

 

No es que le quite méritos, ¡para nada!  Es una historia extraordinaria, y una tragedia conmovedora.  Tiene una fotografía impresionante y una banda sonora increíblemente apropiada, que prueba que, como dice Ayn Rand “la música es experimentada como si tuviera el poder de alcanzar las emociones humanas directamente[3]”.

 

Y aparte de eso, la peli tiene escenas que serán memorables y clásicas en la historia del cine. Mi favorita siempre será cuando Ennis abotona su camisa y la de Jack, justo al final de la cinta.  Ojalá esta película venga pronto a Guatemala, porque Ang Lee hizo una obra de arte con ella.

 

Hasta ahora, no he visto ni Good Night and Good Luck, ni Capote; pero le temo a la posible corrección política de la primera.  Y esa es una de las razones por las cuales me gustó mucho Crash.

 

Con un grupo de amigos habíamos calculado a que La Academia se inclinaría por alguna cinta políticamente correcta, como dicen los que ya la vieron, que es Good Night, o por Brokeback Mountain; y yo me adherí a la opinión en el supuesto de que elegir a Crash iba a ser un acto de audacia y valentía para el cual yo no veía un ambiente propicio.  Sobre decir, ahora, que me equivoqué.

 

Yo digo que Crash es un film políticamente incorrecto no sólo porque cuestiona paradigmas casi intocables, como el de la affirmative action; sino porque explora crudamente la forma horrible en que muchas personas se interrelacionan actualmente.

 

Guiados por miedo y prejuicios -y casi instintivamente- algunos piensan que si un muchacho está tatuado, de seguro es que es marero.  Algunos no dudan en suponer que, si una chica usa faldas cortas, lo menos es que es peperecha[4].  Para muchos, todo negro es un irresponsable, todo indio es un perezoso, y todo asiático es un maquilero golpeador y gritón.

 

Es una lástima que sea así, porque ciertamente que las relaciones humanas son mejores cuando el miedo no está en medio.  Crash, tiene mucho que ver con los temores y los prejuicios, y con el racismo.  Una vez más, Rand resulta iluminadora.  “Como cualquier otra forma de colectivismo”, dice ella, “el racismo es la búsqueda de lo no ganado.  Es la búsqueda del conocimiento automático –de una evaluación automática del carácter de las personas, que pasa por alto la responsabilidad de ejercer un juicio racional o moral- y, sobre todo, una búsqueda de una autoestima automática (o de falsa autoestima)[5]”.  Es decir, una que se apoya en el desprecio para el otro.

 

En la película, asiáticos van contra asiáticos, WASP[6] contra latinos y contra negros, negros contra latinos, los persas se ofenden si les dicen árabes, y en fin…es todos contra todos por ignorancia.

 

El racismo, es sobre prejuicios.  Rand explica que “actualmente el racismo es tenido por crimen si es practicado por una mayoría –pero es un derecho inalienable si es practicado por una minoría.  La noción de que la cultura de uno es superior a otras, solamente basada en que representa las tradiciones de los antepasados de uno, es tenida como chauvinismo si es sostenida por una mayoría; pero es orgullo étnico, si es sostenida por una minoría[7]”.

 

Mi escena favorita de Crash, es cuando el padre de Dorri le dispara a Lara.  Una escena de tensión y de angustia que pinta, en todo su horror, hasta dónde pueden llevarnos la ignorancia, el temor y los prejuicios.

 

La temporada del Oscar es una de mis favoritas; y mientras tanto, mientras caen en mis manos otras películas, seguiré el consejo de mi jefe, que el verme caminar hace unos días me dijo: No dejes de ver La marcha de los pingüinos.

 

*Columnista del diario Prensa Libre y profesor de Filosofía Social en la Universidad Francisco Marroquín.

 

 

 

 



[1] Fiesta popular guatemalteca, de carácter informal y underground, que empieza el 7 de diciembre con la fiesta de la Inmaculada Concepción y termina el 6 de enero, Día de Reyes.

[2] En alusión a la canción de Mecano que dice La chica de la antorcha/ ya ocupó su lugar/ preludio de que algo emocionante/ va a empezar.

[3] Ayn Rand. The Romantic Manifesto. New American Library, New York, 1971. P. 50

[4] Prostituta, en buen guatemalteco.

[5] Ayn Rand. The Virtud of Selfishness. New American Library, New York, 1964. P. 126

[6] White, Anglo-Saxon, Protestant; o sea, blancos, anglosajones y protestantes.

[7] Ayn Rand. The New Left: The Anti-industrial Revolution. New American Library, New York. 1970. P. 167