Sin sorpresas

Luis Figueroa*

 

Pasó lo que tenía que pasar.  Las elecciones fueron un éxito; y aunque hubo algunas quemas de urnas, esto no sería Guatemala si la gente no quemara algo.

 

La primera consecuencia electoral notable fue la extinción de aquel dinosaurio que era la Democracia Cristiana.  El socialcristianismo fue enterrado “entre cuatro zopilotes y un hermoso gavilán”, como decía mi tía abuela, La Mamita, y con cerca de 0.5% de los sufragios. 

 

El colapso de la izquierda revolucionaria chapina se merece un análisis más detenido.  La exguerrilla, con auxilio de la Premio Nobel de la Paz y dirigente indigenista, Rigoberta Menchú y de Winak; así como de la intelectualidad de izquierda, la comunidad oenegera, amplios sectores de la comunidad internacional y los progres, a duras penas arañó 5.74 % de los votos válidos.

 

Uno de los partidos más rabiosamente socialistas, la ANN incluso va a desaparecer porque ni llegó al porcentaje mínimo, ni pudo meter un diputado siquiera. 

 

Tanto Menchú, como Nineth Montenegro le atribuyen el fracaso de su participación al racismo; pero esa hipótesis carece de sustentación alguna desde el momento en que se observan los hechos.  En Quiché, Menchú sólo ha obtenido 2.83% de los votos válidos. En Uspantán, el total que ha alcanzado asciende a 2.78% de los sufragios válidos. En Alta Verapaz, Sololá y Totonicapán, que como Quiché son indígenas en su mayoría, Menchú ha alcanzado 3.22%, 5.05% y 7.95% de los votos válidos, respectivamente.  Si el racismo fuera un factor medianamente importante, ¿son racistas los indígenas que no votaron por Menchú?

 

Otra duda que cabe plantear es: De aquel triste 2.83%, ¿cuántos votos son de Menchú y cuántos son de Montenegro? 

Aparte del racismo, otra excusa presentada por las dirigencias de la izquierda es que su fracaso fue por falta de recursos económicos. Sin embargo, Eduardo Suger casi no hizo campaña; y con un partido pequeño ha llegado a 7.45% , o sea que él solito rebasó por 1.71 por ciento a toda la izquierda unida. Además, hay dos formas de obtener plata: que pocos den mucho, o que muchos den poco. ¿Dónde están los muchos de la URNG, del Maiz, de EG, de Winak y de la ANN?

El problema de la izquierda es que su dirigencia tiende a tomar decisiones basadas en lo que quisiera que fuera la realidad, o en consignas; en vez de tomarlas basándose en la realidad. 

Ya desde 1990 una encuesta de la Cámara de la Libre Empresa mostraba que sólo 5% de los consultados opinaba que lo mejor sería un presidente de izquierda.  La gente rechazó a la izquierda, durante la Consulta Popular de 1999.  En La Encuesta, elecciones 2003, la URNG aparecía con 1.7% en  las intenciones de voto, y la ANN ni siquiera estaba en el mapa.  A no ser que empuñara un AK47, o que “los países amigos” presionaran para que se la tomara en serio, la izquierda revolucionaria chapina nunca ha sido una opción real para los chapines.

Eso no quiere decir que el socialismo y sus ideales no estén presentes entre nosotros.  Están ahí cuando la propiedad privada es amenazada por el Plan de Ordenamiento Territorial; cuando se quiere colectivizar el agua; mientras el subsuelo no es propiedad de los dueños del suelo; cuando se impide la desaparición del monopolio del seguro social; cuando se presiona para que no sea eliminado el impuesto a los rendimientos del capital; cuando el relativismo mina las instituciones; y cuando en vez de promover la igualdad de todos ante la ley, lo que se propone es multiplicar los privilegios, para citar sólo unos ejemplos.

Las consignas, la mitología y la dirigencia de la izquierda son inútiles para conseguir votos entre los guatemaltecos; pero no lo son para medrar en el poder, para conseguir concesiones de parte de algunas élites incautas, ni para levantar barricadas.  Es ahí donde la revolución anota sus éxitos.  No en las urnas.

 

*Luis Figueroa es profesor de Filosofía Social, en la Universidad Francisco Marroquín, columnista del diario Prensa Libre, y autor de http://luisfi61.blogspot.com